El otro “yo” del Profesor Bacterio es la segunda aventura de Mortadelo y Filemón que incluye en su título al famoso científico, tras Los inventos del profesor Bacterio (1972). No cabe duda de que ambas ayudaron a cimentar la fama de este personaje secundario de la serie a principios de los 70. Nos encontramos ante una historieta de villano único, con la salvedad de que esta vez se trata de un viejo conocido: el barbudo “sabio” de la TIA, quien, cual doctor Jeckyll cualquiera, ha desarrollado una personalidad distinta, marcadamente gamberra que ha resultado ser su otro “yo”.No es necesario decir, suponemos, que esto se ha producido tras ingerir un brebaje de su invención. La idea no es totalmente original, pues ya la vimos en la historieta corta “El Supergamberro” (Mortadelo Extra Primavera 1972), esta vez aplicada a Mortadelo. Del mismo modo, argumentos similares se verán en álbumes como El transformador metabólico (1979) y Las tacillas volantes (1988), aunque esta vez las actuaciones antisociales vendrán motivadas por otras causas.
El primero de los once capítulos de cuatro páginas empieza con un narrador en off que refleja la “normalidad” de la vida ciudadana, con un costumbrismo crítico e irónico y una de esas viñetas espectaculares de apertura que el autor irá mejorando aún más con los años. El primero episodio nos muestra a Mortadelo y Filemón viviendo juntos, durmiendo en literas, cuando reciben la llamada del Súper. Tan solo en esta primera parte nuestros agentes podrían haber zanjado la misión en sus dos encuentros con el Bacterio, pero su inoperancia hará que la aventura se prolongue cuarenta páginas más.
El siguiente capítulo muestra ya el esquema que habrán de seguir los demás: un inicio delirante con las gamberradas del Bacterio y sus morbosas llamadas al Súper (de las que parece obtener algún placer) contando sus hazañas, las consecuencias de las llamadas del mandamás de la TIA a nuestros agentes y, finalmente, la misión propiamente dicha. En esta historieta, como en otras del periodo, queda poco espacio generalmente para la actuación de los agentes, pues estos pequeños prólogos absorben gran parte del espacio. Esto ocurre también en aventuras coetáneas como Los monstruos (1973), Soborno (1977) y La máquina de copiar gente (1978).En este episodio se crea un caos en la carretera y resultan como víctimas los usuarios de los coches. Un fragmento con cierta originalidad en el que vemos a Mortadelo disfrazado de la porra con la que el Súper lo busca a él y a su jefe.
El tema automovilístico se observa también en el tercer episodio, en el que presenciamos los efectos de las gamberradas efectuadas por el Bacterio en varios coches. Finalmente, nuestros agentes deciden poner un taller de reparaciones, demostrando una vez más su carácter oportunista, chaquetero y su falta de ética. El cuarto episodio se desarrolla en un lugar tan común como el zoológico y en él se repite la confusión entre las barbas del Bacterio y las de un chivo (véase el capítulo primero). Al final presenciamos la clásica estampida de animales desbocados que veremos también en Testigo de cargo (1984) y El jurado popular (1995). Nuestros agentes volverán a visitar el zoo en aventuras como Operación ¡Bomba! (1972), Pánico en el zoo (1975), La elasticina, Testigo de cargo, El jurado popular, Okupas! (2001), El kamikaze Regúlez (2005) y El dos de mayo (2008).

Al igual que ocurría en A la caza del cuadro (1971), Filemón tendrá que hacerse pasar por enfermo para ser atendido en un hospital en el sexto capítulo. El escenario de la clínica aparecerá, además, en Los secuestradores (1976), La máquina de copiar gente (1978), Los gamberros (1978), La elasticina (1980) y en la historieta corta de Super Mortadelo “Protegiendo al embajador” (1972). Con el tiempo, volveremos a verlo en La Gomeztroika (1989),La tergiversicina (1991) El señor Todoquisque (1992), El SOE (1992), y Clínicas antibirria (1993) y en El dopaje…¡Qué potaje! (2006). Los mismos Chicha, Tato y Clodoveo protagonizarán un álbum entero en este ámbito: Los sanitarios (1987). No puede faltar el gag de Mortadelo haciéndose pasar por médico y la astucia del Bacterio, que engaña a nuestros agentes demostrando ser también bastante hábil con el disfraz. Ni que decir que será el Súper quien salga peor parado de este episodio.
