domingo, 30 de agosto de 2009

VÁZQUEZ HABLA DE IBÁÑEZ

No, no se trata de ninguna entrevista sensacionalista en plan programa del corazón. Aprovechando que esta semana ha visto la luz el tomo de Lo peor de Vázquez, de Glenat, nosotros aprovecharemos para hacer un repaso de las menciones de Vázquez a Ibáñez en esta etapa, algo menos infantil que la que todos recordamos.

Así, en Vázquez, agente del fisco (1993), vemos que tras la máscara del villano se esconde realmente Fibráñez, su dibujante esclavo número 678.





No hay ninguna relación de dependencia entre Vázquez e Ibáñez para considerarlo su dibujante esclavo, pero no deja de ser cierto que muchos han considerado que Ibáñez ha sido el mejor personaje de Vázquez, al haber desarrollado el primero las genialidades que el segundo no pudo o no quiso hacer.


Más irónico y certero se muestra en estas viñetas en las que un tal Bláñez se dedicaba, en sus años mozos a copiar recursos de Vázquez, algo que indudablemente hizo el padre de Mortadelo y Filemón en sus años de formación, y aun en los de esplendor. Con respecto a la siguiente viñeta, en la que parece que es Vázquez quien copia a "Bláñez", algo que no me consta que hiciera con su homólogo real.

En otras ocasiones, son sus creaciones más famosas, Mortadelo y Filemón, las que reciben los latigazos de Vázquez, que insinúa que las historietas de la pareja son la antítesis de la creatividad, al hacer morir a las ideas de su parcela.





Puede que se traten de las típicas bromas entre dibujantes, tan propia de los autores de nuestra querida Bruguera, sin más doblez, o tal vez Vázquez realmente considerara la serie principal de su compañero falta de ingenio. En todo caso, ¿por qué tanta banderilla? No cabe duda de que Vázquez, aunque nunca persiguió la gloria, era un amante de la buena vida, y tal vez en algún momento hubiera deseado el reconocimiento (incluido económico) con que se vio recompensada la constancia de su compañero.



El mismo Ibáñez recuerda una de las primeras firmas de autores, allá por los setenta, en la que él tenía una cola de gente inmensa (véase nuestro post anterior), mientras Vázquez estaba negro porque no le llegaba gente. Y cuando se presentaba uno con el álbum para firmar: "¡Es para ese, es para ese!", decía Vázquez viendo que se trataba de un Mortadelo.



Quedémonos con esta última tira del padre de Anacleto para que cada uno saque sus propias conclusiones y, sobre todo, para que se diviertan con su gracia natural:



domingo, 23 de agosto de 2009

LAS COLAS DE IBÁÑEZ (POR MAURO ENTRIALGO)

A lo largo de la historia de este blog hemos ido recopilando distintas menciones u homenajes que otros autores han hecho a la obra de Ibáñez en su propia producción. Hoy reproducimos parte de una tira doble de Mauro Entrialgo, recopilada en el magnífico Solo son tebeos, editado por Dolmen.



En esta ocasión, Entrialgo reflexiona no sin cierta sorna acerca de lo interminables que resultan las colas de Ibáñez. Así, un personaje le dice a otro que se pasará todo el día guardando la fila, mientras que su interlocutor asegura ir bien preparado con el termo y los bocadillos, lo que sea con tal de conseguir un dibujo del "gran genio". Los que hemos esperado en las colas de Ibáñez en diversas ocasiones, sabemos que no exagera y que hay que ir preparado para esperar en la fila. Así, no es raro ver incluso señoras mayores que se llevan sus sillitas plegables con tal de conseguir un autógrafo del maestro.

En segudo lugar, el autor ironiza acerca de la inmensa capacidad de producción de Ibáñez, que, a fuerza de dibujar, contribuirá a que cada uno de sus dibujos se desvalorice,al no ser considerado precisamente una rareza única.

No obstante, los aficionados a Ibáñez sabemos que lo verdaderamente importante es el valor sentimental que para nosotros tienen sus dedicatorias, así como los minutos inolvidables que compartimos con él en el momento de las firmas.

En todo caso, ojalá se cumpla la última imagen de todo el planeta inundado de Mortadelos. Queden estas viñetas como recuerdo de la mención de Mauro Entrialgo a nuestro autor favorito.

domingo, 16 de agosto de 2009

ENTREVISTA CON ALBERTO GIMENO. REVISANDO 13, RUE DEL PERCEBE



Alberto Gimeno nació en Valencia y es licenciado en Filología Hispánica. Entre sus escritos encontramos libros de poemas (Ascensión de la quimera), ensayos, críticas y traducciones. Ha destacado en los últimos años en el terreno de la novela, con la galardonada La Sagrada Familia, en colaboración con César Gavela, así como con Hotel Dorado, su última obra, con la que entra de lleno en el universo de Francisco Ibáñez, recreando su mítica 13, Rue del Percebe.

Hace unas semanas dedicamos un tema de nuestro blog a esta novela y, hecho inusitado entre los literatos, tuvimos el honor de que el mismo autor nos dedicara unas palabras. A raíz de ello, le solicitamos esta pequeña entrevista a la que, con total amabilidad, accedió el señor Gimeno. A través de la misma conoceremos algo más al autor, su obra, así como el proceso de gestación de la misma. Del mismo modo, y como corresponde a la temática del blog, sabremos algo más acerca de la relación que nuestro invitado mantiene con el universo de ficción de Francisco Ibáñez.
Esperamos que la información aquí presentada sea de interés tanto de los que ya han leído Hotel Dorado como de quienes, nos consta, van a hacerlo en breve.


1.- ¿De dónde surge la idea de Hotel Dorado?

