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jueves, 19 de diciembre de 2013

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2014!

Como cada año, Corra, jefe, corra quiere desear una feliz Navidad y próspero año nuevo a sus lectores. Como son muchas las navidades que llevamos pasando juntos, cada vez resulta más difícil encontrar ilustraciones, portadas, viñetas, historietas...relacionadas con el tema navideño sin repetirnos.

En esta ocasión, nuestra aportación viene de la mano de Juan Manuel Muñoz. El dibujante ha mostrado recientemente una peculiar felicitación de manos de los dos personajes más catastróficos de la TIA: Mortadelo y Filemón. Con su autorización, queremos compartirla con vosotros, y con ella os enviamos nuestros mejores deseos para estas fechas tan señaladas.Sirva también la calidad del dibujo para disipar cualquier duda acerca de quién es el mejor candidato para tomar los lápices cuando Ibáñez decida dejarlo.


Les animamos a alzar su copa con Mortadelo y Filemón para brindar por todo lo bueno que nos ha de traer 2014, que esperemos que sea mucho. Desde Corra, jefe, corra, solo pedimos estar, por lo menos, un año más en su compañía.

Nosotros volveremos en enero cargados de nuevos temas, algunos de los cuales ya están preparados.
¡ Sinceramente les deseamos FELIZ NAVIDAD a todos y PRÓSPERO 2014!

domingo, 23 de junio de 2013

LOS SOBRINETES (1988)



           Los sobrinetes es una historia anómala dentro de la biografía de Mortadelo y Filemón, ya que en esta ocasión la misión les afecta en lo personal: un enemigo de la TIA, Anselmo el “Cefalópodo”, ha secuestrado a los sobrinos de la pareja de agentes y amenaza con liquidarlos si la TIA no destruye las pruebas que tiene contra él. En realidad, la aventura es una excusa para mostrar las travesuras de unos “Zipi y Zape a la Ibáñez”.

            No son estos los primeros “niños terribles” de Ibáñez, ya que encontramos precedentes entre los infantes de los Trapisonda y, especialmente, en los hijos del ama de casa de 13, Rue del Percebe. El efecto humorístico que persigue Ibáñez en todos estos casos radica en el contraste entre la presupuesta inocencia y bondad intrínsecas en los niños y el carácter gamberro y diabólico de los mismos. En la historia de nuestra historieta hay que destacar que fue Manuel Vázquez uno de los autores que llevaron estas constantes a su máxima expresión con el inmortal Angelito ( Tío Vivo, 1964). El hecho de que los protagonistas se vean acompañados de unos sobrinitos con gran parecido a ellos mismos, cuyos padres no aparecen, recuerda a los cartoons clásicos, concretamente a los de la factoría Disney.

            En cuanto a la parte gráfica de la historia, Juan Manuel Muñoz ha afirmado en este mismo blog que las primeras doce páginas son obra de Ibáñez, mientras que el resto corrió a su cargo. Lo cierto es que si no fuera por esta apreciación de Muñoz, no hubiéramos asegurado que los dos primeros capítulos fueran obra de Francisco Ibáñez. De todas formas, Juan Manuel ya nos advierte del deficiente entintado, que recayó en manos ajenas y que  resta presencia al conjunto de la obra.

            La premisa inicial del álbum nos recuerda a la presentación en el mundo mortadelero de Tete Cohete, cuyo álbum homónimo data de 1981. En este primer caso, Mortadelo lleva a su vecino a las instalaciones de la TIA, mientras que ahora los dos agentes son acompañados de sus sobrinos (como si fuera lógico llevar a los niños de la familia a visitar una organización secreta). Sin embargo, frente a la falta de argumento de Tete Cohete, Los sobrinetes presenta una historia ligeramente más sólida: los niños no se limitan a deambular por la TIA, sino que son secuestrados por un criminal que chantajea a la organización. Del mismo modo, mientras que Mortadelo y Filemón mantienen su protagonismo en la historia de inicios de los ochenta, aquí son los sobrinos, junto a Anselmo el “Cefalópodo”, los que llevan el peso de la historieta.



            El primer capítulo de seis páginas presenta la típica introducción histórica, con referencias a personajes históricos como Calígula, Nerón, Billy “el Niño”, los siete niños de Écija o un jovencito Albertito Einstein. Se trata de un capítulo de presentación en el que los niños se dedican a hacer gamberradas por la TIA, con un gag como el de la brocha sacado de Los gamberros (1978), con poco más que destacar. El segundo episodio supone una continuación con el anterior, con la salvedad de que entra en acción el malo de la historia, un tipo que recuerda (incluso en el coloreado) al villano de La Tergiversicina (1991). El “Cefalópodo” secuestrará a los sobrinos de Mortadelo y Filemón y no tardará en convertirse en su triste víctima.

            En el tercer episodio, ya con el relevo de Muñoz a los lápices, sienta las bases de lo que será el resto del álbum. La entradilla de cada historia vendrá marcada por el modo en que Filemón se ve perjudicado por los disfraces de Mortadelo, al malinterpretarlos. Esto nos recuerda a álbumes como  A la caza del cuadro (1971), Misión de perros (1976), Los que volvieron de allá (1987) o los futuros Maaaastrich…¡Jesús! (1992) y El disfraz, cosa falaz (1995). Por algún motivo, el villano de turno la ha tomado especialmente con el sobrino de Filemón, al que amenaza con mutilar, ante la insensibilidad de Mortadelo, otra constante que se repetirá en cada capítulo. Destaca el hecho de que en ningún momento se hable de los padres de los niños, ya que serán los tíos los que se encarguen de la investigación. El resto del capítulo transcurre en una granja, donde los verdaderos protagonistas del álbum, los niños y el malhechor, protagonizan algún momento destacable, como el running gag de los dedos del “Cefalópodo”. Son de plena actualidad las críticas a los políticos (relativas al olor del Congreso y a los nombramientos a dedo). Otras historias de Mortadelo y Filemón que han tenido momentos ambientados en granjas son A la caza del cuadro,  Los diamantes de la gran duquesa (1972), Los gamberros y el futuro ¡Espías! (2012), entre otros. Cabe señalar que la portada del álbum estará basada en este episodio.



            El cuarto capítulo comienza con un disfraz poco logrado de Mortadelo y un chiste forzado: el del bestiosaurio. Aquí los agentes vuelven a recuperar el protagonismo, en un episodio que transcurre en las alcantarillas, como vimos también en Los diamantes de la gran duquesa y en el futuro El atasco de influencias (1990). El quinto capítulo empieza con el rebuscado gag del disfraz de romana (nos preguntamos cuántos niños conocen la polisemia del término) y lleva a nuestros hombres a Nueva Celedonia, repartiendo el protagonismos entre agentes y sobrinos de forma equitativa, tres páginas para cada uno. Hay que destacar el poco ímpetu que Mortadelo y Filemón ponen en esta investigación, aun tratándose de sus sobrinos, pues tampoco se matan por encontrar a sus sobrinos, de manera que la llegada de los agentes coincide siempre con el momento en que el villano abandona el lugar con sus rehenes. A observar el gag surrealista de las olas que golpean de forma extraña.

