domingo, 20 de febrero de 2011

23- MF

Estimados lectores, antes de que en los próximos tres días los medios de comunicación de masas les bombardeen con programas especiales sobre el 23-F, nosotros les ofrecemos un especial, ¡ el 23-MF!

Se trata de una portada de enorme significación en la producción de Francisco Ibáñez, pues, haciendo alusión al todavía relativamente reciente intento golpista de Tejero (la revista es de febrero de 1988), nuestro autor da un “golpe de estado” ante las páginas apócrifas que, desde que abandonó Bruguera en 1985, inundaron los quioscos de falsos Mortadelos producidos sin su consentimiento.

Felizmente, a principios de 1988, Ibáñez y Ediciones B llegan a un acuerdo que perdura hasta nuestros días, lo cual permitió que continuaran las aventuras de los dos personajes más famosos del cómic español. Así, el número 49 de la Revista Mortadelo (heredada directamente de Bruguera), marca la vuelta de Francisco Ibáñez a sus personajes más clásicos.

Clásica también es la portada que tienen ante ustedes. Clásico, el ingenioso chiste con las letras del título, y clásica es también su composición: un Mortadelo en primer plano presidiendo un lateral, profusamente disfrazado, mientras que el resto de personajes ocupan un discreto segundo plano.

Mención aparte merece uno de los disfraces más celebrados de las portadas ibañezcas: el de Antonio Tejero. Destaca por su espectacularidad, por su contundencia, por el mimo y detallismo que se puso en su realización. El inconfundible bigote, la ropa militar, la pistola, el sable…todo ello adornado con decenas de detalles absurdos que completan el dibujo: el cañón que sale del tricornio, la brújula como hombrera, una desmitificadora medalla de Pipis-Cola como falso galón, la calavera con sombrero en el sable, el bolígrafo en la pistolera, la espuma de afeitar , el ratón que sale disparado, la lagartija fumando…


Eso en cuanto a los detalles absurdos, pero les invitamos a que se fijen en la habilidad de nuestro autor para el dibujo “realista”: el diseño de la pistola, las botas militares, los guantes cuya textura casi se puede apreciar. Quede constancia de estos elementos para los que todavía dudan de las facultades de Ibáñez como dibujante.


De fondo están el resto de nuestros queridos personajes de la serie: Ofelia subrayando la importancia del número que el lector tiene en sus manos, Bacterio desesperándose y el Súper garantizando que los personajes vienen “de la mano y el lápiz de papi Ibáñez”. Filemón, el único personaje que no habla, saca pecho orgulloso de su vuelta triunfal.


Los bocadillos tampoco tienen desperdicio. Mortadelo modifica eufemísticamente la mítica frase de Tejero transformándola en un inocuo pero no menos contundente “¡Se sienten, corcho!”. Contundente porque supone el fin de las historietas apócrifas sin el permiso de Ibáñez, pero no todo será tan sencillo. Aunque el Súper nos garantice la vuelta de Ibáñez a sus personajes y una simpática autocaricatura del autor rubrique la portada, los conocedores de la serie saben que con esta vuelta de los personajes de Ibáñez comienza una nueva y breve época de Mortadelos “negros”, ahora sí consentidos por el autor y con guion del mismo.


No sabemos si la historieta con que se inicia la nueva andadura, El huerto siniestro, es de Ibáñez o no. En caso de ser apócrifa, hay que destacar la pericia del dibujante, aunque no descartamos que sea obra del propio Ibáñez. Lo cierto es que El huerto siniestro no fue la primera aventura con la que se retomó a Mortadelo y Filemón, pues ya en la revista Yo y Yo vimos la inconclusa (en su momento), Terroristas.


En todo caso, se trata de un regreso feliz, esperado, de Ibáñez con sus criaturas; esta vez con todos los derechos sobre ellas, controlando los guiones e introduciéndolas, poco a poco, en la actualidad más rutilante.


A partir de ese momento y, hasta hoy, no se ha vuelto a explotar a nuestros adorados héroes de niñez sin el consentimiento de su autor, que dirige sus pasos y los ha conducido con éxito al nuevo milenio.

¡Se sienten, corcho...a leer un Mortadelo!

domingo, 13 de febrero de 2011

200 ENTRADAS, 200

Pues sí, amigos. Aquí donde nos ven ya llevamos 200 entradas, tópics, temas o como quieran llamarlos.


Tinta hay que sudar ya para encontrar algo nuevo de qué hablar, algo que agrade a nuestros lectores tanto como a un servidor. Pero no crean, sus visitas y comentarios siguen siendo un estímulo para continuar con una afición que, para ser sinceros, todavía me entretiene y me deleita enormemente.


Como conmemoración, hoy les presentamos la portada del número 200 de la revista Mortadelo. 200 números nada menos que llevaba ya Ibáñez por entonces.


Aunque el chiste es de una simplicidad pasmosa, que recuerda a las historietas de una sola página de Agencia de Información- eliminando toda la paja de las viñetas innecesarias que "estiraban" el gag-, todavía podemos apreciar de un dibujo especialmente cuidado por parte de Ibáñez, con atención a los detalles de fondo y, especialmente, de una composición de página dinánmica y novedosa. La disposición de la viñeta permite también mayor variedad de encuadres. Nótese también la habilidad de Ibáñez a la hora de retratar un rostro típicamente germánico (aunque aquí se diga que el personaje en cuestión es oriundo de Gazpachenfriten), que recuerda al del malvado Brutezztrausen de El sulfato atómico.