Surge, inevitablemente, de la infancia. Fui un niño muy curioso y poco dado a contentarme con las respuestas de los mayores a mis preguntas. Desde la primera vez que las vi, me conmovieron las viñetas de 13, Rue del Percebe. Pese a hacerme reír, nunca las consideré cómicas, y, desde el primer momento, sentí la necesidad de preguntarme la razón del comportamiento de cada uno de los inquilinos de nuestra mítica calle. Especialmente difícil de comprender me resultaba el personaje del moroso, el motivo que le llevaba a estafar a cientos de comerciantes sin que se apreciara una mejora en su nivel de vida, con aquella buhardilla en perenne estado de miseria; tampoco entendía la razón de que un hombre viviera en una cloaca y menos aún la crueldad de doña Leonor (doña Font en mi novela) con sus huéspedes o la absoluta incapacidad del sastre para cortar una tela al gusto de sus clientes. Estas preguntas nunca se apagaron en mi memoria, hasta el punto de que decidí escribir una novela para darles respuesta y, de paso, arrastrar con ella toda la atmósfera de privación material y derrota de las ambiciones y esperanzas de los adultos que marcaron mi infancia.



2.- 13, Rue del Percebe ha servido de base para películas, series de tv y ahora este libro, ¿qué cree que tiene esta serie de cómic para inspirar a tantos creadores?

Tiene lo esencial para inspirar a cualquier creador: un espacio con un gran poder de atracción icónico; unos personajes extraordinariamente bien perfilados dentro de la viñeta que piden a gritos -al menos a mí- entrar en ellos y un ambiente general de inconformismo con la realidad opresiva de la época (yo empecé a leer los tebeos en los años sesenta, en pleno esplendor de la dictadura franquista) que incitaba a despertar la imaginación de sus lectores.



3.- ¿Cómo fue su relación infantil con este y otros cómics?

La pregunta, más o menos, ha quedado ya respondida con respecto a 13,Rue del Percebe. Me gustaban también todos los demás cómics o tebeos de Bruguera y esa gama variopinta de personajes inolvidables: Rigoberto Picaporte, Gordito Relleno, La terrible Fifí, Agamenón, las hermanas Gilda etc.. Parafraseando a Machado: "Mi infancia son recuerdos de un patio rodeado de tebeos". También me gustaba mucho un cómic hecho en Valencia, Pumby, más colorista que los de la factoría Bruguera, con unos dibujos muy estilizados y con una visión asimismo muy iconoclasta de la realidad. Es decir, que me atraían mucho más los cómics de humor que aquellos dedicados a generar los héroes infantiles de la época: "El Jabato", "El Capitán Trueno", "El Guerrero del Antifaz" o "Roberto Alcázar y Pedrín".




4.- ¿Hay alguno de los personajes del cómic o de la novela por el que sienta usted una debilidad especial?


De las viñetas del cómic, mis personajes favoritos eran Manolo el moroso (en mi novela, Matías), el veterinario y la pensión (a la que consideraba un personaje en sí misma, por encima de su patrona, doña Leonor). En la novela se advierten estas preferencias, aunque, dado el carácter de creación autónoma de la misma (es decir: yo parto de 13, Rue del Percebe para hacer una novela con vida propia, "esa vida, y esos "motivos de vida" que podrían tener los inquilinos del cómic una vez atravesada la fachada de la calle), algunos personajes que en el cómic me habían pasado más desapercibidos (como el sastre o la solterona de los animales) adquieren un protagonismo principal en la novela. No es ése el caso de la hermana mayor de los niños terribles del tercer piso, pues aunque pronto dejó de aparecer en el tebeo, a mí ya me cautivó desde niño y la convierto en personaje esencial de "Hotel Dorado", a este respecto debo decir que, para la mayoría de los lectores que me han hecho llegar su opinión (que son muchos), también esta jovencita ("Dora" en mi novela) es su personaje favorito. Obviamente a estos protagonistas destacados de la novela, debo añadir el de Walter, el ingenuo americano que huye de la sartén de la policía para caer en el fuego de los inquilinos de 13, Rue del Percebe. Este personaje puede despertar recelos en los puristas del cómic, pero era necesario -si no, evidentemente no lo hubiera creado- para que sirviera de nexo y catalizador entre los vecinos de la casa. No hay que olvidar que en el cómic, cada personaje vive aislado en su viñeta, sin relación con los demás habitantes del inmueble. En su crítica literaria del libro, usted dice que Walter "va dando tumbos por la casa, sin rumbo definido". Ello es así -y -debe ser así a mi entender- al principio de la novela, pues se trata de un fugitivo de la justicia, norteamericano, recién llegado a España y, por ende, atribulado y en constante situación de riesgo. Sin embargo, no tarda demasiadas páginas en hallar acomodo en la pensión y desde allí cumplir con su misión narrativa de nexo entre los diferentes moradores de la casa.

5.- En su novela ha dado alma a personajes muy queridos por el público desde hace cuatro décadas, ¿no cree que se trata de una empresa arriesgada?

Cada lector puede tener su propia imagen de estos inquilinos y no toleraría fácilmente un cambio de esquemas. Por supuesto que era -y soy- consciente de ese riesgo. Pero debo añadir que yo no escribo Hotel Dorado para estabular dentro de una novela los caracteres consabidos de los personajes originales de la 13 Rue del Percebe. Yo hago mi propia interpretación de la vida que "podrían llevar" esos personajes una vez articulados como seres novelescos. Cada lector del cómic original no tiene por qué enfrentar su concepción de los personajes a la mía. Yo les propongo una explicación, un desarrollo vital de esos personajes anclados tantos años a la desnudez de la fachada inmutable. Yo les ofrezco imaginación a partir de ellos. Mi imaginación. La particular visión de cada lector de los personajes originarios del cómic no tiene por qué cambiar una vez leída mi novela.




6.- En muchos sentidos, los inquilinos de su edificio novelado sirven de excusa para recrear los distintos tipos que habitan en la ciudad de Barcelona. Siendo usted valenciano, ¿qué lo vincula a dicha ciudad?


