domingo, 11 de marzo de 2012

EL RACISTA (1992)


El racista es una aventura de Mortadelo y Filemón publicada entre los números 100 y 105 de Super Mortadelo (Ediciones B) en la que Ibáñez, que acaba de descubrir las ventajas comerciales del apego a la actualidad de los lectores, aborda un tema espinoso: el racismo. Ya a principios de los 90, distintos sectores sociales habían empezado a denunciar los sentimientos y actitudes racistas que se observan en la vida cotidiana. Aunque con menor intensidad que en nuestros días, este rasgo de corrección política permitió romper con manidos clichés y tópicos raciales, lo cual influyó también en el campo del humor.

                Como corresponde a estas historietas de principios de los 90, el lápiz es de Ibáñez, mientras que el acabado y entintado es de Juan Manuel Muñoz. Característica de esta época es la estilización de las figuras de los protagonistas, algo que se observa en todas las historietas de este periodo. Otro rasgo típico de esta aventura a nivel gráfico son los bocadillos, con la singularidad de resaltar en negrita las palabras más importantes de los mismos. En cuanto a la fecha de la historieta, el primer capítulo, según vemos junto a la firma de Ibáñez, es de 1991, y el resto de 1992. Lo mismo ocurre con El Quinto centenario (1992), cuyos primeros episodios son de 1991 y el resto de 1992. Puede ser que Ibáñez y Muñoz realizaran ambos álbumes a la vez, ante la inminencia de la celebración del Quinto centenario del descubrimiento de América.

                El primer capítulo de ocho páginas comienza con una elocuente viñeta que ilustra acerca del tema del racismo, con imágenes de las distintas razas convertidas en bolos mientras un individuo, el racista, se supone, se dispone a tirar la bola. La historia comienza con un original prólogo en el que se habla de la lucha de razas en la especie animal, vegetal y humana. Dentro de este último apartado destaca la crítica a la colonización española en Hispanoamérica, aludiendo a las matanzas y violaciones de los indígenas, ante la pasividad de la Iglesia. La escena en que un conquistador persigue a una nativa nos recuerda a la del cruzado que anda tras una sarracena en Bajo el bramido del trueno (2006). Tampoco falta la alusión a las matanzas de indios en el oeste americano, aunque Ibáñez parte de una referencia más cinematográfica que histórica, con alusiones a Erroly Flynn y John Wayne, que aparece caricaturizado. Tampoco falta el humor negro alusivo al Ku-Kux Klan, a la guerra de Vietnam e incluso al holocausto judío, con una caricatura de Hitler incluida.

                La aventura propiamente dicha comienza con un gag acerca de las entradas secretas que contiene una buena dosis de absurdo, al más puro estilo de la serie clásica. Ya en la TIA, nos enteramos que distintos miembros de la organización han sido humillados por un nuevo vicepresidente racista, a causa de sus antepasados. Así, comprobamos que el Súper tuvo ascendientes musulmanes; la Ofelia, gitanos y el Bacterio, judíos. Aparece también el jefe de personal, que presenta el mismo diseño que en El premio No-vel (1989) y La tergiversicina (1991), por lo que planteamos la duda de si se puede considerar un efímero personaje fijo de la serie. 

                La misión que plantea el Súper a sus hombres es peculiar: ayudar a los agentes de otras razas, a quienes el vicepresidente manda a misiones complicadas para que queden como unos inútiles y así poder despedirlos. No deja de ser curioso que el Súper encomiende aquí una misión al margen de uno de sus superiores. También comprobamos en esta ocasión que el Superintendente no es el único en asignar misiones a los agentes, ya que el “vice” hace lo mismo. Precisamente Mortadelo y Filemón son requeridos ante su presencia, ya que los va a ascender de agentes de tercera (los dos parecen tener el mismo rango) a segunda. Así, presenciamos algunos de los gags que definirán este álbum: nos referimos a las humillaciones que sufren los agentes de razas diversas a causa de la actitud despótica del nuevo directivo. Cierra el episodio un simpático gag lingüístico como es el de masticar “alcachofas”, que lleva a Mortadelo y Filemón a camuflarse, el primero de elefante y el segundo dentro de la boñiga del mismo.



