domingo, 12 de julio de 2009

IBÁÑEZ HABLA SOBRE ALFONSO FIGUERAS

El seis de julio de este año hemos recibido la noticia de la muerte de Alfonso Figueras, uno de los dibujantes más personales de la Escuela Bruguera, creador de personajes como Topolino, Asipirino y Colodión, Don Terrible Buñuelos, etc.

Aunque no es frecuente encontrar testimonios en los que Ibáñez hable de sus compañeros de profesión, contamos en esta ocasión con la magnífica entrevista que en 1998 le hicieron en U, el hijo de Urich, nº 8. En ella, el padre de Mortadelo y Filemón da sus impresiones sobre Figueras:

“Por ejemplo, como dibujante, Alfonso Figueras, que para mí ha sido de los mejores que ha habido entre nosotros, entre los cómicos, y sin embargo tampoco ha sabido conectar con el público. Había otro que como dibujante no le llegaba ni a la suela de los zapatos, que era Conti, que siempre tuvo una aceptación tremenda. Y sin embargo, toda la gente llegaba, y sin embargo Alfonso Figueras no llegaba. ¿Por qué? Pues no lo sé.[…]

Sí, sí, sí. Era distinto, distinto pero bien trabajado, bien hecho, muy bonito. El resultado final era cojonudo. Había hecho una serie, que tenía un trabajo de tramado, de pluma, que eran verdaderas maravillas, y gracia tenía mucha. Hizo una serie que se llamaba Loony, de un marino, que tenía una gracia tremenda. Y sin embargo no consiguió que la gente se matara por comprar sus cosas, pues eso no lo consiguió nunca”.











En estas declaraciones, vemos que Ibáñez aprecia y valora la calidad gráfica de su amigo, hasta el punto de considerarlo el mejor de los dibujantes cómicos, que no es poco. Pero no solamente hace Ibáñez hincapié en el trabajado grafismo de Figueras, sino que también menciona que le resulta gracioso como autor. Dato curioso, porque Ibáñez siempre ha postulado un humor más explosivo y evidente que las sutilezas a las que Figueras nos tenía acostumbrados. Parece como si ahora hablara más el Ibáñez aficionado al cómic que el Ibáñez dibujante, más inclinado a lo comercial.

De hecho, ese es el talón de Aquiles de la carrera de Figueras: el contacto con el público. Como bien dice Ibáñez, no llegó a conectar con la masa, la gente no se mató para comprar sus cosas. Es cierto que ahora estamos en una época en la que el tebeo se ha convertido en materia de “culturetas”, y que todo dibujante clásico pasa a llamarse “maestro” y que todos apreciamos la elegancia del trazo y demás…Pero son (fueron, fuimos) muchos los que nos saltábamos las páginas de Figueras cuando aparecía en las revistas Bruguera, a favor de otros dibujantes de grafismo más estándar. Eso sí, parece que no es el momento de reconocerlo.

Como nexo de unión entre ambos autores, no podemos olvidar tampoco que Ibáñez “heredó” la serie Loony cuando Figueras se fue del país. Un material pre-brugueriano que tiene un indudable interés, por el trabajo de ambos dibujantes.


Quede este tema como tributo a Alfonso Figueras, un autor que, como se dice en la entrevista, sacrificó la comercialidad en aras de desarrollar una obra muy personal, alejada de los cánones de la historieta infantil-juvenil de la época.

No queremos concluir sin resaltar la mención que Ibáñez hace de Conti, del que dice que como dibujante no le llegaba a Figueras ni a la suela de los zapatos. Y ahora dicen que no, que era cubista y cosas así…



lunes, 6 de julio de 2009

MORTADELO Y FILEMÓN: CUESTIÓN DE JERARQUÍAS

Abordaremos en esta ocasión el siempre peliagudo tema de los escalafones jerárquicos. A nadie le cabe duda de que Filemón, “durante la época de Agencia de información”, era el jefe indiscutible de Mortadelo. Pero ¿qué pasó una vez que ambos llegaron a la TIA? ¿Cambió esta situación? Muchos pensamos que no, pero los textos de dos entendidos en el tema pueden hacernos dudar.