En efecto, en mi novela hay un sustrato sociológico de los primeros años sesenta del pasado siglo ampliamente desarrollado. En especial de esas capas de clase media-baja (o bajísima), cuya vida era una constante lucha por la supervivencia en claro contraste con la triunfal publicidad franquista de la época. Por ello sitúo la acción en la Barceloneta, barrio proletario por excelencia de una ciudad condal ya metida en ensoñaciones de vanguardia cultural y elitismo burgués (cuyo paroxismo se alcanzaría con aquel invento de la "gauche divine”) que no reflejaba la verdadera vida de los barceloneses. A este respecto, me gustaría añadir que "Hotel Dorado" (cuya presentación en Barcelona tuvo lugar -no por casualidad- en el Centre Cívic de la Barceloneta) ha tenido muy buena acogida entre los vecinos del antiguo barrio pesquero que, al parecer, han visto en mi novela una suerte de reivindicación de su histórico patrimonio urbano hoy situado en el punto de mira de los obsesos de la tabla rasa y el cemento. Mi vínculo con Barcelona tiene su origen en muchas fuentes: la "nova cançó" de la que fui adicto en mi juventud; su literatura tanto en catalán como en castellano (Victor Català, Narcís Oller, Mercè Rodoreda, Josep Maria de Sagarra, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, Juan y Luis Goytisolo etc -por solo referirme a la narrativa-); su variedad arquitectónica y cultural; su capacidad para reinventarse a sí misma; su apasionante -tanto en lo político como en lo artístico- siglo XIX. A ello habría que añadir que una hermana mía vivió allí desde principio de los años 80 y, por medio de mis muy numerosos alojamientos en su casa, pude seguir a pie de campo la transformación portentosa de la ciudad hasta llegar a esa especie de "campo temático" para turistas en que se ha convertido ahora.

7.- Además del espacio, se recrea toda una época:en su novela se nombra a las hermanas Gilda, las mujeres acuden al cine a ver a Montgomery Clift y Paco Martínez Soria llena los teatros. ¿Tuvo que documentarse para trazar este retrato o solamente bastó con acudir al baúl de los recuerdos personales?

Soy un escritor muy metódico y puntilloso en cuestiones de estilo y ambientación histórica. Recurriendo sólo al baúl de los recuerdos era imposible reflejar una época ya muy lejana para mí y una ciudad en la que no viví aquellos remotos años. Necesité un año para aglutinar toda la documentación que requería Hotel Dorado. Leí todo tipo de libros y revistas evocadores de aquellos años y me pasé seis días en la hemeroteca de La Vanguardia haciendo acopio de toda suerte de información alusiva al tiempo en que trascurre mi novela. Tuve la suerte -narrativamente hablando- de que el tiempo de la novela coincidiera con la visita de Franco a Barcelona -para comprobar in situ la reconstrucción de las zonas devastadas por las riadas del año 62-, lo que me propició buena parte de la trama argumental. También efectué un exhaustivo estudio del lenguaje y de los giros idiomáticos de la época y, una vez obtenidos los datos, procuré "personalizar" esos usos idiomáticos en cada uno de los personajes de la novela. El moroso no habla como el sastre; la patrona tiene su propio arsenal de frases hirientes contra sus huéspedes; el veterinario se expresa con un refinamiento y solidez científica dignos del rango universitario que se le atribuye en la novela y don Hurón es un idiolecto en sí mismo.

8.- El título de la novela, Hotel Dorado, no alude directamente a la serie de cómic que lo inspiró, lo cual hubiera sido una garantía de comercialidad. ¿Por qué ese título y no otro alusivo al cómic original? ¿Cuestión de derechos de autor?

Tengo la costumbre de poner el título a mis novelas una vez finalizadas. Quien lea "Hotel Dorado", podrá advertir que es muy difícil encontrar otro título más adecuado para el libro. Así pues, Le puse este título y no otro más alusivo al cómic original al margen de cualquier intención de evitar un problema de derechos de autor. Problema o conflicto que nunca tuve presente, pues la jurisprudencia de la Comunidad Europea al respecto establece perfectamente la libertad de uso y límites de la parodia y mi novela es una parodia inversa de 13, Rue del Percebe. Quiero decir que lo habitual de las parodias es hacer caricatura de sus modelos originales y, en el caso de Hotel Dorado, se hace todo lo contrario: se lleva la caricatura implícita en los moradores de 13, Rue del Percebe a su contrapunto extremo de humanización como personajes de novela.

9.- Además de 13, Rue del Percebe, ¿hay alguna otra historieta de Ibáñez que recuerde con especial cariño?

Por supuesto, Ibáñez -junto a Vázquez- fueron, desde que comencé a leer tebeos, mis autores predilectos. De las historietas de Ibáñez, me gustaron -y me siguen gustando- los primeros años de Mortadelo y Filemón (últimamente veo la serie algo reiterativa y carente de la chispa inicial), Pepe Gotera y Otilio Chapuzas, el botones Sacarino y, por encima de todas -exceptuando, claro, 13, Rue del Percebe-: las historietas de Rompetechos. Personaje entrañable por su obstinación y perseverancia en el error al que le rindo un pequeño homenaje en "Hotel Dorado".

10.- ¿Ha recibido alguna opinión de Francisco Ibáñez o de Ediciones B acerca de Hotel Dorado?

A los pocos días de publicarse la novela, le envíe por correo un ejemplar a Francisco Ibáñez, dicho ejemplar iba acompañado de una carta en la que le explicaba las razones de mi novela y el agradecimiento por su creación en la que yo me inspiraba. No obtuve respuesta. Al parecer, descubrí después, la dirección que tomé de las páginas blancas de "google" no era la correcta. Hará cosa de dos semanas que, desde la propia editorial, se le envió otro ejemplar a una nueva dirección. Sigo todavía pendiente de su opinión que, por supuesto, me encantaría conocer y, llegado el caso, intercambiar pareceres sobre la misma.



11.- Por último, conviene recordar que Ibáñez ha sido criticado durante años por ser un dibujante muy "comercial". Ahora que Hotel Dorado está entre los diez libros más vendidos de El corte inglés de Valencia, ¿qué opina acerca del tópico que parece defender que la calidad de una obra de arte -historieta, novela o película- está reñida con la comercialidad?

