domingo, 5 de septiembre de 2010

LA VUELTA (2000)


La vuelta(2000) es uno de los álbumes de Francisco Ibáñez más populares de los últimos años, así como, probablemente, una de sus últimas grandes historietas. En esta ocasión, el autor catalán se esforzó por romper con la atonía de la que la serie empezaba a adolecer por aquella época, realizando un álbum algo más original que otros de los firmados por él. La ocasión, sin duda, lo merecía. En el año de esta historieta, 2000, el ciclismo español eligió a Mortadelo como mascota oficial de La vuelta ciclista a España, lo que supuso una reactivación más (y van muchas) de los personajes. El acontecimiento fue conmemorado con la utilización de nuestros agentes para decorar viseras, gorras, pegatinas…Llegaron incluso a protagonizar varios anuncios televisivos que, partiendo de las viñetas de Ibáñez, configuraban chistes que intentaban mostrar, sin éxito, el humor de las historietas. Incluso se llegaron a hacer representaciones teatrales al final de las distintas etapas de la vuelta ciclista. En ellas, un grupo de actores disfrazados como los agentes de la TIA tenían que resolver una complicada misión entre meteduras de pata y equívocos que sólo podían entretener a los más pequeños de la casa.

El álbum parte de una introducción en la que se hacen chistes sobre los diferentes tipos de ciclistas y en los que se juega con los tecnicismos de este deporte, al igual que se hizo con el fútbol en Mundial 98 (1997). Ibáñez se desenvuelve con soltura en este prólogo, sacando un enorme partido a cada gag. La llamada del Súper a los agentes, que no están precisamente trabajando, incluye algún burdo juego de palabras como el de “doblarse el pito”-haciendo referencia al dominó-, que aparece también en Parque de atracciones (2003).






Al igual que ocurre antes de acudir a los Mundiales de fútbol u Olimpiadas, nuestros agentes se han de entrenar con sus respectivas bicicletas, lo que da pie a algunos gags que servirán de base a los del álbum El dopaje…¡qué potaje! (2006). Así, en ambos Filemón acarrea un ridículo triciclo mientras que Mortadelo usa un obsoleto velocípedo, con el que se da un golpe idéntico en ambos álbumes por no agachar la cabeza al atravesar las puertas. Tampoco falta en los dos volúmenes la caída por las escaleras.















Una vez mostrada su (im)pericia sobre dos ruedas, los agentes reciben la misión de impedir el boicot a la Vuelta ciclista a España que pretenden hacer los del TIO (Troyanos Invictus Orbi), la Secta del Caballo de Troya, que defiende la supremacía del caballo sobre cualquier miembro mecánico (las motivaciones de los villanos de Ibáñez siempre son curiosas).Al igual que otros grupos subversivos de Ibáñez, los del TIO tienen un grito de guerra: un relincho. Esto nos recuerda al “¡Que viva la Pepa!” de En marcha el Mundial 82 (1982) o el “¡A jorobar osamentas!” de Los verdes (1997).



El medio de locomoción para llegar a Málaga es un autobús tan cutre como “El avión” de El sulfato atómico (1969). No deja de ser curiosa la referencia constante a ciudades reales en este álbum, quizá como homenaje a aquellos municipios que acogieron el paso de los ciclistas durante esa edición de la Vuelta. Del mismo modo, se juega con los tópicos de cada región: los largos apellidos de los vascos, las navajas albaceteñas, los valencianos y sus fallas… Málaga no será una excepción y en ella vemos una ambientación tan arquetípica (con toreros, gitanas y cantaoras de las de peineta) como la que hizo de otra ciudad andaluza, Córdoba, en Mundial 78 (1978). Destaca la abundancia de bares que Ibáñez ubica en un espacio relativamente pequeño, aludiendo con simpática sorna (no hay que buscar dobles lecturas) a la fama de alegres y juerguistas que tienen los andaluces.


