domingo, 9 de diciembre de 2012

UN CARADURA EN CASA DE LOS TRAPISONDA

Se acercan las Navidades, y con ellas las inevitables visitas de los parientes. Algunas son bien recibidas...y otras no tanto. Un ejemplo de este segundo tipo lo retrató Ibáñez en una historieta de 1960 de La Familia Trapisonda. 

Y es que a este grupito, como si no le bastara ya con ser la monda, se le agregó un nuevo pariente: el tío Manolo. El quid de la historieta radica en que mientras que Pancracio cree que es un tío de Leonor, su esposa (sí,porque en esta historieta no eran hermanos, sino matrimonio, tal y como era la idea original de Ibáñez) pensaba que el susodicho era tío de su marido.

Si los personajes hubieran sido hermanos, el gag habría sido imposible, ya que en tal caso ambos conocerían a los parientes del otro...¡porque hubieran sido los mismos!

La cuestión es que el tito de turno campó a sus anchas por la casa de la familia, devorando todo cuanto encontraba a su paso. Solo al final se dará cuenta de que iba a otro piso y que no era pariente de ninguno de los habitantes de la casa.Pero llegados a ese punto ya será demasiado tarde, pues el individuo ya habrá arruinado por completo a los Trapisonda.

El caso es que, si analizamos la fisonomía del tito en cuestión...¿No les recuerda a nadie? Esa matilla de pelo mal peinado, esa barriga cervecera, el bigotejo desaliñado, las pecas de la nariz... Los mejor pensados dirán que, como mucho, se trata de Manolo, el habitante del ático de 13, Rue del Percebe. Y no irán del todo descaminados, no. Los más avispados ya habrán visto que se trata de Vázquez, con quien comparte también nombre el personaje.

Vemos que, ya desde sus inicios, Ibáñez utiliza el gag del propio Vázquez de incluirse en sus historietas cada vez que aparece un personaje pícaro, caradura y algo sinvergüenza.

Sabiendo ya de quién se trata, desconocemos si, finalmente, el tito Manolo tenía algún pariente en el edificio de los Trapisonda, o si ese sobrino Pepe , que supuestamente vive en el piso de arriba, no es sino una excusa para entrar a gorronear a otra casa.



A ustedes, lectores, les deseamos una feliz semana y ¡mucho ojo con los tíos caraduras!