Opino que es un tópico cada vez, por desgracia, más cargado de razón. Sólo hace falta echar un vistazo a los últimos éxitos editoriales de los últimos años. Cada vez es más determinante el montaje mediático y el asalto de las estanterias por los libros previamente concebidos -ya en su fase de gestación- como "fenómenos" (esta palabra, empleada por los propios promotores de ventas ya revela mucho) editoriales. No estoy queriendo decir que todo libro que tenga éxito de ventas en malo en sí mismo (hay sobrados ejemplos para desmentir esta tesis: "Soldados de Salamina", "El último encuentro", "Herida", la propia archivendidísima "Los hombres que no amaban a las mujeres", pero sí que la tendencia editorial de los grandes grupos (que copan las cadenas de distribución) es difundir novelas de inusitada despreocupación por el valor intrinsicamente literario de las mismas. El que "Hotel Dorado" haya estado -y esté actualmente- entre las listas de los libros más vendidos en El Corte Inglés de Valencia y de Castellón (me han llegado datos de que en los centros de Madrid y de Barcelona también la venta es notoria) es un hecho eventual y hasta paradójico, pues la novela no ha "merecido" hasta ahora reseña en ningún medio impreso, salvo el espacio que le dedicó en su dominical "Las Provincias" de Valencia. Por lo que se ve, el "boca a oreja" está funcionando con respecto a mi novela y, a tal respecto, quiero expresar mi gratitud a los lectores que están contribuyendo -decisivamente- a su difusión.


Deseamos que a nuestros lectores habituales les haya interesado esta entrevista, por la que damos gracias una vez más a Alberto Gimeno, y les recomendamos la lectura de Hotel Dorado, no solo como recreación de nuestra querida 13, Rue del Percebe, sino como producto literario autónomo digno de interés.

domingo, 9 de agosto de 2009

PEKÍN 2008 (2008)


Pekín 2008 responde a la entrega puntual de Ibáñez ante cada convocatoria olímpica. Esta vez se trata de los juegos celebrados en la capital de China. El mismo narrador de la historia hace referencia a lo inevitable de esta cita, con frases que destilan, en parte, cierto tedio rutinario ante lo ineludible: “Sí, mire usté (sic), cuatro años más viejos! Aquí está otra vez la Olimpiada esa!” (viñeta 1, página 1). Los mismos Mortadelo y Filemón dan ya por sentado que van a ser requeridos para la entrega olímpica, lo que les lleva a poner tierra de por medio. No resulta, en todo caso, muy estimulante empezar a leer un álbum cuya mera realización supone ya una rutina.

La introducción histórica nos sitúa en la época de los griegos y alude a los primeros viajes de estos para celebrar sus juegos en otras localidades. Algún chiste manido como el de los condenados a galeras da pie a alguna que otra crítica a la iglesia católica por su intolerancia ante los homosexuales.

Este discreto prólogo da pie a una huida por parte de nuestros protagonistas, con el afán de que el Súper no los reclute para la misión olímpica. Así, se suceden cinco páginas en las que los agentes huyen de su obligación, con algún que otro momento original, como el viaje a lomos de un genio de lámpara, que alude a su vez a la huelga de transportes que se vivía en la España del momento. Un pasaje imaginativo que no impide que estas páginas sean variantes de un gag repetido: los agentes huyen para acabar, al final de su trayecto, en presencia del Súper. Esto ocurre en Los inventos del profesor Bacterio (1972), Los superpoderes (1987) , El jurado popular (1995) y Esos kilitos malditos (1997) aunque en Pekín 2008 los protagonistas no van a dar a la TIA, como otras veces, sino al mismo Pekín, donde el Súper y otros agentes han ido para cumplir con su misión. Otro gag que se repite ya en Bye Bye Hong Kong (1996) lo constituye la viñeta en que las masas aclaman a Mortadelo y Filemón cuando ellos presuponen que nadie los identificaría en tan lejanas tierras.





Centrándonos en la trama del álbum, en ningún momento parece claro qué hace la TIA en los juegos olímpicos, pues esta vez no se habla de amenazas de sabotaje ni nada parecido. De hecho, el Súper ni siquiera tenía pensado enviar a sus agentes en esta ocasión, aunque ellos mismos han acabado presentándose. De hecho, es su presencia la que desespera a entrenador y deportistas, como en Mundial 82, Mundial 94, Mundial 98, Mundial 2002, Mundial 2006, Atlanta 96, Sidney 2000, Atenas 2004… Tal deserción hace que los miembros de la TIA ocupen el papel de los deportistas (detalle que parece olvidarse a lo largo del álbum), mientras que Mortadelo y Filemón se convierten en una especie de “chicos para todo”. Tal vez con esta ocupación Ibáñez ha querido impedir que realicen los clásicos roles de deportistas torpes, alejándolos así en cierta forma de las pistas.

En cuanto al desarrollo de su actividad, las cinco primeras páginas narran cómo los agentes se ocupan de que los deportistas estén presentables para el desfile, ocasionando algunos gags aceptables entre los que solo cabe señalar los multi-repetidos chistes del desfile, que hace años que no aportan nada (con una discreta alusión a los conflictos del Tíbet) y la llamada que recibe Mortadelo de un ligue, que pone de manifiesto otra vez la poca habilidad con que Ibáñez intenta reproducir el lenguaje juvenil. Las cuatro páginas siguientes nos los presentan como masajistas de uno de los deportistas, Patimosco Conéjez, al que van agrediendo sin querer en gags simpáticos cuya comicidad (tan pareja al daño físico del afectado) va in crescendo.

Durante las cinco páginas siguientes, se encargarán de entrenar a Barrilete Rechónchez, el levantador de pesas, que, por supuesto, lo pasará mal y la acabará pagando con el Súper. Sucede a este tramo media página en la que Mortadelo cuenta la anécdota del lanzamiento de jabalina de su pueblo, anécdota tan chusca como innecesaria, que contribuye a la vulgarización del nivel del álbum. En las tres páginas sucesivas, Amílcar Coma sufre la incompetencia de Mortadelo, Filemón, Bacterio, Ofelia…y del mismísimo Superintendente, que mete aquí la pata como pocas veces.


