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domingo, 16 de junio de 2013

FILEMÓN CONTRA MORTADELO



Continuamos con el análisis de las historietas cortas de Mortadelo y Filemón, por lo que volveremos a utilizar la clasificación que Miguel Fernández Soto propone para estas pequeñas aventuras de los 70 en El mundo de Mortadelo y Filemón. Hoy abordaremos el apartado que el autor de Cartagena engloba bajo el título “Filemón contra Mortadelo”, es decir, aquellas historias en que los agentes se enfrentan no tanto a un enemigo común, sino el uno contra el otro.  Aunque la clasificación propuesta es subjetiva y matizable, la consideramos lo suficientemente útil y adecuada para el análisis, reconociendo, eso sí, que no es la única posible.

Sin duda, se encuadran en este apartado algunas de las páginas más divertidas de la serie, pues el enfrentamiento entre ambos agentes constituye una parte importante de la esencia de la misma, y se remonta a la época de Agencia de información, en la que la casi exclusiva presencia de los dos detectives hacía que muchas historietas se centraran en las mutuas zancadillas que ambos se obsequiaban recíprocamente.

            La primera, aunque no más antigua historieta que vamos a analizar es la que da título al subgrupo: Filemón contra Mortadelo, aventura de 7 páginas publicada originalmente en el número 2 de Super Mortadelo, en 1972. Filemón, cansado de que Mortadelo sea el más popular de la pareja, estalla de ira cuando el Súper le pide que busque al agente transformista para llevar “todo el peso de la organización”. Esto hace que Filemón piense, un tanto ingenuamente, que dejando a  Mortadelo fuera de juego, tan honrosa posibilidad recaería en él mismo, como si no hubiera más opciones en la TIA, agencia en la que trabajan cientos de hombres.

            La historieta parte de lo que podría ser una reflexión sobre la propia serie. Dos años antes de la misma, Mortadelo se había convertido en el único miembro de la pareja que daría título a la propia revista semanal. En 1972 será nuevamente el agente gafotas el elegido para titular Super Mortadelo, cuyas portadas acaparará en un primerísimo término, relegando a su jefe a un segundo lugar. Poco a poco, se irá extendiendo entre la chiquillería del país aquella expresión de “leer un tebeo de Mortadelo”, ignorando a Filemón en dicha mención. El propio autor se ha referido en alguna ocasión a su pareja estrella como “Mortadelo y el otro”. Con estos antecedentes, no es de extrañar que el bueno de Filemón acabara explotando en una historieta, esta, en la que el personaje demuestra tener sentimientos. Precisamente será esta faceta de Filemón, más humana que la de Mortadelo, la que se reflejaría en la película de Javier Fesser La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003), que carga las tintas en las emociones y sentimientos del ignorado Filemón.

            A partir de aquí se sucederán una serie de gags al más puro estilo de la Warner Bros, que nos recuerdan a las peripecias de el Coyote y el Correcaminos, que pasarán desde los intentos de eliminación más inocuos a los más contundentes, de los más burros (bombazo y tentetieso) a los más sofisticados (la silla que se pliega ante el depósito de ácido). De todos ellos Mortadelo saldrá indemne, mostrando en todo caso una ingenuidad  que resulta jocosa. Finalmente, Filemón decide hablar directamente con el Súper y exponerle su preocupación, diciéndole que considera que él es el hombre más adecuado para llevar todo el peso de la organización. Esta actitud tan sensata, dicho sea de paso, ha sido la segunda opción de Filemón, tras los intentos de asesinato de su compañero. Al final, lo de llevar “todo el peso” de la empresa se plasmará literalmente en una viñeta que muestra el traslado individual por parte de Filemón de todos los muebles de la TIA, al cambiar esta de sucursal.  Este gag, que Fesser consideró tan característico de la serie como para culminar con él su película de 2003, fue ya utilizado por Ibáñez anteriormente y procede realmente de las historietas de La familia Cebolleta, de Vázquez, concretamente de la que aparece en el número 1814 de Pulgarcito, como comenté en El gran Vázquez. Coge el dinero y corre, libro de la editorial Dolmen coordinado por Juan José Vargas.

            Sin duda, esta historieta saca la peor faceta de Filemón, quien se revela como un auténtico sádico que, a imitación del gran visir Iznogud, quiere ser protagonista en lugar del protagonista, saliendo escaldado. Destaca globalmente el gag en que Filemón, hastiado de sus continuos fracasos, se resigna ante la idea de que sus planes saldrán mal y se deja morder por el cocodrilo que originalmente tiene preparado para Mortadelo. Este último sale mejor parado y sus apariciones en esta historieta nos dejan ver a qué dedica el tiempo Mortadelo en la TIA cuando no está desempeñando ninguna misión: se prueba disfraces, pinta la puerta de la cámara acorazada, se prueba capas anti-ácidos, hace la colada…

            En cuanto al dibujo, se aprecia el acabado de Martínez Osete, con las características habituales, como son el mayor tamaño de las manos. Como nota, señalaremos que la viñeta 13 de la página 1, en la que Filemón llora desconsoladamente su anonimato fue reutilizada por Casanyes en alguna historieta corta, no en balde se dice que este autor apócrifo hizo siempre hincapié en la humanidad de los personajes, más que su propio creador.

            La siguiente historieta propuesta por Fernández Soto es la magnífica El abuelo, aventura de 4 páginas publicada originalmente en el Pulgarcito extra 50 aniversario, de 1971 y que fue una de las pocas historias cortas recogidas por Antonio Guiral para la colección de RBA Clásicos del Humor, lo cual nos dará una idea de su calidad. En ella, tras una bronca del Súper en que llama a Filemón “lepidóptero estrábico”, este consulta un diccionario en el que aparece una foto del abuelo de Mortadelo, quien cuenta la historia de tan simpático personaje, a quien ya conocimos en La historia de Mortadelo y Filemón, aventura corta publicada en el Almanaque de Gran Pulgarcito para 1970 (1969).



            Como ocurre en otras semblanzas biográficas de Ibáñez, desde las de La Historia esa vista por Hollywood hasta álbumes como Pero…¿quiénes son estos tipos? (1986), de Chicha, Tato y Clodoveo, o El 35 aniversario (1993), de Mortadelo y Filemón, el humor surge del contraste entre la voz del narrador y lo que muestran las viñetas. Esto da pie a algunos gags brillantes basados en la arrolladora personalidad del abuelo de Mortadelo, tan caradura como su nieto, que muestra una malsana fijación por su vecino, que es, por supuesto, el abuelo de Filemón. Una fijación parecida a la que Mortadelo desarrollará hacia su jefe en álbumes como Su vida privada (1998).

            Destacan escenas como la del supuesto ayuda de cámara del abuelo de Mortadelo, el cameo en prisión de José María “el Tempranillo”, y la anagnórisis final, con un joven Filemón desheredado por su abuelo. Sobresale también la escena en que ambos abueletes se ven en la cárcel, en la que, como siempre en Ibáñez, la emotividad es sucedida por la desdramatización, pues tras los abrazos y lágrimas, lo único que pretende el abuelo de Mortadelo es dejar a su rival en la celda, en un gag similar al que veremos en Billy “el Horrendo” (1983).  En conclusión, una magnífica historia con una notable ambientación de época, un acabado adecuado de Martínez Osete y la muestra de que el odio entre Mortadelo y Filemón tiene algo de determinista, pues viene de generaciones anteriores. El hecho de que Mortadelo cuente la historia de sus antepasados pudo ser el germen de la historieta de principios de los ochenta El árbol genealógico, publicada en el número 9 de Bruguelandia.