                El segundo episodio comienza con un gag  relativo a las entradas secretas, en el que un mendigo que vive en un cubo de basura se siente un privilegiado al ver a Mortadelo y Filemón entrar los dos en una caja de cartón. El chiste recuerda a uno con el que Vázquez abrió la historieta de Anacleto publicada en el número 71 de Gran Pulgarcito, en 1970. A este chiste de entradilla le sucede (en este y en próximos capítulos) otro relativo a los precarios despachos que el vice adjudica al Súper por tener antepasados musulmanes. Precisamente será un musulmán, Abdullah, a quien Mortadelo y Filemón tendrán que ayudar en esta ocasión.
                Antes de entrar en contacto con él, veremos, como en los capítulos restantes, la ingenuidad de Filemón, quien cree todavía en la bondad del vicepresidente general, aunque el trato de este hacia sus subordinados siempre lo desengañe. Sin embargo, quien está verdaderamente antológico en este episodio es Mortadelo, que hace gala de una bobería propia de su época más clásica. Así, lo vemos desbaratar el plan de Filemón en un tugurio de mal vivir, aplaudir durante un sigiloso asalto a una casa, preguntarse si un coche sabe hablar (aludiendo directamente a la serie de televisión “El coche fantástico”) y fracasar en un arduo intento de contar hasta cinco.  Finalmente, con la “ayuda” de nuestros hombres, la misión de Abdullah será un desastre, con lo que el vicepresidente ha ganado esta partida. Destacan en este episodio algunos de los escasos detalles absurdos que hay de fondo en el álbum, como son el perro leyendo el periódico y el hombre cuyo ojo se sale al sonarse la nariz.

                El tercer capítulo, también de ocho páginas, reproduce el esquema de entradilla con varios gags recurrentes: uno relativo a la llamada del Súper, otro acerca de la entrada secreta (con una curiosa viñeta que nos muestra la habilidad de Ibáñez para dibujar interiores lujosos) y el que se refiere a la mesa del Súper.  En este episodio se presenta a un orondo director general , el señor Paquidérmez, aunque en el capítulo final veremos al director general al que estamos acostumbrados. Puede considerarse esto (y lo es) como un despiste de Ibáñez, pero  dentro de la lógica interna de la historieta podemos considerar el cargo como algo variable y que el primer director ha sido cesado de sus funciones.

                Esta vez Mortadelo y Filemón tendrán que ayudar al judío Levy Pashar a transportar un microfilm aunque, por supuesto, acaban perjudicándolo. Destacan el forzado juego de palabras que nos permite ver a Mortadelo disfrazado de Dante (antes se había hecho mención a Hamlet, en una historia muy literaria) y el momento en que el transformista calvo dispara sedantes a su jefe cuando este está a punto de ser devorado por un bulldog.



                En la entradilla del cuarto episodio podemos comprobar que Mortadelo y Filemón no viven juntos y que Rompetechos, ahora agente de la TIA, sirve para hacer chistes sin ni siquiera aparecer. En esta ocasión, el compañero al que deben ayudar es M´orrongo, de raza negra, que permite que afloren los pensamientos del Mortadelo más racista. Así, el personaje vuelca en  el agente de color todos los estereotipos acerca de la raza negra: lo acusa de caníbal, cree que se suele trasladar montado en una cebra, que solo como cacahuetes…Además, tanto él como Filemón lo ponen a trabajar mientras ellos descansan.  Destacan también los juegos de palabras alusivos a la raza del compañero, los cuales, a pesar de jocosos, son políticamente incorrectos. ¿Está Ibáñez denunciando las actitudes racistas del españolito medio o solo está haciendo chistes a costa de ellas? Se trata, sin duda, de uno de los capítulos  más recordados del álbum y que difícilmente se podría publicar hoy en día.

                El quinto episodio, de seis páginas, se inicia con gags típicos alusivos al zapatófono, en una entradilla que tiene como elemento más destacable el comprobar que Filemón asiste a los mítines del Partido Popular. En esta ocasión el agente ayudado será un oriental que debe entregar un tubo explosivo cuya menor sacudida haría volar la ciudad. Esto hace que nuestros agentes se desvivan por evitar que su compañero se lleve ningún golpe, por lo que no dudarán en llevárselos ellos mismos. Esto nos recuerda a la historieta corta Un chorizo explosivo (Super Pulgarcito, 12) y a un capítulo de Armas con bicho (1988). Misión de perros (1976), Contrabando (1978) y Los verdes (1997) contienen también gags relativos a la tensión generada por un objeto que está a punto de explotar.  Ibáñez retoma, aunque con resultado distinto el chiste de “tener un estómago a prueba de bomba” que ya utilizó en Magín el Mago (1971). Como toda bomba que se precie en una historieta de Ibáñez, finalmente explota, propiciando así una persecución que culmina con un escatológico Mortadelo que manda a sus superiores “a la…” , frase que Ibáñez tapa con un cartel de “Censurado”, lo cual constituye un recurso no demasiado habitual en sus historietas.