Disfruetn también del colorido "popero" de los los años setenta, con colores planos, generalmente bastante fuertes con el objeto de llamar la atención de los lectores. Las letras del nombre de la revista se muestran, también, policromadas, lo cual da aún más viveza a la portada. Tampoco falta el color en los bocadillos, con uno de color azul y otro amarillo. Y hablando de bocadillos, en uno de ellos radica el único fallo de la portada: pues en la segunda viñeta vemos que donde debiera aparecer el texto de Mortadelo, encontramos un espacio en blanco.



La portada queda coronada con un Mortadelo dentista jugando con la letra O, y muestra también los premios conseguidos hasta la fecha (habría de venir más, no se preocupen).


El contenido queda también explicado en la portada. De entre sus páginas se destaca la presencia de Mortadelo y Filemón como reclamo decisivo, pero fíjense en el cartel: para los amantes de la historieta "seria", de aventuras, Comanche y El Corsario de hierro. Como aportación extranjera fundamental: Astérix, presentando una de las mejores historietas jamás firmadas por Goscinny y Uderzo: El escudo arverno.




Dentro del bando nacional humorístico, completan las series detectivescas la mejor creación de Raf: Sir Tim O´Theo y el inconmensurable (palabras textuales) Anacleto, Agente Secreto, que en el mejor de los casos podría estar dibujado por Vázquez. Lo mismo ocurre con otra de sus felices creaciones: el suertudo Feliciano, generador de gags sumamente originales, basados en la buena fortuna del personaje. Por si hacía falta algún refuerzo adicional, se presentan las otras estrellas de la casa: los hermanos Zipi y Zape, de Escobar, otro reclamo eficaz para el público.



Y todo ello, señores, por diez pesetas de la época.



Desde Corra, jefe, corra, les damos las gracias por dedicarnos su tiempo y esperamos seguir gozando de su compañía, por lo menos, durante 200 temas más.



¡Gracias!

domingo, 6 de febrero de 2011

ENTREVISTA A FRANCISCO IBÁÑEZ


Estimados lectores, hoy, después de más de tres años de vida, el blog Corra, jefe, corra, se enorgullece de presentar una entrevista a la persona que ha sido su leitmotiv a lo largo de todo este tiempo: Francisco Ibáñez.


En efecto, el popular dibujante ha tenido la amabilidad de dedicar unas palabras a todos los fans que, a través de este blog, han seguido, estudiado, difundido y amado su obra. No obstante, para los más acérrimos prosélitos de Ibáñez, les anticiparé que no van a encontrar en esta entrevista demasiados datos que el maestro no haya repetido una y otra vez en sus anteriores declaraciones a los medios. Por otra parte, les decepcionará si van buscando preguntas incómodas que hurguen en los aspectos menos agradables de la trayectoria profesional de Ibáñez. El motivo de esto es doble:



-) En primer lugar, porque nunca ha sido política de este blog incomodar a las personas que tienen la gentileza de dedicarnos su tiempo. Mucho menos a alguien tan entrañable y querido como es Francisco Ibáñez.



-) En segundo lugar porque, como habrán podido comprobar, nuestro mediático dibujante tiene una notable experiencia en el arte de hablar a la prensa, por lo que siempre evita, elude, cualquier tipo de pregunta comprometedora, camuflando la respuesta detrás de una broma.



No esperen, por tanto, encontrar, ni mucho menos, la entrevista definitiva al maestro. Se trata solamente de unas pocas preguntas que constituían, lo confieso, parte del acervo de dudas personales en cuanto a su trayectoria.



Le envié las cuestiones a través de Juan Manuel Muñoz, quien fue tan gentil de pasarlas a Ibáñez. Unos meses después, recibí como respuesta un escaneo de una hoja escrita a máquina (¿recuerdan las numerosas declaraciones de Ibáñez acerca de que todavía sigue escribiendo sus guiones a máquina? Aquí tenemos la prueba) firmada por nuestro querido autor.



Espero que nuestros lectores sepan valorar el hecho, casi simbólico, de que el dibujante más conocido de nuestro país y uno de los más grandes a nivel mundial haya accedido, huyendo de cualquier tipo de “estrellismo” , a emplear parte de su escaso tiempo en contestar a las preguntas de un humilde aficionado. La sencillez mostrada una y otra vez por nuestro invitado lo hace, si cabe, aún más grande.



Aquí les presento la entrevista, que espero que valoren y disfruten. Adjunto también el escaneo del folio original de Ibáñez:


1.- En 1957, algunos dibujantes como usted, Raf, Segura, Gin…acuden a Editorial Bruguera aprovechando la coyuntura de que “los cinco grandes” (Escobar, Peñarroya, Cifré, Conti y Giner) habían partido para fundar su propio semanario. ¿Fue una mera casualidad o estaban ustedes previamente enterados de la partida de estos autores de la casa?



¡Hombre, como rayos nos dejamos caer en la editorial de marras. Y como rayos fuimos admitidos ipso-facto e iniciamos la colaboración!



2.- Los años sesenta fueron para usted extraordinariamente prolífico en cuanto a creación de personajes, pero durante la década posterior tuvo que ir dejándolos uno a uno para centrarse en Mortadelo y Filemón. ¿Qué series de aquella época hubiera deseado seguir haciendo?



¡Seguí, seguí! Mi personaje más querido, el hijo de mis entretelas, Rompetechos, es el único que seguí y he podido continuar desarrollándolo en las páginas de “Top Cómic Mortadelo” durante bastantes números. Desgraciadamente, se ha vuelto a interrumpir. Quizás más adelante, cuando cumpla 104 añitos…





3.- En 1969, surgen las primeras aventuras de 44 hojas, de un formato mucho más europeo. ¿Barajó en algún momento la posibilidad de desarrollarlas con algún personaje nuevo o desde el principio supo que las protagonizarían Mortadelo y Filemón, recién convertidos en agentes de la TIA?



