domingo, 14 de junio de 2009

PASANDO AL JEFE POR LA PLANCHA


Retomando el sano deseo universal de pasar al jefe por la quilla planteado un par de temas más abajo, presentamos esta ilustración para incidir en el asunto, esta vez desde el punto de vista meramente gráfico. No dejaremos de asombrarnos, por mucho que pasen los años y por muy acostumbrados que estemos, de la expresividad del grafismo de Ibáñez, del que esta ilustración es una buena prueba. A pesar de que el destino de Filemón no son las procelosas aguas del océano, nótese el gesto de desesperación con el que el autor ha caracterizado a su personaje, en una escena que bien podría resumir toda su vida: siempre al borde del abismo, siempre a punto de llevarse un nuevo mazazo.Sin embargo, la desesperación caricaturesca no está expresada únicamente en las facciones del personaje, sino que se manifiesta también en la tensión que inunda todo el dibujo, ejemplificada en la tensión de las posturas (tensión que no resta naturalidad a las mismas).
Así, encontramos varios ejes “tensionales” (llamémoslos así) en la ilustración.El primero, recorrería la misma casi en diagonal e iría de izquierda a derecha (siempre del lector), apuntando el triste destino al que se dirige Filemón. En este eje, encontramos de forma paralela el sable de Mortadelo (lo que más llama la atención de su disfraz), la pierna de Filemón que tienta en vano una superficie sólida y la “pasarela” de madera, a punto de ceder, tambaleándose ante el peso del desdichado que hay encima.El segundo eje sería vertical, y correspondería al cuerpo de Filemón, cuya visión casi hace sentir la opresión de las cuerdas. Frente a la habitual jorobita de los personajes de Ibáñez, esta vez el cuerpo se tensa hacia atrás, para mostrar el avance involuntario. También la cabeza del jefe de Mortadelo clama al cielo, acentuando la verticalidad de la escena.
Por si no fuera bastante, dicha verticalidad viene subrayada por la aleta del tiburón que espera en el agua, erecta, expectante, con unas líneas cinéticas que indican pulsión contenida.Hay un tercer eje de tensión menos subrayado, ejemplificado en el gato (míticos gatos de Ibáñez). El animal sale corriendo en dirección opuesta al barreño, con el cuello estirado y la lengua fuera: nuevamente un eje de atención que se escapa por un vértice. El gato no es sólo uno de los elementos decorativos de los dibujos de Ibáñez (que también), por su posición y postura contribuye a dotar a la ilustración de un tercer eje que parece “estirar” la composición de la escena hacia el lado opuesto, resultando así una suerte de triángulo isósceles. Nótese que al dibujante no le hubiera costado nada pintar al animalito saliendo directamente del barreño, pero la línea diagonal que marca el felino difícilmente tendría el mismo efecto si lo hubiera hecho así. Por ello, varias líneas cinéticas marcan su periplo alrededor de la escalera para situárnoslo (tal vez de forma algo forzada) en el punto de partida del que arranque su huida en diagonal, queriendo escapar, literalmente, del dibujo.
No quiero decir con esto que estemos ante “El Grito” de Munch, pero no cabe duda de que los niveles expresivos alcanzados con tan pocas figuras son bastante notables en esta ilustración. Estas son algunas de las cosas que los críticos de cómic no ven (o no quieren ver, o están demasiado acostumbrados a ver), alabando las cualidades (sin duda meritorias) de otros dibujantes y pasando por alto lo que hay de valía en la obra de Francisco Ibáñez. El público, sin embargo, es sabio. El público no toma en consideración todos estos elementos de análisis (al igual que Ibáñez tampoco tomó, seguramente, muchos de ellos), pero sabe que ese dibujo le gusta, le atrae, se le mete por los ojos más que el de otros dibujantes realistas o humorísticos, españoles o extranjeros, bruguerianos o no. El público, decimos, sabe que eso le engancha, le divierte y le impacta visualmente. Por eso se acerca y compra.Por eso y por más cosas…¿Han probado a poner la cara de su jefe en lugar de la de Filemón? Sean perversos durante unos segundos, que también para eso están los tebeos.
Publicado originalmente en www.verasyburlas.blogspot.com

domingo, 7 de junio de 2009

EL OTRO "YO" DEL PROFESOR BACTERIO (1973)

El otro “yo” del Profesor Bacterio es la segunda aventura de Mortadelo y Filemón que incluye en su título al famoso científico, tras Los inventos del profesor Bacterio (1972). No cabe duda de que ambas ayudaron a cimentar la fama de este personaje secundario de la serie a principios de los 70. Nos encontramos ante una historieta de villano único, con la salvedad de que esta vez se trata de un viejo conocido: el barbudo “sabio” de la TIA, quien, cual doctor Jeckyll cualquiera, ha desarrollado una personalidad distinta, marcadamente gamberra que ha resultado ser su otro “yo”.