            Prueba de la poca inquietud que suscita este caso en los protagonistas es el hecho de que el tío de una de las víctimas, Mortadelo, pase el día disfrazándose, algo para lo que el capítulo sexto no será una excepción. El reparto de intervención será aquí menos equitativo, dos páginas para Mortadelo y Filemón y cuatro para el malo y los niños, que desarrolla sus gags en un barco, escenario habitual de otras aventuras como A la caza del cuadro, Los secuestradotes (1976), El plano de Ali-Gusa-No (1974), Contrabando (1978), Los gamberros, El bacilón (1984) La estatua de la libertad (1984), La Gomeztroika (1989), La ruta del yerbajo (1993), El trastomóvil, Llegó el euro (2001)…así como en las historietas cortas de la pareja El carguero Chatárrez (Super Mortadelo, nº 13), Rumbo a la isla (Mortadelo Extra Primavera, 1973) y Misión en el Queen Cascajo (Mortadelo Extra de Verano, 1974), al igual que en el álbum A Seúl en un baúl (1987), de Chicha, Tato y Clodoveo.
 
            El último episodio, de ocho páginas, muestra nuevamente la fijación del “Cefalópodo” por Filemoncete, al que pretende liquidar definitivamente. En esta ocasión tiene a los niños ocultos el la Cueva del Ojo Negro, cuyo nombre da pie al surrealista gag del parpadeo. En este capítulo se observa una evolución de los personajes infantiles, que lejos de ser los gamberros de antaño, son totalmente inocentes, incluso algo tontainas, lo que en Ibáñez se síntoma de peligro público. Y eso serán precisamente para Anselmo el “Cefalópodo”, al que acabarán derrotando bajo el peso de una roca en una misión, en la que, no lo olvidemos, Mortadelo y Filemón no han hecho nada.  Desgraciadamente, al final los infantes se cargarán las pruebas contra su raptor (¿un subconsciente síndrome de Estocolmo?) y acabarán siendo perseguidos por el Súper, mientras ellos aluden al conflicto generacional con comentarios que supuestamente reproducían el lenguaje de los jóvenes de la época, algo que ya vimos en Tete Cohete.

             Concluye así un álbum en general poco valorado por los lectores, que lo consideran una muestra de la “época negra” de Ibáñez, aunque nuestro autor sí intervino en el guion y en el lápiz de las doce primeras páginas. El resto, a cargo de Muñoz, deja ver cómo el ayudante de Ibáñez se defiende notablemente en solitario, si bien es cierto que las tintas en manos ajenas deslucen el resultado final, al igual que la pésima rotulación de los diálogos, con una letra que no está a la altura del nivel gráfico de la serie. A pesar de todo, se trata de un álbum entretenido y en cierta forma, algo original, ya que el protagonismo no recae en los agentes, que apenas aparecen casi testimonialmente en algunos capítulos.

domingo, 16 de diciembre de 2012

EL ANSIA DE PODER (1989)

Tan solo seis años después de El ascenso , una de las historias más recordadas por los fans, Mortadelo y Filemón vuelven a lidiar con la ambición propia y ajena en El ansia de poder, que junto con la historieta anteriormente mencionada y con Hay un traidor en la TIA (1983) constituye la trilogía de historietas en que los agentes de la organización pugnan entre sí, bajo el signo de  la competencia o la desconfianza. Estaríamos ante una de las que hemos llamado "historietas sin misión", ya que el Super-intendente no asigna ningún cometido a Mortadelo y Filemón a lo largo de las 44 páginas del álbum. De hecho, nuestros agentes deambulan haciendo trabajos menores por los pasillos de la TIA, sin ningún objetivo concreto salvo la ambición personal de medrar. Es por ello que apenas salimos de la organización, conformando así una "historieta de interiores", de las que tanto abundan en esta época.

Centrándonos en el contexto, estamos dentro de lo que se ha dado en llamar "etapa negra", época que va de 1987 a 1990 y que se caracteriza por la desigual participación de Ibáñez en su propia obra. El ansia de poder, de hecho, ha sido dibujado íntegramente por Juan Manuel Muñoz, si bien es cierto que las tintas corrieron a cargo de manos menos expertas. La firma de Ibáñez es la característica firma-tampón con la que se adornan varias de las historietas de este periodo.

El trabajo de Muñoz, como siempre eficaz, llevó a que durante muchos años la aventura fuera considerada, incluso por los fans más avezados, como un "Ibáñez auténtico". Solo rasgos apenas perceptibles para el ojo experto relativos a la composición de alguna viñeta o al hieratismo de alguna figura, delatan que no estamos ante una obra de Ibáñez. También se nota en algunos de los disfraces, campo en el que los distintos dibujantes que han intentado imitar al maestro no logran destacar como él. Algunos ejemplos los tenemos en los disfraces de ciempiés (pág. 4), lata, (pág. 8), morcilla (pág. 11) o guitarra (pág. 12). No obstante, Muñoz, discípulo aventajado del maestro, logra algunas caracterizaciones muy conseguidas, como la del Mortadelo-demonio, en la página 9.

Como corresponde a muchas aventuras de esta época, El ansia de poder se compone de seis capítulos de seis páginas y uno de ocho, serializados en los números comprendidos entre el 119 y el 125 de la revista Mortadelo en Ediciones B. El primer episodio comienza con un breve prólogo que es una declaración de intenciones con respecto a lo que será el álbum: una disección del ansia de poder del ser humano, de su ambición insana por llegar a la cúspide pisando a quien haga falta. La visión del guionista Ibáñez no está exenta de crítica, cuando presenta los medios agresivos gracias a los cuales se ha intentado medrar a lo largo de la historia, no sin antes señalar que el cerebro humano ha sido el menos utilizado.



La historia comienza con Mortadelo vestido con un disfraz inusual, el de Goliath, que no será el único disfraz bíblico que encontremos en el álbum. Al principio del capítulo sexto, se disfrazará de profeta, con un físico que recuerda al futuro álbum El profeta Jeremías, cuyos dibujos también corresponden parcialmente al lápiz de Muñoz. En este episodio vemos a un Filemón especialmente responsable, que llama a su subordinado para pedir un expediente al agente Venancio, al que ambos (cosas veredes) critican por vago. Este es quien les informa de que el director general va a jubilarse y está buscando sucesor. Mortadelo y Filemón no se lo piensan: el puesto debe ser suyo, aunque parece que no les mueve otra motivación que la de jorobarse mutuamente. En las páginas siguientes, sus intentos de peloteo hacen quedar mal al Súper, con simpáticos equívocos que parece que dan ya por muerto al director. En estas páginas vemos de nuevo la sorprendente faceta resposable de Mortadelo, que pretende arreglar la alcantarilla general de la TIA, y la detallista de Filemón, que le lleva un ramo de flores a Ofelia por su cumpleaños. 

En cuanto al diseño del director general,que aparece por primera vez en este capítulo, no se corresponde con los arquetipos que normalmente suele dibujar Ibáñez: el señor de las cejas y bigote poblado o el de las gafas redondas. Esta vez se trata de un personaje creado ex profeso, quizás porque se sabía que no volvería a ser utilizado: en él se destaca su aspecto avejentado y achacoso, para justificar su pronta jubilación. La TIA ya tuvo otro director bastante anciano en Concurso-Oposición (1975).