Veamos, en primer lugar, lo que dice Miguel Fernández Soto en su obra Mortadelo y Filemón: cuatro décadas de historietas:

“…Al ingresar en la TIA esta situación se vio acentuada, puesto que ahora Filemón era un empleado más de la organización, a las órdenes del Super, quien ejercía su autoridad con contundencia. Aún así, Filemón se empeñaba en demostrar su autoridad sobre Mortadelo, pero ya no había vuelta atrás. Ahora bien, Mortadelo ha continuado dirigiéndose a Filemón tratándole de usted y llamándole Jefe, y es que hay cosas que no deben cambiar para mantener la esencia de los personajes”.

Del anterior texto de Fernández Soto se puede deducir que, una vez que nuestros protagonistas entraron en la TIA, ambos son meros agentes de la organización en igualdad de condiciones y que Mortadelo llama a Filemón “jefe” solo por mantener la esencia, no porque realmente este último ocupe un escalafón superior a él.

Observemos lo que, puede que siguiendo al autor anterior, dice Antonio Guiral en El gran libro de Mortadelo y Filemón:

“…Ambos son ahora agentes de la TIA y ocupan el mismo escalafón en la pirámide de mando (por debajo del Super, claro)”.

En un párrafo distinto, afirma:

“…Curiosamente, y por aquello de continuar con las tradiciones, Mortadelo siguió llamando “jefe” a Filemón”.
Estos textos de Guiral, deudores, como tantos otros, de los trabajos de Miguel Fernández corroboran la idea anterior: Mortadelo y Filemón ocupan el mismo puesto en la jerarquía desde que ingresaron en la TIA y lo de llamar “jefe” al segundo responde a la intención de mantener la tradición.

Nosotros, respetuosamente, discrepamos de estos autores y pensamos que, incluso en la nueva organización, Filemón ocupa un puesto superior a Mortadelo dentro de la misma. Tal vez esta haya sido la concepción del propio Ibáñez, tanto por las relaciones que siguen manteniendo los dos personajes como por ciertos indicios que nos dejan en sus historietas.

Así, ya en el Super Mortadelo número 7 encontramos una historieta titulada Un ayudante competente, en la que se subraya la condición de Mortadelo como subordinado de Filemón, quien se lamenta por que le haya tocado “un ayudante semejante” y desata su furia cuando un conocido le restriega la competencia de su “ayudante”.


Del mismo modo, en Hay un traidor en la TIA (1983), uno de los motivos por los que Filemón sospecha de Mortadelo es porque éste fuma habanos, mientras que él tiene que tirar de celtas, “¡Y eso que sólo gana la mitad que yo!”, afirma Filemón. ¿Ganaría Mortadelo la mitad que Filemón si existiera, efectivamente, la paridad de la que hablan los autores? Difícilmente. Una frase sintomática de que para Ibáñez, sus personajes siguen manteniendo la distancia clasista que siempre los ha separado.

Años después, en El premio No-Vel (1989), una de las pocas historietas de la época en las que Ibáñez parece haber participado más activamente, el malvado Ten-Go-Pis, para evitar ser descubierto por no pronunciar la “R”, se refiere a Mortadelo como “El segundo de Filemón”, esto es, su ayudante, marcando nuevamente una diferenciación entre el estatus de ambos.

Un ejemplo más reciente lo tenemos en ¡Rapto Tremendo! (2003), álbum en el que Filemón reivindica su condición de jefe y amenaza a Mortadelo con abrirle un expediente, actividad que solo puede realizar una persona superior en la escala jerárquica a otra.