No es necesario decir, suponemos, que esto se ha producido tras ingerir un brebaje de su invención. La idea no es totalmente original, pues ya la vimos en la historieta corta “El Supergamberro” (Mortadelo Extra Primavera 1972), esta vez aplicada a Mortadelo. Del mismo modo, argumentos similares se verán en álbumes como El transformador metabólico (1979) y Las tacillas volantes (1988), aunque esta vez las actuaciones antisociales vendrán motivadas por otras causas.

El primero de los once capítulos de cuatro páginas empieza con un narrador en off que refleja la “normalidad” de la vida ciudadana, con un costumbrismo crítico e irónico y una de esas viñetas espectaculares de apertura que el autor irá mejorando aún más con los años. El primero episodio nos muestra a Mortadelo y Filemón viviendo juntos, durmiendo en literas, cuando reciben la llamada del Súper. Tan solo en esta primera parte nuestros agentes podrían haber zanjado la misión en sus dos encuentros con el Bacterio, pero su inoperancia hará que la aventura se prolongue cuarenta páginas más.

El siguiente capítulo muestra ya el esquema que habrán de seguir los demás: un inicio delirante con las gamberradas del Bacterio y sus morbosas llamadas al Súper (de las que parece obtener algún placer) contando sus hazañas, las consecuencias de las llamadas del mandamás de la TIA a nuestros agentes y, finalmente, la misión propiamente dicha. En esta historieta, como en otras del periodo, queda poco espacio generalmente para la actuación de los agentes, pues estos pequeños prólogos absorben gran parte del espacio. Esto ocurre también en aventuras coetáneas como Los monstruos (1973), Soborno (1977) y La máquina de copiar gente (1978).En este episodio se crea un caos en la carretera y resultan como víctimas los usuarios de los coches. Un fragmento con cierta originalidad en el que vemos a Mortadelo disfrazado de la porra con la que el Súper lo busca a él y a su jefe.

El tema automovilístico se observa también en el tercer episodio, en el que presenciamos los efectos de las gamberradas efectuadas por el Bacterio en varios coches. Finalmente, nuestros agentes deciden poner un taller de reparaciones, demostrando una vez más su carácter oportunista, chaquetero y su falta de ética. El cuarto episodio se desarrolla en un lugar tan común como el zoológico y en él se repite la confusión entre las barbas del Bacterio y las de un chivo (véase el capítulo primero). Al final presenciamos la clásica estampida de animales desbocados que veremos también en Testigo de cargo (1984) y El jurado popular (1995). Nuestros agentes volverán a visitar el zoo en aventuras como Operación ¡Bomba! (1972), Pánico en el zoo (1975), La elasticina, Testigo de cargo, El jurado popular, Okupas! (2001), El kamikaze Regúlez (2005) y El dos de mayo (2008).



El quinto capítulo transcurre en un hotel e incluye en el prologuillo un gag que se repetirá varias veces en la historia de Mortadelo y Filemón, concretamente en El ángel de la guarda (1995), entre otros: nos referimos a aquel en que Mortadelo sujeta a Filemón por la ventana mientras que este quiere alcanzar algún objeto, acción que termina interrumpida por la llamada del Súper. La visita al hotel apenas dará para un par de anécdotas y el gran perjudicado volverá a ser el Súper, que muestra nuevamente que no se fía de nuestros agentes, al personarse expresamente en los escenarios de las misiones (para su desgracia, evidentemente).

Al igual que ocurría en A la caza del cuadro (1971), Filemón tendrá que hacerse pasar por enfermo para ser atendido en un hospital en el sexto capítulo. El escenario de la clínica aparecerá, además, en Los secuestradores (1976), La máquina de copiar gente (1978), Los gamberros (1978), La elasticina (1980) y en la historieta corta de Super MortadeloProtegiendo al embajador” (1972). Con el tiempo, volveremos a verlo en La Gomeztroika (1989),La tergiversicina (1991) El señor Todoquisque (1992), El SOE (1992), y Clínicas antibirria (1993) y en El dopaje…¡Qué potaje! (2006). Los mismos Chicha, Tato y Clodoveo protagonizarán un álbum entero en este ámbito: Los sanitarios (1987). No puede faltar el gag de Mortadelo haciéndose pasar por médico y la astucia del Bacterio, que engaña a nuestros agentes demostrando ser también bastante hábil con el disfraz. Ni que decir que será el Súper quien salga peor parado de este episodio.