                El sexto episodio comienza con nuestros agentes plácidamente dormidos en la TIA, siendo despertados por un inoportuno trompetista. La venganza de Mortadelo no se hará esperar, hasta el punto de dejar la duda al lector acerca de si, efectivamente, ha matado al emisario del Súper. Tras estropear la captura del agente de la Polinesia, todo parece indicar que el vice se ha salido con la suya, pero Mortadelo guarda un as en la manga. Su original plan consiste en presentarse ante el vicepresidente y el director general (este sí es el clásico) caracterizado como diversos agentes de razas distintas, cuyas virtudes y proezas cantará Filemón ante un director general cada vez más entusiasmado con las nuevas razas.  Por la originalidad del episodio, las hiperbólicas historias inventadas por Filemón, la calidad de los disfraces de Mortadelo y las elocuentes reacciones del vicepresidente y del director, podemos decir que el capítulo es un broche de oro para este simpático álbum de la pareja.  Finalmente, el director general  mandará al vicepresidente  a dar betún a los bantúes y se hará fan de la diversidad racial, lo que lo lleva a remodelar el organigrama de la TIA, relevando al Súper de sus funciones, por lo que este acabará persiguiendo a Filemón y a Mortadelo, en una viñeta en la que vemos que este último cede el paso a un nativo de raza negra…justo antes de llegar a una zona de arenas movedizas.

                Esta última actitud de Mortadelo nos plantea dudas: ¿sabe el personaje que hay arenas movedizas o lo ignora? En caso de saberlo, ¿deja pasar al negrito para librarse él de caer en ellas o por racismo? Estas preguntas se pueden aplicar al conjunto del álbum: ¿parodia Ibáñez las actitudes racistas o solo las utiliza como pretexto para los chistes? De ser cierta la segunda opción, podemos preguntarnos si Ibáñez, al reflejar los tópicos de cada raza, está ayudando sin querer a la perpetuación de dichos tópicos. Puede que la respuesta sea más sencilla que todo esto: Ibáñez es un humorista bastante satírico, especialista en burlarse de toda tendencia, ideología o postura. Es por ello que sí, parodia al típico racista, pero tampoco hace un cómic comprometido, por ejemplo, a la manera de Jan. Y esa es una de las cosas que más nos gustan de Ibáñez, que es un humorista insobornable, que no hace concesiones a lo políticamente correcto.

                Precisamente esto le trajo alguna queja respecto a este mismo álbum. Se produjo en Alemania, país donde, después de en España, más éxito han tenido sus personajes. El racista, titulado en el país teutón Er ist fies und klein - und soooo gemein!, sorprendió al público germano por la evidente caricatura de Hitler que Ibáñez recrea en la figura del vicepresidente general. Nuevo ejemplo de incorrección política por parte de Ibáñez. 

                En conclusión, podemos decir que El racista es una de las historietas más originales de este periodo de Mortadelo y Filemón. Se trata de una misión inusual, de “asuntos internos”, con gags poco usuales y un clímax humorístico poco trillado. A pesar de que, en el fondo, es otra historia en la que nuestros agentes tienen que proteger a otros individuos, dejándolos maltrechos, los elementos antes mencionados hacen que El racista sea uno de los álbumes de los noventa más recordados por los lectores.

domingo, 4 de marzo de 2012

IBÁÑEZ VA A SEVILLA...Y LO TRATAN DE MARAVILLA

Pues sí, el pasado sábado tres de marzo Ibáñez acudió a firmar ejemplares de sus obras a la FNAC de Sevilla, con una gran afluencia de público deseoso de obtener una firma del maestro.Allí me desplacé, bien acompañado por Easmo, cuyo blog incluimos en nuestras recomendaciones. 

Ibáñez llegó unos minutos antes de las seis, hora prevista para iniciar la sesión de dedicatorias. Apareció acompañado por Manuel de Cos, su editor y amigo de este blog quien nos confesó que al principio Ibáñez "se asustó" ante la ingente cola que le esperaba para firmar. Como dato particular, puedo decir con orgullo que nada más llegar Ibáñez y De Cos nos saludaron personalmente, algo que me hizo una ilusión bárbara, como pueden imaginar.

                                                        

El encuentro con el maestro fue, como siempre, breve pero intenso. Ibáñez comentó que ya no sabe ni cuántas fotos se ha tomado conmigo y me confirmó que, definitivamente, el personaje de la señorita Irma ya no va a regresar a la serie, ya que era una caricatura de la secretaria del editor alemán, ya tristemente desaparecida.  Ante mi sugerencia de que volviera a profundizar en la vida privada de Mortadelo y Filemón, tal y como hizo en Su vida privada (1998), Ibáñez me comentó la dificultad a la hora de buscar situaciones nuevas, porque "ya he hecho de todo".