En el segundo capítulo, los agentes tratan  que el Súper quede mal delante del director general. En lugar de intentar acumular méritos propios, la naturaleza ruin de Mortadelo y Filemón los lleva a echar por tierra a los demás. Por otra parte, hay que decir que los medios por los que intentan promocionar en El ansia de poder son bastante menos meritorios que los de El ascenso. En la historieta antigua, los agentes basaban su progreso en puntos que iban acumulando de misiones resueltas. Ahora se basan en el mero pelotilleo al superior, que es igualmente responsable de esta actitud de sus hombres, ya que basa sus criterios de aprobación en detalles superficiales y nada profesionales. Lo hilarante de este capítulo es que los intentos de dejar mal al Súper se vuelven contra Filemón, y solo al final el Super-intendente se verá desprestigiado ante el director general.

El capítulo tres comienza con un disfraz original de Mortadelo: el de cinco pesetas de vellón. En esta ocasión es Ofelia la que intentará prosperar, influida por las mujeres de las revistas que lee. El machismo de este fragmento no se limita al director general,que queda prendado de la bella Irma a pesar de que es Ofelia la que lleva la voz cantante; la misma Ofelia también recurre a tópicos machistas, ya que pretende prosperar mediante sus dotes culinarias y su actitud servil ante el varón. Este capítulo tiene como subtrama el dolor de pies de Filemón, que volverá a meter la pata ante el director al final del episodio, aunque Ofelia ya habrá quedado totalmente desprestigiada ante él. El fragmento contiene una subida de tono que prefiguraba los álbumes más modernos: el director, con una viga de hierro le dice a Ofelia en la página 17 que él sí que le va a dar "una cosa ferruginosa", a lo que ella responde calificándolo de atrevido, por decirle eso a una chica soltera. En este caso, la alusión sexual es clara para el público adulto, aunque pase inadvertida para el infantil.


En el cuarto capítulo, descubrimos de nuevo la ambición de Bacterio, que ya mostró en El ascenso. Eso sí, el científico pretende prosperar por méritos propios, mostrando sus inventos al director. El esquema del episodio será el siguiente: Mortadelo y Filemón se los birlarán al científico para presentarlos como propios al director, con el subsiguiente desastre. Resulta paradójico que, dada la desconfianza que las invenciones de Bacterio han suscitado siempre a nuestros hombres, ellos le enseñen a su superior los inventos sin haberlos probado antes. Una estupidez tan grande como la del propio Bacterio, que a lo largo de todo el capítulo no ha caído en la cuenta de que le birlaban los inventos...justo después de hablar con Mortadelo y FIlemón. En el episodio destacan la imagen del mosquito gigante,que remite a El sulfato atómico (1969), la mención explícita de una marca comercial, como es el Cola-Cao y el fallo del colorista que deja en blanco una lámina que, según se especifica en los diálogos, debía de haber sido roja.

El quinto episodio cede el protagonismo a Gilifláutez, personaje pequeño y apocado que, sin ser fijo en la serie, resulta un remedo de Migájez, el celebrado secundario de El ascenso. El hecho de reutilizar el arquetipo demuestra la conveniencia de que Ibáñez hubiera dejado como personaje fijo a Migájez, un agente al que todo le sale bien, en la línea del Feliciano de Vázquez, y que hubiera sido un buen contraste con el resto del personal de la TIA. En este tramo encontramos algunos de los gags más ingeniosos del álbum, como el de la daga malaya, el whisky y el cristal de bohemia, el del cuadro de Picotazo...Lo hilarante es que aquí todos los intentos de dejar mal a Gilifláutez redundan en su beneficio. De hecho, el capítulo acaba con unos Mortadelo y Filemón desesperados y un director encantado con Gilifláutez, por lo que no sabemos por qué no le da el puesto a él directamente.

El sexto episodio nos muestra a Mortadelo y Filemón como un equipo, ya que van juntos a hacerse los simpáticos ante el director. Su principal competidora en esta ocasión será la señorita Irma, que aquí ya no parece la mujer decidida que conocimos como encargada de la sección de terrorismo en Terroristas (1987), sino que es mucho más cursi en su forma de hablar, se asusta de las armas y no sabe reconocer ni siquiera una granada. Poco queda ya de esta antigua experta en terrorismo, ahora rebajada a mera secretaria. Algunos gags presentan gran ingenio, como el del agujero del cinturón o la forma en que descubren al traidor Cabrítez. Lo que en realidad es temeridad, como escribir con un cartucho de goma 2 en la máquina, es valorado como valentía por el director, que por otra parte se decepciona cuando Irma se asusta de una araña. Esto confirma el carácter voluble y el criterio poco riguroso del director general, que incluso piensa en llamar de nuevo a Mortadelo y Filemón (él también los considera un equipo), aunque ya tiene motivos de sobra como para descartarlos como sucesores.



El séptimo episodio, de ocho páginas, es un "todos-contra-todos" en el que destacan algunos gags divertidos como el de la trampa de ratones, el del hueso en el suelo del despacho, etc. No obstante, desde el punto de vista del guion encontramos algunas anomalías, como en la última viñeta de la página 40, en la que Ofelia le pregunta al director qué le ha parecido su regalo. Lo esperable es una reacción (burra,todo sea dicho) por parte del "dire", pero al volver la página encontramos que hemos cambiado de escena y que nos quedamos sin la viñeta que todos esperamos de Ofelia siendo agredida por el director. 

Finalmente, encontramos un gag reutilizado de Misión de perros (1976), cuando Mortadelo consigue atrapar a un can disfrazado de hueso gigante, algo que ya hizo el Anacleto de Vázquez a principios de los setenta. El clímax humorístico del episodio llega con la hilarante escena en que el Súper, Bacterio, Ofelia e Irma van a llevar cada uno un regalo al director. Acto seguido, Mortadelo realiza el cambiazo y se crea un gran efecto cómico, pues ha sustituido los presentes por un bulldog, lo cual hace que las palabras de los lisonjeros resulten paradójicas y llenas de comicidad. Puestos todos ellos fuera de combate, Mortadelo y Filemón creen que son los únicos candidatos, por lo que nos preguntamos: ¿qué pasa con el resto de la organización, incluido el mismo Gilifláutez?

Sin embargo, el director general parece pensar igual que ellos, pues desvela el misterio de su sucesión solo a los protagonistas del álbum. Finalmente, el elegido es Popeye, cuyas apariciones en la serie ya fueron reseñadas por Mortadelón en su blog. Esto desata el furor de los miembros de la TIA contra Mortadelo y Filemón, que acaban perseguidos por todos ellos. ¿Por qué un personaje como el director general, que llega a ser co-protagonista de esta historia no vuelve a aparecer en la serie? Fácil, señores, porque se ha jubilado.

El ansia de poder presenta un guion adecuado y superior a la media de los de la etapa negra, aunque no haya sido así reconocido aún por la mayoría de los seguidores de la serie. Existen algunos fallos ortográficos, como "almohadón" sin "h" en la viñeta 9 de la página 31 o "habían" como verbo principal en la viñeta 3 de la página 44. El guion, aunque es de Ibáñez, seguramente fue transcrito por Ana María Palé, lo cual puede explicar algunas expresiones impropias del autor, como "idiótilo" o "locatis", esta última mucho más propia de Martz-Schmidtz.

