domingo, 23 de enero de 2011

LA MALDICIÓN GITANA (1989)


La maldición gitana (1989) es un álbum creado en pleno proceso de producción en masa de las historietas de Ibáñez, en el que el autor supervisaba tanto la serie de Mortadelo y Filemón como la de Chicha, Tato y Clodoveo. En esta época, Ibáñez dictaba los guiones directamente a una grabadora y después eran transcritos por Anna María Palé. El dibujo, en muchos casos, no corresponde al propio Ibáñez, como ocurre con este álbum, dibujado por Juan Manuel Muñoz, pero con la firma-tampón de Francisco Ibáñez.


La historia, como otras de esta época, aparece dividida en capítulos de seis páginas cada uno, que culminan con un episodio final de ocho páginas. En el primero de ellos, el Súper cuenta a sus agentes su episodio con una gitana a la que mojó con el coche y que le lanzó una maldición que ya hoy es mítica: “¡Cacho muermo, tío pelmazo!¡De too lo bicho der mundo, así te sarga un peazo!”. Dicho y hecho. En este primer capítulo, el Súper sufre una primera mutación, en forma de cola de cocodrilo. Será Bacterio quien, como en El balón catastrófico (1982) se encargue de buscar un antídoto. Esta será una de las escasas ocasiones en la que los agentes se ocupan de un asunto particular del Súper, más que de una misión “externa”, por así decirlo. A lo largo de las siguientes páginas, el profesor mandará a los agentes por distintos ingredientes que faltan a su fórmula, lo cual nos recuerda a Seúl 88 (1987) y, especialmente, a El antídoto (1973).

De hecho, el primer fragmento de la historia guarda algunas concomitancias con esta historieta de los 70, pues han de buscar una planta en medio de un bosque de serpientes, como ocurría en cierto tramo de la aventura clásica. A pesar del éxito de los agentes, finalmente consiguen el ingrediente, los remedios son a veces peores que la enfermedad, como ocurrirá después con Clínicas antibirria (1993) y unas enormes alas de murciélago cubrirán la cola de lagarto. El dibujo, aunque notable, no alcanza el nivel de Ibáñez, de forma que algunos de los disfraces quedan extraños para el lector, como el de rata o el de martillo.



El segundo episodio se inicia con la entradilla que habrá de presidir los demás: las llamadas bestiajas del superintendente, que en esta ocasión presenta unas orejas enormes, reproduciendo un chiste , el de “ya no le enseño la gorda”, que vimos en El transformador metabólico (1973) y aparecerá de nuevo en Clínicas antibirria. Para conseguir el siguiente ingrediente, un pelo de la oreja de Tarreo Kuondo Kero, campeón de artes marciales, los agentes deberán cruzar una tapia, gag central que articulará el episodio, situación que nos remite a El antídoto, ¡Queda inaugurado el mundial! (1982) y a los futuros Corrupción a mogollón (1994) y El trastomóvil (1996). A pesar de la autoría de Ibáñez, la premura de la realización refleja unos diálogos más planos de lo habitual. Destacan dos disfraces de Mortadelo alusivos al paso del tiempo, especialmente el último: disfrazado de reloj borra (con una goma) la figura de un gato que corre ante él.











En el tercer episodio, los agentes cuentan con la presencia del Súper, que los acompaña a por unas hojas de L’abuela de Nosferatum, tras haberle crecido un pico. Los juegos de palabras relativos al pico (que recuerdan a los que habremos de ver en “Marrullería en la alcaldía-2010-) son de lo más jocoso del álbum, exprimiendo al máximo el chiste. Como consecuencia del antídoto del Bacterio, al Súper le crecerá un cuello desmesurado, sin que desaparezcan los atributos anteriores. Destacan también en este episodio las alusiones a seriales de la época, como Dallas o Falcon Crest.