Tanto los problemas para entrar sin pagar como la estampida final son inevitables en la visita de los personajes al circo, escenario visitado en aventuras como Operación ¡Bomba! (1972) y El circo (1973). Más original resulta la intromisión en el mundo del ballet, donde nuestros agentes demuestran tan poco tacto como cuando se introducen en las grandes cenas de la alta sociedad. Ibáñez tiene el acierto de incluir a sus personajes entre bastidores, arruinando así la función, como ocurrió en En Alemania (1982). La anarquía que se destila de este ataque a una diversión tan burguesa y elitista rezuma algo de los mejores hermanos Marx de Una noche en la Ópera. Como detalle curioso, en este álbum las bailarinas aparecen en no pocas viñetas sin colorear, esto es, todas de blanco. No sabemos si se debe a un despiste del colorista (¿tal vez las consideró estatuas, atendiendo a su postura en la quinta viñeta de la página 31?) o a algún amago censor, que pretendiese tapar las “carnes semidesnudas” de tan esbeltas damas.

Tan ineficaces se están mostrando Mortadelo y Filemón en esta caza del Bacterio que el Súper se plantea no mandarlos a El huevo loco, restaurante donde el científico está haciendo de las suyas. Tal vez si no lo hubiera hecho, se ahorraría su triste desenlace. Gags tópicos pero simpáticos de nuestros agentes haciendo de camareros transitan por este escenario, ya visitado en álbumes como Los secuestradores (1976) y Una vida perruna (de Chicha, Tato y Clodoveo, álbum de 1986). También muy repetido es el gimnasio del capítulo siguiente, donde desencadenan catástrofes varias, como harán en La gallina de los huevos de oro (1976), Soborno (1977), El SOE y Robots bestiajos (1993), al igual que en Una vida perruna (1986).

Como ocurre en otras historietas, el clímax final transcurre en la TIA, con una sucesión de caídas que pondrá en jaque a nuestros agentes y al Súper, que esta vez interactuará con ellos (especialmente recordadas son las “torres humanas” que forman en varias ocasiones). El Bacterio burlará en más de una ocasión a sus enemigos con habilidad, hasta que sea capturado por Mortadelo por pura casualidad. Una vez que el personaje recupera su personalidad de “pobre desgraciado”, nuestros agentes deciden celebrarlo con un copazo que, cómo no, contiene el mismo líquido que trastornó al profesor. La última viñeta muestras a los protagonistas convertidos en seres malévolos ejecutando una terrible gamberrada contra el Súper y el Bacterio. Lo más curioso de ello es que este final no se diferencia notablemente de aquellos en los que nuestros personajes son ellos mismos, lo cual nos puede llevar a reflexionar sobre si verdaderamente lo que ha sacado el mejunje del profesor en esta ocasión ha sido el otro “yo” de los agentes.


A modo de conclusión, podemos decir que nos encontramos con un álbum con un dibujo bastante estándar, como corresponde a esta primera mitad de los setenta, de lectura ágil y divertida, a pesar de que los escenarios comunes empiezan a estar algo manidos.

lunes, 1 de junio de 2009

27º SALÓN DEL CÓMIC

Con el 27º Salón del cómic de Barcelona casi clausurado, su humilde anfitrión recoge los bártulos y vuelve a su ciudad natal después de haber disfrutado de un fin de semana inolvidable en la bella ciudad de Barcelona.

Por segundo año consecutivo, Corra, jefe, corra estuvo en el Salón del Cómic y su moderador tuvo la oportunidad de saludar nuevamente a Francisco Ibáñez, el leiv motiv de este nuestro blog.



Como de costumbre, Ibáñez hizo gala de su simpatía habitual y recibió con una sonrisa a todos y cada uno de los miembros de la extensa cola de personas que requerían sus autógrafos. En mi caso, me dedicó un simpático Rompetechos (" Es mi personaje favorito", "El único que me han dejado rescatar"- decía mientras dibujaba.) que le pedí expresamente. Ante mi petición de toda una 13, Rue del Percebe, Ibáñez contestó que ese tipo de encargos le hacían rejuvenecer unos cuantos años, pues hace mucho que no la dibuja de manera habitual.