En un principio, se sorprendió por el volumen tan antiguo que le llevaba, nada menos que Safari callejero (1970), aunque también le llevé, esta vez como encargo para un amigo, Chernobil...¡qué cuchitril! (2010), álbum del que el maestro se acordaba bien por ser reciente.

Más tiempo tuvimos para hablar con el siempre amable Manuel de Cos, quien destacó el lujo que supone que a Ibáñez le "abran las puertas" de todos los lugares a los que acude, lo cual es, sin duda, del gran cariño que se le tiene a este autor. Del mismo modo, De Cos me estuvo comentando el calendario de firmas que tienen previsto hasta diciembre, por lo que comprobamos que a autor y editor le quedan muchos kilómetros por recorrer este año.
                                                              

                                  
De Cos nos comentó la gran acogida que tuvo el Super Humor de 13, rue del Percebe, cuyas ventas no tienen que envidiar a las de ninguno de Mortadelo. También el Super Humor de Rompetechos va por una segunda edición, ocupando el tercer lugar de popularidad de entre los personajes de Ibáñez. Desafortunadamente, de momento, no hay recopilatorio de La familia Trapisonda a la vista. 

Lo que sí nos aseguró Manuel es que pronto veremos más recopilatorios de portadas de Ibáñez, ya que la respuesta del público ante el primer volumen ha sido extraordinaria, llegando a agotarlo en quince días, sin duda debido a la calidad del material y a lo difícil que resulta encontrarlo. No se preocupen, pues, fans de Mortadelo, porque parece que vamos a tener portadas a galeradas. Las esperamos impacientes.

Además del privilegio de poder hablar con Ibáñez y De Cos, pudimos conocer a personas encantadoras durante las más de dos horas que estuvimos haciendo cola. Desde veteranos ya curtidos en mil firmas similares hasta fans que acudían, nerviosos como el niño interior que llevamos dentro, a ver a Ibáñez por primera vez. No hace falta decir que todo el mundo salió encantado de la firma.

Tampoco la televisión permaneció ajena al fenómeno, pues Canal Sur TV acudió a cubrir la noticia y nos entrevistó a algunos de los presentes, haciéndose así eco de la respuesta popular que siguen provocando las firmas de Francisco Ibáñez.

Al maestro solo nos queda darle las gracias por seguir, como siempre, haciéndonos felices cuando más lo necesitamos.

domingo, 26 de febrero de 2012

EL PLANO DE ALI-GUSA-NO (1974)


El plano de Ali-Gusa-No (1974)se publicó de forma seriada entre los números 203 y 213 de la revista Mortadelo. El argumento, según algunos colaboradores de El Foro de la TIA, puede estar sacado de la obra de Peyó Les Douze Travaux de Benoît Brisefer, con la que comparte la línea argumental global, si bien el desarrollo posterior es característico de Ibáñez. Se trata de una de las numerosas obras que el autor firmó en los 70 en las que nuestros agentes han de encontrar diez objetos en diez lugares distintos. El precedente se sentó con La caja de diez cerrojos (1971) y continuó con A la caza del cuadro (1971), Los diamantes de la Gran Duquesa (1972) y con la  posterior El caso del calcetín (1976), claramente inspirado en la obra que nos ocupa.

El dibujo, como corresponde a esta etapa del autor se caracteriza por un entintado irregular, que pasa por distintas manos. En líneas generales se puede decir que está bastante descuidado, llegando incluso a utilizar la mano alzada para el contorno de algunas viñetas. Destaca la primera del álbum, en la que se juega con la composición del título y que está, probablemente, entintada por el mismo Ibáñez, como se deduce de la riqueza de matices que presenta el dibujo.

El primer episodio empieza con diferentes agentes de la TIA hablando de Mortadelo y Filemón, a los que intentan encontrar ante un Súper furioso. Este afán por buscarlos nos lleva a preguntarnos por qué el Súper manda precisamente a Mortadelo y Filemón y no a estos otros agentes a la misión que nos ocupa. No deja de ser gracioso el momento en que nuestros hombres aparecen al oído del licor del Súper. Ibáñez, fiel a su máxima de que cuando hay mucho texto no se debe aburrir al lector, interrumpe la extensa explicación de Vicente con las conversaciones de Mortadelo y Filemón quienes, ajenos a la exposición de la misión, se dedican a los juegos de azar. Este recurso se ha utilizado en historietas cortas como ¡Bichejos a mí! , también de los setenta, y posteriormente en álbumes de los ochenta como Las tacillas volantes (1989) o El gran sarao (1990). El caso en cuestión consiste en que el mercachifle Ali-Gusa-No ha vendido un pedazo de desierto a diez primos y firmó el contrato en el mismo plano del terreno. Sin embargo, al descubrirse uranio enriquecido en la zona, la persona que posea esos diez trozos de plano se hará multimillonaria, algo que pretende conseguir la organización enemiga ABUELA , aunque sea pasando por encima de los “primos”. Como suele ocurrir en estos  álbumes, el primer episodio es expositivo, por lo que Ibáñez lo cierra con un simpático malentendido en el que Mortadelo y Filemón creen que un pobre bodeguero es el primer sujeto que deben proteger. En realidad, se trata de que el Súper ha apuntado los nombres de la lista en unas libretas de propaganda del bodeguero.