Dicho esto, es muy legítimo preguntarse cómo es que ambos personajes mantuvieron en la nueva organización la división que ya tenían en la época de la “Agencia de información”. La respuesta nos la da el mismo Ibáñez en La historia de Mortadelo y Filemón, aparecida en Gran Pulgarcito Almanaque para 1970 (1969), en la que se aprecia que Filemón obtuvo el primero y Mortadelo el segundo puesto de su promoción a la hora de ingresar en la TIA. Ya que su ingreso fue conjunto, probablemente sus superiores decidieran hacerlos un equipo en el que la voz cantante (teóricamente) la llevara el que sacó la mejor puntuación, esto es, Filemón, que se renueva así como jefe de Mortadelo.


Estas conjeturas peregrinas nos permiten insistir en que las apreciaciones de los dos autores antes comentados son matizables, así como asegurar que, efectivamente, Filemón en la TIA sigue siendo jefe de Mortadelo.

¿Qué opinan ustedes?


domingo, 28 de junio de 2009

IBÁÑEZ, EJEMPLO A SEGUIR


Que Ibáñez es un maestro del humor gráfico es algo que nadie (salvo prejuicios elitistas) cuestiona en nuestros días. Sin embargo, esta consideración se viene extendiendo en el tiempo desde hace décadas.

Un ejemplo lo tenemos en el libro "El dibujo de humor", obra de José Antonio (así, sin apellidos), editado por CEAC en 1983. En esta publicación, de hace 26 años, se destaca la habilidad de nuestro autor, junto a otros grandes de la escuela Bruguera:


En lo que respecta a historietas infantiles, hay sobre todo un gran equipo de dibujantes, especialmente catalanes, habilísimos en la técnica del estilo sicológico hacia fuera: Vázquez, Ibáñez, Peñarroya, Escobar, Pañella, son nombres destacados en ese equipo (pág. 158).


Como ejemplo, la obra presenta una página que es una muestra de la pulcritud y la innegable elegancia de estilo que alcanzó Ibáñez a mediados de los 60. ¿Les suena, no?


Y es que, aunque a algún que otro crítico le pese, Ibáñez es, ha sido y será, un referente indiscutible en la realización de historietas de humor en nuestro país.


lunes, 22 de junio de 2009

SUPER HUMOR 45: EL BOTONES SACARINO

Ediciones B ha publicado, siguiendo la línea de Super Humores anteriores, un volumen dedicado exclusivamente a El Botones Sacarino, concretamente el número 45, de desigual factura.
Para aquellos que no tengan las historietas más características de este simpático personaje, resulta una obra indispensable, aunque lo cierto es que, gracias a la colección de Clásicos del Humor de RBA, el tomo propuesto por B resulta bastante prescindible.


Aunque es agradable a estas alturas ver una nueva portada protagonizada por Sacarino, lo cierto es que la ilustración que abre el volumen continúa con la atonía a la que nos tiene acostumbrados Ibáñez en los últimos años. Especialmente innecesario es el chiste escatológico (cómo no) de la misma.


Como en tantas otras de la colección, el prólogo corre a cargo de Antonio Guiral, que intenta ser diplomático con una serie que, se nota a leguas, no le entusiasma. Guiral, por salvar el tipo, hace hincapié en la subversión anárquica que supone el reflejo de la incompetencia laboral del botones en las historieta de Ibáñez. Una interpretación que, aunque válida, seguramente no se albergaba en la mente del dibujante a la hora de concebir la serie (con respecto a su origen franquiniano-spirougastonesco- se hace un silencio seguramente impuesto por la editorial).


La historieta nueva de dos páginas (frente a las seis que Ibáñez confeccionó para Rompetechos y las cuatro para Pepe Gotera y Otilio) que abre el volumen, aunque simpática, no acaba de dejar un buen sabor de boca, tal vez porque ha sido realizada por un Ibáñez desganado que no ha sabido sacar el enorme potencial cómico que la serie tuvo antaño.


