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domingo, 16 de mayo de 2010

SAFARI DE INFLUENCIAS



A lo largo de estos años, en nuestro blog hemos subrayado en diversas ocasiones la innegable influencia de Ibáñez en algunos jóvenes dibujantes españoles actuales. Hoy vamos a ejemplificar esto a través de los testimonios autobiográficos de dos de los historietistas más reconocidos del panorama humorístico español: Mauro Entrialgo y Bernardo Vergara.

El primero, menciona en su historieta Gracias a la hepatitis (publicada en Los hijos de Pulgarcito) cómo cuando su hermana padecía esta enfermedad, recibió a modo de presente el álbum de Mortadelo y Filemón Safari callejero (1970) que leyó, según cuenta, en las escaleras de la puerta principal de su casa, bajo la luz de un farolillo verdoso.





Entrialgo recrea aquí esos mágicos momentos de infancia que los aficionados al cómic asociamos a un determinado álbum, del mismo modo que los melómanos relacionan sus etapas vitales con ciertas canciones. Y, aunque el autor afirma que fue el tomo de El malvado Vázquez, en el que el genial dibujante madrileño se presenta como antagonista del mismísimo Anacleto, el que "era ya la hostia", no cabe duda que esta historieta de Ibáñez está indisociablemente ligada a su temprana afición por el cómic, que desembocaría, como sabemos, en un exitoso futuro profesional.




Más rendido ante la obra de Ibáñez se muestra Vergara, quien en la historieta Regresión (un acercamiento a la Escuela Bruguera), publicada en el mismo libro que la de Entrialgo y reeditada recientemente en El mundo según Tolomeo, reconoce que fue Safari callejero (su primer álbum en tapa dura), regalo de su abuela, el que le detonó la chispa de dibujante que habría de florecer años después.


Vergara define que "el creador que llevaba dentro" fue despertado por "aquel humor gamberro, el movimiento desenfrenado y su riqueza coral", rasgos distintivos del humor de Ibáñez (sobre todo los dos primeros), que hacen que nuestro autor sea radicalmente distinto a sus múltiples y tan cacareados referentes.



En las ilustraciones, podemos ver cómo, además de la particular visión de la portada del legendario título que hace cada autor, el pequeño Vergara distribuye en cuadros sinópticos los modelos que habrían de conformar el imaginario de su historieta: "los buenos", "los malos" (distinción muy ambigua tratándose de Ibáñez) y "los animales", tipologías que, años después desarrolló con un estilo muy personal, pero cimentado en esta primera lección del maestro Ibáñez.



Se puede observar, por tanto, que al margen de que esté o no de moda reconocerlo, los primeros álbumes de Mortadelo y Filemón supusieron un salto cualitativo en lo que se refiere a la producción de historietas cómicas en España. Rasgos como el humor desmadrado, el movimiento continuo, la expresividad de los rostros, etc., han sido la fuente de la que han bebido generaciones posteriores de dibujantes, tanto aficionados como profesionales.





Por ello, podemos afirmar que, hoy por hoy, la influencia de Francisco Ibáñez en los dibujantes de tebeos en nuestro país es absolutamente incuestionable.