En muchos sentidos, como ya hemos apuntado, La vuelta sigue el esquema de los álbumes de Mundiales y Olimpiadas. Así, la presentación de los distintos equipos, con juegos de palabras forzados derivados de la adaptación humorística de conocidos equipos reales, es un equivalente a los desfiles de países que muestra en cada una de sus entregas deportivas. Tampoco falta el desfile de caras famosas, como la de Jesús Gil, con mención a Imperioso (su caballo) incluida. Este personaje aparece caricaturizado también en Maaaastrich…¡Jesús! (1992) y en Los vikingos (2000), e incluso era el protagonista inicial de El señor de los ladrillos (2004), pero su muerte obligó a que lo cambiaran en el último momento. También aparece nombrado en 20.000 leguas de viaje sibilino (1994). Tampoco faltan en esta etapa inicial José María Aznar, del que se critican sus nombramientos “a dedo”, Jordi Puyol y Manuel Chaves, en su única caricatura hasta el momento en la serie y que quizá fue incluido a falta de un líder definido y duradero en el PSOE durante esa época.








En esta primera etapa, Mortadelo va demostrando su incompetencia, que llega a su punto cumbre cuando nuestros agentes tiran por un terraplén, desviándose de la ruta marcada, y acaban lanzando por los aires a buena parte del resto de ciclistas (pág. 16), en una escena basada a la que Franquin nos mostró en el álbum de Spirou, fechado en 1954, La máscara, concretamente en la página 16. Como se puede observar, aún en pleno año 2000 Ibáñez sigue teniendo como uno de sus principales referentes a André Franquin. No será el único ejemplo que encontraremos en esta historieta. Aun así, aunque sea con la ayuda de un cohete, Filemón consigue ganar la etapa.







Para hacer descansar al lector de tanta carrera ciclista, Ibáñez retrata a continuación la actividad relativa a la Vuelta ciclista más allá de la carrera: los talleres, las entrevistas, el refrigerio para deportistas y técnicos… En estos intervalos, los agentes aprovecharán para jorobar al director de la Vuelta como hicieron en su día con los entrenadores de fútbol, así como para intentar cazar a los saboteadores, no sin ocasionar algún que otro equívoco. Durante las cuatro páginas siguientes, volvemos a ver a nuestros héroes en la carretera, donde las peregrinas ideas de Mortadelo casi llevan a su jefe al cementerio y, curiosamente, vuelven a llevarlo al podio, no sin antes chocar con el citado director del evento.



En las páginas siguientes, nuestros hombres aprovechan su estancia en Albacete para intentar capturar a los saboteadores, pero, obviamente, solo consiguen que Filemón sea mordido por un caballo y agujereado por decenas de navajas típicas de la ciudad. Dado que en la siguiente etapa llegan a Valencia, no es de extrañar que Mortadelo siga diezmando el número de ciclistas mediante la explosión que ocasiona su disparo a un camión cargado de petados, cohetes, truenos, tracas, etc. Las cuatro páginas siguientes ceden protagonismo a los del TIO, que como ocurre cada vez que uno de los villanos pretende eliminar a Mortadelo y Filemón, fracasan. Destacan en este segmento los comentarios del caballo (tan cínico y resignado a su suerte como siempre en Ibáñez). Al final, el pobre bicho acaba huyendo de sus protectores (otra constante en el universo del autor) y Filemón vuelve a ganar la etapa gracias a la oportuna aparición de un rinoceronte.





El tema del dopaje aparece en las dos páginas siguientes de forma muy sutil, quizás porque al fin y al cabo Mortadelo y Filemón eran mascotas de la Vuelta ciclista y no convenía incidir en ese tema. Incluso en El dopaje…¡qué potaje! se libra de toda culpa a los ciclistas a la hora de abordarlo en el segmento final del álbum. Con la excusa de tener que orinar y gracias a la torpeza de Mortadelo, Filemón queda con sus “vergüenzas” al descubierto, de manera que aparece como un exhibicionista a los ojos de un recatado grupo de ancianas. Esta faceta de Filemón como “escandalizador de gente bien” la hemos visto en El inspector general (1990), El caso del señor Probeta (1991), Mundial 94 (1993) y se repetirá en Mortadelo de la Mancha (2004), ¡Y van 50 tacos! (2007) y El dos de mayo (2008), entre otros. Nótese que entre el grupo de “escandalizadas” siempre suele haber una viejecita a la que no le disgusta tanto el paisaje que tiene la ocasión de contemplar.