La selección de B, aunque adecuada para quien no tenga mucho material del Botones, posee un doble defecto: coincidir casi en su totalidad con el material de reciente publicación de RBA y no incluir apenas la que fue la mejor etapa de la serie: las historietas de 1969 , 1970, 1971, etc. Aunque existen páginas de estas fechas (no, no esperen ver el año de publicación ni la revista original), la antología abarca más las temporadas de 1967 y 1968, que a pesar de ser divertidas no ensombrecen lo que habría de llegar.


En cuanto a la selección final de portadas de Sacarino y Super Sacarino, tampoco constituyen lo mejor del autor, por lo que hubiera sido preferido incluir aquellas en las que una mini-historieta con original composición de página ocupaba la cabecera de las revistas.


En definitiva, un volumen desganado, a destiempo, más que mejorable en su forma y en su fondo pero, insistimos, que será del agrado de aquellos que todavía no conozcan esta etapa del Botones Sacarino.


domingo, 14 de junio de 2009

PASANDO AL JEFE POR LA PLANCHA


Retomando el sano deseo universal de pasar al jefe por la quilla planteado un par de temas más abajo, presentamos esta ilustración para incidir en el asunto, esta vez desde el punto de vista meramente gráfico. No dejaremos de asombrarnos, por mucho que pasen los años y por muy acostumbrados que estemos, de la expresividad del grafismo de Ibáñez, del que esta ilustración es una buena prueba. A pesar de que el destino de Filemón no son las procelosas aguas del océano, nótese el gesto de desesperación con el que el autor ha caracterizado a su personaje, en una escena que bien podría resumir toda su vida: siempre al borde del abismo, siempre a punto de llevarse un nuevo mazazo.Sin embargo, la desesperación caricaturesca no está expresada únicamente en las facciones del personaje, sino que se manifiesta también en la tensión que inunda todo el dibujo, ejemplificada en la tensión de las posturas (tensión que no resta naturalidad a las mismas).
Así, encontramos varios ejes “tensionales” (llamémoslos así) en la ilustración.El primero, recorrería la misma casi en diagonal e iría de izquierda a derecha (siempre del lector), apuntando el triste destino al que se dirige Filemón. En este eje, encontramos de forma paralela el sable de Mortadelo (lo que más llama la atención de su disfraz), la pierna de Filemón que tienta en vano una superficie sólida y la “pasarela” de madera, a punto de ceder, tambaleándose ante el peso del desdichado que hay encima.El segundo eje sería vertical, y correspondería al cuerpo de Filemón, cuya visión casi hace sentir la opresión de las cuerdas. Frente a la habitual jorobita de los personajes de Ibáñez, esta vez el cuerpo se tensa hacia atrás, para mostrar el avance involuntario. También la cabeza del jefe de Mortadelo clama al cielo, acentuando la verticalidad de la escena.
Por si no fuera bastante, dicha verticalidad viene subrayada por la aleta del tiburón que espera en el agua, erecta, expectante, con unas líneas cinéticas que indican pulsión contenida.Hay un tercer eje de tensión menos subrayado, ejemplificado en el gato (míticos gatos de Ibáñez). El animal sale corriendo en dirección opuesta al barreño, con el cuello estirado y la lengua fuera: nuevamente un eje de atención que se escapa por un vértice. El gato no es sólo uno de los elementos decorativos de los dibujos de Ibáñez (que también), por su posición y postura contribuye a dotar a la ilustración de un tercer eje que parece “estirar” la composición de la escena hacia el lado opuesto, resultando así una suerte de triángulo isósceles. Nótese que al dibujante no le hubiera costado nada pintar al animalito saliendo directamente del barreño, pero la línea diagonal que marca el felino difícilmente tendría el mismo efecto si lo hubiera hecho así. Por ello, varias líneas cinéticas marcan su periplo alrededor de la escalera para situárnoslo (tal vez de forma algo forzada) en el punto de partida del que arranque su huida en diagonal, queriendo escapar, literalmente, del dibujo.
No quiero decir con esto que estemos ante “El Grito” de Munch, pero no cabe duda de que los niveles expresivos alcanzados con tan pocas figuras son bastante notables en esta ilustración. Estas son algunas de las cosas que los críticos de cómic no ven (o no quieren ver, o están demasiado acostumbrados a ver), alabando las cualidades (sin duda meritorias) de otros dibujantes y pasando por alto lo que hay de valía en la obra de Francisco Ibáñez. El público, sin embargo, es sabio. El público no toma en consideración todos estos elementos de análisis (al igual que Ibáñez tampoco tomó, seguramente, muchos de ellos), pero sabe que ese dibujo le gusta, le atrae, se le mete por los ojos más que el de otros dibujantes realistas o humorísticos, españoles o extranjeros, bruguerianos o no. El público, decimos, sabe que eso le engancha, le divierte y le impacta visualmente. Por eso se acerca y compra.Por eso y por más cosas…¿Han probado a poner la cara de su jefe en lugar de la de Filemón? Sean perversos durante unos segundos, que también para eso están los tebeos.
Publicado originalmente en www.verasyburlas.blogspot.com

