domingo, 24 de enero de 2010

EL CIRCO (1973)



El circo (1973) presenta a Mortadelo y Filemón en su escenario natural, como herederos que son del clásico tándem entre el Clown y el Augusto, esto es, el payaso tonto y el payaso listo, de los que bebieron también los grandes maestros del “celuloide rancio” en quienes tanto se basó Ibáñez. El mismo dibujante ha recordado en varias ocasiones aquellos días de infancia en que iba al circo y todo era soso, olvidable, hasta que salían los payasos y empezaban a darse bofetadas. Eso mismo es lo que pretendió él con sus historietas, sin más lecturas. Es por ello que este álbum sitúa a Mortadelo y Filemón en un entorno en el que se desenvuelven como peces en el agua, porque está arraigado en la esencia misma que los vio nacer.

Incluso desde el título mismo no se molesta Ibáñez en disimular la deuda con clásicos del cine cómico como el homónimo El circo (1928), de Charles Chaplin, o la película mexicana del mismo título protagonizada por Mario Moreno “Cantinflas” y dirigida por Miguel María Delgado en 1942. El mismo Ibáñez ya había utilizado antes este escenario, aunque solo de forma episódica en álbumes como ¡Operación bomba! (1972) o El otro “yo” del profesor Bacterio (1973). Con posterioridad, lo volveremos a encontrar en La máquina de copiar gente (1978) y en el álbum de Chicha, Tato y Clodoveo Pero…¿quiénes son estos tipos? (1986), donde sirve para contextualizar los orígenes del transformista de Clodoveo.

Como corresponde a la época en que fue concebida, El circo consta de once capítulos de cuatro páginas cada uno con cinco tiras por plancha. Una notable viñeta con el título nos presenta a un apurado Mortadelo a punto de ser devorado por un tigre. A partir de ahí, el primer episodio se abre con un intento voluntario de nuestros agentes de capturar a Joe “Matraca”, lo cual resulta algo extraño, dadas las dimensiones del enemigo y el hecho de que en esta ocasión nadie parece obligarles. Desafortunadamente, una llamada inoportuna del zapatófono (no será la única de este álbum) frustrará su intento.


La delirante y surrealista entrada secreta X-4598, con espectador traumatizado incluido será el precedente de su llegada a la TIA, donde el Súper les informará de sus sospechas acerca de unos contrabandistas que utilizan el Sidral Circus como tapadera para sus fines ilegales. Nuestros agentes habrán de integrarse como plantilla en el circo para descubrirlos. No deja de ser curioso que el Súper no llegue a ningún acuerdo confidencial con el director del circo, por lo que nuestros agentes han de prepararse físicamente para que los admitan en el mayor espectáculo del mundo. Ni que decir que su torpeza solo será comparable a la que demuestran cuando intentan entrenarse antes de participar en algún Mundial u Olimpiada. Finalmente, Mortadelo consigue para ambos un cargo que consiste en llevar la “Trompeta”, la vieja elefanta con gota que da pie a una grandiosa viñeta en la que Ibáñez confirma su merecida fama como dibujante de animales espectaculares, especialmente elefantes.





En el segundo episodio, un accidente fortuito de uno de los trapecistas (no, todavía no tienen la culpa nuestros agentes) hace que uno de ellos acabe sustituyéndolo. Su intervención no solo acabará con los otros dos trapecistas, sino que acabará desmantelando la carpa. No deja de ser curioso que en este episodio, como en el resto, el director del circo encargue tareas tan específicas a dos meros mozos de pista. Otra rutina que abrirá este capítulo será la de los carteles de la viñeta final que, con mucha guasa, comunican al público la cancelación de las diversas atracciones, para la desesperación del director del cotarro, que hará las veces de Superintendente durante todo el álbum. El recurso de los carteles lo encontraremos también al final de cada episodio del álbum Gran hotel (1987), de Chicha, Tato y Clodoveo.Ya en el tercer capítulo serán nuestros agentes los que dejen fuera de juego a quienes después habrán de sustituir, en este caso un domador de leones. Esta baja dará pie a un episodio con Mortadelo como estrella absoluta que irá acabando, con toda la inocencia del mundo, con los distintos leones del circo de las maneras más inesperadas, lo que demuestra que el brazo de nuestros agentes puede ser letal, una gran ventaja para un servidor de la ley…si tan solo supiera controlar cuándo hay que ser letal.