Menos aportan las cuatro páginas en que se ocupan del lanzador de disco Primitivo Vinílez, con gags intrascendentes relativos a la nariz del Súper y escenas perfectamente evitables, como la del deportista en el retrete. Las dos páginas del lanzador de peso culminan con una granada que se arroja al palco de autoridades, donde encontramos al omnipresente Rompetechos, a una tal Condolencia (trasunto de Condoleezaa Rice), a Rajoy y Zapatero dándose codazos y a Rodolfo Chiquilicuatre. La inclusión de este personaje, que puede verse como una de las condescendencias con la comercialidad que ha mostrado Ibáñez en los últimos años, ha de verse como tantas y tantas menciones a cantantes del momento que ha incluido Ibáñez en su obra durante toda su vida. Hay en este álbum, además, una mención al famoso baile del Chiqui-chiqui.

En el tramo siguiente de seis páginas, nuestros agentes han de llevar al orondo Balbino Latripa, deportista, y a Ofelia a la legación española para que esta cocine para el primero. La lesión de la última hace que ambos deban ser llevados en el clásico vehículo chino consistente en un asiento con ruedas tirado, cómo no, en este caso, por Mortadelo y Filemón. A los básicos gags sobre el peso de los transportados hay que unir ciertas confusiones entre “L” y “R” (era demasiado pedir que no se sacara partido a este tópico). Mientras que algunos de estos equívocos resultan simpáticos, hay otros como el de la “polita”/ “porrita” que son tan forzados como groseros, lo cual va en detrimento del mismo álbum.

El último tramo del álbum, esto es, las cuatro páginas finales, la descoordinación de los miembros de la TIA lleva a que Filemón, el Súper, Ofelia y Bacterio viertan, cada uno por su cuenta, estimulantes para reforzar a Balbino. Un solo bocado que pruebe Mortadelo lo convertirá en un super-hombre, lo cual da pie a escenas en las que se refuerza la expresividad del personaje (resulta muy cómico su desatino tras probar la comida) y en las que se repiten clichés de historietas tan clásicas como la corta Super Mortadelo (Super Mortadelo nº1, 1972). Impagable es también el abrazo que Mortadelo se da con Supermán, suponiendo un acercamiento entre dos grandes del cómic mundial.


El intento de empujar al carro tirado por un buey en el que viajan sus compañeros de la TIA hace que nuestro protagonista acabe arrojándolos contra las autoridades en plena ceremonia de clausura (autoridades entre las que se incluyen Tony Blair, la reina de Inglaterra, Hugo Chávez o el mismísimo Batman). Las repercusiones de tal burrada las narra elípticamente un periódico que alude a la presencia de un tal Mariano que no para de repetir que la culpable ha sido ETA. Una jocosa crítica a la obsesión conspirativa de Rajoy y tal vez la única referencia a las consecuencias del terrible atentado del 11-M.


En conclusión, podemos decir que el álbum no merece más etiqueta que la de “pasable”, con algún momento divertido, pero echado a perder por la escatología fuera de lugar (la ventosidad del buey en la cara del Súper es de pésimo gusto). También el lenguaje se torna cada vez más vulgar en sus giros y expresiones: “¿Lo qué…?” (página 3), “Culiempedazos” (pág. 2), “pata arriba” y “pedazo tonta” (página 21)…Tal vez en un intento de acercar la historieta a la calle, pero quizás a una calle poco refinada. También encontramos algunas erratas como “mal” por “man” en la página 17 y la escritura de Pernambuco con “N” delante de la B (pág. 32).

En cuanto al dibujo, presenta las virtudes y defectos de otros de esta época, con alguna perspectiva rara (véase la colocación de los ojos de Mortadelo en la viñeta cinco de la página 8) y presenta poca originalidad en los disfraces del personaje principal: el de flan puede resultar insólito, pero nuestro “héroe” se disfraza de batracio hasta cuatro veces en todo el álbum.

Puede que algunas de las carencias mencionadas tengan que ver con la precipitación con que se ha realizado esta obra. Como Ibáñez contó en el Salón del cómic de Barcelona de 2007, mientras estaba realizando esta aventura le sugirieron que hiciera la historia que luego sería ¡El dos de mayo! (2008), por lo que el dibujante interrumpió la aventura olímpica, lo cual lo llevó a ir contra-reloj en su realización. Tal y como manifestó en el Salón, intentaría tenerla acabada para antes de las Olimpiadas, pero tampoco le quitaba el sueño por no conseguirlo, porque, según sus propias palabras “se iba a vender igual”. A tanto llegó la presión que durante la realización de este álbum Ibáñez no pudo cumplir con su entrega de páginas de Rompetechos para la revista Top Cómic Mortadelo.

¿El resultado? Ahí lo tienen.


sábado, 1 de agosto de 2009

MORTADELO Y FILEMÓN...¿"CONTRA"? CHAPEAU EL "ESMIRRIAU"


¿Alguna vez se han preguntado qué significa ese cuadrito rojo en medio del título de la mítica historieta Chapeau El "Esmirriau" (1971)?

Diego Cara, en su libro El tebeo español y sus autores II nos da una posible solución. Según este investigador, en su publicación original aparecería la preposición "contra" en ese hueco rojo, de manera que el título inicial ideado por Ibáñez para esta aventura sería: Mortadelo y Filemón contra Chapeau El "Esmirriau".

La siguiente aventura larga de nuestros agentes parece corroborar lo dicho, pues sigue el mismo esquema: idéntica tipografía para el nombre de los protagonistas, recuadro con la preposición y título de la historia.




Desconocemos el motivo por el cual los editores decidieron acortar el título de la historieta de la que hablamos, aunque lo más probable es que fuera por hacerlo más corto y comercial.