            La siguiente historia corta propuesta por Fernández Soto sería Un ayudante competente (Super Mortadelo, nº 7), historieta de 6 páginas en la que Mortadelo y Filemón deben llevar al Museo de la Guerra un cañón manejado por Gengis Khan. La historia reproduce un esquema clásico de las aventuras de la pareja: Mortadelo cometiendo torpezas en cadena y Filemón enfadándose por ello, pero supone una vuelta de tuerca al exagerar la nota: Mortadelo pocas veces ha sido tan torpe y Filemón no siempre ha resultado tan hilarante en sus enfados como en esta ocasión. Nuevamente la envidia será la gota que colme el vaso del jefe de Mortadelo, cuando el director del Museo de la Guerra le reprocha que no sea tan competente como su ayudante.

            El hecho de que desde el título de la historieta se nos recuerde que Mortadelo sigue siendo el ayudante de Filemón nos hace ver que, frente a lo que apuntan Fernández Soto y Antonio Guiral, Filemón sigue estando en un rango superior que Mortadelo en la TIA, como defendimos en este mismo blog. Gráficamente, destacamos algunas viñetas como la 9 de la página 3, en la que parece que faltan un par de onomatopeyas “en off”, la 3 de la página 2, en la que Filemón no luce sus característicos dos pelos y la 10 de la página 4, en la que Mortadelo lleva un doble par de gafas. Sobresale en esta historieta, también acabada por Osete, el nivel de los disfraces de Mortadelo, algunos de ellos muy atractivos, como el de burro, mayordomo, bombero, portero…

            En la historieta ¡Robots! (Super Mortadelo, nº 8), no encontramos que Mortadelo y Filemón se enfrente directa  y conscientemente, sino que, a lo largo de 6 páginas, van a confundirse mutuamente con unos robots similares a ellos que han aparecido en la TIA. La historia sigue el esquema clásico del Anfitrión de Plauto, pero tiene como antecedente más claro la historieta de Anacleto El Sosías, que Vázquez publicó en Din Dan, Extra de Primavera, de 1971. El propio Ibáñez desarrollará este esquema en la aventura larga El señor Todoquisque (1992).

            En ¡Robots! el arranque consiste en un Filemón fastidiando a Mortadelo mientras se prueba disfraces, aunque como verá el lector atento, Mortadelo gana la partida. Reseñable es también el papel del pelmazo ante la contraseña “En Albacete son casi las siete”. Ibáñez remata el chiste con la aparición del portero de la TIA, que redondea el sketch. Miguel Fernández Soto ha destacado también lo surrealista de algunos diálogos de este episodio.

            La historieta, sin embargo, nos plantea algunas dudas, algunos flecos no resueltos. Por ejemplo, no sabemos quién es el villano, que se escapa indemne, y que promete volver. Tampoco se aclara cuál es la misión que originalmente llevó al Súper a convocar a sus agentes, ni por qué el enemigo decidió, de entre todos los agentes, construir robots de Mortadelo y Filemón. Igualmente inexplicable es que, en la última viñeta, un amigo común haya construido dos pequeños robots con las figuras de los agentes.

            En El timador (Super Pulgarcito, nº 63), podemos hablar de enfrentamiento entre los agentes en la medida en que Mortadelo mantiene durante las cuatro páginas de historieta la rechifla ante su jefe, al haber sido este timado por el tipo al que deben perseguir. Destacan momentos hilarantes, como los gags del fajo de billetes y el lazo, el disfraz de Filemón caracterizado como “primo”, etc.  Finalmente, logran capturar al timador, pero Filemón sale malparado de la aventura, pues ha perdido todo su dinero. Nuevamente, vemos el lado más humano del agente bipelo, que es aprovechado miserablemente por Mortadelo para timarlo una vez más, haciendo que pierda lo único que le queda. Esta guasa de Mortadelo ante la ingenuidad de su jefe aparece también el El plano de Ali-Gusa-No (1974). Los agentes serán también timados por aquellos a quien persiguen en Timazo al canto (1994).



            Secuestro es otra pequeña joya de ocho páginas publicada en el Mortadelo Gigante Navideño de 1974. En ella, el protagonista absoluto es Mortadelo, quien tiene la tarea de liberar a Filemón, que ha sido secuestrado.  Poco tiempo más tarde, a Mortadelo le tocará desempeñar una misión parecida en el álbum Los secuestradores (1976). El inicio del episodio nos vuelve a mostrar a Mortadelo y Filemón como dos héroes infantiles poco edificantes, que se van de copas juntos (a pesar de no poder verse) en su tiempo libre hasta acabar totalmente ebrios. El episodio revela también un detalle poco conocido de Mortadelo: la camisa que se aprecia bajo su levita no es sino un postizo, como observamos en la viñeta 1 de la segunda página. Resulta curiosa la camaradería que se constata entre los agentes, que se van de juerga juntos, e incluso quedan por la mañana para ir juntos al trabajo (aquí viven en lugares diferentes).

            Pero no se dejen engañar. Como siempre en Ibáñez, el sentimentalismo dura poco y es prolegómeno de alguna otra escena desdramatizadora en la que se demuestra nuevamente la dureza de corazón de Mortadelo, quien insensiblemente, solo quiere que paguen el rescate para que no devuelvan a su jefe. Algo parecido ocurre en la ya citada Los secuestradores. Tampoco se muestra entusiasmado ante la “faena tonta” de rescatar a su jefe, encomendada por el Súper, pues el agente prefiere irse a ver una película de la bella Elke Sommers. Una vez que en el laboratorio de la TIA (pero no el profesor Bacterio) han analizado la procedencia del anónimo dejado por el secuestrador, se descubre que se trata de Joe Alcachofo, a quien Mortadelo tratará de atrapar en solitario, dando pie a una serie de gags que nuevamente parecen heredados de los dibujos animados de la Warner Bros, concretamente de los protagonizados por el Coyote y el Correcaminos. Seguramente por falta de espacio, la captura del villano es narrada en off por Mortadelo, quien lo entrega al Súper olvidándose de Filemón, a quien deja en una situación poco agradable, gag que culmina esta más que notable historieta.

            Invisibles (Super Mortadelo, nº 54) es una historieta de 4 páginas incluida por Fernández Soto en este capítulo basándose en los continuos perjuicios que Mortadelo causa a su jefe, aunque su incorporación es matizable, pues todos se producen sin querer. En esta ocasión, Filemón es convocado por el Súper para probar un invento del Bacterio, al que no vemos seguramente por falta de espacio, que convertirá al agente en invisible, como el pelo de Ibáñez. El objetivo es huir del Tronchabúfalos, que se prevé que aparezca por la TIA con sed de venganza. Mortadelo, mucho más práctico que Filemón, decide coger el toro por los cuernos, diseñando una serie de trampas contra el malhechor, en lugar de intentar desaparecer como Filemón. Evidentemente, de forma inconsciente, Mortadelo irá golpeando en repetidas ocasiones a su jefe.  Esta historieta presenta como peculiaridad el combinar dos de los finales clásicos de Ibáñez: por un lado, la evasión en el desierto tras la agresión al Bacterio y, ya en dicho escenario, la persecución de Filemón a Mortadelo por pronunciar la palabra clave que desata su ira. Un toque de originalidad para una historieta que debió de ser fácil de dibujar para Ibáñez, pues en rara ocasión aparece más de un personaje por viñeta, dado que los “héroes” actúan por separado (y de forma invisible, en el caso de Filemón).