El cuarto capítulo muestra una vez más que los efectos de los potingues del Bacterio no duran, pues el Súper vuelve a tener el cuello normal, aunque sí se mantienen los de la maldición (triunfo de la superstición sobre la ciencia). En esta ocasión, los agentes han de conseguir un ejemplar de la Rana Teobalda, lo que los lleva, nuevamente, al campo. Tras aparcar en medio del agua, en una escena que recuerda a Ladrones de coches (1980). Los intentos de coger a la rana en cuestión se ven forzados por la presencia de un guardia, lo que da pie a buenos gags como el que lleva a Mortadelo a construir un Taj-Majal en miniatura o la ingeniosa solución que lleva a Filemón a pasarse varios días croando para que el guardia no sospeche que ya no está la rana. No hace falta decirlo, el resultado final tampoco es positivo para el Súper, que por obra y gracia del Bacterio, ha desarrollado una enorme barriga.










El motivo que da pie al quinto capítulo es un cuerno que le ha salido al Súper en la cabeza. A pesar de que en la década posterior lo hubiera hecho, Ibáñez no hace referencia al tema de la infidelidad (¿se puede interpretar en ese sentido el comentario de Mortadelo de la viñeta cinco de la página 27?). Esta vez, el ingrediente que le falta a Bacterio es una piedra que sólo tiene (no sabemos cómo lo saben) una afamada condesa. Sin embargo, con quien habrán de vérselas Mortadelo y Filemón será con la criada, muy similar a la aparecida en Terroristas (1987) y a la de Las tacillas volantes (1989), este último también dibujado por Juan Manuel Muñoz. Los gags se basan en que la cegata fámula acaba agrediendo, sin querer, a los indefensos agentes de la TIA, con escenas que ya nos suenan: se arroja comida que va a parar a la cara de los protagonistas (Terroristas), confusión de una persona con un busto (A la caza del cuadro, 1971, y Las tacillas volantes, nuevamente), equívoco al confundir a Mortadelo con una cucaracha , al igual que le pasó a Rompetechos en A la caza del cuadro, etc. Como se ve, el tramo de esta antigua aventura de los setenta fue, probablemente, la inspiración de este capítulo de La maldición gitana. Obviamente (¿hace falta decirlo?) el antídoto de Bacterio tampoco da resultado esta vez y el cuerno del Súper se ve cubierto por una espléndida chumbera.





En el sexto episodio, al Súper le han crecido unos larguísimos brazos, a modos de cuello de jirafa. Al Bacterio se le ocurre que un brebaje que dota de elasticidad puede ser la solución. El problema se da cuando Filemón, por error se lo bebe, convirtiéndose en una especie de chicle humano, dando lugar a gags como los que vimos en la historieta corta La chiclemicina (Super Pulgarcito, nº 4) y, posteriormente, en La elasticina (1980), con algunos gags idénticos, como el del choque de cabezas por efecto de la inercia. No deja de ser curiosa la reacción más o menos violenta del casi siempre pacífico Bacterio hacia Filemón, y el afán de Mortadelo por proteger a su jefe. También la señorita Irma hace su aparición en este episodio, recibiendo un golpe tremendo al caer por la ventana junto con Filemón, lo que confirma que en el universo Ibáñez todos reciben casi por igual. El episodio es un tanto discordante con el resto de los capítulos, pues en esta ocasión no han de salir en busca de antídoto alguno, contiene algunos gags deficientemente resueltos, como el choque de Filemón contra el muro recién levantado por Mortadelo, que falla en su puesta en escena. El Súper terminará este tramo con unos brazos inusitadamente cortos, por arte y gracia del Bacterio.



El séptimo episodio, este de ocho páginas, empieza con un Súper con lengua de camaleón. Al no poder hablar, es el barbudo profesor el que da las órdenes. En este caso, se trata del enfrentamiento con la villana en su propio campo: un campamento gitano. No sabemos cómo, Bacterio ha averiguado que se trata de Ramona “La Faraona”, un nombre que es una clara alusión al supuesto origen egipcio de los gitanos, así como a la figura de la popular artista Lola Flores. Mortadelo y Filemón visitan, pues, un campamento gitano que hoy en día se podría tachar de políticamente incorrecto, por la visión arquetípica y aculturalista que se da del pueblo gitano. El más hiriente tópico (desde la óptica moderna) consiste en la estampida de los gitanos al ofrecerles trabajo un Mortadelo hábilmente disfrazado. En el campamento encontramos algún gag utilizado en más de una ocasión por Ibáñez cuando sus personajes visitan grupos tribales supuestamente menos avanzados, como los negros o los indios de Las embajadas chifladas (1991), consistente en menospreciar los conocimientos y adelantos tecnológicos de los distintos grupos.