domingo, 7 de junio de 2009

EL OTRO "YO" DEL PROFESOR BACTERIO (1973)

El otro “yo” del Profesor Bacterio es la segunda aventura de Mortadelo y Filemón que incluye en su título al famoso científico, tras Los inventos del profesor Bacterio (1972). No cabe duda de que ambas ayudaron a cimentar la fama de este personaje secundario de la serie a principios de los 70. Nos encontramos ante una historieta de villano único, con la salvedad de que esta vez se trata de un viejo conocido: el barbudo “sabio” de la TIA, quien, cual doctor Jeckyll cualquiera, ha desarrollado una personalidad distinta, marcadamente gamberra que ha resultado ser su otro “yo”.

No es necesario decir, suponemos, que esto se ha producido tras ingerir un brebaje de su invención. La idea no es totalmente original, pues ya la vimos en la historieta corta “El Supergamberro” (Mortadelo Extra Primavera 1972), esta vez aplicada a Mortadelo. Del mismo modo, argumentos similares se verán en álbumes como El transformador metabólico (1979) y Las tacillas volantes (1988), aunque esta vez las actuaciones antisociales vendrán motivadas por otras causas.

El primero de los once capítulos de cuatro páginas empieza con un narrador en off que refleja la “normalidad” de la vida ciudadana, con un costumbrismo crítico e irónico y una de esas viñetas espectaculares de apertura que el autor irá mejorando aún más con los años. El primero episodio nos muestra a Mortadelo y Filemón viviendo juntos, durmiendo en literas, cuando reciben la llamada del Súper. Tan solo en esta primera parte nuestros agentes podrían haber zanjado la misión en sus dos encuentros con el Bacterio, pero su inoperancia hará que la aventura se prolongue cuarenta páginas más.

El siguiente capítulo muestra ya el esquema que habrán de seguir los demás: un inicio delirante con las gamberradas del Bacterio y sus morbosas llamadas al Súper (de las que parece obtener algún placer) contando sus hazañas, las consecuencias de las llamadas del mandamás de la TIA a nuestros agentes y, finalmente, la misión propiamente dicha. En esta historieta, como en otras del periodo, queda poco espacio generalmente para la actuación de los agentes, pues estos pequeños prólogos absorben gran parte del espacio. Esto ocurre también en aventuras coetáneas como Los monstruos (1973), Soborno (1977) y La máquina de copiar gente (1978).En este episodio se crea un caos en la carretera y resultan como víctimas los usuarios de los coches. Un fragmento con cierta originalidad en el que vemos a Mortadelo disfrazado de la porra con la que el Súper lo busca a él y a su jefe.