4.- Usted comentó en cierta ocasión que Valor…¡y al toro se hizo pensando en otro mercado, el extranjero, porque la relación con la editorial pasaba por un momento difícil. ¿Qué ocurrió para que decidiera pensar en abandonar Bruguera?




[Ibáñez responde a ambas preguntas a la vez] (Sí, porque ambas cuestiones van unidas, más o menos). Líos con la dichosa editorial, peleas, dentelladas, juicios, planes de colaboración en cualquier otro rincón…Lo siento, no quiero ni recordarlo. Toda aquella situación todavía me produce arcadas.¡Bejjjj!





5.- Con la llegada de los álbumes, el éxito de Mortadelo y Filemón se disparó aún más, alcanzando cotas insospechadas y no igualadas por ningún dibujante en este país. Tanto éxito, ¿le acarreó alguna que otra envidia o resentimiento (léanse, los críticos)?



¡Ni idea! Nunca me han preocupado en absoluto los críticos. Para mí no hay más crítico que el público lector y éste siempre me ha respondido de maravilla. ¡Gracias, titis!





6.- ¿En qué momento es consciente de que su obra se convirtió en un auténtico fenómeno sociológico? ¿Cuál cree que es la clave para que las antiguas historietas, que no tocan temas de actualidad como las últimas, se sigan reeditando y vendiendo tanto en nuestros días?




¿La clave? ¡Pues que las hago yo, claro! Pitorreo aparte, creo que la clave es la cantidad de gags, gags y más gags que yo incluyo por centímetro cuadrado. Por cada euro que desembolsa el lector, se encuentra con una cantidad de gags, sketchs,( ¡Jo, qué palabreja más difícil!), situaciones cómicas o como lo quieras llamar, que déjelo usted ir.





7.- Por las aventuras de Mortadelo y Filemón, han pasado villanos míticos: Chapeau “el Esmirriau”, Magín “el Mago”, Billy “el Horrendo”, El bacilón, El señor Todoquisque, El tirano… ¿Tiene algún favorito entre ellos, alguno que le hiciera una gracia especial?



Todos serán malos, pero todos amigos… “El Tirano” tuvo un verdadero tirón entre el público, pero vamos, todos se han vendido como rosquillas. ¡A todos los adoro!





8.- Al abandonar Bruguera, usted tuvo un papel decisivo en la revista Guai!, para Grijalbo. ¿Se dedicó solamente a dibujar o también intervino en los contenidos de la revista, fichaje de dibujantes, nombre, logotipo, etc.?




Pues sí; algo en los fichajes, contenidos…¡El nombre, totalmente parido por el nene, “G.U.A.I.!”, letra por letra! Fue una gran revista, o un gran tebeo, o como lo quieras llamar, pero ya se había iniciado la debacle del género.





9.- Ya en Ediciones B, encontramos una serie de álbumes que tocan temas de actualidad. En ellos, salen muchos políticos de todos los partidos pasándolas canutas, pero en los últimos años se aprecia una especial chanza con Aznar. ¿Es una pequeña venganza porque fue el único que no le contestó al enviarle el ejemplar dedicado de Barcelona 92?



¡Noooo! Todos reciben; derecha, izquierda, centro, norte, sur…no se trata de tal o cual, no son Fulanito o Susanito, no, son EL PERSONAJE DE ACTUALIDAD, o sea, el que ayuda a vender…¡que todo hay que decirlo, caray! Yo, de vengativo, más bien cero.





10.- De entre todos los dibujantes, se dice que usted tuvo una amistad más estrecha con Raf, ¿qué recuerda de él? ¿Cómo fue que entintó este dibujante su historieta de Mortadelo Las embajadas chifladas?



¡Pinzamiento cervical como mordisco de centollo! Me tuvo la mano agarrotada cual garfio oxidado durante algún tiempo, y Raf me echó una mano. Gran tipo Raf, y uno de los mejorcitos dibujantes que he tenido la dicha de conocer y al que he admirado y admiraré “pa los restos”.






11.- Con respecto al álbum 100 años de cómic, usted comenta que en principio la idea era usar otros personajes, pero que tuvo que recurrir “a los del año de la nana” por sugerencia de la editorial. ¿Recuerda qué otros personajes iba a incluir al principio? ¿Alguna vez le ha vetado alguna editorial algún tema para sus historias, ya en democracia?




Ni idea; no recuerdo ese comentario…Quizá algo mal interpretado…Si dije algo así estaría en la quinta galaxia…No recuerdo que me haya vetado ninguna editorial, ni ahora ni antes…¡Para vetar ya estaba la jodida oficina de censura esa, nunca la editorial!





12.- En los últimos años se aprecia una cierta continuidad en sus historias: la pensión de los agentes es siempre la misma, hay personajes que se repiten en varias historietas: la portera de la pensión, Antofagasto Panocho, el Kamikaze Regúlez, el fiscal Escorbútez Carcamal… ¿A qué se debe esta continuidad, que apenas aparecía en sus anteriores álbumes? ¿Volveremos a ver a la Irma o al agente Bestiájez?




Es para dar una cierta dosis de verosimilitud a los guiones. Nadie sabía exactamente dónde vivían los personajes, ni cuál era su situación, ni si estaban casados ¡quizás el uno con el otro! ¡Nooo; je je! Creo que este punto ya quedó más o menos resuelto en el álbum “Su vida privada”, magnífico álbum de venta en todos los kioscos y librerías al irrisorio precio de bla, bla, bla…¡Qué comiquero queda esto del bla, bla!





13.- Haciendo balance de su carrera, ¿se siente especialmente orgulloso de algo? ¿Cuál cree que ha sido su mayor aportación a la historieta?



Simple y únicamente hacer pasar un buen rato al lector, hacerle reír un poco, aunque sólo sea de ombligo para dentro… ¡Que ya es mucho, no creas!