En el cuarto episodio, tras perjudicar al equilibrista, nuestros dos agentes casi se bastan solos para sustituirlo, con una sucesión de divertidas torpezas, brillantes comentarios agoreros por parte de Mortadelo y un atropello literal al “dire” del circo. La víctima de nuestros protagonistas en el quinto capítulo será el domador de caballos, que al ser sustituido por los agentes correrán la misma suerte que los leones en un episodio, si cabe, más divertido que el anterior, pues lo cómico se acrecienta ante lo indefenso de esta especie animal. El episodio contiene escenas antológicas, como el momento en que Filemón y su subordinado chocan con sus respectivos jamelgos cuando intentan saltar una valla a la vez. Nuevamente se luce Ibáñez con el diseño y expresividad de los animales, así como con su dominio del movimiento y su capacidad para manejar el gag visual. Finalmente, el único caballo sobreviviente acaba emigrando y el patético número de sustitución que idean los protagonistas desatará las iras del director.

Y de los caballos, a los perros del sexto episodio, en el que de forma un tanto forzada, el adiestrador de estos animales queda K.O., con lo que Mortadelo (Filemón queda en un triste segundo o tercer plano) se las ve con unos cánidos que, alejados de la torpeza de los que suelen acompañarle en sus misiones en la TIA, se pitorrean de él de lo lindo,sin otro móvil que el gusto por la gamberrada. Así pues, en este aparatado, Mortadelo lo pasa tan mal como el Anacleto de Vázquez cuando se ve choteado por algún que otro perro sinvergüenza. El final de este capítulo se desvía de lo acostumbrado, pues será un triste comentario del director lo que desate las iras de un Mortadelo irascible que, bajo el lema de “tuve que hacerlo” tomará represalias, de forma que la función queda clausurada por el dolor de cabeza del mandamás del circo. Este episodio muestra un mejor acabado en las tintas y hasta se juega más que en otros con el marco de las viñetas y con los encuadres. Si no fuera por el exceso de trabajo que tenía ya en esa época, diríase que el mismo Ibáñez intervino en el entintado de estas cuatro páginas.



En el siguiente apartado los dos agentes habrán de sustituir al hombre bala y su ayudante. En primer lugar, Filemón se las ingeniará para que Mortadelo haga de hombre bala, con el objeto de salir ileso del paso. Pero como seguirá llevándose él todas las tortas, cambiarán las tornas sin que cambie su triste suerte. Finalmente, también el director recibirá su parte, por lo que ambos buscarán ansiosamente a Mortadelo para darle su merecido. El octavo episodio, con una llamada previa de Súper, se sale un poco del esquema citado. Nuestros agentes interpretan que deben personarse en la TIA y cogen por error el coche loco de los payasos, dando pie a los clásicos gags de coches desastrosos que encontramos en otras obras como Los cacharros majaretas (1974), El cochecito leré (1985) o Fórmula 1 (2000), así como en la historieta corta El Superbólido, publicada en el número 10 de Super Mortadelo o Cohete 2000 (Super Pulgarcito 33). También en la historieta de Chicha, Tato y Clodoveo El cacharro fantástico (1987). Al final, un malentendido hace que el Súper acabe pagando la sed de venganza de sus subordinados.