En conclusión, podemos decir que estamos ante un álbum bastante simpático, que entre risa y risa nos muestra la amarga naturaleza del espíritu humano. Quienes hayan tenido alguna experiencia laboral en este sentido, podrá haber comprobado que el ansia de poder desata lo peor, las miserias del alma humana. Ibáñez, siempre certero, disecciona a la perfección esta mezquindad y la plasma en un álbum que, sin llegar a la categoría de El ascenso, arrancará seguro más de una sonrisa. El mismo autor lo cita como uno de los álbumes que le recomendaría a Felipe González (así como a sus predecesores y sucesores), junto a El atasco de influencias (1990) o Corrupción a mogollón (1994),en una ingeniosa respuesta a una insidiosa pregunta de un periodista.

 No en vano es este el único álbum de la "etapa negra" que, sin haber sido dibujado por Ibáñez, fue adaptado para la serie de televisión de BRB internacional en 1994. Cabe destacar que en la versión animada, el personaje final que aparece no es Popeye, sino Dartacán, por cuestiones obvias de derechos de autor. El acertado guion y la habilidad de Juan Manuel Muñoz para recrear en papel el universo de Ibáñez hacen de El ansia de poder una obra digna de ser rescatada y revisada.


domingo, 1 de julio de 2012

MORTADELO, FILEMÓN, ESPAÑA E ITALIA

Hace cuatro años (¡cómo pasa el tiempo!) en un día parecido al de hoy, pusimos un tema referido a la final de la Eurocopa 2008, concretamente del partido España-Alemania.
Como podrán ver aquí, parece ser que el post dio suerte al equipo ibérico, por lo que hoy nuevamente hemos intentado hacer algo similar (y es que Ibáñez no es el único que se repite, oigan).
Buscando, rebuscando, mirando, remirando entre las páginas de nuestros agentes, hemos encontrado un partido España-Italia.

Se trata, precisamente, de la historieta corta "El mundial de fútbol Italia -90", supuestamente guionizada por Ibáñez y dibujada por Juan Manuel Muñoz.

Desconocemos las causas por las cuales Ibáñez decidió no hacer un álbum completo sobre el evento deportivo. El último realizado por él fue el de 1982, celebrado en España, ya que el de México 86 corrió a cargo de un equipo apócrifo. Cuatro años después, Ibáñez volverá a la carga con Mundial 94. 

En este caso, nuestro autor pareció haber diseñado una historietilla para salir del paso, sin la brillantez de otras entregas futbolísticas. Así, de las ocho páginas de que consta la historia, cinco y media se desarrollan fuera del terreno de juego, con gags relativos a los inventos del Bacterio, que llevan a los agentes a elevarse para los tiros altos y a patear cuanta superficie redonda se les ponga delante (lo que nos recuerda al magnífico Mundial 78).



Destaca el hecho de que, como ocurrirá en un par de horas, España se enfrenta al conjunto italiano, con los resultados habituales.

Les dejamos con el recuerdo de esta historia corta y esperamos que disfruten del encuentro.

domingo, 23 de enero de 2011

LA MALDICIÓN GITANA (1989)


La maldición gitana (1989) es un álbum creado en pleno proceso de producción en masa de las historietas de Ibáñez, en el que el autor supervisaba tanto la serie de Mortadelo y Filemón como la de Chicha, Tato y Clodoveo. En esta época, Ibáñez dictaba los guiones directamente a una grabadora y después eran transcritos por Anna María Palé. El dibujo, en muchos casos, no corresponde al propio Ibáñez, como ocurre con este álbum, dibujado por Juan Manuel Muñoz, pero con la firma-tampón de Francisco Ibáñez.


La historia, como otras de esta época, aparece dividida en capítulos de seis páginas cada uno, que culminan con un episodio final de ocho páginas. En el primero de ellos, el Súper cuenta a sus agentes su episodio con una gitana a la que mojó con el coche y que le lanzó una maldición que ya hoy es mítica: “¡Cacho muermo, tío pelmazo!¡De too lo bicho der mundo, así te sarga un peazo!”. Dicho y hecho. En este primer capítulo, el Súper sufre una primera mutación, en forma de cola de cocodrilo. Será Bacterio quien, como en El balón catastrófico (1982) se encargue de buscar un antídoto. Esta será una de las escasas ocasiones en la que los agentes se ocupan de un asunto particular del Súper, más que de una misión “externa”, por así decirlo. A lo largo de las siguientes páginas, el profesor mandará a los agentes por distintos ingredientes que faltan a su fórmula, lo cual nos recuerda a Seúl 88 (1987) y, especialmente, a El antídoto (1973).

De hecho, el primer fragmento de la historia guarda algunas concomitancias con esta historieta de los 70, pues han de buscar una planta en medio de un bosque de serpientes, como ocurría en cierto tramo de la aventura clásica. A pesar del éxito de los agentes, finalmente consiguen el ingrediente, los remedios son a veces peores que la enfermedad, como ocurrirá después con Clínicas antibirria (1993) y unas enormes alas de murciélago cubrirán la cola de lagarto. El dibujo, aunque notable, no alcanza el nivel de Ibáñez, de forma que algunos de los disfraces quedan extraños para el lector, como el de rata o el de martillo.



El segundo episodio se inicia con la entradilla que habrá de presidir los demás: las llamadas bestiajas del superintendente, que en esta ocasión presenta unas orejas enormes, reproduciendo un chiste , el de “ya no le enseño la gorda”, que vimos en El transformador metabólico (1973) y aparecerá de nuevo en Clínicas antibirria. Para conseguir el siguiente ingrediente, un pelo de la oreja de Tarreo Kuondo Kero, campeón de artes marciales, los agentes deberán cruzar una tapia, gag central que articulará el episodio, situación que nos remite a El antídoto, ¡Queda inaugurado el mundial! (1982) y a los futuros Corrupción a mogollón (1994) y El trastomóvil (1996). A pesar de la autoría de Ibáñez, la premura de la realización refleja unos diálogos más planos de lo habitual. Destacan dos disfraces de Mortadelo alusivos al paso del tiempo, especialmente el último: disfrazado de reloj borra (con una goma) la figura de un gato que corre ante él.











En el tercer episodio, los agentes cuentan con la presencia del Súper, que los acompaña a por unas hojas de L’abuela de Nosferatum, tras haberle crecido un pico. Los juegos de palabras relativos al pico (que recuerdan a los que habremos de ver en “Marrullería en la alcaldía-2010-) son de lo más jocoso del álbum, exprimiendo al máximo el chiste. Como consecuencia del antídoto del Bacterio, al Súper le crecerá un cuello desmesurado, sin que desaparezcan los atributos anteriores. Destacan también en este episodio las alusiones a seriales de la época, como Dallas o Falcon Crest.






El cuarto capítulo muestra una vez más que los efectos de los potingues del Bacterio no duran, pues el Súper vuelve a tener el cuello normal, aunque sí se mantienen los de la maldición (triunfo de la superstición sobre la ciencia). En esta ocasión, los agentes han de conseguir un ejemplar de la Rana Teobalda, lo que los lleva, nuevamente, al campo. Tras aparcar en medio del agua, en una escena que recuerda a Ladrones de coches (1980). Los intentos de coger a la rana en cuestión se ven forzados por la presencia de un guardia, lo que da pie a buenos gags como el que lleva a Mortadelo a construir un Taj-Majal en miniatura o la ingeniosa solución que lleva a Filemón a pasarse varios días croando para que el guardia no sospeche que ya no está la rana. No hace falta decirlo, el resultado final tampoco es positivo para el Súper, que por obra y gracia del Bacterio, ha desarrollado una enorme barriga.