El tema automovilístico se observa también en el tercer episodio, en el que presenciamos los efectos de las gamberradas efectuadas por el Bacterio en varios coches. Finalmente, nuestros agentes deciden poner un taller de reparaciones, demostrando una vez más su carácter oportunista, chaquetero y su falta de ética. El cuarto episodio se desarrolla en un lugar tan común como el zoológico y en él se repite la confusión entre las barbas del Bacterio y las de un chivo (véase el capítulo primero). Al final presenciamos la clásica estampida de animales desbocados que veremos también en Testigo de cargo (1984) y El jurado popular (1995). Nuestros agentes volverán a visitar el zoo en aventuras como Operación ¡Bomba! (1972), Pánico en el zoo (1975), La elasticina, Testigo de cargo, El jurado popular, Okupas! (2001), El kamikaze Regúlez (2005) y El dos de mayo (2008).



El quinto capítulo transcurre en un hotel e incluye en el prologuillo un gag que se repetirá varias veces en la historia de Mortadelo y Filemón, concretamente en El ángel de la guarda (1995), entre otros: nos referimos a aquel en que Mortadelo sujeta a Filemón por la ventana mientras que este quiere alcanzar algún objeto, acción que termina interrumpida por la llamada del Súper. La visita al hotel apenas dará para un par de anécdotas y el gran perjudicado volverá a ser el Súper, que muestra nuevamente que no se fía de nuestros agentes, al personarse expresamente en los escenarios de las misiones (para su desgracia, evidentemente).

Al igual que ocurría en A la caza del cuadro (1971), Filemón tendrá que hacerse pasar por enfermo para ser atendido en un hospital en el sexto capítulo. El escenario de la clínica aparecerá, además, en Los secuestradores (1976), La máquina de copiar gente (1978), Los gamberros (1978), La elasticina (1980) y en la historieta corta de Super MortadeloProtegiendo al embajador” (1972). Con el tiempo, volveremos a verlo en La Gomeztroika (1989),La tergiversicina (1991) El señor Todoquisque (1992), El SOE (1992), y Clínicas antibirria (1993) y en El dopaje…¡Qué potaje! (2006). Los mismos Chicha, Tato y Clodoveo protagonizarán un álbum entero en este ámbito: Los sanitarios (1987). No puede faltar el gag de Mortadelo haciéndose pasar por médico y la astucia del Bacterio, que engaña a nuestros agentes demostrando ser también bastante hábil con el disfraz. Ni que decir que será el Súper quien salga peor parado de este episodio.

Tanto los problemas para entrar sin pagar como la estampida final son inevitables en la visita de los personajes al circo, escenario visitado en aventuras como Operación ¡Bomba! (1972) y El circo (1973). Más original resulta la intromisión en el mundo del ballet, donde nuestros agentes demuestran tan poco tacto como cuando se introducen en las grandes cenas de la alta sociedad. Ibáñez tiene el acierto de incluir a sus personajes entre bastidores, arruinando así la función, como ocurrió en En Alemania (1982). La anarquía que se destila de este ataque a una diversión tan burguesa y elitista rezuma algo de los mejores hermanos Marx de Una noche en la Ópera. Como detalle curioso, en este álbum las bailarinas aparecen en no pocas viñetas sin colorear, esto es, todas de blanco. No sabemos si se debe a un despiste del colorista (¿tal vez las consideró estatuas, atendiendo a su postura en la quinta viñeta de la página 31?) o a algún amago censor, que pretendiese tapar las “carnes semidesnudas” de tan esbeltas damas.

