domingo, 9 de junio de 2013

EL MORTADELO DE CASANYES Y LA CENSURA...¿EN LOS OCHENTA?

 Estimados amigos, hoy vamos a hablar de un detalle anecdótico que aparece en la primera aventura larga de Mortadelo y Filemón realizada al margen de Ibáñez, se trata de la notable Las criaturas de cera vivientes, guionizada y dibujada por Ramón Mª Casanyes en 1982.

         Como se puede ver, esta historia se concibió y dibujó en plena democracia, con la censura ya supuestamente desaparecida. Sin embargo, hay algo que nos ha llamado la atención. Se trata de la viñeta 6 de la página 14. Aquí, Casanyes desarrolla un gag plenamente ibañezco: Mortadelo ha advertido la presencia del Monstruo del Lago Ness y va a comunicárselo a su jefe, pero el miedo paralizante hace que apenas pueda balbucear: "¡El mo...el mo...!" En lugar de "¡El monstruo!".

                 Filemón le contesta, como se ve en la ilustración: "¿Un mono? ¡Aquí no hay monos!", pero pronto el jefe pagará su ignorancia al comprobar que el temido monstruo está justo detrás de él. Hasta aquí, nada raro, si no fuera porque los gestos y movimientos de los personajes en la viñeta 6 no parecen corresponderse con el diálogo del bocadillo, bocadillo en el que, por cierto, sobra mucho espacio, como si el diálogo original que hubiera de haber sido insertado en él debiera ser otro.


                Si se fijan, Filemón saca un pañuelo y se lo ofrece a su subordinado. ¿Por qué saca Filemón un pañuelo para decir que no hay monos en ese lago? Aquí es cuando nuestra imaginación empieza a bullir y proponemos otra hipótesis. ¿No sería que en la versión original Filemón entendía algo parecido a "el moco" (en vez de "el mono") y por eso le ofrece un pañuelo al estupefacto Mortadelo? 


              Es cierto que no podemos demostrarlo, pero el gesto de Filemón sacando y ofreciendo su pañuelo nos hace pensar que tal vez el chiste original de Casanyes hacía mención al "moco" y no al "mono", pero fue en última instancia cambiado, no ya por una censura oficial, sino por la propia editorial, que tal vez lo juzgara de mal gusto de cara a los lectores más jóvenes. Esto es solo una hipótesis, pero no olviden que en los inicios de la democracia todavía había algunos titubeos acerca de lo que se podía o no se podía hacer, especialmente cuando el público receptor eran los más tiernos infantes.
   
            Sea como fuere, más que de censura podemos hablar de remilgos de la redacción de Bruguera, y en todo caso no se trató de un caso representativo. Un año después, Ibáñez publicaría la aventura larga Billy el "Horrendo" en la que por primera vez de forma oficial aparece la palabra "moco" en una historieta de Mortadelo y Filemón, concretamente en la viñeta 3 de la página 10, esta vez sin que hubiera ninguna modificación. No en vano había pasado un añito más de consolidación de la libertad de expresión esa...y el autor era el propio Ibáñez.

¿Qué opinan ustedes?

7 comentarios:

jolumosa dijo...

Enhorabuena por su análisis. Yo leí hace relativamente poco esta historia y debo reconocer que pasé por alto el detalle que usted comenta. Por cierto, en la firma de Ibáñez de Madrid yo estaba al principio de la cola y me pareció no verle ¿no vino al evento o simplemente no le reconocí?. Un saludo.

Chespiro dijo...

Gracias por comentar.Lamentablemente,no pude ir a la Feria del libro de Madrid.Espero que la firma de Ibáñez fuera un éxito,como siempre.Un saludo.

$. M. K. dijo...

Me ha dejado de piedra con su análisis. Cada vez descubro más cosas sobre el universo del sublime Ibañez.

Saludos.

cartillero dijo...

Interesante hallazgo...
pero, ¿noe s como muy tonto censurar la palabara moco?

Muy contento por tu regreso, Chespiro!

Chespiro dijo...

Gracias,Cartillero.Recuerda que eran los ochenta.Palabras como "moco" o "culo" eran coto prohibido.Saludos.

Don Guri dijo...

Que fino hilas, Chespiro (^-^)
Cierto que en aquellos tiempos se cuidaba mas el lenguaje. Cualquiera se imaginaba lo que nos esperaba en los albumes de Mortadelo del 2000 o por ahi en adelante...

Chespiro dijo...

Aquellos tiempos eran taan ingenuos, Don Guri (y nosotros también)...