Tanto los problemas para entrar sin pagar como la estampida final son inevitables en la visita de los personajes al circo, escenario visitado en aventuras como Operación ¡Bomba! (1972) y El circo (1973). Más original resulta la intromisión en el mundo del ballet, donde nuestros agentes demuestran tan poco tacto como cuando se introducen en las grandes cenas de la alta sociedad. Ibáñez tiene el acierto de incluir a sus personajes entre bastidores, arruinando así la función, como ocurrió en En Alemania (1982). La anarquía que se destila de este ataque a una diversión tan burguesa y elitista rezuma algo de los mejores hermanos Marx de Una noche en la Ópera. Como detalle curioso, en este álbum las bailarinas aparecen en no pocas viñetas sin colorear, esto es, todas de blanco. No sabemos si se debe a un despiste del colorista (¿tal vez las consideró estatuas, atendiendo a su postura en la quinta viñeta de la página 31?) o a algún amago censor, que pretendiese tapar las “carnes semidesnudas” de tan esbeltas damas.
Tan ineficaces se están mostrando Mortadelo y Filemón en esta caza del Bacterio que el Súper se plantea no mandarlos a El huevo loco, restaurante donde el científico está haciendo de las suyas. Tal vez si no lo hubiera hecho, se ahorraría su triste desenlace. Gags tópicos pero simpáticos de nuestros agentes haciendo de camareros transitan por este escenario, ya visitado en álbumes como Los secuestradores (1976) y Una vida perruna (de Chicha, Tato y Clodoveo, álbum de 1986). También muy repetido es el gimnasio del capítulo siguiente, donde desencadenan catástrofes varias, como harán en La gallina de los huevos de oro (1976), Soborno (1977), El SOE y Robots bestiajos (1993), al igual que en Una vida perruna (1986).
Como ocurre en otras historietas, el clímax final transcurre en la TIA, con una sucesión de caídas que pondrá en jaque a nuestros agentes y al Súper, que esta vez interactuará con ellos (especialmente recordadas son las “torres humanas” que forman en varias ocasiones). El Bacterio burlará en más de una ocasión a sus enemigos con habilidad, hasta que sea capturado por Mortadelo por pura casualidad. Una vez que el personaje recupera su personalidad de “pobre desgraciado”, nuestros agentes deciden celebrarlo con un copazo que, cómo no, contiene el mismo líquido que trastornó al profesor. La última viñeta muestras a los protagonistas convertidos en seres malévolos ejecutando una terrible gamberrada contra el Súper y el Bacterio. Lo más curioso de ello es que este final no se diferencia notablemente de aquellos en los que nuestros personajes son ellos mismos, lo cual nos puede llevar a reflexionar sobre si verdaderamente lo que ha sacado el mejunje del profesor en esta ocasión ha sido el otro “yo” de los agentes.
A modo de conclusión, podemos decir que nos encontramos con un álbum con un dibujo bastante estándar, como corresponde a esta primera mitad de los setenta, de lectura ágil y divertida, a pesar de que los escenarios comunes empiezan a estar algo manidos.
6 comentarios:
Las fotos, niño. Mándalas.
¡Ey, no conocía esta faceta tuya! Un excelente blog, muy cuidado, tanto en la presentación como en la redacción de los artículos. Se podrá discrepar o no de algunas de tus valoraciones sobre el fenómeno de Mortadelo, pero desde luego es una página muy digna de elogio.
Nos vemos el viernes en Cúbicas. De verdad, enhorabuena, ojalá algún día tenga un blog de la calidad de éste.
Marcos Rafael
Muchas gracias, Marcos. Aquí tienes tu casa.
Juan Pérez, en los próximos días te las enviaré.
Un saludo.
Pues mira esta historieta de Mortadelo aun no la he leido. Por cierto, si quieres leer algunas opiniones del gran dibujante Badía Romero sobre su estancia hace muchisimos años en Bruguera ya sabes donde...
Un saludo!!
Lo de las bailarinas blancas me llamo mucho la atencion cuando era nin~o. Por supuesto, la explicacion de la censura no se me paso por la cabeza (demasiado inocente, entonces). Pense que era algun tipo de "maquillaje" o algo asi XD
Raudo voy a verlo, Taradete.
Don Guri, bendita inocencia. O es que ahora somos muy mal pensados.
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