Tan ineficaces se están mostrando Mortadelo y Filemón en esta caza del Bacterio que el Súper se plantea no mandarlos a El huevo loco, restaurante donde el científico está haciendo de las suyas. Tal vez si no lo hubiera hecho, se ahorraría su triste desenlace. Gags tópicos pero simpáticos de nuestros agentes haciendo de camareros transitan por este escenario, ya visitado en álbumes como Los secuestradores (1976) y Una vida perruna (de Chicha, Tato y Clodoveo, álbum de 1986). También muy repetido es el gimnasio del capítulo siguiente, donde desencadenan catástrofes varias, como harán en La gallina de los huevos de oro (1976), Soborno (1977), El SOE y Robots bestiajos (1993), al igual que en Una vida perruna (1986).

Como ocurre en otras historietas, el clímax final transcurre en la TIA, con una sucesión de caídas que pondrá en jaque a nuestros agentes y al Súper, que esta vez interactuará con ellos (especialmente recordadas son las “torres humanas” que forman en varias ocasiones). El Bacterio burlará en más de una ocasión a sus enemigos con habilidad, hasta que sea capturado por Mortadelo por pura casualidad. Una vez que el personaje recupera su personalidad de “pobre desgraciado”, nuestros agentes deciden celebrarlo con un copazo que, cómo no, contiene el mismo líquido que trastornó al profesor. La última viñeta muestras a los protagonistas convertidos en seres malévolos ejecutando una terrible gamberrada contra el Súper y el Bacterio. Lo más curioso de ello es que este final no se diferencia notablemente de aquellos en los que nuestros personajes son ellos mismos, lo cual nos puede llevar a reflexionar sobre si verdaderamente lo que ha sacado el mejunje del profesor en esta ocasión ha sido el otro “yo” de los agentes.


A modo de conclusión, podemos decir que nos encontramos con un álbum con un dibujo bastante estándar, como corresponde a esta primera mitad de los setenta, de lectura ágil y divertida, a pesar de que los escenarios comunes empiezan a estar algo manidos.

lunes, 1 de junio de 2009

27º SALÓN DEL CÓMIC

Con el 27º Salón del cómic de Barcelona casi clausurado, su humilde anfitrión recoge los bártulos y vuelve a su ciudad natal después de haber disfrutado de un fin de semana inolvidable en la bella ciudad de Barcelona.

Por segundo año consecutivo, Corra, jefe, corra estuvo en el Salón del Cómic y su moderador tuvo la oportunidad de saludar nuevamente a Francisco Ibáñez, el leiv motiv de este nuestro blog.



Como de costumbre, Ibáñez hizo gala de su simpatía habitual y recibió con una sonrisa a todos y cada uno de los miembros de la extensa cola de personas que requerían sus autógrafos. En mi caso, me dedicó un simpático Rompetechos (" Es mi personaje favorito", "El único que me han dejado rescatar"- decía mientras dibujaba.) que le pedí expresamente. Ante mi petición de toda una 13, Rue del Percebe, Ibáñez contestó que ese tipo de encargos le hacían rejuvenecer unos cuantos años, pues hace mucho que no la dibuja de manera habitual.




A mi pregunta acerca de la efímera aparición de la señorita Irma en las historietas de Mortadelo, Ibáñez comentó que en un principio los álbumes en que aparecía iban a ser destinados a Alemania, y que el personaje en cuestión era la secretaria de su editor alemán de turno, "una chica muy mona" a la que retrató como un guiño privado. Cuando la muchacha dejó aquel puesto de trabajo, Ibáñez dejó correr el personaje. Sobre sus proyectos, confesó no saber si ha salido ya el álbum que hará referencia a la crisis, historieta que, si bien "no ayudará a superarla, nos hará pasar un buen rato", comentó el maestro catalán.




Por último, y al igual que el año pasado, le hice entrega del Fanzipote nº 17, último número de la mítica publicación de Ediciones Cúbicas, así como de El Cubo 18, publicado a doble portada con una historieta de mi personaje La Niña Alpargata. Ibáñez agradeció el obsequio y se dedicó a hojearlos durante un rato. Cuando le mostré la historieta de otro de mis personajes, Toni Contreras, con un estilacho que no le debía resultar del todo desconocido, rió diciendo que así empezó él, fanzineando, y que le hubiera gustado dibujar así en sus comienzos (Ibáñez siempre ha sido tan exagerado como amable).