            Las siguientes historietas pueden ser examinadas conjuntamente. Se trata de ¡Inocente, inocente!, divertimento de cinco páginas publicado en el número 6 de Mortadelo Gigante, de tema Navideño (1975),  así como ¡Inocente!, publicada en el Almanaque de Mortadelo para 1977 (1976). Ambas se engloban dentro de una larga tradición dentro de la propia historia de los personajes, en aventuras cortas como Día de inocentes (1961) o Inocentadas (1969). En realidad, la base de estas historietas hay que buscarla en antiguas historietas de las Hermanas Gilda, de Manuel Vázquez, cuyo esquema copia el padre de Mortadelo y Filemón. El propio Ibáñez reincidirá en este formato en ¡Inoceeeenteee!, otra historieta corta de 1991, que supone la última aparición de la señorita Irma en las viñetas de Ibáñez (que no en las portadas).

            ¡Inocente, inocente! comienza, al igual que la otra, con uno de los personajes sufriendo una agresión tras consultar el calendario, lo cual desata la caja de los truenos. En esta obra, Filemón perpetra todo tipo de cafrerías y burradas contra Mortadelo, quien sale indemne de todas. Curiosa la mención al sobrino de Mortadelo, que no sabemos si es el mismo que conoceremos en Los sobrinetes (1988). En ¡Inocente! el esquema se complica, pues en él se involucran además de los protagonistas el Súper y el Director general, dando pie a una situación explosiva que, definitivamente, se les va de las manos a todos. Nótese que en la viñeta 3 de la página 5 aparece el concepto de “Mortadelada”, que dará pie en los años 80 a una serie de historietas cortas de Casanyes, de una sola página.


 
            Como dijimos al principio del artículo, estas historietas que enfrentan entre sí a nuestros agentes constituyen la esencia misma de la serie, pues aunque en la canción de la serie de dibujos animados de BRB Internacional se dijera aquello de “Buenos colegas los dos”, lo cierto es que Mortadelo y Filemón son dos personajes que viven permanentemente enfrentados, al margen de las visiones románticas que se puedan tener de las criaturas. No en vano, cuando el director de cine Javier Fesser dijo a Ibáñez que su visión de la pareja de agentes era la de “dos perdedores unidos por su amistad”, el dibujante catalán contestó que en realidad se trataba de dos “cabrones” que venderían a su madre por dos duros. Y algo sabrá el autor de sus propias criaturas, ¿no creen?

            A lo largo de su carrera, Mortadelo y Filemón se han enfrentado mutuamente de forma tan explícita como en estas historietas en aventuras largas como Misión de perros (1976), con el inolvidable capítulo en que Filemón quiere darle morcilla al perro de Mortadelo,  Hay un traidor en la TIA (1983), El ascenso (1983) o El ansia de poder (1989), historietas en las que fuimos testigos de las peleas internas entre los dos protagonistas.

            En este sentido, Mortadelo y Filemón no difieren en exceso del resto de personajes de la Editorial Bruguera, pues, como ellos, son un reflejo de una sociedad fracturada, partida en dos, rasgada por la zanja indivisible de la guerra civil. Mortadelo y Filemón no se enfrentan a un enemigo común, como Astérix y Obélix, símbolo del carácter combativo del inconformismo francés, del que tan buenas pruebas habían dado los galos en la relativamente reciente II Guerra Mundial. Mortadelo y Filemón parten de un terreno abonado por la Guerra Civil Española, en la que lucharon hermanos contra hermanos. Como reflejo inconsciente de esto, en sus historietas ( y en las de la mayoría de los autores de Bruguera), el enemigo en raras ocasiones será un supervillano, sino que serán la suegra, la portera, el guardia urbano de la esquina, el patrón… Y es que, no lo olviden, queridos lectores, ninguno de los villanos a los que se han enfrentado ha jorobado tanto a Mortadelo como el propio Filemón (y viceversa).

lunes, 31 de diciembre de 2012

¡FELIZ 2013, LECTORES!

Estimados amigos, como otros años, hoy en Corra, jefe, corra, pasaremos la Nochevieja con Rompetechos. Aprovecharemos que nuestro querido personaje se ha dado cuenta de que hoy es San Silvestre, o lo que es lo mismo, 31 de diciembre, para desearles a ustedes toda clase de dichas y bienandanzas para los próximo 12 meses.

Sin embargo, como se trata de Ibáñez, no podemos olvidar que estamos ante un pesimista irredento, por lo que no es de extrañar que la última viñeta con la que nos obsequia en la historieta de 4 páginas  "Reveillón" accidentado, sea la de un Rompetechos amargado felicitando las fiestas desde lo alto de la cima de una montaña.


¿Qué quieren que les diga? Yo, al menos, veo algo de poético en la figura de este ser solitario que, coloreado en negro, se funde con el paisaje que lo cobija y protege de una sociedad que ni entiende ni lo entiende. Como siempre, Rompetechos empezó la historieta con el mejor de los ánimos, pero sus frustraciones cotidianas lo llevaron al estado de aislamiento que vemos en la viñeta. Es el drama de este ser ingenuo y solitario: el contraste entre su visión del mundo y la de los demás...¿Acaso no somos todos un poco Rompetechos?

¡Pero bueno, hoy es noche de fiesta y alegría, y no quiero dejarles con este mal sabor de boca! Disculpen la reflexión anterior, y para paliarla, les invito a que compartan el espíritu del que hace gala nuestro personaje al principio de la historieta.


¡Ya saben, amigos! ¡Disfruten como vacas y que 2013 les colme con todo tipo de alegrías!

¡Un abrazo a todos, lectores!

sábado, 13 de octubre de 2012

MORTADELO Y FILEMÓN: DEPORTES A MOGOLLÓN



               Abordaremos hoy algunas de las historietas cortas de Mortadelo y Filemón pertenecientes a la década de los setenta. Como hemos hecho en otras ocasiones, partiremos de la clasificación que hace Miguel Fernández Soto en su canónica obra El mundo de Mortadelo y Filemón. Como el mismo autor señala, la inclusión de las historietas cortas en uno u otro apartado es relativa. Partiendo de esta observación, que compartimos, pensamos que, no obstante, su propuesta de clasificación es un buen punto de partida para agrupar algunas de estas historietas para su comentario. En esta ocasión, hemos escogido el apartado que Fernández Soto recoge con el nombre de “¡El deporte es sano!”

Y este es, no por casualidad, el título de la primera de estas historietas. ¡El deporte es sano! se publicó en el número 9 de Super Pulgarcito, en 1971. Se trata de una historia de ocho páginas de las que podíamos denominar “de asuntos internos”,  pues la pretensión del Súper es la puesta a punto de aquellos agentes que no reúnan las cualidades físicas idóneas: Mortadelo y Filemón, concretamente. Este afán de mejorar el estado físico de los personajes entronca con futuros álbumes como Deportes de espanto (1998).

La historia, ejemplo de la etapa clásica, contiene gags característicos de la serie como los relacionados con la paloma mensajera, la entrada secreta que se cierra antes de tiempo, la indiscreción de Mortadelo, que deja mal a Filemón ante el Súper,etc. Ya en el campo, se desarrollan una serie de gags que recuerdan a los de la época de Agencia de Información, en los que la pareja de protagonistas bastaba para hacer reír. Uno de los más recordados es el momento en que Mortadelo pinta una raya para que Filemón practique el salto de longitud…al borde de un barranco, en una escena que recuerda a las del Coyote y el Correcaminos de la Warner Bros. Otras pruebas recordadas son el penoso lanzamiento de peso, el salto de vallas (con la consiguiente trampa de Mortadelo) o el momento en que Mortadelo emprende una carrera…con la oreja de Filemón atada a la zapatilla. 