El motivo que da pie al quinto capítulo es un cuerno que le ha salido al Súper en la cabeza. A pesar de que en la década posterior lo hubiera hecho, Ibáñez no hace referencia al tema de la infidelidad (¿se puede interpretar en ese sentido el comentario de Mortadelo de la viñeta cinco de la página 27?). Esta vez, el ingrediente que le falta a Bacterio es una piedra que sólo tiene (no sabemos cómo lo saben) una afamada condesa. Sin embargo, con quien habrán de vérselas Mortadelo y Filemón será con la criada, muy similar a la aparecida en Terroristas (1987) y a la de Las tacillas volantes (1989), este último también dibujado por Juan Manuel Muñoz. Los gags se basan en que la cegata fámula acaba agrediendo, sin querer, a los indefensos agentes de la TIA, con escenas que ya nos suenan: se arroja comida que va a parar a la cara de los protagonistas (Terroristas), confusión de una persona con un busto (A la caza del cuadro, 1971, y Las tacillas volantes, nuevamente), equívoco al confundir a Mortadelo con una cucaracha , al igual que le pasó a Rompetechos en A la caza del cuadro, etc. Como se ve, el tramo de esta antigua aventura de los setenta fue, probablemente, la inspiración de este capítulo de La maldición gitana. Obviamente (¿hace falta decirlo?) el antídoto de Bacterio tampoco da resultado esta vez y el cuerno del Súper se ve cubierto por una espléndida chumbera.





En el sexto episodio, al Súper le han crecido unos larguísimos brazos, a modos de cuello de jirafa. Al Bacterio se le ocurre que un brebaje que dota de elasticidad puede ser la solución. El problema se da cuando Filemón, por error se lo bebe, convirtiéndose en una especie de chicle humano, dando lugar a gags como los que vimos en la historieta corta La chiclemicina (Super Pulgarcito, nº 4) y, posteriormente, en La elasticina (1980), con algunos gags idénticos, como el del choque de cabezas por efecto de la inercia. No deja de ser curiosa la reacción más o menos violenta del casi siempre pacífico Bacterio hacia Filemón, y el afán de Mortadelo por proteger a su jefe. También la señorita Irma hace su aparición en este episodio, recibiendo un golpe tremendo al caer por la ventana junto con Filemón, lo que confirma que en el universo Ibáñez todos reciben casi por igual. El episodio es un tanto discordante con el resto de los capítulos, pues en esta ocasión no han de salir en busca de antídoto alguno, contiene algunos gags deficientemente resueltos, como el choque de Filemón contra el muro recién levantado por Mortadelo, que falla en su puesta en escena. El Súper terminará este tramo con unos brazos inusitadamente cortos, por arte y gracia del Bacterio.



El séptimo episodio, este de ocho páginas, empieza con un Súper con lengua de camaleón. Al no poder hablar, es el barbudo profesor el que da las órdenes. En este caso, se trata del enfrentamiento con la villana en su propio campo: un campamento gitano. No sabemos cómo, Bacterio ha averiguado que se trata de Ramona “La Faraona”, un nombre que es una clara alusión al supuesto origen egipcio de los gitanos, así como a la figura de la popular artista Lola Flores. Mortadelo y Filemón visitan, pues, un campamento gitano que hoy en día se podría tachar de políticamente incorrecto, por la visión arquetípica y aculturalista que se da del pueblo gitano. El más hiriente tópico (desde la óptica moderna) consiste en la estampida de los gitanos al ofrecerles trabajo un Mortadelo hábilmente disfrazado. En el campamento encontramos algún gag utilizado en más de una ocasión por Ibáñez cuando sus personajes visitan grupos tribales supuestamente menos avanzados, como los negros o los indios de Las embajadas chifladas (1991), consistente en menospreciar los conocimientos y adelantos tecnológicos de los distintos grupos.








El capítulo se resuelve con la captura de la Faraona, quien muestra, a su vez, el habla arquetípica y caricaturesca de los gitanos y que lanza simpáticos e ingeniosos hechizos que muestran a Mortadelo y Filemón que no es una enemiga fácil de roer. Una vez amansada la antagonista, el Súper da una muestra de ingratitud muy propia del universo de Ibáñez, pues acepta repartir sus grotescos atributos, productos de la maldición, entre sus dos agentes y el Bacterio, para quedar él inmaculado y libre del hechizo. Aunque esta actitud miserable es característica de los personajes del autor, la conducta del Súper parece especialmente reprobable, pues acaba perjudicando a las únicas tres personas que han luchado por su vuelta a la normalidad durante 43 páginas.




En conclusión, podemos decir que La maldición gitana (1989) es un álbum aceptable, en el que Juan Manuel Muñoz, sin llegar al nivel de Francisco Ibáñez, se desenvuelve de forma notable en el dibujo, hasta el punto de que durante muchos años la historia se ha considerado como un “Ibáñez auténtico”. Destaca, desde el punto de vista del guion, el uso de los juegos de palabras, hilarantes en muchos de los casos, aunque en el conjunto de la “biografía” de los personajes, estemos ante una historieta menor.




No deja de ser curioso que, hoy en día, la aventura no aparece en el catálogo de Ediciones B. al igual que tampoco lo hace “El rescate botarate” (1989). Desconocemos el motivo de tal exclusión. No parece que se deba a su carácter apócrifo, ya que sí se incluyen otros títulos igualmente realizados por Muñoz y otros autores, bajo la supervisión de Ibáñez, e incluso una historia de Casanyes, “El caso de los párvulos”, en la que nuestro autor no tuvo nada que ver. Ni la calidad gráfica ni de guion del álbum justifica su exclusión;ni siquiera lo hace el hecho de que en la actual colección Olé se publicara como “relleno” de otras aventuras la rgas, pues lo mismo pasó con Robots bestiajos (1993) y Timazo al canto (1994),que después fueron recopilados en volúmenes individuales.



Una hipótesis puede ser el carácter racista del que se podría tildar al último episodio, que, aunque resultaba jocoso e inofensivo a finales de los ochenta, puede herir algunas sensibilidades hoy en día. Sin embargo, parece una explicación insuficiente. En primer lugar, porque a lo largo de toda su trayectoria Ibáñez ha arremetido con sorna y acierto contra todo grupo urbano, clase social, etnia, religión, raza, etc., y, desde luego, ninguna otra de sus obras ha sido censurada. Tampoco refuerza esta teoría la exclusión de El rescate botarate, que, en principio, no parece herir ninguna sensibilidad, ni ahora ni hace veinte años.