El segundo episodio lleva a nuestros agentes a  la montaña para buscar al primer primo de la lista. Sin embargo, pronto cobran protagonismo los espías enemigos, que serán el gran hallazgo del álbum. Siempre ocultos en los rincones más insospechados (recurso que previamente usó Vázquez en su Anacleto), la organización de la ABUELA (Agentes Bélicos Ultramarinos Especialistas en Líos Aberrantes) será uno de los más duros rivales de la TIA. Aunque Ibáñez no volvió a utilizar el nombre de esta agencia en su etapa brugueriana, los autores apócrifos puestos por Bruguera la elegirán como enemiga oficial de la TIA en múltiples historietas apócrifas, especialmente en las realizadas por Casanyes. Tan popular llegó a hacerse esta organización que el mismo Ibáñez retomó su nombre y volvió a nombrarla en aventuras como La tergiversicina (1991) o Clínicas antibirria (1993). Así pues, la guerra entre las dos organizaciones, con sus respectivos agentes burlándose mutuamente será lo más destacado de este álbum. En este episodio encontramos algunos gags surrealistas como el de la montaña con cremallera o aquel en el que vemos a Filemón escalando la montaña como quien anda por su casa. También destaca  la poderosa imagen de Mortadelo tomando el sol en un volcán en erupción, que también tiene un antecedente en el Anacleto de Vázquez.  Hilarante resulta también la secuencia en la que Mortadelo despeja el terreno de hierbajos para que se la pegue el agente enemigo. Finalmente, dan con el primer primo de la lista al que “salvan” la vida haciéndole caer desde un precipicio.



La búsqueda del segundo hombre lleva a nuestros agentes a la selva, lugar que visitaron también en La caja de diez cerrojos, y que volverán a ver en Las embajadas chifladas (1991), 20.000 leguas de viaje sibilino (1994)y Mundial 2010 (2010). Destaca el gag de los paracaídas cambiados por el malhechor de la ABUELA, así como el impagable cameo de Rompetechos cazando. En esta ocasión, nuestros agentes serán más o menos eficaces y solo la mala suerte de Filemón empañará el happy end. El cuarto episodio empieza con un brillante gag en el que el espía de turno logra burlar a los protagonistas y continúa con una persecución marítima en la que nuestros agentes viajarán a bordo de un cascajo de barco, como en la historieta corta El carguero Chatárrez (Super Mortadelo, nº 13),y en los álbumes A la caza del cuadro (de Mortadelo y Filemón), o A Seúl en un baúl  (1987), de Chicha, Tato y Clodoveo. Aunque los agentes realizarán su tramo de misión correctamente, un desafortunado comentario del Súper desencadenará la ira vengativa de Filemón.

      El quinto episodio se desarrollará en una obra, ya que el personaje que buscan ahora nuestros hombres es un albañil. Está precedido de una cómica entradilla en la que los agentes eliminan a una serie de espías escondidos en lugares recónditos, pero detectan tarde los micrófonos que les han colado en el piso. La ambientación en la obra la encontramos también en álbumes como Los diamantes de la Gran Duquesa, Los secuestradores (1975), El trastomóvil (1996), El señor de los ladrillos (2003) o La bombilla, ¡ciao, chiquilla! (2011). Destaca el original final del capítulo, con Filemón atrapado con el villano en un bloque de cemento. Completan el episodio algunas alusiones a la actualidad del momento, como el caso Watergate o la emigración de obreros españoles a Alemania.

                El sexto episodio supone una vuelta de tuerca con respecto al gag inicial con los espías, pues la imprudencia de Mortadelo echa a rodar la suma discreción de su jefe al decir en voz alta lo que este le había comunicado en secreto. También hay que resaltar el gag en que Mortadelo lee en un periódico la ubicación del hombre que buscan, así como aquel en que nuestros agentes parecen ir en un descapotable cuando en realidad solo van atados a este en un cajón con ruedas, en un gag que recuerda a uno similar de Valor y al toro (1970) y de A la caza del cuadro.  El episodio contiene algún gag surrealista como el de la hormiga gigante y en él nuevamente nuestros agentes eliminan sin querer a su protegido quien, esta vez, perseguirá también al Súper.