A mi pregunta acerca de la efímera aparición de la señorita Irma en las historietas de Mortadelo, Ibáñez comentó que en un principio los álbumes en que aparecía iban a ser destinados a Alemania, y que el personaje en cuestión era la secretaria de su editor alemán de turno, "una chica muy mona" a la que retrató como un guiño privado. Cuando la muchacha dejó aquel puesto de trabajo, Ibáñez dejó correr el personaje. Sobre sus proyectos, confesó no saber si ha salido ya el álbum que hará referencia a la crisis, historieta que, si bien "no ayudará a superarla, nos hará pasar un buen rato", comentó el maestro catalán.




Por último, y al igual que el año pasado, le hice entrega del Fanzipote nº 17, último número de la mítica publicación de Ediciones Cúbicas, así como de El Cubo 18, publicado a doble portada con una historieta de mi personaje La Niña Alpargata. Ibáñez agradeció el obsequio y se dedicó a hojearlos durante un rato. Cuando le mostré la historieta de otro de mis personajes, Toni Contreras, con un estilacho que no le debía resultar del todo desconocido, rió diciendo que así empezó él, fanzineando, y que le hubiera gustado dibujar así en sus comienzos (Ibáñez siempre ha sido tan exagerado como amable).


Un caluroso apretón de manos selló este segundo encuentro en persona con mi ídolo, que volvió a no decepcionar, dejando un grato sabor de boca a cuantos se acercaron a hablar con él.

Pero como no sólo de Ibáñez vive el hombre, también me parece justo destacar la simpatía y solicitud de Cera y Ramis, que derrocharon cordialidad con sus fans, especialmente con los miembros del Foro de la TIA, con quienes accedieron a fotografiarse.



Cera, a quien regalé otro ejemplar del Fanzipote, confesó su deseo de seguir dibujando a Pafman durante muchos años, así como las múltiples influencias de las que ha bebido. Ramis, quien encontró divertida la historieta de La Niña Alpargata con que lo obsequié, desmintió haber sido nunca negro de Ibáñez (lluevan sobre mí las culpas de ese infundio) y no descartó la posibilidad de rescatar a Sporty, aunque se quejó de la poca publicidad que reciben por parte de las editoriales todos aquellos que no son considerados como sus "dibujantes estrellas". Ambos me regalaron una simpática confrontación entre Pafman y Sporty:




Como colofón entre los autores famosos, tuve el gusto de conversar brevemente con Janry quien, junto con Tome, se hizo cargo de la segunda etapa más gloriosa del mítico personaje franco-belga Spirou. El tándem que dio también a luz al Pequeño Spirou demostró ser un más que digno heredero del mejor Franquin, y así lo corroboró Janry con este dibujo dedicado:





Además de estos personajes dedicados, tuve el gusto de poder asistir en persona a encuentros con autores de la talla de Carlos Jiménez y Horacio Altuna, así como mantener una charla con Antonio Guiral, quien me dijo conocer este blog y que me explicó cuán extresado se halla con la elaboración de los volúmenes de Clásicos del Humor de RBA. También comentó haberse pasado por el Foro de la TIA, y puso en mi conocimiento algo que muchos sospechábamos: que en la colección de los Super Humor Clásicos de Ediciones B, él es un mero prologuista por encargo, y no el compilador de las historietas (no tiene sentido, por tanto, atribuirle la culpa de las páginas repetidas, pues él no tiene nada que ver). Un lugar muy destacado ocupa el encuentro con Miguel Fernández Soto (Migsoto), maestro del saber mortadelero, autor de El mundo de Mortadelo y Filemón, y amigo cibernético desde hace muchos años, al que debo el aprendizaje de tantos entresijos del mundo brugueriano en general e ibañezco en particular.

No faltó el encuentro con los paisanos del Killer Toon 2.0, fanzine cordobés que fue representado en el Salón por Zonum, Miguel Ángel Cáceres, Juan Pérez y Rafa Infantes, con quienes tuve la oportunidad de compartir parte de mi tiempo en tierras catalanas. Ni que decir que su compañía me hizo aún más grata la estancia.