En todo caso, resulta interesante saber, a modo de curiosidad, que Ibáñez la concibió con el título original de: Mortadelo y Filemón contra Chapeau El "Esmirriau".
En fin, peor se lo hicieron con En la Olimpiada.

domingo, 26 de julio de 2009

HOTEL DORADO (O 13, RUE DEL PERCEBE REVISADO)



En 2009 la editorial Saymon ha publicado la novela de Alberto Gimeno Hotel Dorado, una revisión de la mítica serie de Ibáñez 13, Rue del Percebe. Así, el ya clásico edificio de las historietas sirve de leiv motiv para la obra de Gimeno, que lo describe así:


"La casa se erguía como una alta serpiente de luces que se iban apagando. Eran tres plantas, seis claraboyas, doce ventanas y una buhardilla reducida a la gatera sobre la azotea repleta de cuerdas para la ropa que, a esas horas de la noche, ya había sido retirada. [...] El portal estaba cerrado. Sin luz. La planta baja ya extendía la persiana metálica encadenada al suelo. El número trece marcaba el rótulo de ambas piezas, pero la calle nacía y moría con ellas."


La acción comienza cuando el norteamericano Walter Rodrigo llega a Barcelona y, debido a una confusión, es catalogado como un revolucionario contrario al régimen de Franco. Mientras pasa la marea, el personaje se hospeda en el número 13 de la calle del Percebe, donde sufre un accidente al subir a un ascensor más que dudoso que todos conocemos.


Convaleciente, es recogido por Doña Rita, una sufrida madre de tres chiquillos idénticos que son la piel del mismo diablo. Gimeno le otorga a este personaje una mayor dimensión que la que tiene en las historietas de Ibáñez, presentándola como una mujer ridícula, abandonada por su marido, y madre también de una atractiva jovencita, Dora, que tiene verdaderos problemas para encontrar novio, dadas las perrerías de sus tres hermanos. El personaje de Dorita se erige como uno de los ejes de la novela, a pesar de que en la serie de Ibáñez acabara desapareciendo relativamente pronto.


El veterinario aparece con el nombre de Amor Nepote y hace también las funciones de médico. Gimeno destaca su aspecto de morsa y hace que este hombre, que llegó a trabajar en un zoológico, padezca algún que otro mal de amores. Especialmente destacable es la caracterización de su consulta, heredera de las viñetas de Ibáñez.

En el ático vive un moroso recalcitrante que llega a colocar cepos ante los numerosos acreedores que lo persiguen. El autor de la novela lo caracteriza como un bohemio aficionado a la pintura (incluye el caballete que lo acompañó en las historietas), pero le cambia el nombre, pues de Manolo (referencia a Vázquez) pasa a llamarse Matías.


Tal vez por afinidades en sus actividades, Matías se relaciona con Raffles, apodo de Hortensio Malvarrosa, ladrón de poca monta y de escaso peso en la novela. Su esposa es bautizada como Penélope (¿quizás porque, como la de Ulises, vive encerrada en casa esperando los poco épicos regresos de su marido?).

Mayor trascendencia tiene en la obra la dueña de la pensión de realquilados, que en lugar de Doña Leonor se llama María de la Fuensanta Gil Panadero, y es de origen murciano. El autor se recrea en este personaje, imbuido en su vestido de lunares, al que da un carácter ligeramente más amable que en los cómics. Eso sí, la señora sigue siendo implacable con los realquilados que mantiene hacinados en tan corto espacio. Serán las escenas de la pensión, precisamente, las más simpáticas del libro. Gimeno, consciente de las limitaciones de los personajes de la serie original, crea una serie de realquilados a los que da personalidad propia, enriqueciendo así el elenco original.


La ancianita de los animales resulta llamarse doña Piedad, beata algo histérica e hipocondríaca que, por cuestiones genéticas, atrae a todo tipo de animales, no siempre con castas y honestas intenciones. Una gran relevancia tiene el sastre, Pau Pi, hombre atormentado por su pasado y tan poco eficaz como en las viñetas de Ibáñez.


De soslayo aparece don Rufino, el mercachifle de la tienda de comestibles y delator de "enemigos del Régimen". Sorprendentemente, este personaje resulta ser hermano de don Hurón, que aparece en el último tramo de la novela y que hace las veces de represaliado político (un rol interesante, que explicaría por qué ese personaje ibañezco pasó media dictadura viviendo en una alcantarilla). A modo de anécdota, doña Fuensanta nombra a un tal Rompetechos, que utiliza una lupa exagerada para localizar su comida en el plato de la pensión. No sabemos si lo de "Rompetechos" es un insulto de la patrona aludiendo a la mala vista de su inquilino, que sarcásticamente dice no encontrar la comida en el plato o si se trata del genuino cegato que todos conocemos, que tan frecuentemente visitaba la 13, rue del Percebe.




Alberto Gimeno juega y desarrolla las personalidades apenas esbozadas por Ibáñez a lo largo de tantos años de historieta. Así define a los inquilinos del inmueble:

" Como todos los moradores de aquel edificio , enfermos contagiosos de sueños truncados, de futuros despojos, seres que habían pagado todas las cuotas de la humillación y el fracaso, revoloteando- como las moscas sobre la sangre del tendero- en torno a la locura. Ese laberinto sin salida por el que todavía los perseguía un ruinoso afán de vivir".



Al final de la obra se nos dice el nombre del arquitecto del edificio, un tal Francisco Ibáñez, al que


"...un nuevo concepto de vivienda le sugerían sus casas sin intimidad, sin espacio delimitador, granos de uva del mismo racimo. Quería levantar el edificio prototípico de aquel hacine, cuyas viviendas se orientasen al exterior de tal modo que dieran la impresión de no estar cerradas a los ojos de la gente. Superpuestas como las viñetas de un tebeo. La arquitectura en viñetas, ese iba a ser el título de su tesis doctoral".




Completa el guiño la fecha en que se le consiguió la cédula de habitabilidad: 6 de marzo de 1961, misma fecha en la que se publicó la primera página de la popular serie de Ibáñez.