                El séptimo episodio vuelve a llevar la acción al campo, aunque el verdadero eje cómico lo presenta el espía disfrazado como Filemón, que da pie a equívocos de identidad como los que consolidara Plauto con Anfitrión  y que Ibáñez desarrollará posteriormente en El señor Todoquisque (1992).  Destaca también la mala concepción que Mortadelo tiene de su jefe, a quien reconoce por el olor corporal y por su gusto por la alfalfa. Este tipo de chiste recuerda al que años después veremos en la obra heredera de El plano de Ali-Gusa-No, El caso del calcetín, con otro falso Filemón. El capítulo que nos ocupa se saldará con un Filemón que sale mal parado ante la brutalidad de un labriego. El octavo capítulo vuelve a tener como punto fuerte la entradilla con los espías, que encuentran literalmente hasta en la sopa. Delicioso es también el gag del gusanito-espía que escribe en la pared el mensaje secreto. La ubicación en la sociedad protectora de animales permite a Ibáñez mostrar su habilidad en el dibujo de las distintas especies, a la vez que propina algún que otro gag surrealista, como el del mono portero o el cocodrilo recepcionista. No falta tampoco la puya contra la falta de higiene de los hippies.


En el noveno episodio nuestros agentes toman la precaución de irse a la cima de una montaña para evitar a los espías, aunque el tiro les saldrá por la culata. Esta vez la acción se desarrollará en un domicilio particular, con escenas impagables como ese Filemón derrotado llamando al sereno tras intentar forzar una puerta. En esta ocasión, Mortadelo y Filemón casi llegan tarde, pues el espía ya tiene amordazado al pirotécnico que debían proteger y el trozo de plano en las manos. Aunque nuestros hombres llegan a arrebatárselo, no evitan la explosión.

El décimo capítulo es una muestra, al menos en sus dos primeras páginas, del mal entintado, en el que un entintador negligente incluso colorea los dos lacitos de Mortadelo como si fueran una corbata negra.  En este tramo se da uno de los gags más brillantes del álbum, en el que Mortadelo se inventa la localización del próximo primo, provocando una avalancha de espías que parten a por él (reflejados en una hiperbólica y lujosa viñeta). Lo jocoso consiste en que, sin querer, Mortadelo les proporciona a los enemigos la localización exacta del hombre que buscan. El resto del capítulo se desarrolla en un escenario poco explotado, como son las pirámides de Egipto, en las que Mortadelo muestra su capacidad para detectar espías, aunque también acabe confundiendo a su protegido con uno de ellos.

                El último episodio presenta la inverosímil situación consistente en que Filemón es el último primo de la lista, lo cual no explica por qué este agente no ha dicho nada hasta el momento. Algo similar le ocurre a Mortadelo, cuyo perro electrónico es uno de los afectados en Misión de perros (1976). En este capítulo comprobamos también que la ciudad de Mortadelo  y Filemón es Barcelona, pues los agentes viven cerca del puerto, desde donde se ve relativamente cerca la estatua de Colón. Por desgracia, la inoperancia de Mortadelo lleva a quemar este último trozo de plano, donde venía la firma , de manera que invalida todos los demás. Este será uno de los escasos álbumes en los que la culpa final recae en Mortadelo, quedando Filemón como uno de los perseguidores que lo buscan.


                En general, podemos decir que El plano de Ali-Gusa-No (uno de los primeros títulos con rima interna del autor) es una de las grandes historietas de los años setenta. El hallazgo de los espías de la ABUELA será tan brillante que Ibáñez lo retomará unos años después en El caso del calcetín. Se podría decir que, como las apariciones de Ofelia en Los gamberros (1978), las entradillas son más importantes en esta historieta que la propia misión. Muy recomendable.

domingo, 19 de febrero de 2012

IBÁÑEZ APRENDIÓ LA LECCIÓN. EXTRA DE CARNAVAL

Sí, la lección de Rafael González. Según Julia Galán, esas portadas llenas de gente con las que nos obsequiaba Ibáñez eran sugerencia de Rafael González, el omnipotente director de la editorial Bruguera.

Aunque esta portada pertenece ya a los años ochenta, Ibáñez aprendió la lección y siguió deleitándonos con portadas espectaculares en las que, al margen del chiste central, multitud de detalles secundarios las adornaban. En este caso, más que detalles secundarios, todo forma parte de un mismo chiste, por otra parte nada original del autor. La idea de que Mortadelo aparezca en un recinto limitado espacialmente con un disfraz que, por sus dimensiones, acabará de atestarlo, la encontramos ya en historietas como la corta Hacer un extraordinario...¡Jo, menudo calvario! y en aventuras largas como El gran sarao (1989), como nos ha recordado recientemente Mortadelón en su blog.



