Estimados lectores, como seguramente ya sabrán a estas alturas, el pasado miércoles seis de abril falleció otro grande de la Editorial Bruguera: Nené Estivill (Pontevedra, 1926). domingo, 10 de abril de 2011
FALLECE NENÉ- ESTIVILL
Estimados lectores, como seguramente ya sabrán a estas alturas, el pasado miércoles seis de abril falleció otro grande de la Editorial Bruguera: Nené Estivill (Pontevedra, 1926). domingo, 3 de abril de 2011
PERIPLO BRUGUERIANO POR BARCELONA II. ENTREVISTA A MACABICH
La persona que entraba en ese momento en el Bar Serra no era otra que Jordi Macabich, el dibujante cuyas caricaturas adornan el mítico establecimiento. Para los más despistados, recordaremos que este autor se encargó, entre otros dibujantes, de realizar historietas de El inspector Dan, a principios de los 50. Además de dibujante e ilustrador, fue fundador de la agencia Brandon Art, gracias a la cual muchos autores autóctonos pudieron abrir sus puertas al mercado extranjero, allí donde Macabich llevaba años poniendo sus miras.
domingo, 27 de marzo de 2011
PERIPLO BRUGUERIANO POR BARCELONA I

Lo cierto es que esperaba otro tipo de vía, y no la humilde y estrecha calle, algo abandonada en su cuidado, con la que me di de bruces. Estaban haciendo obras, lo cual no contribuía precisamente a crear el halo de misticismo que anhelaría cualquiera que se acercara allí como el explorador que, después de muchas aventuras, arriba a un recinto sagrado: suciedad, contenedores, ladrillos, polvo... Daños colaterales de las reformas.
No obstante, resulta imposible acercarse allí sin pensar que en otro tiempo transitaron por allí mitos de nuestra historia personal y colectiva como Ibáñez, Escobar, Raf, Vázquez...
No pude averiguar a qué está destinado hoy en día el edificio de la antigua Bruguera. Solo sé que me pareció más gris de lo que esperaba (tal vez nunca fue de otro color) y que los grafitos que adornaban algunas de las puertas del edificio se me antojaron poco menos que un sacrilegio de la ignorancia.

En busca de algún testimonio vivo o de anécdotas varias relativas al transitar de nuestros dibujantes, interrogué a los mayores del lugar, a vecinos de las calles aledañas. Aunque poco concluyentes, varias personas mayores recordaban, efectivamente, que ahí estuvo Bruguera y destacaron la cantidad de revistas que llegaban a sacar semanalmente en aquella época.
Terminada mi visita, me dirigí a Hospitalet, donde quise conocer el Bar Serra, lugar de reunión de los dibujantes bruguerianos donde, viernes a viernes, se recordaban las anécdotas de la editorial y sus autores.
Encontré sin dificultad el lugar, algo más moderno de lo que imaginaba, adornado, como me habían dicho, con caricaturas de los dibujantes. Ávido de información, pregunté a un camarero:
- Oiga, ¿es aquí donde se solían reunir los dibujantes de la antigua editorial Bruguera? ¿Podría contarme algo al respecto-inquirí.
- Sí, aquí es, pero tendrías que hablar con el dueño. Mira, precisamente aquí llega uno de ellos...
Me costó reconocerlo, pero al instante supe quién era la persona que, como en un mal guion, atravesaba como por arte de magia la puerta del local...
Continuará...
domingo, 20 de marzo de 2011
¡QUEDA INAUGURADO EL MUNDIAL! (1982)

El álbum presenta la continuación de lo propuesto en En marcha el Mundial 82, es decir, la concreción del evento en nuestro país. El dibujo del álbum que nos ocupa se presenta, sin embargo, más acabado, con unos fondos más trabajados y un entintado de más calidad. Además, abundan en él viñetas espectaculares, que llegan a ocupar hasta media plancha, profusamente detalladas. También el coloreado ha mejorado, aunque se aprecia un uso excesivo de las tonalidades azules en sus primeras ediciones.
En el primero de los episodios de ocho páginas, se nos presenta el argumento, no exento de sorna. Uno de los equipos invitados es falso, esto es, está formado por espías que pretenden conocer nuestro poderío nuclear. Para atraparlos, Mortadelo y Filemón tendrán que hacerse pasar por deportistas, como en los álbumes precedentes, Mundial 78 (1978) y Olimpiada 1980 (1980).