Aprovechamos esta reseña para solicitar a los editores de Ibáñez que consideren incluir estas aventuras en su catálogo actual, de manera que las nuevas generaciones de lectores puedan tener una visión completa de la obra de Francisco Ibáñez.

domingo, 19 de septiembre de 2010

ENTREVISTA A JUAN MANUEL MUÑOZ



Juan Manuel Muñoz nació en 1961. Desde muy joven empezó a trabajar en la Editorial Bruguera entintando algunas de sus estrellas de papel, dada su habilidad como dibujante. Poco a poco, se fue especializando en los personajes de Ibáñez y fue él quien dibujó algunas de los álbumes que Bruguera editó al margen del autor. Fue, al igual que otros tantos profesionales (Jesús de Cos, Toni Bancells, Casanyes, Lourdes Gimeno...), uno de los miembros del equipo que mantuvo activa la producción de "Mortadelos" y otros personajes de Ibáñez a principios y mediados de los 80. A finales de la década, cuando Ibáñez recuperó los derechos de sus creaciones, colaboró intensamente con él en la realización del lápiz de algunos álbumes enteros (El candidato, La maldición gitana...) y en otros dibujó tan solo algunas de las planchas (Armas con bicho, El profeta Jeremías...).
Su buen hacer fue tal, que durante años, antes de que se pusieran de moda los estudios exhaustivos sobre nuestros tebeos más queridos, muchos pensamos que algunas de estas obras fueron dibujadas íntegramente por Ibáñez. A principios de los 90, cuando Ibáñez vuelve a tomar el control absoluto sobre su obra, Muñoz se convirtió en su mano derecha, llegando así a ser en el principal colaborador que jamás haya tenido el padre de Mortadelo y Filemón. Además, de su labor como ayudante de Ibáñez, Muñoz ha demostrado también su versatilidad trabajando para empresas tan exigentes como la propia Disney, lo que le permitió dar vida a estos clásicos personajes infantiles. Sin saberlo, todos lo hemos leído durante décadas, tanto en España como en el extranjero, y agradecemos la aportación que todavía hoy hace a la siempre fatigosa labor de Francisco Ibáñez. Hablar con él supone un reconocimiento a todos aquellos profesionales que colaboraron en la realización de historietas que marcaron a una generación.




Corra, jefe, corra tiene la satisfacción de entrevistar hoy a un artesano de la historieta: Juan Manuel Muñoz.
Pasen y lean.






1.- Suponemos que, como tantos otros autores, usted era aficionado a las historietas antes de dedicarse a ellas profesionalmente. ¿Qué personajes y autores de Bruguera eran sus favoritos? ¿Tuvo alguna otra influencia gráfica a la hora de dedicarse al dibujo?




Sin duda todos los personajes de Ibáñez eran mis preferidos: Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, Sacarino, 13 Rue ...
También me influenciaron los creados por el genial Raf: Sir Tim Otheo, Doña Lío Portapartes, Manolón conductor de camión, Doña Tecla Bisturí...
Y otros autores como Vázquez con personajes tan fantásticos como Anacleto,Angelito...
Otros dibujantes y su obra me encantaban como: Schmidt, Segura, Nadal...
El cómic francobelga también estaba entre lo que mas leía, especialmente a dibujantes como Franquín , Uderzo, Roba, Peyo, Deliége, Seron, etc...








2.- Para comenzar, ¿podría explicarnos cómo ingresó en Bruguera y cuáles fueron algunos de sus primeros trabajos?


La verdad es que cuando tuve 16 años y tras realizar un curso de dibujo por correo, dibujé una página a lápiz y tinta de un personajillo de mi invención y mi padre me llevó a la Editorial Bruguera.

Allí me recibió el director artístico, que por entonces era Sanchís.Me hizo una prueba para pasar a tinta y días después me dieron misprimeras páginas. Recuerdo que eran dos páginas de unos personajes llamados Pillo y Bollo, que no recuerdo si los dibujaba Antoni Bancells o David, que estaban dentro del estudio de la editorial también entintando y dibujando otras cosas.

A partir de ahí fuí entintando practicamente todos los personajes de la casa,( Zipi y Zape, El profesor Tragacanto, Deliranta Rococó), y posteriormente los de Ibáñez ( Mortadelo, Sacarino,Rompetechos, Pepe Gotera, 13 Rue etc...) .

Con el paso del tiempo comencé dibujando y pasando a tinta un guión de 6 páginas de Sacarino( “El vil mosquito” ), y posteriormente de otros personajes de Ibáñez.







3.- Con el paso del tiempo, usted acabó trabajando principalmente con los personajes de Ibáñez. ¿Fue esto una decisión personal o lo “especializaron” en la editorial?

Digamos que un poco ambas cosas. Evidentemente dibujar los personajes de Ibáñez era lo más, pero a la editorial le interesaba disponer un equipo de dibujantes y guionistas capaces de imitar el estilo lo mejor posible.Por cierto, recuerdo que Sagasti, por aquél entonces director artístico, me propuso hacer una muestra para dibujar a Zipi y Zape, y quedó encantado, pero el problema fue que Escobar se negó rotundamente a tener ningún “ayudante”.



4.- En la última época de Bruguera, como saben ya nuestros lectores, la editorial se dedicó a sacar una serie de historietas y álbumes de los personajes de Ibáñez al margen de su creador. Así, conocimos a guionistas como Jesús de Cos, quien escribió una notable historieta dibujada por usted: A la caza del Chotta. ¿Guarda algún recuerdo especial de este o algún otro álbum realizado en la última etapa de Bruguera? ¿Se siente orgulloso de alguno en particular?


A la caza del Chotta quizás fué sobre todo por guión el más divertido de los que hice por entonces, pero también hubo otros que recuerdo con cariño:
La cochinadita nuclear”, “Las tacillas volantes”, “El candidato” , “La maldición gitana” etc...




5.- Una vez que terminó la producción de Mortadelos al margen de su creador, ¿cómo fue que Ibáñez lo convirtió en su principal ayudante, a finales de los años 80, aproximadamente?


Fueron unos años muy complicados, en los que hice otras cosas , como un personaje para Suecia llamado Bamse. Con Lourdes hice algunos álbumes para Alemania de Sacarino y contacté con Ibáñez mediante su agente y antigua directora de publicaciones de Bruguera la señora Ana Mª Palé.

Por entonces Ibáñez estaba comenzando a publicar en Grijalbo sus nuevos personajes “Chicha, Tato y Clodoveo” y como no podía usar la cabecera de “Mortadelo y Filemón” pues duraba aún el contencioso con Bruguera, salió la revista “Yo y Yo”. También comenzaba entonces el sustituto de 13 Rue, que fué “7 Rebolling Street” .

Así comencé a dibujar y a entintar estos personajes, o a terminar el lápiz de Ibáñez.



6.- Una de las etapas que más desconciertan a los aficionados a la obra de Ibáñez es la comprendida de los años 1987 a 1990, donde distintas personas como Lurdes Martín o usted mismo realizaron el lápiz de algunos álbumes de forma total o parcial: El candidato, El ansia de poder, La maldición gitana, etc. ¿Era, al menos, el guion de esos álbumes del mismo Francisco Ibáñez? En cuanto al dibujo, ¿participó Ibáñez en alguno de los realizados en esa época?



Por ejemplo, en el álbum “Los sobrinetes” el guión es de Ibáñez y el lápiz hasta la pag 12. El resto el lápiz era mío, pero lamentablemente la tinta la hizo otra persona con resultados terribles.En el álbum “El ansia de poderyo hice todo el lápiz, pero de nuevo con un entintado desastroso ajeno a mí.