14.- Por último, ¿qué le diría a los lectores que durante tanto tiempo hemos seguido su trayectoria?



¡Hombre, que sigan! ¡Que todos hemos de vivir, caray! Finiquitado el primer cincuentenario estoy metido de cabeza en el segundo y cuando llegue el tercero, pues ya veremos. El público dirá. Y mientras tanto, un abrazo así de gordo a todos y otro para ti de parte de MF. No, no, Manuel Fraga no, me refiero a Mortadelo y Filemón. Hasta siempre!



Estas han sido, amigos, las palabras que Ibáñez ha dedicado a los lectores de Corra, jefe, corra. Esperamos que las hayan disfrutado y nos despedimos, de momento, no sin antes agradecer a Francisco Ibáñez su tiempo y paciencia.



Igualmente, agradecemos a Juan Manuel Muñoz por su intercesión, sin la cual no hubiera sido posible esta entrevista.





¡Un abrazo a ambos de parte de todos sus fans!




domingo, 30 de enero de 2011

13, RUE DEL PERCEBE: EL VETERINARIO



Retomando nuestro recorrido por la villa de Rue del Percebe hablaremos hoy de un individuo que tiene su consulta, aunque no sabemos si vive realmente ahí, sita en dicho inmueble. Se trata del veterinario, un tipo que físicamente, responde al arquetipo brugueriano de señor bajito, calvo y bigotudo, más bien tirando a poquita cosa. Su aspecto, de hecho, es bastante semejante al del sastre que habrá de venir con el tiempo y al igual que él comparte cierto gusto por la chapuza, por el trabajo mal hecho. Se trata, pues, de un precedente de Pepe Gotera y Otilio (cambiando el ámbito de su chapucería) y, si me apuran, del Doctor Esparadrapo y su ayudante Gazapo quien, en su corta andadura, también hicieron algún pinito en la ciencia veterinaria (recuerden el afán de Gazapo por experimentar con el gato).



Se trata de un “profesional” algo orgulloso, no demasiado dispuesto a reconocer sus fallos (sin llegar a la indolencia sistemática del sastre, todo hay que decirlo) y q ue, a pesar de su ciencia médica, sigue asombrándose sobremanera con algunos de los casos que les plantean sus clientes. Ataviado siempre con una bata- lo pillamos en horario laboral- lucía en sus primera apariciones un estetoscopio. En alguna ocasión hemos visto colgado de su consulta algún diploma, seguramente acreditativo de su facultad para ejercer la ciencia veterinaria. Por su lugar de trabajo pululan, aparte de los clientes, el animal enfermo y él mismo, diversos ejemplares de fauna diversa, constituyendo gags de fondo similares a los de la serie Ande y Ríase “usté” con el Arca de Noé. Destaca un cigarrón enorme que apareció durante dos historietas seguidas, lo cual nos lleva a pensar en la posibilidad de que Ibáñez contemplara la idea de dejarlo como personaje fijo, algo que, finalmente desechó.



Como hicimos con sus convecinos, proponemos una sistematización de los tipos de gags a los que da pie el menudo hombrecillo, recordando una vez más que esta clasificación es solamente una entre las muchas posibles y que no es, ni lo pretende, ser la definitiva. Así, distinguimos los siguientes tipos de chistes:



-) Gags basados en el miedo que el veterinario suscita en los animales: Se ve que la fauna ibañezca no es muy arrojada y echada “p´alante”, por lo que no es raro contemplar a perros, vacas o monos intentando huir de sus garras. Lo cual no es de extrañar, teniendo en cuenta la cutrez del especialista.



-) Gags basados en las características tópicas de cada animal: Poco originales, estos gags nos permiten comprobar cómo el suelo se puede hundir ante un hipopótamo obeso o la extrema longitud del cuello de algunas jirafas. Terreno ideal para el gusto ibañezco por la hipérbole.



-) Gags basados en la enfermedad del animal: Como en el anterior, son los bichos los ejes de este tipo de chistes, pero en esta ocasión la gracia no viene de exagerar sus características comunes, sino de las extrañas enfermedades que parecen: una serpiente plana; otra que baila el hula-hop; un burro que está, literalmente, en los huesos; un perro con complejo de hombre; una serpiente cubista, etc.



-) Doctor, hemos perdido un paciente: No siempre se puede acertar y a veces al más pintado le toca comunicar a sus clientes que ha perdido a sus mascotas: bien un canario que no volverá a volar, un perrito sobre el que se ha sentado o incluso una serpiente que, bien atadita, sirve para ayudar a escapar por la ventana.



-) Diagnósticos sorprendentes y curaciones imposibles: Aquí Ibáñez juega con el surrealismo haciendo que su criatura diagnostique que a una anguila eléctrica le ha fallado la bombilla o proponiendo remedios absurdos para reanimar a los animales: darle cuerda a la trompa del elefante; ponerle el estetoscopio en el hocico a un perro sin olfato, sustituir los cuernos de una va por un manillar de bicicleta, etc.



-) Clientes descontentos: Con este historial, no es extraño que los clientes se quejen por las soluciones que aporta el veterinario: los estimulantes para leones pueden llegar a ser un chasco, al igual que las vitaminas de camello para gatos pueden acabar “jorobando” a los felinos.



-)El doctor se queja: No solo el cliente tiene motivos para quejarse, también el médico, al que vemos lamentarse ante un amigo por la cantidad de trabajo que tiene, como hacer la pedicura a un ciempiés, o llamando por teléfono para reclamar por la escasa eficacia de la anestesia que, supuestamente, tendría que haber adormecido a un león.



-) Cliente inadecuado: Hay que recordarle a los clientes que el hecho de que su hijo sea bastante animal o de que usted sea un lobo de mar o incluso un centauro no quiere decir que tenga que acudir al veterinario, en lugar de al médico.