En este caso, la escena se enriquece con el movimiento de que dota a la portada. Un suntuoso Mortadelo vestido de sultán, con un vestuario que es en sí una obra de arte, a lomos de un elefante delirante que, al ver a la Ofelia, no ha podido resistir el impulso de bailar con la que cree una congénere. El lugar central que ocupa esta imagen se ve enriquecido con el resto de los invitados a la fiesta, que, en planos secundarios, sufren los estragos de la ágil escena. Queremos dejar constancia del maravilloso sentido de la composición (nada ortodoxo) que Ibáñez refleja en esta portada: un elemento central que atrae la atención y una serie de elementos secundarios que giran en torno a este núcleo principal.

Además del personaje principal, es una gozada fijarse en los disfraces de los personajes secundarios. Así, vemos a Ofelia caracterizada como una delicada Caperucita Roja, que no por delicada deja de llevar en su cestita chorizos y morcillas. Filemón luce un elegante traje de marinero que le permite bailar con una atractiva muchacha. El Súper, por su parte, ha elegido convenientemente un disfraz de Demonio (toda una declaración de intenciones).  En el margen inferior derecho vemos al conejo Bacterio tapando con su barba el rostro de su acompañante femenina.

Tenemos, como pueden ver, todo un lujo de portada para estas fechas de Carnaval en la que se confirman las habilidades de Ibáñez como realizador de ilustraciones a toda página, absoluto maestro del impacto visual y de los códigos que llaman la atención de los lectores.

domingo, 12 de febrero de 2012

LOS DETALLES SECUNDARIOS...¡JESÚS!

Como nuestros lectores sabrán, los detalles en segundo, e incluso en tercer plano son marca indiscutible de la factoría Ibáñez, especialmente en las portadas, donde hay más espacio para recrearse en estos jocosos elementos.De hecho, Ibáñez siempre ha defendido que tales detallitos pueden salvar un chiste flojucho, de manera que muchas veces son más apreciados por el lector que la ilustración principal. 



Pues bien, dentro de este tipo de chistes, hay una constante que entusiasma a nuestro autor: nos referimos a los dos bichitos de turno que, ajenos a la ilustración dominante, desarrollan su propia gracieta: ratones, gatos, perros, monos, murciélagos, gusanos, arañas... 



Últimamente, hemos observado que en algunas portadas se repite un chiste consistente en que uno de los bichitos aparece destartalado, según su aspecto físico, después de un estornudo, mientras que otro le dice, cortésmente "Jesús", asombrado por el estruendo organizado por su compañero. Aquí les dejamos algunos de los casos en los que Ibáñez ha recurrido a este chiste en concreto para sus portadas.



De paso, les retamos a que nos digan a qué historietas pertenecen estos detallitos que hemos extraído. Si se fijan, no es difícil.


Saludos

domingo, 5 de febrero de 2012

LA GENTE DE VICENTE, EL SUPERINTENDENTE

Que no, que no, que no hablamos del álbum titulado La gente de Vicente, que no... Hablamos de la gente que rodea al tal Super-intendente Vicente, el tirano de la TIA. Aunque a Ibáñez no le gusta profundizar en la vida privada ni en las relaciones familiares de sus criaturas, a lo largo de los años hemos podido vislumbrar algo de la vida personal del Súper. 

Antepasados 

            Poco sabemos de los ancestros del Súper. Algunos de ellos no son muy ilustres, como se puede ver en la historieta corta El cacharro del tiempo (1990), donde se dice que el bisabuelo de su tatarabuelo amasó una fortuna por tierras caribeñas mediante la exportación de loros chismorreros. Años más tarde, en El racista (1991) nos enteramos que dicho bisabuelo de su tatarabuelo descendía de Boabdil el Mediano,lo cual trae nefastas consecuencias para el Súper, ya que el vicepresidente general resulta ser un racista de tomo y lomo.
Padres
            Más próximos en el tiempo son los padres del Súper. De quien primero tenemos noticias es de su madre, quien funge como directora en la Residencia de ancianitas huérfanas. Se trata de una mujer oronda,de cierto carácter y no mal conservada, a quien nuestros agentes se las hacen pasar canutas en Los gamberros (1978). He aquí un ejemplo, que debemos al escaneo de ase62, de los desmanes a los que los agentes del Súper somenten a su señora madre.

                                                  

                        En cuanto al padre del Súper, no lo conocemos hasta De los ochenta p'arriba... (1999), donde descubrimos que se llama Primitivo Ruínez y que será una de las nuevas víctimas de la incompetencia de Mortadelo y Filemón.