 Los agentes terminan tan hartos que acaban vengándose del Súper, practicando con él el tiro al blanco, en un final un tanto forzado, ya que en esta ocasión los protagonistas no tenían tantos motivos como en otras para pagarla con su superior. Este final poco coherente apenas resta mérito a una historieta lograda, con gags sencillos y eficaces en la mejor tradición de la serie.

También de 1971 es Pruebas de aptitud, publicada en el Mortadelo Extra de Verano de ese año.  Lo primero que destaca de esta historieta es el arranque, con un equívoco con el teléfono secreto que recuerda al que veremos en la historieta Los flamantes vigilantes, publicada en el Almanaque de Mortadelo para 1972, con una estructura de gag idéntica y algunas viñetas (como la primera) muy parecidas. Tampoco falta en Pruebas de aptitud la contraseña secreta, la mítica: “los tipos que fuman puro tienen cara de canguro”, con funestos resultados para Filemón. Nuevamente, nuestros agentes han de encargarse de un asunto interno: se van a promover una serie de ascensos en la organización y los nuevos puestos se otorgarán en función de los resultados de las pruebas propuestas.

Así, asistimos a gags brillantes en los que vemos los apuros de los agentes para desenfundar con rapidez, defenderse de un perro enemigo, cavar un hoyo… El forzado equívoco entre “muro” y “moro” y los tópicos chistes del paracaídas (el de Filemón no se abre y Mortadelo usa un bálsamo “ para caídas”como el que le pondrá al Súper en La ruta del yerbajo [1993]) se perdonan por la hilaridad de las situaciones. También es inolvidable el momento en que Mortadelo y Filemón saltan desde un puente sobre un tren, como harán años después en La ruta del yerbajo. 

A pesar de su pésima actuación, los agentes pecan de optimistas, pues esperan haber obtenido altos cargos en la TIA. Cuál no sería su sorpresa cuando comprobaron que, tras el resultado de las pruebas, solo están capacitados para tirar del arado en el sembrado, el mismo puesto que se les asignará en ¡Queda inaugurado el Mundial! (1982) según el coeficiente aportado por la computadora. Un buen final, adecuado para una historietas simpática, plagada de gags brillantes en la que lo mejor son las expresiones del Súper ante el lamentable papel que están desempeñando los agentes.



La historieta con la que Fernández Soto cierra este apartado es En el gimnasio, publicada en 1974 en el número 1 de Mortadelo Gigante.  En esta ocasión, Mortadelo y Filemón desempeñarán una misión de otro tipo, pues ya sí tienen un objetivo más allá que el de ponerse en forma o demostrar sus aptitudes: recuperar los brillantes robados al maharajá Ib-áñez por algún socio del Gimnasio de la calle del Lila. El escenario del gimnasio será repetido por Ibáñez en historietas como La gallina de los huevos de oro (1976), Soborno(1977), El SOE (1992)y Robots bestiajos (1993), al igual que en Una vida perruna (1986) y Gran Hotel (1987) de Chicha, Tato y Clodoveo. 

El hecho de que la historieta conste solo de seis páginas lleva a Ibáñez a abreviar, omitiendo la visita al cuartel general. Así, el Súper comunicará la misión a Filemón por teléfono, no sin que antes nuestros protagonistas tengan una desavenencia en la que Mortadelo acabará nombrando a Pepe Gotera y Otilio. Ya en el gimnasio, no falta el monitor brutote, los escondites inadecuados (destaca el gag de la sauna), un par de equívocos con respecto a algunos sospechosos y  un desgraciado encuentro de Filemón con una cama elástica. Finalmente, se descubre que este oyó mal el mensaje del Súper, quien le habló de uno de los socios del delincuente Jim Nasio, lo que desemboca en una venganza de Filemón, incapaz de admitir su propio error de interpretación.

Esta trilogía conforma el capítulo de historietas cortas que Miguel Fernández Soto cataloga dentro del apartado dedicado al deporte. En realidad, el concepto de realizar algún tipo de actividad física, ya desarrollado por Ibáñez en alguna historieta corta de los sesenta, resulta idóneo para la serie, en la que predomina el slapstick, lo que permite dar rienda suelta al extraordinario manejo del movimiento del autor. Las historietas propuestas, especialmente las dos primeras, son por su calidad un ejemplo de ello.

domingo, 24 de junio de 2012

LLEGÓ EL VERANO (O LAS HISTORIETAS IDÉNTICAS)

Rebuscando entre las historietas veraniegas de Mortadelo y Filemón, para celebrar el inicio de la estación estival me he encontrado con una historia corta...¿o son dos? ¿O una remontada? Lo dejaremos, en mi opinión en "una extrañamente remontada". Según la Página no oficial de Mortadelo y Filemón se trata de una sola con doble título: "Peripecias veraniegas" (a la que llamaremos a partir de ahora Historieta A) y "Cosas del verano" (Historieta B). 

Ignoro en qué revistas fueron publicadas ambas respectivamente, pero aquí les dejo el inicio de cada una, para que se vayan situando:



Como pueden ver, aunque el inicio de ambas historietas es distinto, a partir de la viñeta tres de la Historieta B, el desarrollo es el mismo que en la primera. No sería la primera vez que Bruguera remontara una historia antigua poniéndole como inicio algún dibujo de "enlace" de algún autor apócrifo. Lo particular de este caso es que las viñetas añadidas para el nuevo inicio de la historieta B están hechas por el propio Ibáñez. 

Algunos notarán que el margen superior izquierdo de la primera viñeta, con el cartel de "Lea El Jabato" y el caco con el hielo en la cabeza no pertenece a Ibáñez. Efectivamente, llevan razón. Son obra de un autor apócrifo para cubrir el espacio en el que, originalmente pondría: "Mortadelo y Filemón, Agencia de Información". Esto nos lleva a preguntarnos si tanto esta viñeta del gag surrealista del sol llegando a la estación como la de abajo, con Mortadelo disfrazado de turista fueron extraídas de otra historieta veraniega del autor o si fueron realizadas por Ibáñez para el remontaje de esta historieta. 

Nos inclinamos por la primera opción, pues no era común que los autores participaran en las historietas reelaboradas añadiendo viñetas nuevas. Sin embargo, no sabemos a qué historieta pertenecerían estas dos imágenes, por lo que agradeceríamos cualquier información al respecto.

Pero el proceso de adaptación del Texto A al B no se limita al inicio. Así, en la versión B, las planchas son de 5 tiras, en lugar de las 6 originales, lo que provoca un aumento en la altura de las viñetas que lleva a que muchas de las líneas iniciales de Ibáñez situadas en la parte superior de las mismas hayan sido continuadas por manos menos expertas. Además, en la versión B se omiten algunas partes, como por ejemplo, el momento en que Filemón intenta bañarse en la blasa del tío Cepórrez, lo cual lleva incluso a alterar algún que otro diálogo. Observen, además, como se omite también en la segunda historieta el viaje de los personajes hacia la playa (viñeta superior derecha).



 Además, se suprime el momento en que Filemón cae encima de un señor y se "remonta" el texto de una viñeta anterior, que pasa a otra que, originalmente, era muda.