-) Cliente estafado: En más de una ocasión, clientes inocentones o tan cegatos como Rompetechos son estafados y ha de ser el veterinario quien les abra los ojos, como le ocurrió con aquel que creía que su tortuga era un caballo, al que pensó que su murciélago era un canario o al que le vendieron una pajarita de papel diciendo que era un ave real.



-) El veterinario saca partido: Esto da pie a los gags más divertidos del personaje, cuando el doctor, en un alarde de poca profesionalidad, se aprovecha de las cualidades de los animales que le dejan encargados. Véase cuando se comió un cerdo enfermo, cundo usó el caparazón de una tortuga como baño, a otro galápago como paraguas, la piel de un oso como bufanda o la bolsa del canguro para no pasar frío en invierno. Desde luego, no se trata de un defensor de los derechos de los animales, no.



-) El veterinario, víctima de sus pacientes: Tal vez como justa venganza hacia su desprecio por el mundo animal, los bichitos también perjudican en varias ocasiones al veterinario, que ha sido engullido por un león, por un hipopótamo, picado por una pulga, golpeado por un gallo de pelea y, en más de una ocasión, vacunado por el propio perro. De esta forma, los animalitos encarnan el arquetipo del “niño terrible” que tanto usó Ibáñez en sus historietas.

Sirvan esta clasificación de base para aproximarnos a la figura de este doctor que, solo con la vecina de arriba, la viejecita adoradora de los animales, ya podría tener la consulta cubierta para unos cuantos meses, aunque la señora no sea la que más se prodigue en el despacho de nuestro protagonista, siendo los guardas del zoo sus clientes más habituales. Por otra parte, y mirando ahora al piso de abajo, hay que tener cuidado con el tendero, quien en alguna ocasión ha llegado a cortar un trozo de serpiente para venderla como salchichón.



El personaje del veterinario volvió a aparecer en el álbum de Mortadelo y Filemón El 35 aniversario (1992), donde Filemón es aplastado por uno de los pacientes del doctor, así como en El estrellato (2002), donde el mismo agente es estrangulado por un gorila y el médico acusa a un hipopótamo de ser el responsable del derrumbe del edificio, tal y como ocurre en la película de Javier Fesser La gran aventura de Mortadelo y Filemón.



En el cómic 7, Rebolling Street, del mismo Ibáñez, no encontramos una correspondencia distinta entre el veterinario y los nuevos inquilinos, aunque sí se establecen algunos paralelismos con el inventor, hombre de ciencia al fin y al cabo y, sobre todo, con el dentista, tan chapucero como el personaje que nos ocupa.



En la famosa serie de televisión Aquí no hay quien viva, heredera no reconocida de 13, Rue del Percebe encontramos otro personaje que ejerce la profesión veterinaria: Beatriz Villarejo,( Eva Isanta) la compañera de piso de Mauri (Luis Merlo) que llegó a tener, incluso, una consulta en el mismo edificio, con el consabido perjuicio para los vecinos.



En 2009, Carlos Gimeno publicó la novela Hotel Dorado (de la que ya hablamos en este blog en julio de ese mismo año) en la que el veterinario, que hace también las veces de médico, recibe el nombre de Amor Nepote. Además de su pasado como trabajador del zoo, Gimeno le inventa al hombre con cara de morsa un atormentado espíritu enamorado.



La última muestra de la repercusión de este personaje vino, nuevamente, de la mano de Javier Fesser quien lo convirtió en protagonista de uno de los mini-anuncios de La Casera, realizados con su sello indiscutible para la televisión. Otra prueba de la enorme vigencia de los personajes de Ibáñez al margen de Mortadelo y Filemón.

domingo, 23 de enero de 2011

LA MALDICIÓN GITANA (1989)


La maldición gitana (1989) es un álbum creado en pleno proceso de producción en masa de las historietas de Ibáñez, en el que el autor supervisaba tanto la serie de Mortadelo y Filemón como la de Chicha, Tato y Clodoveo. En esta época, Ibáñez dictaba los guiones directamente a una grabadora y después eran transcritos por Anna María Palé. El dibujo, en muchos casos, no corresponde al propio Ibáñez, como ocurre con este álbum, dibujado por Juan Manuel Muñoz, pero con la firma-tampón de Francisco Ibáñez.


La historia, como otras de esta época, aparece dividida en capítulos de seis páginas cada uno, que culminan con un episodio final de ocho páginas. En el primero de ellos, el Súper cuenta a sus agentes su episodio con una gitana a la que mojó con el coche y que le lanzó una maldición que ya hoy es mítica: “¡Cacho muermo, tío pelmazo!¡De too lo bicho der mundo, así te sarga un peazo!”. Dicho y hecho. En este primer capítulo, el Súper sufre una primera mutación, en forma de cola de cocodrilo. Será Bacterio quien, como en El balón catastrófico (1982) se encargue de buscar un antídoto. Esta será una de las escasas ocasiones en la que los agentes se ocupan de un asunto particular del Súper, más que de una misión “externa”, por así decirlo. A lo largo de las siguientes páginas, el profesor mandará a los agentes por distintos ingredientes que faltan a su fórmula, lo cual nos recuerda a Seúl 88 (1987) y, especialmente, a El antídoto (1973).

De hecho, el primer fragmento de la historia guarda algunas concomitancias con esta historieta de los 70, pues han de buscar una planta en medio de un bosque de serpientes, como ocurría en cierto tramo de la aventura clásica. A pesar del éxito de los agentes, finalmente consiguen el ingrediente, los remedios son a veces peores que la enfermedad, como ocurrirá después con Clínicas antibirria (1993) y unas enormes alas de murciélago cubrirán la cola de lagarto. El dibujo, aunque notable, no alcanza el nivel de Ibáñez, de forma que algunos de los disfraces quedan extraños para el lector, como el de rata o el de martillo.