El capítulo se resuelve con la captura de la Faraona, quien muestra, a su vez, el habla arquetípica y caricaturesca de los gitanos y que lanza simpáticos e ingeniosos hechizos que muestran a Mortadelo y Filemón que no es una enemiga fácil de roer. Una vez amansada la antagonista, el Súper da una muestra de ingratitud muy propia del universo de Ibáñez, pues acepta repartir sus grotescos atributos, productos de la maldición, entre sus dos agentes y el Bacterio, para quedar él inmaculado y libre del hechizo. Aunque esta actitud miserable es característica de los personajes del autor, la conducta del Súper parece especialmente reprobable, pues acaba perjudicando a las únicas tres personas que han luchado por su vuelta a la normalidad durante 43 páginas.




En conclusión, podemos decir que La maldición gitana (1989) es un álbum aceptable, en el que Juan Manuel Muñoz, sin llegar al nivel de Francisco Ibáñez, se desenvuelve de forma notable en el dibujo, hasta el punto de que durante muchos años la historia se ha considerado como un “Ibáñez auténtico”. Destaca, desde el punto de vista del guion, el uso de los juegos de palabras, hilarantes en muchos de los casos, aunque en el conjunto de la “biografía” de los personajes, estemos ante una historieta menor.




No deja de ser curioso que, hoy en día, la aventura no aparece en el catálogo de Ediciones B. al igual que tampoco lo hace “El rescate botarate” (1989). Desconocemos el motivo de tal exclusión. No parece que se deba a su carácter apócrifo, ya que sí se incluyen otros títulos igualmente realizados por Muñoz y otros autores, bajo la supervisión de Ibáñez, e incluso una historia de Casanyes, “El caso de los párvulos”, en la que nuestro autor no tuvo nada que ver. Ni la calidad gráfica ni de guion del álbum justifica su exclusión;ni siquiera lo hace el hecho de que en la actual colección Olé se publicara como “relleno” de otras aventuras la rgas, pues lo mismo pasó con Robots bestiajos (1993) y Timazo al canto (1994),que después fueron recopilados en volúmenes individuales.



Una hipótesis puede ser el carácter racista del que se podría tildar al último episodio, que, aunque resultaba jocoso e inofensivo a finales de los ochenta, puede herir algunas sensibilidades hoy en día. Sin embargo, parece una explicación insuficiente. En primer lugar, porque a lo largo de toda su trayectoria Ibáñez ha arremetido con sorna y acierto contra todo grupo urbano, clase social, etnia, religión, raza, etc., y, desde luego, ninguna otra de sus obras ha sido censurada. Tampoco refuerza esta teoría la exclusión de El rescate botarate, que, en principio, no parece herir ninguna sensibilidad, ni ahora ni hace veinte años.





Aprovechamos esta reseña para solicitar a los editores de Ibáñez que consideren incluir estas aventuras en su catálogo actual, de manera que las nuevas generaciones de lectores puedan tener una visión completa de la obra de Francisco Ibáñez.

16 comentarios:

Don Guri dijo...

Mmm... en este caso discrepo contigo, amigo Chespiro. Para mi, esta aventura esta por debajo de lo aceptable.
De todas formas, tiene cosas salvables, y no veria descabellado (aunque si un tanto innecesario) una recopilacion en album.
Pero en cuanto a "El rescate botarate", la considero simplemente infumable, tanto a nivel de dibujo como de guion. No he conseguido terminar de leerla nunca.

Chespiro dijo...

Bueno, no siempre podemos estar de acuerdo, jeje.
La verdad es que, libre de prejuicios, fue una de mis historietas favoritas durante la niñez, aunque hoy en día no resista tan bien un análisis riguroso.
Un saludo.

Miguel Roselló dijo...

Puestos a reivindicar una inclusión de ciertos álbumes apócrifos, yo apoyaría a LA BANDA DE MATT U'SALEN y sobre todo LA MEDIUM PAQUITA, que me parece el mejor apócrifo que han tenido jamás Mortadelo y Filemón. Y ya de paso, borrar para siempre y de un plumazo engendros como el de LAS TACILLAS VOLANTES o EL HUERTO SINIESTRO.