La primera viñeta, de carácter espectacular por su tamaño y detallismo muestra el aterrizaje de los aviones extranjeros e incide críticamente en la cutrez de los medios españoles, así como en la manipulación de los medios de información que, incluso en democracia, muestran un discurso “oficial” que difiere de la realidad. Posteriormente, encontramos una escena equivalente a los desfiles de cada acontecimiento deportivo, la bajada del avión de diversos pueblos extranjeros, cada uno ostentando los rasgos tópicos asociados a su nación.
En la TIA, una Ofelia más ancha que nunca convoca ante el Súper a Mortadelo y Filemón, que están tirando del carro, tras la asignación de tareas según el coeficiente intelectual realizada por la computadora, lo que nos remite a la historieta corta Pruebas de aptitud, (Mortadelo Extra de Verano, 1971). Tras la explicación de la misión (gracias a la cual sabemos que la TIA colabora con la Interpilpil), nuestros agentes son entrenados por Melanio Perrera, trasunto del antiguo entrenador del FC Barcelona Helenio Herrera. Estos entrenamientos, normalmente realizados en el patio de la TIA, muestran ante la desesperación del “mister” la torpeza de Mortadelo y Filemón, así como su desconocimiento del argot deportivo. Este recurso fue tomado de Vázquez, quien lo presenta en una historieta de Anacleto publicada en el Mortadelo Especial Fútbol de 1976, e Ibáñez la desarrollará, en mayor o menor medida en Mundial 78, Olimpiada 1980, Mundial 94 (1993), Mundial 98 (1997) o Mundial 2002 (2002). Sin duda, en la historieta que nos ocupa encontramos una de las más felices formulaciones de este tópico humorístico, con gags auténticamente geniales que ponen en evidencia tanto la ineptitud de los protagonistas como una repentina vocación de ermitaño del señor Perrera.
La ya consolidada transición permite a Ibáñez lanzar críticas al país, relativas a su capacidad de improvisación o los asuntos sindicales y la huelga, por ejemplo. En la escena del desfile, en otra viñeta muy detallada, se ironiza nuevamente sobre los tópicos nacionales, si bien es cierto que el coloreado inicial de la historieta, que asigna un color uniforme a cada masa de deportistas (en las primeras ediciones) desluce el resultado final. Cierra esta parte otra viñeta de gran tamaño en la que aparece la caricatura del por entonces presidente Calvo-Sotelo.
El comienzo del segundo capítulo muestra a unos holgazanes Mortadelo y Filemón que eluden su responsabilidad y ponen en su lugar un par de muñecos, como veremos en Cacao espacial (1985) y en Va la TIA y se pone al día (1989). Destaca en este apartado que el prólogo a la misión propiamente dicha ocupa nada menos que tres páginas. Este apartado muestra más gags divertidos, como los jugadores haciendo cola para el autobús o pagando su entrada en la taquilla.
La inoperancia deportiva de los protagonistas llevará a la desesperación al entrenador de la Selección española, de la que forman parte. Así, se suceden los intentos de suicidio por su parte, algo que veremos en futuros seleccionadores y deportistas en álbumes como Mundial 98, Atlanta 96 (1996), Atenas 2004 (2004), Pekín 2008 (2008) y Mundial 2010 (2010). El episodio se salda con divertidísimos gags como el de Mortadelo pisando sin querer a los del banquillo o el provocado por Filemón al atarse el zapato, así como con viñetas espectaculares, como la segunda de la página 15 o la última de la 16.
El tercer apartado empieza con un alegato en contra de la excesiva publicidad del Mundial, puesto en boca de Filemón y que, seguramente, refleja la acritud del propio Ibáñez hacia el tema. En esta ocasión, Mortadelo y su jefe tendrán que espiar al equipo de Camerún, lo que da pie a chistes que hoy se considerarían racistas y que superan a los aparecidos en el africano Mundial 2010. Con la excusa de tener que franquear el muro donde entrena el equipo, Ibáñez se libra de llevar sus personajes al terreno de fútbol. Los gags relacionados con la imposibilidad de saltar una pared los encontramos también en historias como El antídoto (1973), Pánico en el zoo (1975), Misión de perros (1976), La maldición gitana (1989), Corrupción a mogollón (1994) y El trastomóvil (1976). La avalancha provocada al quitar una de las rocas que ayudaban a encaramarse al muro recuerda a la provocada en El quinto centenario (1992). Llama la atención la referencia en el capítulo de “la moda de las pelambreras”, fiel reflejo de la época.