Era el sistema de trabajo del Bruguera Equip, y la premura de acabar el álbum primaba sobre el resultado final. “La Gomeztroika”, “ El candidato”, “La maldición gitana”, “El profeta Jeremías”, etc...son más ejemplos de ese sistema de producción. Si no estoy equivocado el guión de todos esos álbumes era de Jesús de Cos, el mejor guionista imitando el sentido del humor de Ibáñez con todo el respeto hacia el resto de profesionales que trabajaron en Mortadelo en la época.

*[ NOTA. La autoría de Jesús de Cos al frente de los guiones de esta época resultaba desconcertante, pues De Cos guionizó personajes de Ibáñez durante la época Bruguera, con álbumes sin firma del autor. Nosotros, sin embargo, nos referimos en esta pregunta a aquellas historietas de Ediciones B en las que sí aparece la firma de Ibáñez. Juan Manuel Muñoz nos despeja las dudas y añade al respecto]:




Ha sido un lapsus de memoria, pues esos álbumes eran guión de Ibáñez y los dibujé en la época posterior a Grijalbo cuando Ana Mª Palé era aún su agente artístico.La presión del trabajo era tal que Ibáñez no escribía los guiones, sino que los grababa en cassette, y posteriormente Ana Mª los transcribía.








7.- Algunas de estas obras alcanzan una calidad humorística notable, como es el caso de El candidato. ¿Guarda algún recuerdo especial de alguno de ellos? Estas obras han pasado durante muchos años por auténticos “Ibáñez”, lo cual habla de su buen hacer. ¿Tiene algo que comentar sobre esta época de su producción?


En parte el mérito era sin duda los magníficos guiones de Jesús de Cos.Y bueno fué una época en la que me desarrollé mucho como dibujante, siendo aún muy joven, pues tenía 22 o 23 años.Era un reto trabajar deprisa y bién siempre con la presión de las fechas semanales de entrega.
La parte mas dura llegó cuando Bruguera dejó de pagar. Estuve 9 meses trabajando sin cobrar, con la amenaza de la dirección a todos los “colaboradores” (así se nos llamaba a todos los dibujantes y guionistas) de que si deteníamos la producción nunca nos pagarían. Fueron unos meses muy duros para todo el mundo.



*NOTA [Nuevamente hace referencia nuestro entrevistado a la última etapa de Bruguera, ya sin Ibáñez].




8.- En aquel momento se incluían en estas historietas multitud de detalles absurdos de fondo que varían en su profusión según el dibujante, lo que nos lleva a pensar que dichos elementos no figuraban en el guion original. ¿Era así, ciertamente, o sí se incluían en el guion inicial dado a los dibujantes?


Estos detalles y gags de fondo eran ya algo normal en lás páginas de Ibáñez, y continuamos incluyéndolo el los álbumes posteriores que realizábamos. Eso sí, eran ocurrencias que “paríamos” mientras se iba dibujando la página.








9.- Llegó un momento, en 1990, en que todos estos elementos absurdos desaparecen (o disminuyen), al igual que la presencia de la señorita Irma, etapa que coincide con la reincorporación de Ibáñez a la realización del lápiz en su obra. ¿A qué se debió este cambio?


No hay ninguna razón para ello, que yo sepa. Simplemente Ibáñez deja de incluir estos gags secundarios progresivamente en las páginas. Es como lo del aspecto de los personajes, con el tiempo hay una evolución casi inconsciente.
Supongo que en algún momento la señorita Irma volverá a aparecer, dependerá del argumento de la historia, pero es un tema que le he comentado alguna vez y sólo decide él.








10.- Desde finales de 1993 hasta 1996, usted dejó los álbumes de Ibáñez (ya en Ediciones B) para dedicarse a colaborar con la empresa Disney. ¿Notó mucha diferencia entre el modo de trabajo de ambos lugares? ¿Sabe usted quién lo sustituyó en las tintas en los álbumes de Mortadelo?



En los aproximadamente algo mas de dos años en que dibujé personajes de Disney, me sustituyó una chica cuyo nombre ignoro. Con Disney no había presión en las fechas de entrega, pero eran muy, muy exigentes en cuanto al estilo y el nivel de calidad del dibujo.












11.- ¿Podría explicarnos brevemente cómo es el proceso de elaboración de una página de Mortadelo? ¿Consulta las dudas que puedan surgir en el acabado a lápiz y entintado con Ibáñez (por ejemplo, vía telefónica) o normalmente suele estar bastante claro lo que ha de hacer? El ritmo de producción parece ser tan agobiante que apenas deja tiempo para dudas y vacilaciones…

Muy raramente le consulto algún detalle sobre las páginas.Sobre el lápiz que él me da yo lo redibujo donde es necesario cuidando especialmente las proporciones entre los personajes, su estilo, también la continuidad de aspecto y proporciones de los secundarios, que los fondos, objetos , máquinas, vehículos, etc, tengan lógica o como se dice en el mundo cinematográfico que haya “raccord” entre las viñetas.
En definitiva me preparo un lápiz muy detallado para entintar con precisión.







12.- Usted se ha dedicado a acabar el lápiz de Ibáñez desde álbumes como Testigo de cargo (1984) hasta la actualidad. ¿Va siendo menor el acabado de Ibáñez con el paso del tiempo o sus páginas siguen igual de “terminadas”?


Sigue dibujando de maravilla, y espero a su edad tener el mismo pulso y seguridad que tiene ahora.Evidentemente con los años se ha ido fiando más de mí y algunos detalles no los termina tanto.Ibáñez es una persona muy perfeccionista y muy exigente con el resultado final del trabajo, lo cual coincide con mi forma de trabajar.





13.- En una historieta cualquiera de Mortadelo y Filemón, ¿qué es lo que más detalla Ibáñez a lápiz? Los aficionados suponemos que se trata de determinadas expresiones, los disfraces de Mortadelo, los vehículos, animales, caricaturas de famosos… ¿Están estos elementos más acabados que, por ejemplo, cualquier personaje que aparezca en una postura “estándar”?




Evidentemente los disfraces están totalmente detallados, teniendo en cuenta que a menudo son disfraces nuevos sobre los que no tengo referencias.También los inventos de Bacterio están bien definidos y las caricaturas por supuesto también.Quizás los secundarios los deja más sueltos para que yo me encargue de mantener en todas las viñetas la propoción y aspecto.








14.- Usted ha entintado páginas dibujadas por otras personas a lo largo de su carrera, pero también otros han entintado otras que usted realizó a lápiz. Mejor que nadie, sabe lo delicada y minuciosa que es la labor de entintado… ¿Alguna vez ha tenido la sensación de que quienes han pasado a pluma sus dibujos, han “estropeado” en cierta forma lo que usted ha dibujado en su versión final?




Sí, la labor de entintar o pasar a tinta, es detallista y paciente, siempre con prisa pues es la última fase de la página, y por lo tanto si el lápiz se retrasa, hay menos tiempo y más presión para el entintador.

Es importante aclarar que el término “pasar a tinta” no me gusta. En realidad sería mejor decir que se dibuja a tinta sobre el lápiz . Un entintador tiene que ser necesariamente un buen dibujante. En el cómic norteamericano siempre aparecen los entintadores junto al dibujante del lápiz, puesto que lo equiparan casi al mismo nivel de responsabilidad en el resultado final.