El segundo episodio se inicia con la entradilla que habrá de presidir los demás: las llamadas bestiajas del superintendente, que en esta ocasión presenta unas orejas enormes, reproduciendo un chiste , el de “ya no le enseño la gorda”, que vimos en El transformador metabólico (1973) y aparecerá de nuevo en Clínicas antibirria. Para conseguir el siguiente ingrediente, un pelo de la oreja de Tarreo Kuondo Kero, campeón de artes marciales, los agentes deberán cruzar una tapia, gag central que articulará el episodio, situación que nos remite a El antídoto, ¡Queda inaugurado el mundial! (1982) y a los futuros Corrupción a mogollón (1994) y El trastomóvil (1996). A pesar de la autoría de Ibáñez, la premura de la realización refleja unos diálogos más planos de lo habitual. Destacan dos disfraces de Mortadelo alusivos al paso del tiempo, especialmente el último: disfrazado de reloj borra (con una goma) la figura de un gato que corre ante él.











En el tercer episodio, los agentes cuentan con la presencia del Súper, que los acompaña a por unas hojas de L’abuela de Nosferatum, tras haberle crecido un pico. Los juegos de palabras relativos al pico (que recuerdan a los que habremos de ver en “Marrullería en la alcaldía-2010-) son de lo más jocoso del álbum, exprimiendo al máximo el chiste. Como consecuencia del antídoto del Bacterio, al Súper le crecerá un cuello desmesurado, sin que desaparezcan los atributos anteriores. Destacan también en este episodio las alusiones a seriales de la época, como Dallas o Falcon Crest.






El cuarto capítulo muestra una vez más que los efectos de los potingues del Bacterio no duran, pues el Súper vuelve a tener el cuello normal, aunque sí se mantienen los de la maldición (triunfo de la superstición sobre la ciencia). En esta ocasión, los agentes han de conseguir un ejemplar de la Rana Teobalda, lo que los lleva, nuevamente, al campo. Tras aparcar en medio del agua, en una escena que recuerda a Ladrones de coches (1980). Los intentos de coger a la rana en cuestión se ven forzados por la presencia de un guardia, lo que da pie a buenos gags como el que lleva a Mortadelo a construir un Taj-Majal en miniatura o la ingeniosa solución que lleva a Filemón a pasarse varios días croando para que el guardia no sospeche que ya no está la rana. No hace falta decirlo, el resultado final tampoco es positivo para el Súper, que por obra y gracia del Bacterio, ha desarrollado una enorme barriga.










El motivo que da pie al quinto capítulo es un cuerno que le ha salido al Súper en la cabeza. A pesar de que en la década posterior lo hubiera hecho, Ibáñez no hace referencia al tema de la infidelidad (¿se puede interpretar en ese sentido el comentario de Mortadelo de la viñeta cinco de la página 27?). Esta vez, el ingrediente que le falta a Bacterio es una piedra que sólo tiene (no sabemos cómo lo saben) una afamada condesa. Sin embargo, con quien habrán de vérselas Mortadelo y Filemón será con la criada, muy similar a la aparecida en Terroristas (1987) y a la de Las tacillas volantes (1989), este último también dibujado por Juan Manuel Muñoz. Los gags se basan en que la cegata fámula acaba agrediendo, sin querer, a los indefensos agentes de la TIA, con escenas que ya nos suenan: se arroja comida que va a parar a la cara de los protagonistas (Terroristas), confusión de una persona con un busto (A la caza del cuadro, 1971, y Las tacillas volantes, nuevamente), equívoco al confundir a Mortadelo con una cucaracha , al igual que le pasó a Rompetechos en A la caza del cuadro, etc. Como se ve, el tramo de esta antigua aventura de los setenta fue, probablemente, la inspiración de este capítulo de La maldición gitana. Obviamente (¿hace falta decirlo?) el antídoto de Bacterio tampoco da resultado esta vez y el cuerno del Súper se ve cubierto por una espléndida chumbera.





En el sexto episodio, al Súper le han crecido unos larguísimos brazos, a modos de cuello de jirafa. Al Bacterio se le ocurre que un brebaje que dota de elasticidad puede ser la solución. El problema se da cuando Filemón, por error se lo bebe, convirtiéndose en una especie de chicle humano, dando lugar a gags como los que vimos en la historieta corta La chiclemicina (Super Pulgarcito, nº 4) y, posteriormente, en La elasticina (1980), con algunos gags idénticos, como el del choque de cabezas por efecto de la inercia. No deja de ser curiosa la reacción más o menos violenta del casi siempre pacífico Bacterio hacia Filemón, y el afán de Mortadelo por proteger a su jefe. También la señorita Irma hace su aparición en este episodio, recibiendo un golpe tremendo al caer por la ventana junto con Filemón, lo que confirma que en el universo Ibáñez todos reciben casi por igual. El episodio es un tanto discordante con el resto de los capítulos, pues en esta ocasión no han de salir en busca de antídoto alguno, contiene algunos gags deficientemente resueltos, como el choque de Filemón contra el muro recién levantado por Mortadelo, que falla en su puesta en escena. El Súper terminará este tramo con unos brazos inusitadamente cortos, por arte y gracia del Bacterio.