Miguel Roselló dijo...

Ah, y EL RESCATE BOTARATE, mejor que se quede en el olvido, porque vaya tela.

Raúl dijo...

Pues yo estoy de acuerdo contigo Chespiro en tu opinión con esta aventura. Para mi gusto es mi preferida de la etapa 87-90, por lo gracioso de las sucesivas transformaciones. El mejor capítulo, sin duda, el del pico.

Una pena que no se haya recogido separada en Olé grande, lo mismo que El inspector general y El rescate botarate.

Chespiro dijo...

¿Tampoco El inspertor general, Raúl? No lo recordaba.
Miguel, la diferencia es que esas que tú mencionas fueron hechas de espaldas a Ibáñez, mientras que esta tiene, al menos, el guion del autor.

Bigotito dijo...

- Cierto , hay obras NO-Ibañez que me gustaria ver ( aunque sea , para entretenerme , como por ejemplo " Los monstruos de cera") . SAludos.

Chespiro dijo...

Las criaturas de cera vivientes fue, según tengo entendido, la primera larga apócrifa. En este caso, un trabajo notable de Casanyes.

Easmo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Easmo dijo...

Como siempre, me va a tocar hacer de abogado de pobres: pienso que la gente es muy exagerada, sobre todo con las histrietas negras/apócrifas consentidas, y ni esta historieta es tan buena, ni las otras son tan engéndricas pues el estilo es el mismo hasta el punto que creo firmemente que preferir unas u otras depende enteramente de las resoluciones de gags concretos (en serio ¿el huerto siniestro un engendro?).

En este caso, sin ser mala, a esta le pesa el mito de ser la única negra (que no apócrifa, es decir, con guión de Ibáñez) que no ha salido en Olé, y la explicación de ser ofensiva por el racismo no tiene lógica en una serie que ha repartido a todos por igual.

No obstante coincido contigo en algunos puntos, y yo tambien tengo un buen recuerdo de esta. Revisandola ahora, los gags con el pico del Súper y el Filemón chicle son quizá mis favoritos.

EDIT: El de la entrada eliminada anterior era yo, que la he borrado y copia-pegado para eliminar errores ORTOgráficos.

Chespiro dijo...

En todo caso, su descatalogación es inexplicable.

Anónimo dijo...

El dibujo de esta historieta larga es verdaderamente infame, que cosa mas mala y lamentable.

Chespiro dijo...

No estoy del todo de acuerdo, amigo anónimo. Es cierto que no es un Ibáñez, pero el dibujo es más que aceptable. Durante mucho tiempo, de hecho, los fans consideraron esta historieta como dibujada por Ibáñez.

El shendee dijo...

¿Qué quieres decir con que para ti, biográficamente, es una historieta menor? ¿Qué es para ti una historieta mayor? No hay ninguna historieta que influya en la vida de MF, son todas independientes entre sí, sin ningún tipo de continuidad entre ellas (bueno, un poco más en los últimos años, pero aún así...). Vamos, yo no veo que esta aventura haya influido más en la "vida" de MF que la Chepeau el Esmirrtiau, por citar un clásico. Salvo la brevísima aparición de Chapeau en el especial 50 aniversario, ninguna de las dos recibe ninguna otra emnción jamás.

Chespiro dijo...

Tal vez, amigo shendee, hubiera sido mejor decir que bibliográficamente lo ha sido. Es decir, que se trata de una historieta poco trascendente en el conjunto de la obra de Ibáñez.

betrayer dijo...

Hola, soy nuevo aquí y sin duda no tengo el nivelazo de todos vosotros en cuanto a Mortadelo y Filemón se refiere. Leo sus cómics desde los 12 años y ya tengo 36, pero nunca he sido un coleccionista. Sin embargo con el paso de los años he ido acumulando tebeos del maestro Ibañez y la colección ha ido en aumento. El otro día sin ir más lejos conseguí este cómic del que habláis en un mercadillo, y también La banda de Matusalen. Alquien podría darme algo más de información sobre este último? Pues al igual que el de La maldición gitana, no sale como título publicado. Muchas gracias y un saludo a todos.