Esta vez tendrán que aprovechar el partido de la Selección española contra Nueva Zelanda (no, se ve que todavía no estábamos descalificados) para descubrir al equipo de los
farsantes. Para ello, prueban suerte con el oteo aéreo, utilizando tanto el disfraz de urraco como un helicóptero que roban con el piloto dentro (les devolverán la moneda años después en El carné al punto, 2005). Una serie de gags escatológicos relacionados con el retrete y el trasero de un futbolista, que quedará al descubierto cuando Mortadelo ejerza de enfermero, como en Mundial 2006, desarrollan el episodio, que culmina con la venganza de Mortadelo y Filemón contra el Súper, al no haberles advertido este de que tenían un par de entradas para vigilar cómodamente desde la grada. El episodio muestra algún ejemplo de composición inusual, como la primera mitad de la plancha trigésima, así como con alguna confusión de Ibáñez, quien se refiere a la serie Dallas, donde aparecía el mítico personaje de J.R., como “película”. Esta confusión entre series y películas la apreciamos también en algunas de las entrevistas que concede nuestro autor. Como último dato destacable, señalamos que, en general, en este tramo de historieta, Mortadelo sale peor parado que Filemón, pues recibe la mayoría de los golpes.
El sexto episodio se inicia con una secuencia de un durmiente Mortadelo cuyo sueño se ve interrumpido por una notificación del Superintendente, quien acabará golpeando a sus dos agentes, que cometen la “viveza” de insultarlo cuando está presente. El argumento de este capítulo suena a otro recurso de Ibáñez para evitar enviar a sus criaturas a los campos de juego tan odiados por él. En esta ocasión, han de probar un invento del profesor Bacterio, consistente en un diente postizo que dispara un rayo descuajeringante, artilugio destinado a los espías. Contrasta el sofisticado ingenio de Bacterio para inventar un artilugio así, frente a su intento de arrancar a Filemón uno de sus dientes con unas tenazas.
Esto da pie a algunas escenas bastante crudas, como la extracción a mano del fémur de Filemón o la imagen del profesor con medio cuerpo dentro del agente, buscándole el diente que este se había tragado. Tras probárselo al revés (como hiciera con la boina en Los inventos del profesor Bacterio, 1972), Ibáñez da una vuelta de tuerca, repitiendo el esquema del invento con, esta vez, un brazo artificial que también dispara rayos. Cuando Mortadelo se ofrece voluntario para probárselo, el Súper lo besa en la calva llamándolo “agente predilecto” (dudosa atribución), justo antes de recibir una descarga del brazo en cuestión. Como siempre, los momentos emotivos son seguidos en la obra de Ibáñez por algún gag que desmitifique por completo la situación. Ya en el estadio, Mortadelo fulmina sin querer a los jugadores con el rayo, obligando así a su jefe y a él mismo a huir a la selva. Como detalle curioso, les invitamos a localizar la firma de Ibáñez en la corteza de uno de los árboles.
A pesar de nuestros agentes, la Selección Española consigue llegar a la final, donde el pésimo juego de los rusos hacen pensar que son ellos los villanos, aunque en realidad esto se debe a una mala digestión de potaje, lo que nos remite al futuro álbum Mundial 2006. La primera plancha del episodio muestra algunos momentos destacables, como la aparición de Mortadelo y Filemón en los ojos del entrenador y el gag de la pompa de chicle que, al reventar, empaña la foto del equipo.
Los protagonistas, convencidos de que los rusos son los espías (no olvidemos que todavía coleaba la Guerra Fría), intenta eliminarlos uno a uno, y consiguen hacerlo…con los componentes del conjunto español. Como ocurre con los artistas de El circo (1973) y con los toreros de ¡Soborno! (1977), las inocentes víctimas son eliminadas una a una por error. La historia concluye con el aviso del Súper de que el falso equipo, China, no pudo actuar por haber sido descalificada en los preliminares. La última plancha, que resulta algo desnuda gráficamente, culmina con una explosión que elimina a los miembros restantes de los equipos finalistas, en un acto de anarquía ibañezco contra la competición epítome del Deporte Rey. El periódico que da la noticia incluye otro dardo de Ibáñez hacia los gerifaltes del mundo deportivo, pues la copa, que ha tenido que rifarse, le ha tocado al cuñado del presidente de la FIFA; otra muestra de la desconfianza de Ibáñez hacia los organizadores de este tipo de eventos.