El séptimo episodio, este de ocho páginas, empieza con un Súper con lengua de camaleón. Al no poder hablar, es el barbudo profesor el que da las órdenes. En este caso, se trata del enfrentamiento con la villana en su propio campo: un campamento gitano. No sabemos cómo, Bacterio ha averiguado que se trata de Ramona “La Faraona”, un nombre que es una clara alusión al supuesto origen egipcio de los gitanos, así como a la figura de la popular artista Lola Flores. Mortadelo y Filemón visitan, pues, un campamento gitano que hoy en día se podría tachar de políticamente incorrecto, por la visión arquetípica y aculturalista que se da del pueblo gitano. El más hiriente tópico (desde la óptica moderna) consiste en la estampida de los gitanos al ofrecerles trabajo un Mortadelo hábilmente disfrazado. En el campamento encontramos algún gag utilizado en más de una ocasión por Ibáñez cuando sus personajes visitan grupos tribales supuestamente menos avanzados, como los negros o los indios de Las embajadas chifladas (1991), consistente en menospreciar los conocimientos y adelantos tecnológicos de los distintos grupos.








El capítulo se resuelve con la captura de la Faraona, quien muestra, a su vez, el habla arquetípica y caricaturesca de los gitanos y que lanza simpáticos e ingeniosos hechizos que muestran a Mortadelo y Filemón que no es una enemiga fácil de roer. Una vez amansada la antagonista, el Súper da una muestra de ingratitud muy propia del universo de Ibáñez, pues acepta repartir sus grotescos atributos, productos de la maldición, entre sus dos agentes y el Bacterio, para quedar él inmaculado y libre del hechizo. Aunque esta actitud miserable es característica de los personajes del autor, la conducta del Súper parece especialmente reprobable, pues acaba perjudicando a las únicas tres personas que han luchado por su vuelta a la normalidad durante 43 páginas.




En conclusión, podemos decir que La maldición gitana (1989) es un álbum aceptable, en el que Juan Manuel Muñoz, sin llegar al nivel de Francisco Ibáñez, se desenvuelve de forma notable en el dibujo, hasta el punto de que durante muchos años la historia se ha considerado como un “Ibáñez auténtico”. Destaca, desde el punto de vista del guion, el uso de los juegos de palabras, hilarantes en muchos de los casos, aunque en el conjunto de la “biografía” de los personajes, estemos ante una historieta menor.




No deja de ser curioso que, hoy en día, la aventura no aparece en el catálogo de Ediciones B. al igual que tampoco lo hace “El rescate botarate” (1989). Desconocemos el motivo de tal exclusión. No parece que se deba a su carácter apócrifo, ya que sí se incluyen otros títulos igualmente realizados por Muñoz y otros autores, bajo la supervisión de Ibáñez, e incluso una historia de Casanyes, “El caso de los párvulos”, en la que nuestro autor no tuvo nada que ver. Ni la calidad gráfica ni de guion del álbum justifica su exclusión;ni siquiera lo hace el hecho de que en la actual colección Olé se publicara como “relleno” de otras aventuras la rgas, pues lo mismo pasó con Robots bestiajos (1993) y Timazo al canto (1994),que después fueron recopilados en volúmenes individuales.



Una hipótesis puede ser el carácter racista del que se podría tildar al último episodio, que, aunque resultaba jocoso e inofensivo a finales de los ochenta, puede herir algunas sensibilidades hoy en día. Sin embargo, parece una explicación insuficiente. En primer lugar, porque a lo largo de toda su trayectoria Ibáñez ha arremetido con sorna y acierto contra todo grupo urbano, clase social, etnia, religión, raza, etc., y, desde luego, ninguna otra de sus obras ha sido censurada. Tampoco refuerza esta teoría la exclusión de El rescate botarate, que, en principio, no parece herir ninguna sensibilidad, ni ahora ni hace veinte años.





Aprovechamos esta reseña para solicitar a los editores de Ibáñez que consideren incluir estas aventuras en su catálogo actual, de manera que las nuevas generaciones de lectores puedan tener una visión completa de la obra de Francisco Ibáñez.

domingo, 16 de enero de 2011

ENTREVISTA A LURDES MARTÍN GIMENO


Hasta hace unos meses, no sabíamos nada de ella, pero desde hace poco tiempo, Lurdes Martín Gimeno se ha convertido en un nombre clave para todos los aficionados a Mortadelo y Filemón y otros personajes de Ibáñez. Empezó siendo contratada por Ramón María Casanyes y terminó realizando historietas bajo la supervisión y el consentimiento de Ibáñez. Sacarino, Chicha, Tato y Clodoveo, 7, Rebolling Street... son algunas de las series que han pasado por sus manos.
Hoy, veinte años después de todo aquello, Lurdes ha accedido a conceder una entrevista a Corra, jefe, corra.


Sus palabras nos ayudarán a conocer algo más acerca de la producción de los personajes de Ibáñez en los confusos ochenta, además de servir de reconocimiento a tantos autores anónimos que ahora empiezan a salir a la luz.


Disfruten.



1.- Antes de dedicarse profesionalmente a ello, ¿era aficionada a los tebeos? De ser así, ¿quiénes eran sus personajes y autores favoritos?


Era una lectora de tebeos insaciable.Me los tenía que esconder debajo del colchón, mi padre decía que eran antiestudios. A mí me gustaban todos los personajes, pero las revistas para chicas eran mis preferidas: Lily, Esther y otras más antiguas que también leía: Claro de luna, Azucena...




2.- ¿En qué año, aproximadamente, empezó a trabajar con Ramón María Casanyes? ¿Por qué se decidió a contestar al anuncio que éste puso en el periódico solicitando dibujantes?


En el 77-78, por ahí. Yo tenía casi 20 años. Yo no decidí contestar. Mi padre me llevó con su taxi y estuvo esperando hasta que acabé la prueba. Él me convenció de que podía hacerlo, yo no estaba tan segura. Además a él no le gustaban los cómics...



3.- ¿Cómo recuerda el ambiente de trabajo en casa de Casanyes? ¿Quiénes más componían el equipo en aquellos tiempos?