En las dos páginas siguientes, nuestros agentes continúan con su carrera y en ella observamos algunos recursos ingeniosos, como el uso de un cabritillo al que Mortadelo “explota” para que pedalee o la visita a Port Aventura (se da el nombre real del parque y no se utilizan eufemismos, como es el caso de Port Chifladura, en Parque de atracciones). Destaca la incursión en el conocido recinto temático, que da pie a buenos gags y a escenas demoledoras: como la de los ciclistas siendo arrollados por una atracción en una montaña rusa. Sobresale la página 37 por el nivel gráfico de la misma, pues se cuidan algo más los detalles, hay mayor variedad de planos y encuadres, así como una composición algo más original de la página. Súmenle a esto el impactante dinamismo de la quinta viñeta y comprenderán por qué decimos que se trata de una de las planchas más destacables del álbum. Finalmente, los agentes vuelven a ganar la etapa, no sin antes eludir una de las trampas de los del TIO, eliminar a gran parte del pelotón y hacerle la pascua al director de la Vuelta.La siguiente etapa es una contrarreloj en la que vemos a Mortadelo montado en su bici… de espaldas. Esta escena, que apreciamos en la página 39, también recuerda, aunque someramente a la mostrada por Franquin en La máscara, la historieta de Spirou antes citada, con un Fantasio llevado por la inercia y conduciendo su bicicleta de espaldas. La gloriosa mente de Mortadelo, en busca de una rueda de repuesto, lo lleva a tomar una tapa de alcantarilla cuya ausencia provocará la caída de otros tantos corredores hasta llegar al punto en que la Vuelta solo consta de 17 participantes.

En la última etapa, los sobrevivientes acaban arrastrados por la corriente del Tajo, después de seguir al líder de la carrera, Mortadelo, que creyó leer “atajo” donde ponía “al Tajo”, en un gag más propio de Rompetechos. Tras eliminar, literalmente, a sus compañeros, Mortadelo y Filemón ganan, eufóricos, la Vuelta. No deja de ser curioso que Mortadelo figure el primero en el podio cuando es Filemón quien ha ganado más etapas. El tercer puesto se le adjudica al gato, por falta de ciclistas. Por último, Ibáñez pone colofón a la aventura haciendo que Mortadelo y Filemón lleven a la mismísima TIA un enorme caballo de Troya relleno de explosivos, obra de los hombres del TIO. La historia culmina con la sede de la TIA de nuevo destruida y un Súper vendado de la cabeza a los pies que persigue a unos agentes que, no contentos con lo pedaleado en este álbum, huyen en bicicleta. No es esta la primera vez que nuestros agentes llevan hasta su cuartel general algún objeto que contiene el explosivo que buscaban. Esto mismo ocurre, por ejemplo, en Lo que el viento se dejó (1981).


En líneas generales, como hemos dicho antes, se puede afirmar que este álbum está por encima de la media de los realizados a comienzos del nuevo milenio. El guion, a pesar de sus incoherencias (no parece que nadie más forme parte del equipo de la TIA), resulta, en conjunto, superior a lo que Ibáñez nos tenía acostumbrados desde finales de los 90. El lenguaje, aunque a ratos es soez, presenta la particularidad de reflejar los dialectos de distintas zonas de España. Así, se representa tópicamente el andaluz, así como el valenciano. Ya vimos que Ibáñez hace en La Vuelta un mínimo esbozo de representar lo más característico de cada una de las zonas por donde pasan sus agentes, lo cual nos remite al álbum de Astérix La vuelta a la Galia (1965), en el que Goscinny y Uderzo parodian el mítico Tour de Francia, y en el que se hace hincapié, de una forma más profunda, en las peculiaridades de cada una de las regiones visitadas por los protagonistas.