Desde el punto de vista literario, la novela presenta algunas ventajas, como el cuidado estilo, no pocos aciertos en su expresión, así como el sentido homenaje a la historieta que todos conocemos. No obstante, la trama de Hotel Dorado peca de difusa e inverosímil. Con unos personajes (sobre todo el principal) que van dando tumbos por el edificio sin un rumbo bien definido. A esto hay que sumarle algunos defectos inherentes a la narrativa española de nuestros días, como la vuelta constante a los tópicos de la posguerra española y los años del franquismo.



No obstante, se le perdonan estas pequeñas concesiones, por el cariño y respeto que el autor ha demostrado hacia la obra de Ibáñez, así como por lo insólito de su homenaje, que demuestra una vez más que 13, Rue del Percebe se está consolidando como una de las series de Ibáñez con más repercusión mediática, inspiradora de películas, series de televisión e incluso obras literarias.


Les dejamos con el breve epílogo del autor, que dice así:

"El autor quiere dejar patente su gratitud a Francisco Ibáñez, cuyas inolvidables viñetas de 13, Rue del Percebe inspiraron las preguntas infantiles que han precisado de esta novela para ser respondidas".
























domingo, 19 de julio de 2009

CHICHA, TATO Y CLODOVEO: EL NEGOCIETE (1987)



El negociete (1987) es la tercera aventura larga de Chicha, Tato y Clodoveo, la apuesta de Ibáñez para la revista Guai! Aunque muchos consideran este álbum dentro del grupo de los más acertados que realizó Ibáñez con estos personajes, lo cierto es que en él empezamos a notar los primeros síntomas de temprana decadencia de la serie. Mientras que Una vida perruna (no tan parecido a Misión de perros como algunos postulan) y Pero…¿quiénes son esos tipos? aportan algo a la serie, en la medida en que constituyen la presentación y antecedentes de los personajes, El negociete supone ya la pérdida total del argumento y,especialmente, el inicio de una época en la que las historietas del trío de parados van a consistir en un “recorta y pega” de obras anteriores del autor.

La misma portada de la edición en tapa dura del álbum presenta un guardia urbano que será un remedo del dibujado por Ibáñez para la portada de El balón catastrófico (1982). Este dato resulta sintomático y simbólico de lo que después será la historieta. La historia comienza con tres chistes iniciales relativos a los empleos anteriores de los personajes. Mientras que el de Tato es un chiste-tipo, la imagen de Chicha haciéndole las uñas a un elefante la encontramos ya en una historieta corta de Mortadelo y Filemón de finales de los sesenta a la que, agrupada con otras, se le ha dado el título de “Situaciones complicadas”. El chiste de Clodoveo “haciendo un crucero” se encuentra ya en la portada del número 245 de la revista Mortadelo.

Nuestros protagonistas, ante el desengaño de lo que ofrece la oficina de empleo, proponen montar un “negociete” para realizar chapuzas varias, cuya sede, dada la escasez de capital de los tres inversores será un cuchitril mal techado en plena calle. El hecho de que los protagonistas sean tres parados permite a Ibáñez una ubicuidad similar a los “camuflajes” de sus agentes de la TIA: pueden desempeñar todo tipo de empleos en distintos contextos, favoreciendo así la sucesión de gags.













Sin embargo, en este álbum el “parentesco” de los personajes hay que buscarlo más con Pepe Gotera y Otilio, ya que los nuevos protagonistas asumirán sus “chapuzas a domicilio” e incluso algunos de sus gags recurrentes: las descaradas respuestas a los clientes, el hecho de que uno trabaje mientras otro se vaya al bar, etc. Además, en este primer episodio de cuatro páginas, Chicha se queda al margen atendiendo a las llamadas, de manera que el trío pasa a ser dúo cómico, un formato mucho más fácil de manejar para el autor. En este tramo de historieta, nuestros protagonistas se encargan de “arreglar” un aire acondicionado, dejando el episodio abierto para el capítulo siguiente.

La entradilla del segundo episodio, de seis páginas, hace referencia a las deudas en el bar de Joro del trío, aunque la coherencia del álbum es tan escasa que este prólogo solo se mantendrá en los capítulos 3 y 4 del álbum. Una sucesión de gags completan este capítulo, cuya idea inicial se encuentra en la historieta corta de Pepe Gotera y Otilio publicada en el Tío Vivo. Extra de Verano de 1971, de donde se copia también literalmente el gag de la silla calentada por el soplete. Del mismo modo, el colofón, con el aire acondicionado echando un chorro de fuego parte también de una historieta de finales de los sesenta que se ha rebautizado con el título de “Aire acondicionado”, también de los entrañables chapuzas de Ibáñez. Como curiosidad, en este episodio aparece un Mortadelo en un cuadro que, por una parte, confirma que Ibáñez no es el autor de los dibujos de este álbum y, por otra, supone un cierto desafío, pues hay que recordar que en esta época el autor no era aún el dueño legal de sus creaciones. El gag que se deriva de la contemplación del cuadro lo encontramos previamente en la historieta de Pepe Gotera y Otilio publicada en el número 345 de Tío Vivo, allá por 1967.












Si en el episodio anterior los guiños a obras precedentes eran anécdotas aisladas, el capítulo tercero, en el que Chicha, Tato y Clodoveo ejercen de jardineros, contiene gags, si no calcados, directamente inspirados en las andanzas de Pepe Gotera y Otilio. Así, el que consiste en cavar un agujero justo delante de la puerta lo encontramos ya en el Tío Vivo 333 (1967), mientras que el chiste de ponerse “de puntillas” y el de quitar la caja inferior sobre la que se sostenía Clodoveo para llegar más alto los tenemos en otra historieta corta de los chapuzas a domicilio de principios de los 70. Por su parte, el hecho de cortar el césped con cuchillas de afeitar y la cortadora que se va sola desmelenando a quien pille por delante, provienen de la historieta corta “La cortadora de césped”, también de Gotera y Otilio. De los mismos personajes es la historieta corta de los 70 en la que Otilio, sin querer, neutraliza a un león peligroso. Dicha historieta, que se puede encontrar hoy en día en el Super Humor 29, especial 40 aniversario de Mortadelo y Filemón, dio seguramente pie a la masacre final que le hacen a la pobre dueña del jardín en la historieta del trío del que hablamos (incluido el hecho de quedar “atada” a un árbol y arder junto con unos matorrales).