                                                               

Descendencia
         Con respecto a la prole del Superintendente, resulta indispensable recordar la aparición del hijo del Súper en Concurso-Oposición (1975), donde lo vemos caracterizado como un muchacho eficaz y autosuficiente dotado de una gran autoestima. Ciertamente, se trata de un joven muy competente, con una notable habilidad para el disfraz que ensombrece al mismo Mortadelo y con una gran capacidad de trabajo (cómo olvidar cuando hizo una estación de Metro con una cuchara). En su actitud condescendiente hacia Mortadelo (al que llama "buen hombre") se nota un cierto aire de superioridad, quizá debido a la alta posición de su padre. Sin embargo, hay que decir en su favor que, lejos de aprovechar el enchufe para entrar en la TIA, se enfrenta a las pruebas del concurso como uno más. Incluso cuando obtiene su diploma, tiene el detalle de querer obsequiar a Mortadelo y Filemón con una copichuela para celebrarlo. Además de este hijo, se supone que Vicente tiene otro,o al menos eso parece indicarse en la historieta corta King Kong made in Spain, de mediados de los 70, en la que Mortadelo le pregunta al Súper si la foto que le ha enseñado (de un mono, por cierto) es de su hijo pequeño o del mayor.

Vida sentimental
        
              No sabemos a cuál de sus matrimonios pertenecen estos hijos del Súper, ya que a lo largo de los años,la falta de continuidad de Ibáñez ha hecho que el Súper cambie de esposa en numerosas ocasiones. Así, la primera que conocemos es la que aparece en Magín "el Mago" (1971), que soporta estoicamente cómo los agentes de su marido destrozan la puerta de su casa. Quizá estos desmanes llevaron a su primera esposa a separarse de él. Pero hay mucho amor que dar tras el mostacho de Vicente y ya en El caso del calcetín (1976) vemos a una nueva y adorable esposa que acaba metiendo la pata de forma morrocotuda al final de la historieta, antes de la consabida venganza de Mortadelo y Filemón. Dicha esposa parece ser la misma que, en El brujo (1977) ya ha sacado las patas y trata al Súper como a un esclavo, haciéndole perder su aire marcial al obligarlo a fregar los platos.

                                                           

                                                              

A leguas se veía que este matrimonio no marchaba bien, por lo que no nos extrañó cuando un año más tarde el Súper ya presentaba otra esposa, quien había llevado a su casa a su padre y su hermano (es decir, el suegro y el cuñado del Súper), tal y como se ve en Contrabando (1978).

                          

Tal vez también este matrimonio se vio minado por la incompetencia de los subordinados de Vicente, porque ya en los años 90 vemos que el Súper tiene una nueva esposa, la cual es más o menos estable y se mantiene con el mismo aspecto en distintos álbumes. Así, aparece en El óscar del moro (1998), donde empieza a sospechar de un posible affaire entre su marido y la Ofelia. Sin embargo, la mayor crisis matrimonial de la pareja la presenciamos en Impeachment! (1999), donde el Súper se ve sometido al juicio de la opinión pública por, supuestamente, acosar a su oronda secretaria, lo cual enfurece a la mujer del Súper, que ya tenía la mosca detrás de la oreja. Volvemos a  encontrarla en El estrellato (2002), donde parece que la pareja ha sorteado todos sus obstáculos.
                                                       

Otros familiares
         
          Aparte de los familiares directos, el Súper tiene otros parientes que lo visitan ocasionalmente. Tal es el caso de tía Hermengarda, quien en Corrupción a mogollón (1994) deshereda a su sobrino, después de que este le propine una sonora bofetada. También pulula por la tía una sobrinita del Súper, que ensaya sus pasos como bailarina, como se ve en El disfraz, cosa falaz...(1995). En ese mismo álbum, comprobamos que la intolerante viejecita con la que se encuentran Mortadelo y Filemón y a la que acaban colgando de un árbol es la tía Eduviguis, del Súper. Imposible olvidar, también, al cuñado del Súper que detona toda la trama de 20.000 leguas de viaje sibilino (1994), oriundo de Rabadilleira (Lugo).
                                                      

                                                      
    
                                            

Como curiosidad
      En la citada historia corta "El cacharro del tiempo", Mortadelo deja entrever que Filemón insinúa que hay algo entre la esposa del Súper y el lechero. Pues bien, en la viñeta que hemos presentado algo más arriba de la historieta Contrabando, se observa cómo en el domicilio del Súper estaba, además de su familia, el lechero. ¿Estaría trabajando o eran fundados los rumores que difundía Filemón? Saquen sus propias conclusiones.