Como hemos dicho, estos montajes cutres no eran extraños en la editorial, ávida de aprovechar materiales antiguos por los que solo pagaban a los autores una vez. Para ello, no dudaban en alterar los diálogos con el fin de que no se notaran demasiado las partes que recortaban. Más inexplicable es el cambio del bocadillo de Mortadelo (viñeta 10 Historieta A; viñeta 11 Historieta B): "ya se cascó el coco", que cambia a "ya se estrelló de coco". Desconocemos el motivo de esta alteración y no se nos ocurre otra cosa que el evitar utilizar el verbo "cascar" por inmoral e indecente, vayan ustedes a saber. 

No obstante, la principal duda que nos plantea la historieta B son las dos viñetas iniciales, sin duda hechas por Ibáñez. Si no las hizo ex profeso para el remontaje, ¿alguien sabe de qué historieta las pueden haber sacado?

Saludos.


domingo, 25 de marzo de 2012

MORTADELO Y FILEMÓN: LíOS EN LA TELEVISIÓN (HISTORIETAS CORTAS)

Seguimos con nuestro repaso de las historietas cortas de Mortadelo y Filemón.  Como ya hemos señalado en otras ocasiones, seguiremos, por práctica y sistemática, la clasificación que de las historias cortas de los setenta hizo Miguel Fernández Soto en El mundo de Mortadelo y Filemón. Esta vez, abordaremos el apartado que el autor de Cartagena tituló (basándose en el título de una de las historietas) "Bollos en directo".

Esto nos lleva a un escenario no demasiado utilizado por Ibáñez a lo largo de los años: un estudio de televisión. Las dos historietas que vamos a analizar se fechan a mediados de los años setenta, época en la que el televisor ya se había consolidado como un electrodoméstico indispensable en, prácticamente, todos los hogares españoles. Para nuestro autor, el plató de la televisión constituye una excusa, un nuevo escenario para desarrollar sus gags.Probablemente, y dada la popularidad de que gozaban ya Mortadelo y Filemón por aquella época, nuestro autor ya hubo sido entrevistado en algún espacio televisivo y podría tener una cierta idea de los bastidores de los programas de la pantalla chica.

La primera de estas historietas se titula Especial T.V.,tiene seis páginas y data de 1976.En ella,  tras un chiste inicial referido al mensaje del Súper, camuflado en un bocadillo, el Súper comunica a nuestros hombres que se ha introducido en los estudios de televisión (solo había una cadena entonces) un experto en sabotaje, por lo que los agentes deben ir a investigar.

Una vez allí, se les plantea la dificultad de colarse sin despertar sospechas, por lo que Mortadelo alude a la figura de Rodríguez del Chorrito, referencia al por entonces popularísimo Félix Rodríguez de la Fuente.Otro cambio de nombre simpático es el de los estudios de "Hierbazal del Conde"; en lugar de "Prado del Rey". Sin embargo, la principal alusión se referirá a José María Íñigo, aquí camuflado bajo la identidad de Mostáchez, el rey de la interviú. Otra referencia a este conocido presentador la encontraremos en el álbum Los gamberros (1978), donde un bigotudo Míster Iñigosky, presidente de siete cadenas de televisión sufrirá a nuestros hombres.

Volviendo a nuestra historieta, lo más destacable de ella es la involuntaria persecución de Mortadelo hacia Mostáchez, quien acabará siendo víctima de su torpeza. Sobresale la escena en que una cámara situada en altura cae aplastando al presentador y la secuencia en la que Mortadelo aparece por debajo de la mesa cuando este está haciendo una entrevista a un viejo lobo de mar (resulta hilarante cuando frota la calva de Mortadelo, creyendo que es el recio pelo del marinero). Finalmente, resulta que el experto que pululaba por el estudio no lo era en sabotaje y sí en cabotaje (equívoco similar al de En la Olimpiada- 1972). Esto llevará a Mortadelo, verdadero protagonista de una historieta en la que Filemón queda en segundo plano, a vengarse del Súper, por lo que tendrá que huir al desierto, acompañado de su (en esta ocasión) solidario jefe.

La historieta, aunque parezca inocua, no está exenta de críticas al mundo televisivo. En ella, Mortadelo es capaz de sacar, mediante la subversión que supone el humor, la verdadera cara de las estrellas de la pequeña pantalla, alejadas del glamour y amabilidad de que hacen gala frente a la cámara. "¡Qué carácter! ¡Y por la tele que parece un tío simpático!", dirá Mortadelo de Mostáchez. Ibáñez, que nunca se ha mostrado muy entusiasmado con la televisión, refleja la falta de originalidad de la misma cuando sitúa de fondo una oficina destinada a la creación de nuevas ideas y en ella aparece un tipo durmiendo. Estos detalles de fondo, concretamente los carteles de las paredes, serán abundantes en esta corta historieta,al igual que ocurría en la serie de Ibáñez Godofredo y Pascualino, viven del deporte fino.

La segunda historieta alusiva al mundo de la televisión es de 1977, también de seis páginas y se titula Bollos en directo. En ella, nuestros hombres tienen que investigar algunos robos que se han producido en los estudios de televisión y encontramos ecos de la anteriormente analizada. Así, algunas referencias son idénticas, como la de "Rodríguez del Chorrito", mientras que otras apenas suponen una ligera variación: "Hierbazal del Soberano" será ahora la referencia a "Prado del Rey". Algunos gags son también parecidos: si en uno es Mortadelo el que se sube en una cámara que sale disparada, en esta será Filemón quien lo haga. Del mismo modo, una nueva cámara elevada volverá a caerse aplastando a alguien. Este último gag lo encontramos también con la cámara de televisión que aparece en el álbum Misión: Triunfo (2002).

El espíritu de la Transición aflora ya tímidamente en esta nueva historieta en la que Ibáñez se permite desmontar el falso discurso de los políticos, que queda puesto en evidencia gracias a un decorado de cartón-piedra. Extraordinario es el momento en que el discurso de un preboste se convierte en un balido de oveja a causa de un golpe que Mortadelo le da al micrófono. Este gag llega a su punto más divertido cuando por obra y gracia del calvorota se confunden las imágenes de un embajador y su séquito con la de unos cerdos bajando de un vagón. Este tipo de chistes, de enorme hilaridad, los perfeccionará Ibáñez en algunas de las mejores escenas de El preboste de seguridad (1985). Finalmente, la premisa del Súper vuelve a ser un error, lo que desata los deseos de venganza de sus agentes. En esta historieta aparecen un par de alusiones a personajes populares de la época. Así, Mortadelo se disfraza de uno de los payasos de la tele e incluso del por entonces popular Marco, cuyas aventuras en cómic serían dibujadas en España por Jan.



En conclusión, podemos decir que los recursos cómicos que ofrecen los platós de televisión son bien aprovechados por Ibáñez, quien, aunque no se prodigó por estos escenarios en sus historietas, demuestra que su humor se adapta perfectamente a este nuevo ambiente. Si bien es cierto que la segunda historieta tiene el lastre de la excesiva influencia de la primera, no es menos cierto que tanto una como otra son sumamente divertidas.

domingo, 22 de enero de 2012

MORTADELO Y FILEMÓN: HISTORIETAS CORTAS DE ARMAS (TOMAR)

Esta semana vamos a continuar con el análisis de algunas de las historietas cortas de Mortadelo y Filemón. Para ello, recurrimos a la propuesta de clasificación postulada por Miguel Fernández Soto en su obra El mundo de Mortadelo y Filemón.  En esta ocasión abordaremos las historietas que el autor del estudio sobre Ibáñez catalogó dentro del apartado de “Armas”. 
 