En el cuarto episodio, los dueños del negociete van a instalar un trampolín, para lo cual transportan un tablón en coche causando estragos en la ciudad, como ya hicieran Mortadelo y Filemón con un tronco en la historieta corta de los 60 “La banda del Rata”. Una serie de gags inocuos rellenan este episodio, claramente basado en otra historieta de Pepe Gotera y Otilio de principios de los 70 en la que realizan un trabajo similar. Especialmente idénticos son el gag del trampolín que se cimbrea demasiado y de la roca que hay debajo de él. Para ir más acorde con los tiempos, el episodio culminará con el cliente aterrizando desnudo en una barca pilotada por castas señoras ancianas.





En el quinto capítulo observamos un nivel de dibujo ligeramente mejor que en los anteriores, aunque no por ello debemos pensar que se trata de obra de Ibáñez. Las discusiones con Joro que servían de entradilla se sustituyen ahora por un altercado callejero entre Chicha y una señora mientras la primera ejercía de secretaria (¿machismo de Ibáñez por poner como secretaria a la única mujer del grupo?). En este apartado nuestros expertos tienen que arreglar una barca, con un desarrollo nada original ya que las páginas 24 y la 27 están prácticamete calcadas de historietas de los 70 de Pepe Gotera y Otilio de la que sacan, no solo la idea de los gags, sino encuadres, desarrollo, etc., con algunas viñetas que parecen idénticas.






























Más original, hasta que se demuestre lo contrario, es el siguiente capítulo (más extenso, de ocho páginas), en el que los personajes tienen que darle una puesta a punto a una avioneta. El conjunto de este tramo es, en general, más divertido, sobre todo por los comentarios de los personajes secundarios. La originalidad de este apartado no quita que encontremos algunos gags que nos recuerden a las historietas más clásicas de Mortadelo y Filemón, relacionados en este caso con el avisador de llamadas y con la precariedad de los medios de transporte.

El siguiente tramo consiste en el arreglo de una apisonadora, volviendo a la base de Pepe Gotera y Otilio, tanto en ideas, viñetas como en diálogos que suponen un calco casi literal. El agujero en el techo, el reloj destrozado, los golpes en la cara con la apisonadora e incluso algún diálogo de los secundarios han sido extraídos sin contemplaciones de las historietas de los chapuzas. Por último, el episodio final, de cuatro páginas, culmina con insulsos chistes en torno a una moto sin frenos que acaba agrediendo a la policía en repetidas ocasiones, con lo que Tato y Clodoveo terminan en la cárcel, dando así por finalizado el negociete de los protagonistas.







Insistimos en que, aunque este álbum esté en general bien valorado, lo cierto es que supone una temprana pérdida de la esencia de los nuevos personajes de Ibáñez. Así, Clodoveo se transforma aquí menos que en las historietas anteriores y solo en alguna ocasión parece que el autor se ha acordado de esta cualidad de su personaje, intentando explotarla en varias páginas seguidas. Del mismo modo, Tato parece estar mucho mejor de la vista, pues solo en ocasiones puntuales cae en las confusiones visuales que lo caracterizaban anteriormente. Por su parte, Chicha empieza aquí a perder protagonismo, así como algunos rasgos como su afán desmedido por “la marcha” (más atenuado ahora) y los imprevisibles objetos que podían ir apareciendo de su bolso. En cuanto a Salmoneto, ni siquiera aparece, a no ser que sea él el gato que aparece en la página quinta del álbum.

Desde el punto de vista gráfico, la factura es buena, y el coloreado por acuarela (será la última historieta con esta característica) contribuye al resultado final positivo. Sin embargo, el estilo no parece ser totalmente de Ibáñez. Es más, diríase que hay dos manos (ninguna la del maestro) que se alternan en el dibujo de personajes. Aunque muy hábiles a ratos, el calco literal de viñetas anteriores, ciertas expresiones, la simplicidad de algunos personajes, el “Mortadelo” colgado en la pared, etc., nos dicen que Ibáñez no dibujó esta historieta. Solo ofrece duda la segunda mitad de la plancha segunda, en la que además de un título bastante atractivo de diseño, hay una secuencia en la que se suceden las transformaciones de Clodoveo, tal vez lo más atractivo gráficamente de la historia. No es descartable que Ibáñez mismo realizara esa parte importante del álbum.

En cuanto al guion, parece poco propio de Ibáñez ir rastreando literalmente en su obra anterior para buscar situaciones exactas, al menos de una forma tan burda y mecánica. Parece más un trabajo de equipo en el que se han ido “recortando y pegando” escenas que pueden rellenar los distintos episodios. Sí es probable que la idea general, muy básica, por cierto, sea de Ibáñez, pero el desarrollo parece más una labor de su grupo de ayudantes. Hay, no obstante, un esfuerzo desigual para que el producto parezca obra del autor catalán, con sus referencias a la política del momento (Santiago Carrillo) o a tópicos recurrentes como la avanzada edad de Raf (aludida en dos ocasiones).

Lamentablemente, este álbum, aunque pueda resultar entretenido, supone una involución en la historia de Chicha, Tato y Clodoveo, que pasan a convertirse en unos Pepe Gotera y Otilio con defectos ocasionales de vista (Rompetechos) y capacidad de transformación (Mortadelo) y, lo que es peor, con gags literalmente sacados de su obra anterior. Una lástima que Ibáñez no aprovechara la nueva etapa de su carrera para hacer algo nuevo y volviera sobre sus pasos para mirar otra vez hacia su propio universo, ya algo desgastado en ciertos aspectos.