En definitiva, se puede decir que estamos ante una buena historia, con un guion divertido y un dibujo que empieza a dejar entrever algunos leves detalles absurdos, de los que se abusará a finales de la década. El dibujo también atraviesa un buen momento, con un cierto recargamiento de la plancha. Incluso algunas de las viñetas de este álbum van a servir de modelo para algunos de los dibujantes “apócrifos” de Bruguera, como es el caso de Casanyes, que recogerá algunas posturas del álbum para su historia corta “La máquina del tiempo”, así como del desconocido autor de la breve historieta:”Bienvenido, Papá Noel”.
domingo, 13 de marzo de 2011
¡FELICIDADES, MAESTRO!
Adjuntamos una graciosa tarta encontrada en la Red
domingo, 6 de marzo de 2011
EL BOTONES SACARINO: EL ESCARABAJO DE ORO (EDICIÓN ALEMANA)

A través de la entrevista realizada en este mismo blog a Lurdes Martín Gimeno (enero de 2011), sabemos que la realización de este álbum corrió totalmente a cargo de ella, quien nos contó al respecto:
“Sacarino y el escarabajo de oro", y esto es cierto del todo, es guion y dibujo míos.Totalmente. Además, lo dibujé para Alemania. Contratada por una persona que lo hizo sin permiso de Ibañéz. Podría haber ido a la cárcel si el autor me hubíera puesto una querella. Pero Ibáñez me conocía y me creyó a mí. Por cierto, la revendí a Bruguera. En aquellos años, el autor no trabajaba para la editorial.”
tenida y con un ligero atisbo de romance entre el botones y la princesa egipcia (algo inusitado en las historietas originales). En cuanto al dibujo, Lurdes Martín se desenvuelve con destreza, aunque hay que decir que el coloreado de la edición española realza suficientemente su dibujo, que no sale tan favorecido con el color de la edición alemana, que le hace flaco favor a sus trazos.
Ignoramos si la autora escribió el guion directamente en alemán y luego se tradujo al español para su posterior edición en Bruguera o si, por el contrario, ella lo escribió en español y el traductor alemán hizo el resto. Sin conocer el idioma teutón, me resulta difícil calibrar la calidad de la traducción, pero sí he apreciado algunas diferencias, como la mención a Ibáñez en la viñeta seis de la página cuarenta y tres, que no aparece en la versión española.
En cuanto a la portada, encontramos una realizada para la edición española, obra de Juan Manuel Muñoz, tanto en el lápiz como en la tinta, dato que conocemos gracias al blog El rincón de Mortadelón. Sin embargo, y esto es lo desconcertante, la portada de la edición alemana lleva la firma de Ibáñez y, ciertamente, parece un dibujo del maestro.
Tras haberlo dilucidado durante un tiempo, encontramos opciones tanto para considerarla apócrifa o verdaderamente ibañezca. Sopesemos ambas:
a) A la hora de considerar la portada apócrifa, hemos de recordar que la firma de Ibáñez no es garantía de que el autor sea, realmente, el que haya dibujado la portada. De hecho, más adelante, mostraremos otras portadas claramente “negras” con firma del autor.
Tampoco ayuda la ligera desproporción del Botones con respecto al “Dire” y al “Presi”, pues la figura del muchacho parece ser demasiado grande en relación con las demás. El camello tampoco parece del tipo que solía dibujar Ibáñez en los años 80, sino que más bien parece sacado de la época de La máquina del cambiazo, a comienzos de la década anterior.
Por otra parte, y esto es lo más importante, si esta historieta se realizó sin su consentimiento, (tanto que Lurdes dice que podría haber tomado represalias legales contra ella), ¿por qué realizar una portada para su edición alemana?
b) También a favor de la autoría de Ibáñez de esta portada tenemos algunos argumentos. En primer lugar, y creo que es decisivo, cabe contemplar el movimiento y expresividad del “Dire” y el “Presi” a lomos del camello. El buitre que los acompaña, también parece característico de Ibáñez, y la expresividad de Sacarino (aunque algo desproporcionado), parece favorecer esta teoría.
Por otra parte, no sería la primera vez que Ibáñez realice portadas para las ediciones alemanas de álbumes hechos por otros. Esto ocurrió, por ejemplo, con Las criaturas de cera vivientes, obra de Casanyes.

En todo caso, me inclino a pensar que la portada que tenemos entre manos sí es de Ibáñez.
Adjuntamos otra imagen ampliada de la cubierta para que ustedes, estimados lectores, juzguen .
Será un placer leer sus opiniones.