En el siguiente apartado, Mortadelo se reencuentra con su viejo amigo Olegario, forzudo del circo que se ha quedado sin ayudantes. Los gags de este episodio se basan en la fuerza desmedida e hiperbólica de este sujeto, un tipo de chiste que hemos visto también en historias como Los inventos del profesor Bacterio (1972), Los Ángeles 84 (1984), Los superpoderes (1987), Los espantajomanes (1990), Atlanta 96 (1996), Pekín 2008 (2008) y en la historieta corta de 1972 titulada Super Mortadelo (Super Mortadelo, nº 1). En el álbum que nos ocupa se da la doble circunstancia de que la causa de la fuerza exagerada del personaje no es ningún brebaje, sino que parece ser natural, así como su terrible costumbre de dar palmadas en la espalda de la gente cuando se carcajea, algo que le saldrá caro, teniendo en cuenta lo vengativos que son Mortadelo y Filemón.

El décimo episodio tarda en arrancar, quizás porque la sustitución del mago del circo no le dio pie a Ibáñez a tantos gags como quisiera. Tras un prologuillo en que se desvía un tanto la atención, asistimos a los trucos de Mortadelo, de los que acaba siendo víctima Filemón. Destaca, por su surrealismo, el del gato y la sardina. En el último capítulo, el Súper llama la atención a sus agentes con respecto a la investigación (justamente, pues a veces parecen más ocupados en cumplir con sus funciones circenses que en buscar a los contrabandistas). Será precisamente durante la sustitución del domador de elefantes cuando descubren que el contrabando se halla dentro de un paquidermo de plástico (otro rasgo argumental bastante absurdo), lo cual resulta incluso paradójico, pues recordemos que el primer contacto que mantuvieron los nuevos mozos para todo con el circo fue a través de una elefanta. Si aclaramos que el contrabando era de explosivos, no hará falta explicar que el circo acabará volando por los aires, de manera que el aumento de sueldo que propone el Súper parará íntegramente durante treinta años a manos del desafortunado dueño del circo. La historia culmina con una persecución clásica entre los dos agentes no sin que antes un cartel anuncie de forma oficial la cancelación del espectáculo de la carpa.

En líneas generales, podemos decir que estamos ante un episodio original que, lejos de subvertir por ello la esencia de la serie, la explora hasta sus últimas facetas, al situar a estos dos payasos adorables en el lugar que les corresponde. Los gags del álbum resultan frescos; el dibujo, adecuado, como corresponde a la época; su esquema repetitivo da ritmo a la historia y las pequeñas variaciones que sobre él se operan le sientan de maravilla. De momento, nuestros agentes no han vuelto a pasar 44 páginas bajos los focos circenses, pero siguen haciendo reír a niños y mayores en esas inmensas carpas rectangulares que son las viñetas.

Con Mortadelo, Filemón e Ibáñez…La función debe continuar.

7 comentarios:

Raúl dijo...

Una aventura entretenida en la que nuestros agentes conocen y practican casi todas las actividades que podemos ver en un circo. Mucho movimiento y gags graciosos, incluyendo los carteles de cierre de cada espectáculo. A mí me trajo recuerdos de mis visitas a los circos :D

Chespiro dijo...

Efectivamente, se mueven como pez en el agua en ese ambiente.

El Viejo dijo...

Han nacido para eso, tanto Filemón como Mortadelo. Me gustaría añadir también, ya que has empezado tú con las analogías, que Anacleto y Mortadelo comparten cierto rasgo: odian las gamberradas de turno... salvo que las hagan ellos.

Ahora en serio, muy completa entrada. Yo nunca he sido mucho de Circo, pero con payasos como agentes de la TIA (con el jefe de pista haciendo de Súper, como bien dices), hubiera sacado abono de invierno.

Cordiales saludos

Chespiro dijo...

Gracias por el comentario, amigo. Si no has leído este álbum, te lo recomiendo encarecidamente.

El Viejo dijo...

Lo he leído, aunque ya va siendo hora de una relectura, porque fue hace ya bastantes años. Saludos.

Chespiro dijo...

Bueno, releer un Mortadelo es siempre un hábito saludable.

Anónimo dijo...

olaaaaaaaaaaaaa como te va xespiro