    El tema del armamento ha sido desarrollado por Francisco Ibáñez en historietas largas enteras, de las cuales el ejemplo más claro es ¡A las armas! (1974). Incluso muchas de las aventuras largas basadas en los inventos del Bacterio no consisten en otra cosa que en probar el destartalado armamento que el chiflado profesor propone. Nos centraremos, sin embargo, en las historias cortas que desarrollan esta temática.

    Tal ocurre en Humo, también titulada Misión con muchos humos, historieta aparecida en el número 49 de la revista Super Pulgarcito. Se trata de una historieta de ocho páginas que comienza con un gag relacionado con el zapatófono. Esta entradilla sigue un esquema típico de la serie: uno de los agentes (Filemón, en este caso) le habla al otro sobre el peculiar teléfono, mientras que el otro le narra la desgracia que le ha ocurrido a causa del mismo. Este esquema lo encontramos en historias largas como Los monstruos (1973), El racista (1991), Dinosaurios (1993) y Animalada (1994). Al disponer Ibáñez de más espacio que de costumbre para desarrollar la historieta, se permite dedicar varias viñetas a la entrada secreta, otro rasgo clásico de la serie.

    Una vez en la TIA, el Súper les explica la misión: Melencio “el Birrio” ha robado un materializador de humo que aprovecha para hacer el mal. Otro gag clásico relativo a los medios de transporte de la TIA da paso a dos páginas y media en la que nuestros agentes intentan entrar en la casa campestre del villano, siempre con aplastantes resultados para Filemón. Para capturar al “Birrio”—por cierto, uno de los villanos más feos con los que se las han visto nuestros agentes— será determinante la astucia de Mortadelo.

    Una vez puesto fuera de juego, el autor nos narra la vuelta a la TIA con el materializador de humo, lo que da pie a situaciones originales, como la escena ante el volcán en erupción, el gag con la nube, etc. Ya en la TIA, presenciamos cómo Filemón intenta hacer valer sus méritos como agente, provocando un desafortunado comentario del Súper, al cual acaban agrediendo nuestros hombres.



    Un arma tremenda, publicada en el número 22 de Super Mortadelo, es una historieta de seis páginas en la cual encontramos algunas escenas similares a las de la anterior. Así, el zapatófono con llamador acuático detonará algunos gags simpáticos. Del mismo modo, nuestros agentes han de usar una entrada secreta antes de hablar con un desesperado Súper quien, en tono melodramático, les encarga transportar un arma que le permitirá acabar con cientos de enemigos que, según él, le acosan y le impiden vivir en paz
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    Así, un científico (no sabemos por qué no se trata de Bacterio) confía a nuestros hombres el arma en forma de gran cilindro que han de transportar para el Súper. Esto desencadena algunos gags relativos a la tensión que mantienen los protagonistas para evitar que el objeto explote. Ello nos recuerda a álbumes como ¡A las armas!,  Misión de perros (1975), Contrabando (1978), El racista, Los verdes (1977) e historietas cortas como Un chorizo explosivo.  Dicha tensión da pie a varios gags acertados, como el inoportuno resbalón de Filemón que lo lleva a caer por la escalera, provocando que Mortadelo se desviva por evitar el golpe…del arma, no de Filemón. Tampoco podía faltar el momento en que ambos intentan cruzar la calle llevando el cilindro de forma horizontal y causando el golpe de un motorista.

    Otros momentos destacados son la paliza que le dan a Mortadelo, narrada casi en primer plano, el diálogo surrealista, propio de los hermanos Marx, acerca del acertijo numérico que Filemón propone a su subordinado, o la escena en la que este escupe la dinamita que le han puesto en la boca, con tan mala fortuna que va a dar a la oreja de Filemón, todo ello narrado nuevamente en primer plano. Al final, el tono melodramático que esgrimió el Súper al exponer el caso choca con la irrelevancia del mismo, ya que los acosadores que no le dejan vivir son simples mosquitos.  Esto desencadenará la feroz venganza de Mortadelo y Filemón.

    La tercera aventura que incluye Miguel Fernández Soto en este bloque es Defendiendo la paga. En la misma obra de Soto, encontramos dos entregas con el mismo título, una publicada en el Mortadelo Extra de Navidad de 1978 y otra en el Mortadelo Almanaque, del mismo año. No sabemos si se trata de dos historietas distintas o si, simplemente, se publicó en dos revistas. La que nos ocupa está claramente ambientada en las fechas navideñas, lo que nos permite comprobar la amplia vida social que tiene Filemón, quien utiliza a su ayudante para cerrar los sobres en los que escribe sus Chirstmas.



    Nuevamente, un gag relativo a la llamada del Súper, esta vez un mensaje atado a un canto rodao, los lleva hacia el cuartel de la TIA. Para entrar, tendrán que recitar un fragmento bastante romántico del Don Juan Tenorio de Zorrilla ante el banco sobre el que está sentado un bestiajo fortachón, con terribles consecuencias. Pero no todo va a ser malo para nuestros agentes. El Súper les comunica que la TIA va a liquidar los atrasos, que ascienden a los 315 millones de pesetas. Tal noticia da pie a una hilarante escena en que los protagonistas se desmayan y tienen que ser reanimados. Sin embargo, será la noticia de que la paga está en peligro la que saque el león que llevan dentro, mostrándose dispuestos a todo con tal de defenderla.

    Así, se suceden una serie de gags con armas de lo más variadas que, según Fernández Soto, podría haber dado para una historia más extensa. El esquema más común es que los agentes vayan cada uno por su lado y se chafen mutuamente. De entre todas las armas, destaca el diente que lanza llamas, que prefigura al que aparecerá en ¡Queda inaugurado el Mundial ! (1982).  Hay que resaltar la presencia del enemigo Nadiusko. Según cuenta Javier Fesser, director de la primera entrega cinematográfica de la serie, La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003), él y su equipo de guionistas estaban buscando un nombre para uno de los villanos de la cinta. Una de las sugerencias fue Nadiusko, creyendo que era totalmente original. Cuál no sería la sorpresa, explica Fesser, que ya existía un personaje llamado así, el cual descubrieron por casualidad leyendo esta historieta Esto vendría a demostrar,según el director, hasta qué punto su equipo y él estaban embebidos en el espíritu de Ibáñez al realizar la película. La aventura terminará con una nueva venganza hacia el Súper, tras el consabido chasco para los agentes. Esta vez acaban metiéndolo en un horno de pan mientras Filemón clama su “¡Más madera! ¡Es la guerra!”, en clara alusión a la frase de Groucho Marx.

    En conclusión, podemos decir que las tres historietas que comentamos en este apartado, si bien no alcanzan cotas de genialidad, mantienen de forma honrosa el nivel de la serie, con escenas rebosantes de clasicismo, aunque no demasiado originales.

domingo, 25 de diciembre de 2011

LAS SARCÁSTICAS NAVIDADES DE CASANYES

Después de cinco Navidades juntos,y con aires renovados, por una vez no vamos a ofrecerles una viñeta de Ibáñez para estas fechas.

 En esta ocasión le toca a Ramón María Casanyes, de quien comentaremos una de sus historietas más conocidas. Se trata de la historia corta "La invitación", que parte de una premisa ya de por sí interesante que nos demuestra las notables capacidades de Casanyes como guionista (él siempre trabajó con guiones propios).