Esta entrada está dedicada a Gariel, sin cuya intercesión no hubiera sido posible.
domingo, 27 de febrero de 2011
EL GRAN IBÁÑEZ EN EL GRAN VÁZQUEZ

La interpretación de Ibáñez ha recaído en manos de Manuel Solo, a quien tuvimos el gusto de entrevistar en diciembre de 2010: http://mortadeloyalgomas.blogspot.com/2010/12/entrevista-manuel-solo.html
Una de las opiniones unánimes del público ante la cinta se refiere a la excelente caracterización que de Ibáñez supo hacer Manolo Solo. Al margen de algunos detalles achacables más a los maquilladores (la calva “de pega” no resulta muy convincente), Solo supo explotar su relativo parecido físico con el dibujante para desarrollar un personaje que hizo suyo y que realmente, “clavó”, como se suele decir. Destaca la reproducción de los gestos del original, así como la timidez que transmite el personaje, timidez que, de hecho, caracteriza a Francisco Ibáñez, aunque suela camuflarla tras sus consabidas bromas y chascarrillos.
En líneas generales, el tratamiento que el director y guionista Oscar Aibar hace de Ibáñez es positivo, resaltando los aspectos buenos, que son muchos, de nuestro autor. Algunas de las imprecisiones de la película (es una obra de ficción, no un documental) afectan tangencialmente al personaje de Ibáñez.
Así, por ejemplo, nuestro autor aparece caracterizado como botones, profesión que de hecho ejerció, con algunos añitos de más. Si bien la historia nos dice que Ibáñez desempeñó dicha profesión en su temprana adolescencia. Tampoco la fecha de su ingreso en Bruguera resulta exacta, pues la acción transcurre a mediados de los sesenta e Ibáñez arribó en 1957. Del mismo modo, y en aras de la comercialidad, la anécdota referida a las suspicacias de Rafael González por su parecido con el “Dire” de Sacarino, son trasladadas a un Superintendente que todavía no existía, mientras se muestran las planchas de la etapa de “Agencia de Información”, antes de que Mortadelo y Filemón ingresaran en la TIA.
Desde el punto de vista funcional, Ibáñez sirve de contrapunto a la figura de Vázquez. Mientras que el protagonista de la película es rebelde, insumiso y poco inclinado a trabajar, Ibáñez aparece como un artesano de la historieta voluntarioso, incansable, atento al detalle (destacan su capacidad para rellenar fondos con miles de elementos secundarios), disciplinado…Es por ello que su éxito se muestra como un logro más que merecido, un premio a su consagración al trabajo.
Aibar evita el tópico facilón de caracterizar a Ibáñez como un elemento “negativo” frente a la hagiografía que se hace de Vázquez. Es decir, no lo convierte en el operario sumiso que hace que su antagonista luzca más. El personaje de Francisco Ibáñez es tratado en todo momento con respeto y, se podría decir, incluso con cariño.
Sí aparece suavizada la relación entre ambos autores. El personaje de Ibáñez deja bien clara su admiración por el de Vázquez (admiración que confesó siempre en la vida real), así como su apoyo incondicional ante los superiores, impidiendo así que el espectador pueda albergar cualquier tipo de antipatía hacia el padre de Mortadelo y Filemón.
De hecho, la figura de nuestro dibujante sirve para lograr el clímax emotivo de la película, con una escena más que destacable en la que Vázquez visita una de las interminables colas de firmas de Ibáñez. Éste reivindica ante sus jóvenes fans la figura de Vázquez, y ambos se funden en un abrazo animado (Vázquez hace una caricatura de ambos) que los muestra como dos amigos en perfecta armonía. Un abrazo real culmina la película, no sin que antes el papá de Anacleto haya sustraído la cartera del dibujante catalán.

Esta anécdota, licencia de la película, nunca ocurrió, como me confirmó personalmente Manuel de Cos, de Ediciones B. Sin embargo, bien podría haber pasado, pues lleva el sello intransferible del inmortal Vázquez. A pesar de que en la vida real pudiera existir alguna disparidad, para el espectador, este abrazo entre los dos genios resulta muy emotivo y , sin duda, contribuye a que salga de la sala de cine con una sonrisa de satisfacción.
La misma satisfacción que nos produce a los aficionados a Ibáñez que Aibar, aun cuando se centre en la figura de Vázquez, que se mima y suaviza enormemente, haya tratado a Francisco Ibáñez con el respeto y el cariño que él se merece.
