
De entre ellas, quiero destacar a Mortadelón, Wayne Cambell, Kaximpo, Latro, Oscar+AB, que me acompañaron en buena parte de mi periplo catalán y a los que, he de añadir, fue un placer conocer en persona (todas sus magníficas páginas webs, foros y blogs los verá, querido lector, a su derecha).
Entre los personajes famosos, tuve el honor de hablar con el gran Quino (padre de Mafalda), Ramis (Alfalfo Romeo, Sporty), Cera (Pafman) y, especialmente, Francisco Ibáñez. Por temáticas blogeras me centraré en este último, a cuyo encuentro pudimos asistir el mismo sábado a las once y media de la mañana. Vino Ibáñez presentado por Antonio Guiral, autor de Cuando los cómics se llamaban tebeos y Los tebeos de nuestra infancia, así como de El gran libro de Mortadelo y Filemón, ya reseñado en este blog en el mes de enero y también dedicado por Ibáñez gracias a Migsoto. Precisamente, en un encuentro ya privado con Guiral, destacó la labor de Miguel Fernández Soto en cuanto a investigaciones mortadeleras, y calificó a nuestro amigo de “monstruo” de la sapiencia sobre Ibáñez.
Pero volvamos con este último. En el encuentro, el papá de Rompetechos se mostró, como de costumbre, risueño, jocoso, derrochando buen humor y recurriendo a viejas anécdotas (como la del quiosquero que le subía los cómics a casa cuando era pequeño); así como a chascarrillos varios (la hora canaria que pone para seguir trabajando, etc.).

Cuando el público tuvo la oportunidad de formular preguntas, aproveché la ocasión para darle las gracias por toda la alegría que nos había dado a sus fans, a lo que él respondió que las gracias nos las debía dar a nosotros. Aunque intenté que se mojara a la hora de elegir un álbum favorito de los muchos que ha publicado, Ibáñez sostuvo que para él todos son iguales y que, cuando no sabe qué incluir en una historieta, realiza una autotransfusión , esto es, coge algún álbum antiguo de los que tiene detrás de la silla y recopila viejos gags que puedan funcionar bien en ese momento.
Acabado este encuentro, en el que Ibáñez se mostró atento, paciente y un poco despistado en cuanto a nombres propios (le costaba acordarse de los títulos de sus álbumes, del nombre del autor de Superlópez y de su propio maestro de ceremonias, Guiral), pude acercarme a entregarle una nota que había escrito ex profeso, y que el autor agradeció cortésmente.
Por la tarde, tras tres largas horas de cola, alrededor de las 18.30 tuve la fortuna de ser atendido por don Francisco Ibáñez nuevamente, de modo que conseguí su tercer dibujo dedicado, esta vez del álbum conmemorativo del 50º Aniversario de sus personajes: ¡Y van cincuenta tacos! (2007) (reseñado en este blog en diciembre de 2007). A pesar de la extensa fila de personas que agobiaban al dibujante catalán, éste se mostró sumamente atento, y no se limitó a hacer un dibujo a cada uno de nosotros, sino que también intercambió unas palabras con cada fan.

Me comentó que había estado en mi ciudad, Córdoba, hacía no muchos días y, al comentarle la devoción de muchos de mis alumnos ante su obra, en detrimento de los clásicos españoles, me dijo que les recomendara Mortadelo de la Mancha (2004), que, además, “es una lección de castellano antiguo”. Por último, quise regalarle a don Francisco Ibáñez el último fanzine de Ediciones Cúbicas, Fanzipote 15, en el que se incluye una historieta de Toni Contreras, uno de mis personajes. Ibáñez agradeció efusivamente el regalo y dedicó un rato a hojear la revistilla, señalando que pronto lo pondríamos en “la puñetera calle”. Finalizado el encuentro, nos estrechamos efusivamente la mano y di paso a los cientos de personas que formaban fila tras de mí.

No cabe duda de que haber conocido a Ibáñez en el cincuentenario de sus personajes estrella era el objetivo de mi viaje a Barcelona, y que el cumplimiento de dicho objetivo me llenó de felicidad, dada la amabilidad, simpatía y cordialidad que mi gran ídolo derrochó en tal encuentro. No obstante, no sería justo despedir esta entrada sin agradecer también la atención de Quino, así como la cordialidad de Ramis y Cera, con los que mantuve un par de breves pero interesantes conversaciones (algunas relativas a la trastienda de Mortadelo) y que, además, me dedicaron estos dibujos, que agradezco enormemente.

Por último, déjenme dar las gracias también a todos los compañeros foreros y blogeros ya citados, cuyo encuentro ha constituido una de las grandes bazas de un fin de semana inolvidable.















El capítulo final tampoco está exento de comicidad. El paseo callejero de la cabeza gigante del Súper consigue la risa gracias al efecto cómico que produce dicho cabezón suelto por la ciudad, así como por los juegos de palabras que suscita. Malogrado por culpa de sus agentes, el Súper no puede pronunciar su discurso final y obtiene un único voto (el suyo) en las elecciones, de lo cual se deduce que ni los agentes de la TIA ni su propia familia han apostado por él.