El planteamiento es el siguiente: Ibáñez ha invitado a Mortadelo, Filemón y al Súper a pasar la Nochebuena en su casa, pero la velada se ve interrumpida por la presencia de Julio Fernández, de Editorial Bruguera, quien no para de exigirle páginas y más páginas al pobre Ibáñez.

La premisa, además de original, es cuando menos, irónica. No deja de haber cierto sarcasmo en el hecho de que sea uno de los autores apócrifos de Mortadelo el que "denuncie" el exceso de trabajo de Ibáñez. Casanyes ha señalado en alguna ocasión que nunca realizó historietas con doble sentido ni con rechifla contra nadie, pero no me dirán que no resulta, al menos, curioso.


                               

Por otra parte, sabiendo que el propio Casanyes se veía sometido a un acoso similar al de Ibáñez a la hora de entregar más y más páginas, tal vez esta fuera la única manera de protestar por su situación, haciéndolo a través de la figura "oficial" de Ibáñez, de manera que él podía seguir en el anonimato que aconsejaba la editorial.

El desarrollo de la historietas es más que notable, con un Ibáñez que se lleva todo el protagonismo, con gags que podrían ser apropiados para el mismo Rompetechos. La figura de Ibáñez se glosa con las alusiones a su vista deteriorada y a unos extraños ataques que le dan, fruto del exceso de trabajo.  Destaca también la aparición del entrañable Julio Fernández, quien realiza un auténtico acoso y derribo al dibujante. No podemos dejar pasar por alto tampoco la nevera de Ibáñez, que Casanyes muestra (debido a la confusión con la caja fuerte) repleta de sacos de dinero... ¿Una alusión a los altos ingresos del padre de Mortadelo?

La última viñeta resulta antológica, con un sicario de Bruguera apuntando a Ibáñez, quien se lamenta en su tablero de trabajo por la esclavitud de su oficio, mientras que Fernández, Mortadelo, Filemón y el Súper, cenan opíparamente. 
A pesar de que Casanyes ha presentado a Ibáñez como una víctima más del insaciable sistema de producción de Brugura, la historieta no deja de tener cierta retranca y pataleta por parte de su autor, quien la resuelve con su gracia habitual.


                                                  


Les dejamos con el brindis de los protagonistas y aprovechamos para desearles, desde Corra, jefe, corra,una Feliz Navidad a todos nuestros lectores y amigos.

¡Felices Pascuas, Lectores!




domingo, 19 de junio de 2011

MORTADELO Y FILEMÓN: HISTORIETAS (CORTAS) DE EXPLOSIÓN

Comenzamos hoy un análisis de las historietas cortas de Mortadelo y Filemón en su época dorada, los años setenta. Ante la elección de dedicar una entrada a cada aventurita corta o tratarlas en general, hemos optado por el camino de en medio, siguiendo la clasificación que Miguel Fernández Soto realizó en la que es la mejor obra hasta hoy en cuanto al estudio de Ibáñez se refiere: El mundo de Mortadelo y Filemón. En esta ocasión, hablaremos de las historietas que el investigador de Cartagena agrupó bajo el común denominador de los explosivos, considerados estos como el elemento central de la trama. Estas aventuras completan el mosaico trazado en álbumes como Operación ¡Bomba! (1972), Los bomberos (1979) y Terroristas (1987).

Así pues, centrándonos hoy en las aventuras cortas, destacan historietas como Un chorizo explosivo (Super Pulgarcito, 12), en la que disfrutamos de una entradilla clásica con el aspirador- teléfono, aparato con reminiscencias de la serie de televisión El Superagente 86, y sus elementos paródicos. El clasicismo se observa también en el uso de la delirante entrada secreta: un semáforo. La trama se desarrolla en torno al “despiste” de Mortadelo, que se merienda sin querer un chorizo explosivo (destinado originalmente a la embajada de Chivolandia), oculto entre el pan de un bocadillo.

Filemón será entonces el encargado de proteger a su subordinado si no quiere que la ciudad entera vuele por los aires, lo cual lleva al sufrido jefe a recibir “altruistamente” los golpes originalmente dirigidos hacia su subordinado. Este esquema argumental será recordado en historietas como Misión de perros (1976) y El racista (1992). Sin embargo, el calco más exacto de esta historieta lo veremos en el primer episodio de Armas con bicho (1988), con una situación análoga a la expuesta.



Es cierto que si le hubieran advertido a Mortadelo desde el principio el peligro que corría, este no se hubiera arriesgado a ciertas situaciones, pero esto nos habría privado de algunos gags geniales que muestran el sacrificio de Filemón. Algunos de los chistes son verdaderamente reseñables, como el del individuo igual a Mortadelo al que Filemón salva (en principio) por accidente, y otro de tintes más surrealistas en el que Filemón hace un quiebro en el aire durante su caída desde el cielo para evitar caer sobre su ayudante. Finalmente, Mortadelo aclara que no se ha comido el chorizo, que saca del lugar donde lo había dejado, provocando una explosión. Explosión inexplicable porque no ha sufrido ninguna sacudida que la detone.

El capítulo es, como decimos, un compendio de buenos chistes y contiene algún hallazgo interesante, como la metáfora visual que nos permite ver las alas en los pies de Filemón quien, como un moderno Hermes, corre a evitar la desgracia.


                                             

Al igual que la anteriormente reseñada, nuestra siguiente historieta “explosiva” también tiene ocho páginas. Se trata de ¡Misión peligrosa! (Super Pulgarcito, nº 15, 1972), una auténtica joya que ofrece muchos de los elementos que hicieron triunfar a la serie. No obstante, parece como si a Ibáñez le hubiera costado más cumplir con el encargo del número especial y hubiera puesto las primeras cuatro páginas “de relleno”, en el sentido de que no es hasta la mitad de la historieta que empieza realmente la misión. Sin embargo, estas primeras páginas de prólogo no tienen desperdicio: el teléfono secreto instalado en la base lunar; su intento de huida en avión, inverosímilmente previsto por la TIA; su desembarco forzoso; la captura de Bestiájez… Una vez en la TIA, se riza el rizo con una nueva escapada que pondrá de manifiesto la estupidez de nuestros agentes, así como su cobardía.

La misión peligrosa consiste concretamente en buscar un explosivo oculto en el club El polo norte, cuyo nombre sugiere una confusión similar a la del bar “La luna” de La caja de 10 cerrojos (1971). Al igual que en dicho episodio, los agentes intentan entrar al punto clave simulando ser lo que no son. En este caso, Mortadelo dice traer el bombo para la orquesta…en un local donde ya usan tocadiscos. Este gag recuerda al futuro chiste de La estatua de la libertad (1984), donde nuestro agente sube al barco alegando que ha de zurcir la vela mayor…en un barco con motores diesel.

El episodio contiene gags absurdos y memorables, como el de la “salida de incendios” o el del elefante sobre el toldo, realmente delirantes. Su estupidez y ausencia de discreción llevará a que el camarero sospeche de ellos. Sin embargo, la suerte está de parte de los protagonistas y eliminan, eso sí, sin querer, a los dos villanos, en una historieta en la que se consigue crear una hilaridad en torno a los tópicos del espionaje superior a la habitual. No hace falta decir que la cosa acaba, claro, en explosión.