Y respondiendo a la pregunta te diré que sí , muchos trabajos míos fueron defenestrados por entintadores muy malos.








15.- ¿Qué tal es Francisco Ibáñez como jefe? A los fans siempre nos ha parecido una persona muy sencilla y cercana, pero no sabemos si se trata de un patrón exigente.



De hecho, ya lo he comentado antes. Ibáñez adora su trabajo, y a sus fans y como jefe es una persona cercana y afectuosa pero también exigente y muy preocupada por la calidad de todo lo que llega a los lectores, algo que es perfectamente comprensible tras más de 50 años publicando.








16.- Las aventuras de este par de agentes han divertido a millones de personas en todo el mundo durante décadas, pero ¿es divertido trabajar con estos personajes? Y como lector, ¿le hacen gracia Mortadelo y Filemón?



Hombre, a veces no tengo tiempo de leer con tranquilidad las páginas en las que estamos trabajando, pero te aseguro que una vez publicado me leo el álbum como un lector más y me troncho en muchos momentos.
Me viene a la memoria, cuando yo comenzaba de jovencito a interesarme por el mundo de la historieta, el haber llorado de risa literalmente leyendo “Valor y al toro” (en la escena del camarero pequeñajo y el toro en el hueco de las escaleras del hotel) y por supuesto también con otras muchas historias, no solo de Mortadelo sino también de otros de sus personajes.







17.- De todos los álbumes en los que ha colaborado con el maestro, ¿tiene alguno (o algunos) favorito? ¿Y de la producción de Ibáñez en general, al margen de su trabajo conjunto?




No podría escoger un álbum preferido entre los cientos dibujados pero destacaría “Mortadelo de la Mancha” en los últimos años por lo ingenioso de la historia con esos diálogos recordando el castellano del siglo de oro español.
Quizás también “El tirano”, “El señor de los ladrillos”, bueno y decenas más. Como he citado en la anterior pregunta de la primera época destacaría “El sulfato atómico” y “Valor y al toro”, además de muchos otros.





18.- En la misma línea, ¿cuál es su personaje favorito de entre los de Ibáñez?



Sin duda Mortadelo y Filemón, y creo que como secundario Ofelia es sencillamente genial.
Rompetechos sería algo especial, pero sobre todo destacaría las historias en las que aparece su tío Lentejo cuando va al pueblo.
Sobre todo cuando se publicaban en la revista semanal Din Dan, en la portada, eran para descojonarse, con perdón.






19.- En los últimos tiempos han proliferado los blogs, foros e incluso libros (como el de Miguel Fernández Soto, El mundo de Mortadelo y Filemón) sobre la obra de Ibáñez. ¿Qué opinión le merecen estas investigaciones y el interés que su obra suscita en tantos aficionados?






Me parece fantástico que haya ese interés por la obra de Ibáñez, pero deseo también que eso sirva para conocer el trabajo de otros muchos grandes creadores de la época que no tuvieron nunca el reconocimiento público que se merecían o merecen.

Es bueno que en este país se valore el cómic y así como en Europa, Estados Unidos, Japón, etc., se considera un arte con mayúsculas también en España debe llegar a ese nivel.
Y desde luego que la historieta siga ganando lectores entre los niños y jóvenes de hoy, puesto que son el futuro.






20.- Durante décadas, la crítica ha despreciado el tipo de historietas “bruguerianas” (si se me permite la expresión) y a sus autores, al considerarlos excesivamente populares. Con el tiempo, algunos estudiosos de la cultura popular han cedido y reconocen la genialidad de Vázquez, la habilidad de Raf, la denuncia de Escobar…Pero son todavía tímidos a la hora de reconocer la aportación de Ibáñez. ¿A qué cree que se debe este reparo? ¿Es Ibáñez demasiado popular para gustar a los críticos?







Es cierto , que la producción masiva de revistas en los tiempos de Bruguera se consideraba incompatible con la calidad .

Eso es radicalmente falso.Los autores trabajaban dando lo mejor de si mismos, presionados por las fechas y no demasiado bien pagados en general. A veces a los estudiosos, se les olvida que un creador también tiene una familia , hipoteca, etc.Y durante muchos años o trabajabas para Bruguera o prácticamente no tenías muchas más opciones, excepto hacerlo para el extranjero , cosa que la caída de Bruguera propició en los primeros 80.

Y en cuanto al reconocimiento a Ibáñez, creo que viendo las larguísimas colas de lectores que siempre esperan a que les firme un ejemplar, no hay mas que decir.

Ese es la verdadera demostración de su grandeza como artista y creador.




21.- ¿Es consciente usted de su relevancia como principal ayudante (durante casi tres décadas) del autor de cómics más vendido y leído en nuestro país y en parte del extranjero?



La verdad, no creo ser más que un profesional que ha dedicado muchos años a hacer lo que más le gusta, que es dibujar.
Hago mi trabajo lo mejor que puedo y además creo que soy un privilegiado de realizarlo junto a Ibáñez desde hace mas de 30 años, que cuando era un niño ya admiraba.De alguna forma ver su trabajo fué lo que me hizo decir un día: “yo quiero ser dibujante”.








22.- ¿Por qué no ha sido acreditado en los cómics de Ibáñez? Es cierto que en nuestro país no es una práctica demasiado habitual, como ocurre con el cómic norteamericano. ¿No siente el deseo de que su labor sea también reconocida por el gran público, y no sólo por los “especialistas”?




Ciertamente en España no es habitual citar al ayudante o al equipo de un dibujante. Somos muchos los que trabajamos o hemos trabajado en producciones anónimamente.
Y en cuanto a la cuestión de si me gustaría, la respuesta es sí , claro. Todos tenemos nuestro pequeño ego.






23.- Sin duda, es usted una de las personas que mejor conocen el estilo de Ibáñez, uno de los que más ha trabajado con sus personajes. Aunque afortunadamente tenemos Ibáñez para rato, ¿existe la posibilidad de que usted sea su sucesor al frente de la serie cuando el maestro decida colgar los lápices, allá por el 2057?






Esta es la gran pregunta. Espero y confío primero, que los personajes continúen muchos años gozando del favor del público, y si eso es así, supongo que será una transición paulatina y siempre con la supervisión de Ibáñez, que ojalá y como dices se jubile dentro de muchos, muchos años.






24.- Por último, ¿hay algo que quiera decir a quienes llevamos tantos años disfrutando de su trabajo (unos somos conscientes, otros no) y siendo un poquito más felices gracias a esas historietas en las que usted tiene un papel tan destacado?





Dar las gracias a todos los seguidores de Ibáñez por su inquebrantable fidelidad y desear que sigan riendo y disfrutando de la obra de este genial dibujante a la que aporto humildemente mi grano de arena.
Y por supuesto gracias por tu interés en mí y mi trabajo, y espero haber aportado algo más de luz sobre el tema.

Un cordial saludo.








Con esta amabilidad se despide Juan Manuel Muñoz, a quien queremos darle las gracias no sólo por concedernos estos minutos de su tiempo, sino por la labor que realiza en su colaboración con Ibáñez ayudando así a que muchos seamos un poquito más felices. Que no es poco.











Pueden obtener más información sobre el autor en su portafolio:





http://portafoliojmmunoz.blogspot.com/








¡Gracias por su atención!