Desde el punto de vista gráfico, se trata de una aventura más trabajada, en la que abundan las viñetas multitudinarias, con gran cantidad de personajes, a lo que hay que añadir la dificultad de dibujar cientos de bicicletas. El mismo Ibáñez se ha lamentado en más de una entrevista de la pesadez que supusieron las ilustraciones de este álbum. Y es que nuestro autor no se limita a dibujar ciclistas de fondo, sino que, fiel a su idea del gag acumulativo, nos deleita con pequeños gags visuales que despiertan la sonrisa del lector y que rompen la monotonía. Así, en el pelotón podemos encontrar ciclistas hindúes, ancianos, vagabundos, un burro, a Superman, R2p2, ciclistas con ruedas cuadradas, etc.



Hasta qué punto los aficionados han sobrevalorado este álbum sólo por salirse un poco de los esquemas clásicos, sería difícil saberlo. Pero no cabe duda de que Ibáñez se esmeró más en la realización de esta aventura, siendo una de las más originales y recordadas de las últimas décadas. Como dato, hay que añadir las espectaculares tiradas de La Vuelta, con 30.000 ejemplares vendidos en 2 meses y con medio millón más distribuido gratuitamente por los periódicos del Grupo Z, convirtiéndose, de esta forma, en una de las aventuras de la pareja más difundidas. Dejamos para los sociólogos el hecho de que unos personajes que por aquel tiempo tenían más de 4 décadas, mantuvieran una popularidad que les permitiera ser elegidos mascotas oficiales de La Vuelta ciclista a España.


8 comentarios:

Don Guri dijo...

Cierto que este album me gusto mas que los de la epoca.
Y me rei con el detalle de los bares de Malaga. No le falta razon, al maestro XD

Chespiro dijo...

Jaja, sí. No creo que nadie se haya ofendido con eso.

Raúl dijo...

O el chiste de "ponme un chatillo" jaja :D a los lectores de Málaga, Valencia y Albacete seguro que les hizo mucha ilusión que su ciudad apareciese mencionada.

Fútbol, baloncesto, fórmula 1, ciclismo, olimpiadas...muy deportistas nuestros agentes :)

Chespiro dijo...

Sí, deportistas a la fuerza.
Yo creo que sí hace ilusión, aunque hubiera estado bien que mencionara a Córdoba, por donde también pasó la Vuelta ese año. Al menos, podemos presuponer que es la ciudad que visitan después de Málaga, jeje.

Anhelle dijo...

Che, menuda reseña... así da gusto.
Bueno, yo también me apunto a los que se quedaron maravillados con la vuelta. A mí me pilló en mis años mozos, y aunque es cierto que no se acerca al nivel de historietas clásicas como La caja de los diez cerrojos, El antídoto o El sulfato, es de lo mejorcito que ha hecho Ibáñez "últimamente" porque rompe de alguna manera con lo anterior.

Yo disfruté en especial la parte que pasan por Valencia (aunque una sea alicantina...). Me gustó como metía las palabras valencianas (como vore). Pero se le escapó un catalanismo (adormo).... (sí, lo que tiene estudiar por narices el catalán en la uni, lo acabas analizando todo sin darte cuenta xD.

Chespiro dijo...

Interesante dato lingüístico. Haces bien en poner lo de "últimamente" entre comillas, porque de este álbum "moderno" han pasado ya 10 años.

Oscar+AB dijo...

¡Genial reseña! En especial los detalles de influencias tanto de propios álbums de mortadelos como los de Franquin. Está genial porque son de esas cosas que no se saben sólo con leer el álbum. Es cierto que el cómic, en el fondo, son golpes y más golpes, y que guarda el encanto en el detallismo y mimo en que se vivió, con la emoción de ser mascota de La Vuelta, incluso en la promoción, ya que en El Periódico de Cataluña se regaló este álbum en una edición de grapa con publicidad de Telefónica, en la que incluyeron una página 45 totalmente publicitaria.

Nada más que añadir, sobervio. Quizás sólo quede enlazarme a mí mismo: http://elblogdemortadelo.blogspot.com/search/label/154.-%20La%20vuelta

Chespiro dijo...

No recordaba que habías hablado de ese álbum, Óscar, de lo contrario, te habría nombrado. En fin, espero que retomes pronto tu actividad en el blog, pues las reseñas eran muy interesantes.