Un caluroso apretón de manos selló este segundo encuentro en persona con mi ídolo, que volvió a no decepcionar, dejando un grato sabor de boca a cuantos se acercaron a hablar con él.

Pero como no sólo de Ibáñez vive el hombre, también me parece justo destacar la simpatía y solicitud de Cera y Ramis, que derrocharon cordialidad con sus fans, especialmente con los miembros del Foro de la TIA, con quienes accedieron a fotografiarse.



Cera, a quien regalé otro ejemplar del Fanzipote, confesó su deseo de seguir dibujando a Pafman durante muchos años, así como las múltiples influencias de las que ha bebido. Ramis, quien encontró divertida la historieta de La Niña Alpargata con que lo obsequié, desmintió haber sido nunca negro de Ibáñez (lluevan sobre mí las culpas de ese infundio) y no descartó la posibilidad de rescatar a Sporty, aunque se quejó de la poca publicidad que reciben por parte de las editoriales todos aquellos que no son considerados como sus "dibujantes estrellas". Ambos me regalaron una simpática confrontación entre Pafman y Sporty:




Como colofón entre los autores famosos, tuve el gusto de conversar brevemente con Janry quien, junto con Tome, se hizo cargo de la segunda etapa más gloriosa del mítico personaje franco-belga Spirou. El tándem que dio también a luz al Pequeño Spirou demostró ser un más que digno heredero del mejor Franquin, y así lo corroboró Janry con este dibujo dedicado:





Además de estos personajes dedicados, tuve el gusto de poder asistir en persona a encuentros con autores de la talla de Carlos Jiménez y Horacio Altuna, así como mantener una charla con Antonio Guiral, quien me dijo conocer este blog y que me explicó cuán extresado se halla con la elaboración de los volúmenes de Clásicos del Humor de RBA. También comentó haberse pasado por el Foro de la TIA, y puso en mi conocimiento algo que muchos sospechábamos: que en la colección de los Super Humor Clásicos de Ediciones B, él es un mero prologuista por encargo, y no el compilador de las historietas (no tiene sentido, por tanto, atribuirle la culpa de las páginas repetidas, pues él no tiene nada que ver). Un lugar muy destacado ocupa el encuentro con Miguel Fernández Soto (Migsoto), maestro del saber mortadelero, autor de El mundo de Mortadelo y Filemón, y amigo cibernético desde hace muchos años, al que debo el aprendizaje de tantos entresijos del mundo brugueriano en general e ibañezco en particular.

No faltó el encuentro con los paisanos del Killer Toon 2.0, fanzine cordobés que fue representado en el Salón por Zonum, Miguel Ángel Cáceres, Juan Pérez y Rafa Infantes, con quienes tuve la oportunidad de compartir parte de mi tiempo en tierras catalanas. Ni que decir que su compañía me hizo aún más grata la estancia.

Aparte de estas celebridades, uno de los mayores gustos recibidos ha sido contactar con algunos de los miembros más celebrados de El Foro de la TIA, auténtica referencia en la red si de tebeos se habla. Imposible mencionar a todos los amigos con los que tuve el gusto de contactar, pero imposible también mencionar a algunos de ellos: Señor Ogro, Kaximpo, Zorro Aullador, Omen_666, Pirluit, Oscar+AB, Magín, Zazu, Investigador Malfendi, Alfons Moliné, Hilofino (si se me olvida alguno, échesele la culpa a la amnesia, que no a la falta de afecto), etc., que hicieron mi estancia en Barcelona aún más grata con su simpatía, conocimientos y sentido del humor.


Para todos ellos va especialmente dedicada esta entrada, que cerramos con otro de los "detalles" que el maestro Ibáñez tuvo conmigo.



¡Hasta el próximo Salón!