Aparte de estas celebridades, uno de los mayores gustos recibidos ha sido contactar con algunos de los miembros más celebrados de El Foro de la TIA, auténtica referencia en la red si de tebeos se habla. Imposible mencionar a todos los amigos con los que tuve el gusto de contactar, pero imposible también mencionar a algunos de ellos: Señor Ogro, Kaximpo, Zorro Aullador, Omen_666, Pirluit, Oscar+AB, Magín, Zazu, Investigador Malfendi, Alfons Moliné, Hilofino (si se me olvida alguno, échesele la culpa a la amnesia, que no a la falta de afecto), etc., que hicieron mi estancia en Barcelona aún más grata con su simpatía, conocimientos y sentido del humor.


Para todos ellos va especialmente dedicada esta entrada, que cerramos con otro de los "detalles" que el maestro Ibáñez tuvo conmigo.



¡Hasta el próximo Salón!

lunes, 25 de mayo de 2009

2º ANIVERSARIO DE CORRA, JEFE, CORRA

Pues sí, amiguetes. Pasa el tiempo y ya estamos en el 2º Aniversario de Corra, jefe,corra, blog fundado el 20 de mayo de 2007, hecho que rememoramos en estos días. Por ello, al igual que el año pasado, hemos recopilado las menciones en que Mortadelo pronuncia su mítica frase: "Corra, jefe, corra" a lo largo de sus años como protagonista de historietas de humor.

En este tiempo hemos comprobado que hay algunas viñetas que el año pasado se nos escaparon, por lo que hemos completado la lista. Igualmente, señalaremos a los acertantes de la edición anterior, para que conste su hazaña.

Les dejamos, pues, con la lista de "Corra, jefe corra". ¡A ver quién acierta de qué historietas proceden!:

1.- La historieta corta de los sesenta "La estatua corretona", acertado por Dani.




2.- El sulfato atómico, acertado por Kaximpo.






3.-



4.- Historieta corta "L.S.D", acertado por Don Guri.




5.-



6.- El antídoto, acertado por Dani




7.- Objetivo: ¡Eliminar al Rana!, acertado por Bigotito.



8.- El brujo, acertado por Ollupac de la Pradera.




9.-





10.- Los mercenarios, acertado por Anónimo.






11.- Los mercenarios, acertado por Dani.





12.- Historieta corta El K-J-56, acertado por Don Guri.








13.-



14.-





15.-

16.- El óscar del moro, acertado por Dani.




17.- La MIER, acertado por Dani.







18.-

Esperamos vuestras respuestas y ojalá haya muchos aciertos.

Ah, y sobre todo, dejen dar las gracias a los visitantes que a lo largo de estos dos años nos han regalado su tiempo dejándose ver y sentir por Corra, jefe, corra.

¡Gracias infinitas!

domingo, 17 de mayo de 2009

FRANCISCO IBÁÑEZ Y OLÉ

Casi en las vísperas del 27º Salón del Cómic de Barcelona, queremos recordar el homenaje que a Francisco Ibáñez hicieron desde la revista Mala Impresión, allá por 1998. La publicación, con firmas jóvenes y variadas, logró páginas más que chispeantes, provistas de un inteligente y desenfadado sentido del humor y, como buenos humoristas, supieron reconocer al que fue el maestro y espejo de muchos en su artículo (combinado de veras y burlas) "Francisco Ibáñez y Olé, que guapo estaba en el Saló".

La siguiente ilustración, realizada por PEPE, supone un tributo a la enorme paciencia del decano Ibáñez, que triunfó nuevamente con sus interminables colas de firmas:






El texto que lo acompañaba rezaba así:

Mucho cómic, mucha contracultura y mucha polla, pero al final, el que triunfa siempre es el que nos ha hecho reír a un montón de generaciones [...l]

Zipi y Zape, Carpanta, Petra y tantos otros geniales personajes nacidos del lápiz de Francisco Vázquez Escobar, alias Raf, deben estar orgullosos de cómo la gente trata a su autor. Colas kilométricas, de al menos cinco personas, aguardaban impacientes, entre bostezos de aburrimiento el momento de conocer al genial Stan Lee, pero como estaba fuera desaguando, se fueron a conocer al también genial, y también calvo (pero sin peluquín) Francisco Ibáñez Serrador, el de Cañas y Barro, ya saben.