Apenas dos números después Ibáñez vuelve a tocar el tema de los explosivos en la misma revista, con la historieta Un explosivo en furgoneta (Super Pulgarcito, nº 17). El arranque de esta aventura es brillante, con un Súper que va personalmente a avisar a los agentes de su misión y el robo de una pantalla de comunicaciones. Vicente informa a sus hombres de la misión: han de ir al cuartel general y recoger un paquetito con un potente explosivo, que habrán de lanzar por el barranco de Despeñagallinas (trasunto de Despeñaperros). El tamaño (gigante) del “paquetito” lleva a los agentes a buscar una furgoneta para transportarlo. Antes de dar con la adecuada, son capaces de intentar robar una furgoneta… con el dueño dentro durmiendo la siesta, y otra que resulta ser la de la perrera. Ambos gags aparecen años después en Timazo al canto (1994), cambiando a los perros por un gorila.

Una vez encontrado el vehículo apropiado, el problema será ponerlo en marcha, lo cual permitirá a Mortadelo mostrar una vez más su ineptitud, así como su galería de disfraces, entre los que destaca, por inusual, el de bisonte. Algunos de los mejores gags vienen de la mano de los secundarios, como los dueños de una casa y los de una cochera donde nuestros personajes estrellan la furgoneta. Finalmente, consiguen tirar el artefacto por el barranco (sin quedarse ellos arriba) y comprueban, al regresar a la TIA, que se habían confundido de paquete y que lo que se han cargado es un costosísimo ordenador. Por último, la “providencial” aparición de Mortadelo cargándose un mosquito a martillazos (lo cual dice mucho de él) hace explotar el auténtico explosivo, en un final que recuerda al de Los espantajomanes (1990).

Desde el punto de vista gráfico destaca la composición de las viñetas 14 y 15 de la primera página, correspondientes a la explicación del Súper, y la perspectiva de tres cuartos de lado de Mortadelo de la viñeta dos, por inusual. Son pocas las escenas en que se ve la furgoneta entera, por cuestiones de espacio, ya que Ibáñez prefiere seguir haciendo viñetas pequeñas que permitan que la historia fluya. Destaca nuevamente otra metáfora visual: la del brazo muerto de Mortadelo, de gran originalidad.

La siguiente historieta será La estatua del vate (Super Pulgarcito, nº 19), que se inicia con un Mortadelo disfrazado de pulga (uno de esos disfraces que tanto le gustan a Ibáñez, por lo que le ahorran de trabajo). La precariedad de la TIA se pone de manifiesto en el hecho de que usen una “palota” para lanzar mensajes, ya que la paloma se despidió por no ver atendidas sus peticiones salariales. El clasicismo de esta aventura se observa también en el uso de las contraseñas. En este caso se trata de “Ole las ballenas gordas” cuando (lo han adivinado) pasa por ahí una señora entrada en kilos. Como en otras ocasiones, el Súper tantea a sus agentes acerca de la actualidad, lo cual permite que leamos un comentario pesimista de Mortadelo acerca del género humano y otro de Filemón relacionado con la por entonces en boga crisis del petróleo.

                                                  

El Súper informa a sus hombres de un intento de volar la estatua del vate Sopor Pelmázez (nótese la ironía del nombre), asunto que tendrán que investigar. Durante el transcurso de esta explicación Mortadelo hará estallar ya una bomba, como anticipo de lo que se avecina. Siguiendo unas pesquisas lógicas, irán a visitar a un proveedor de explosivos, un tipo tan alterado como el científico que veremos en el centro de investigaciones atómicas de La gallina de los huevos de oro (1976). Evidentemente, la presencia de Mortadelo no calmará los nervios del señor. Para vigilar mejor, los agentes deciden esconderse por separado, pero los escondites de uno anularán indefectiblemente los del otro. La cortedad de miras de nuestros hombres los lleva a pasar de largo frente al gordo de las gafas ahumadas que coincidía con la descripción del proveedor.

Finalmente, Filemón comprobará que es uno de esos villanos-víctimas que tanto gustan a Ibáñez, quien se clava el dedo de la estatua cada vez que se asoma a la calle desde su ventana, de ahí la intención de volarla. Una vez detenido el sospechoso, Mortadelo debiera haber desactivado la bomba (eso sería lo normal) pero no es así, lo cual provoca la consabida explosión. Gráficamente, hay que destacar que, al igual que la furgoneta del episodio anterior, la estatua apenas sale entera en la historieta. Destacables son también los cameos (son dos) de Rompetechos y el del mismo Otilio, como personaje de fondo.

¡Mucha mecha! (Super Mortadelo ,15) es otra buena historieta que se inicia con una parodia del uso del zapatófono y que tiene como débil hilo argumental la bomba que Joe Boum ha dejado en “algún hueco de la ciudad”. Esta premisa da pie a excelentes gags absurdos, como aquel en que Mortadelo deja K.O. al villano, gracias a su disfraz de detonador. Mientras, el verdadero detonador estaba escondido detrás de la viñeta, en un juego metatextual de esos que tanto le gustaban a Vázquez. Otra joya del absurdo la encontramos cuando los agentes han de merodear por debajo del asfalto y Mortadelo consigue abrirse hueco gracias a un abrelatas.

El resto de la trama transcurrirá siguiendo el cable del detonador por toda la ciudad, un desarrollo original que da pie a un par de equívocos con el cable de la luz de la farola y la lana del traje de un bestiajo. También es reseñable la inversión de las cabezas de la estatua que aparece en la última página. Mortadelo sentándose en el detonador pone punto y final a una historieta en la que destacan también los disfraces del protagonista, en especial el de Cupido y el de lagarto.

El K-J-56 es otra historieta mítica, publicada en Super Mortadelo, nº 25 (1974), donde el agente Hipopótamez, haciendo el papel de Bestiájez, va en busca de nuestros agentes, que se han escondido en los sitios más inverosímiles. Esta vez la trama gira en torno al explosivo robado por “El Carnicero” a quien nuestros personajes prefieren enfrentarse antes que ser ayudantes del Bacterio, alternativa ofrecida por el Súper. Mortadelo y Filemón se ofrecen, en un acto que no va en absoluto con ellos, a sufragar los gastos hasta Elche, lugar a donde se tienen que desplazar. Lo que no contaban es que se trataba de El Cheyenne, en USA, donde llegan en un barco que transporta pescado, al que seguirá otro vehículo digno de su categoría: un camión de la basura.

Tras superar una serie de trampas que desmitifican las películas de la televisión (aunque Ibáñez probablemente se refiera a series, no a películas, términos que confunde a menudo, ya que nombra a Canon). Una vez dentro, se ven dentro de una estrecha cerca que los conduce al cubículo de un fiero león al que la astucia de Mortadelo deja K.O., al igual que sucederá con El Carnicero, uno de los personajes más feos físicamente que haya creado Ibáñez (que ya es decir). Los agentes vendrán remando sobre la caja que contiene el explosivo…quien parece esperar a que lleguen a la TIA para explotar, reacción que sucede en contacto con el agua.



Sin duda, todas estas historietas son auténticas joyitas realizadas por un Ibáñez en estado de gracia que sabe jugar con los tópicos de los agentes secretos, en este caso con los relativos a los explosivos, en historietas que rebosan clasicismo, donde se halla la esencia más pura de la serie. De hecho, todas estas aventuras se podrían haber unido en un solo álbum con cualquier pretexto argumental, dando lugar a la que hubiera sido, una de las historietas largas con más aciertos de la serie. Esperamos que este breve recorrido contribuya a la valoración de las aventuras cortas de Mortadelo y Filemón o, por lo menos, que les haya despertado el gusanillo de leerlas o releerlas.