Yo no tenía el sentido del humor muy al día, no entendía los chistes a la primera. Era muy infantil y a Casanyes eso le ponía bastante de los nervios. Pero eso fueros dos días, enseguida hicimos migas él y yo. Hace tiempo que no le veo , pero lo considero más que un amigo.
En aquella época, estábamos otra chica, Isabel y un chico, más mayor que nosotras, no recuerdo su nombre, porque duró bien poco.

Yo con Casanyes me sentía como en mi casa.



4.- Según este autor, en cierta ocasión, consiguieron “colar” una historieta corta “firmada” en la que los personajes recorrían varias calles que hacían alusión a su nombre y dos apellidos (“Lurdes Martín Gimeno”). Los fans hemos intentado encontrarla sin éxito, ¿Recuerda el título de dicha historieta corta?



No, no recuerdo el título, pero sí lo de mi nombre y los apellidos. Lo siento.




5.- Con el paso del tiempo, mientras que a otros dibujantes como Juan Manuel Muñoz se les especializó en historietas de Mortadelo, usted realizó algunas aventuras largas de Sacarino. ¿A qué obedeció este “reparto” de los personajes? ¿Qué recuerdos guarda de algunas de estas espléndidas aventuras del botones, como El escarabajo de oro o En el País del Petrodólar?


Dibujé Sacarino con Casanyes alguna vez. Pero, por ejemplo "Sacarino y el escarabajo de oro", y esto es cierto del todo, es guion y dibujo míos.Totalmente. Además, lo dibujé para Alemania. Contratada por una persona que lo hizo sin permiso de Ibañéz. Podría haber ido a la cárcel si el autor me hubíera puesto una querella. Pero Ibáñez me conocía y me creyó a mí. Por cierto, la revendí a Bruguera. En aquellos años, el autor no trabajaba para la editorial.



6.- Llegó un momento en que, de trabajar para la editorial, empezó a trabajar directamente para Ibáñez, completando su dibujo a lápiz. ¿Cómo fue que el dibujante entró en contacto con usted para ello, a mediados-finales de los 80?



Esta vez, sí que fui yo la que llamó a Ibáñez y le pedí trabajo directamente. Él me había dado su número, pero lo que menos se imaginaba es que yo le fuera a llamar.Enseguida quedamos y me enseñó a dibujar sus nuevos personajes. Chicha, Tato y Clodoveo. Me encantaron. Pero eso fue en el 86. Y también dibujé un montón de Rebollings.




7.- Esta segunda mitad de los ochenta resulta una época confusa para los aficionados a Mortadelo, pues gran parte del trabajo se hizo en equipo. Es la época de El estropicio meteorológico, Terroristas, Los superpoderes, La Gomeztroika… ¿Recuerda en qué aventuras de este periodo participó usted y en qué consistía exactamente su trabajo? Si no se trata de estas,¿ en qué álbumes supervisados por Ibáñez colaboró?


Yo sólo colaboré con Ibáñez en los personajes que he mencionado.




8.- ¿Qué tal fue Ibáñez como jefe durante aquel periodo? ¿Recuerda alguna anécdota simpática en relación a su colaboración con él?


Ibañéz siempre me trató muy bien . Antes, le conocí cuando las protestas en editorial Bruguera, él también venía a las manifestaciones. Allí conocí a casi todos los buenísimos dibujantes de la época. Hacían el vermut en un bar al lado de Bruguera y yo con ellos.Ibañéz me llamaba "Mortadela", para mí un honor.





9.- ¿Por qué finalizó su trabajo con las series de Ibáñez? ¿No siente la necesidad de que su trabajo, tan difundido en distintos países y a lo largo de tanto tiempo, sea reconocido?



Dejé de trabajar para él dos meses antes de casarme.No nos peleamos, supongo que yo quería dibujar otras cosas. Dibujos para chicas, y al final lo conseguí.Por cierto me hizo un gran regalo en métalico. Aún sigue cayéndome bien.He dibujado muchos personajes después de los del "genio", pero hasta que no menciono a Mortadelo y Filemón, no me hacen ni caso. Además, tengo que demostrarlo dibujándolos o no me creen. Ya hace más de 20 años que no los dibujo y siguo teniéndoles por la mano, vaya que no he olvidado nada de lo que aprendí en la escuela Ibáñez- Casanyes.Tengo mi propio estilo, pero la gracia, la velocidad en los gags, el movimiento lo aprendí de ellos.




10.- Por último, ¿a qué se dedica actualmente? ¿Tiene algún proyecto relacionado con el mundo del dibujo?


Lo último que dibujé fueron unos libritos de tapa dura para niños, para Susaeta ( Madrid), pero de eso hace mucho tiempo. He pedido trabajo en muchas partes, pero no me lo han dado. Ahora me aburro como una ostra.Espero que cambien los aires.




Eso esperamos también nosotros, pues a lo largo de estos años, Lurdes Martín Gimeno ha demostrado su talento realizando con eficiencia todos los trabajos que se le han encomendado.


Aprovechamos esta entrevista para hacer un modesto reconocimiento de su labor y le agradecemos el tiempo que nos ha dedicado.

miércoles, 5 de enero de 2011

NI EN REYES...

Pues, a juzgar por la portada, ya lo ven, amigos, ni en Reyes deja Mortadelo de meter la pata. Para una vez que el Súper tiene un detalle, ya ven cómo acaba. Atención al chiste del extremo inferior derecho referido a los Reyes de Oriente.

Sin duda, otra portada estupenda.

Esperamos que los Magos sean generosos con ustedes, y si el regalo tiene algo que ver con el mundo mortadelero, les invitamos a comentarlo en este su blog.

Un afectuoso saludo.