El genial (¿lo habíamos dicho ya?) Ibáñez se dedicó a firmar más de tres álbumes de su personaje más famoso, ese inmortal botones que a tantos nos ha hecho reír: Spirou. Sí, también firmó unos cuantos de ese otro inmortal personaje que se ha hecho un hueco en nuestros corazones, que todos tienen en su memoria en todo momento, el archiconocidísimo...este...¿cómo se llamaba ese tipo? Sí, ese tipo de las gafas, vestido de negro, un pelín calvo...¿no les suena? A mí, un pelín [...]

Con este simpático artículo glosaron los amigos de Mala Impresión el paso de nuestro autor favorito por el Salón. No contentos con ello, elaboraron dos listas con lo más "in" o "out" del mismo, situando en primer lugar de lo "in" el hecho de que Ibáñez siguiera formando colas kilométricas para firmar sus álbumes.

Como admiradores de Ibáñez y su obra, agradecemos al equipo de Mala Impresión este tributo al maestro.

domingo, 10 de mayo de 2009

HACIENDO EL MORRIS

Hace unos días, el Blog de Mortadelón nos obsequió con esta viñeta de Cabezadeajo, el Penúltimo navajo, historieta de una sola entrega publicada en el DDT, en 1962. Mortadelón nos mostraba cómo el concepto de este chiste ya había sido utilizado por Ibáñez en su prehistoria como dibujante en su serie Haciendo el indio.





Si, por un lado, el guion de esta nueva historieta nace de un viejo concepto del propio autor, la base gráfica hay que buscarla en otro grande del tebeo franco-belga: Morris, autor de Lucky Luke. Así, en su álbum "Billy el Niño" encontramos una viñeta (la tercera de la página 17) que sirve de soporte para la que cierra la historieta de Ibáñez: nótese el diseño de la diligencia, la perspectiva de los caballos, el equipaje sobre la misma, e incluso el desfiladero que sirve de fondo.



Quede como ejemplo de la influencia puntual que tuvo sobre Ibáñez otro de los grandes del cómic europeo.

lunes, 4 de mayo de 2009

DÍA DE LA MADRE (DE FILEMÓN)

Ayer fue el Día de la Madre y en Corra, jefe, corra, queremos recordar a una de las madres de nuestros personajes más recordadas: la de Filemón. Es cierto que también hemos conocido a la de Mortadelo, e incluso a la del Súper, pero no cabe duda de que la de Filemón ha sido una de las más carismáticas, en gran parte por su participación en la primera película de personajes de carne y hueso de nuestros héroes.

Aunque en la historieta corta La historia de Mortadelo y Filemón, la madre del segundo aparece con otra caracterización, su versión definitiva se consolida en el álbum Su vida privada (1998), lo cual resulta lógico, pues es el que nos permite conocer la intimidad de nuestros agentes. Curiosamente, en esa historieta la madre de Filemón no dice una sola palabra, pero ya detectamos en ella su cualidad de esposa amantísima (sufre por su marido, enfermo del corazón) y cierta animadversión (es muy desconfiada) hacia Mortadelo.



En Misión: Triunfo (2002) Ibáñez vuelve a utilizarla, esta vez preparando el terreno para la inminente película de Fesser, La gran aventura de Mortadelo y Filemón, en la que el director pretendía rescatar a la madre de Filemón. En esta ocasión, la señora aparece como una incondicional de su hijo, quien se vuelve nuevamente niño ante ella, deshaciéndose en lágrimas ante la presión del concurso. Aunque comprensiva, en un momento dado propina a Filemón una buena torta, lo cual nos permite hacernos una idea de la clase de educación que ha recibido nuestro personaje.


En El estrellato (2002) las referencias a la película ya se hacen evidentes, de manera que la señora en cuestión pasa a ser inquilina de la 13, Rue del Percebe, y no aparece mención alguna a su marido, ya que en el film de Fesser la madre de Filemón no aparece casada. Volviendo al álbum, vemos en él a una señora despistada, algo abusiva con su hijo y su compañero y que, durante unas pocas viñetas, ejerce el rol de “ancianita terrible” cuyos remedios caseros harían temblar al más aguerrido de los agentes.

De momento, este personaje no ha vuelto a aparecer en las aventuras de Mortadelo y Filemón, aunque en su día representó un ejemplo de la hasta entonces tan olvidada continuidad en los cómics de Francisco Ibáñez.


APÉNDICE: LA ACTRIZ


La madre de Filemón estuvo interpretada en la gran pantalla por María Isbert, conocida actriz de teatro, cine y televisión, hija del mítico Pepe Isbert. Se trata de una de las actrices más respetadas de la escena española.