domingo, 15 de noviembre de 2009

CHICHA, TATO Y CLODOVEO: EL CACHARRO FANTÁSTICO (1987)



El título de este álbum de Chicha, Tato y Clodoveo hay que encuadrarlo en el marco del éxito que a mediados de los ochenta tuvo en nuestro país la serie de televisión norteamericana El coche fantástico. No fue esta la primera vez que Ibáñez recurre al título de un espacio televisivo para dar nombre a sus álbumes. Ya lo hizo con Los invasores (1974), referencia a la serie homónima y La gente de Vicente (1979), que alude a Los hombres de Harrelson; y lo volverá a hacer con Expediente J (1996), que se refiere a la famosa Expediente X y Misión:Triunfo (2002), parodia del conocido Operación Triunfo. Esta relación con los programas televisivos más famosos de cada época es otra de las pruebas del carácter eminentemente popular de la obra de Ibáñez.

Centrándonos en el álbum, diremos que supone un paso atrás con respecto a la calidad de la emergente nueva serie de Ibáñez, tanto por el coloreado, que deja de ser manual, como por el dibujo, que recae, al menos, en dos personas diferentes sin que ninguna de ellas sea Ibáñez. También desde el punto de vista argumental el álbum cae en la atonía, como veremos a continuación, cuando expongamos su desarrollo.

El primer episodio de seis páginas se inicia con una macroviñeta que ocupa doble página en la que el autor traza un panorama de ese ambiente picaresco al que estamos tan acostumbrados los hispanos, haciendo, como es normal en la serie, de la cola del paro de Chicha, Tato y Clodoveo, un auténtico patio de Monipodio en el que alzan su voz los golfos y buscavidas. Rastreamos por primera vez en la obra de Ibáñez el chiste de “me doblo el pito”, jugando burdamente con el doble sentido del argot del dominó. Uno de los chistes más repetidos en los últimos años por el autor. Cabe destacar también la presencia de Mortadelo y Filemón trabajando como limpiaparabrisas en un momento en que Ibáñez no podía usar a sus dos personajes más célebres, al estar en propiedad de Bruguera.


Escenificando el viejo chiste popular de “¡Cómo has cambiado! […] ¡Hasta de nombre has cambiado!”, nuestros protagonistas roban una ficha de trabajo a un pobre individuo (lo cual les sirve, aunque ellos sean tres) para ingresar en una empresa indefinida que, por dedicarse a la seguridad, guarda no pocas semejanzas con la TIA. Otros paralelismos con esta organización lo constituyen la peligrosidad de sus misiones, el mal fario de sus agentes, así como las míticas huidas de los mismos. En definitiva, pura comodidad por parte del guionista, que no hace sino transpolar al trío de peludos al ámbito propio de Mortadelo y Filemón. En este primer capítulo tendrán que familiarizarse con el cacharro fantástico, que bien podría haber sido un invento del Bacterio, un aparato que se inscribe con pleno derecho en la tradición de historietas en que nuestros agentes han de probar algún vehículo cutre, como ocurre en El circo (1973), Los cacharros majaretas (1974), El cochecito leré (1985) o Fórmula 1 ( 2000), así como en la historieta corta El Superbólido, publicada en el número 10 de Super Mortadelo o Cohete 2000 (Super Pulgarcito 33) . Por supuesto, tras estrellarse con el auto, los protagonistas de querrán vengar de su jefe, un tipejo orondo y despótico que hará las veces del Súper. En este primer capítulo encontramos algunas medias planchas de calidad inferior a la media, como la parte superior de la página 4, en la que cambia incluso el rotulista de los textos.

En el segundo episodio tendrán que proteger al avejentado Fred Astaviento de Regüéldez “El aplastador”. Al esquema de proteger lamentablemente a alguien le sumamos el añadido del vehículo, lo cual nos recordará al anciano de El cochecito leré y al que habrá de venir en El SOE (1992). También el gag de hacer que el protegido choque contra la pared en lugar de hacerlo pasar por la puerta cuando lo llevan entre dos parece extraído de Los invasores. Por lo demás, el capítulo es una sucesión de desgracias acumulativas que acaban con la búsqueda del trío protagonista, que se oculta de las iras de su jefe. En la tercera parte, Chicha, Tato y Clodoveo habrán de transportar un explosivo que puede hacer volar la ciudad. Las muestras de histerismo ante una posible explosión a causa del objeto en cuestión las vimos ya en historietas como ¡A las armas! (1974), Misión de perros (1976), Contrabando (1978) y en la historieta corta Un chorizo explosivo (Super Pulgarcito 12), de los agentes de la TIA. El martillo protector del coche parece sacado de El Superbólido. El capítulo contiene alguna referencia inocua a la enfermedad que habría de marcar la década de los ochenta, el sida.


En el cuarto episodio han de acompañar al hospital a Mister Staforrat, que, dada su parálisis galopante, tiene la rigidez propia de un muerto, dando así lugar a varios equívocos. El medio de transporte utilizado para llevarlo llevará a los transeúntes a reflexionar, como el El SOE, sobre los tiempos de miseria. Del mismo modo, el momento en que sacan a un muerto de su ataúd para transportar a Staforrat recuerda a Testigo de cargo (1984). Algunos chistes sobre la antropofagia de la gente de color conecta a esta historieta con El cochecito leré, sin dejar de guardar paralelismos (por la confusión en la carnicería) con EL SOE, uno de los álbumes más conectados al que estamos analizando.

En el quinto capítulo vemos los intentos de Guido Majara (una suerte de profesor Bacterio majareta) por intentar hacer volar el cacharro fantástico. Los intentos de hacer volar en una azotea nos recuerdan a la historieta corta Asalto a la azotea (Super Pulgarcito, nº 43) y a las venideras La Mier (1999) y Prohibido fumar (2004), así como, en un sentido más genérico a la historieta corta El Mortadelillo volante (Super Pulgarcito nº 47), todas de Mortadelo y Filemón. En el sexto episodio, y tras chafarle al jefe una reliquia “con más antigüedad que Raf”, deben proteger a doña Críspula del Melictou, prototipo de viejecita terrible, al modo de La abuelita Paz de Vázquez y con algo de Rompetechos. A lo largo de su carrera, también Mortadelo y Filemón se las han tenido que ver con señoras así en álbumes como ¡A la caza del cuadro! (1971), Concurso-Oposición (1975), El caso del calcetín (1976), Contrabando, Testigo de cargo, Timazo al canto (1994),El jurado popular (1995), Su vida privada (1998), De los 80 p´arriba (1999) y Misión Triunfo, entre otras. Por supuesto, los perjuicios que la anciana hará pasar al trío requerirán aquí también su justa venganza.


El séptimo episodio está plagado de referencias internas, pues deberán transportar en el cacharro fantástico el fondo para la paga de Grijalbo, editorial que, según los personajes, ingresa mucho más desde que tienen con ellos a Ibáñez. También hay referencias a Ana María Palé, agente de Ibáñez por ese tiempo y alto cargo responsable de las revistas de Grijalbo. Como es acostumbrado en Ibáñez, al que, por cierto, ya se nombra en el primer episodio, su jefa aparecerá rodeada del mayor lujo imaginable. El viaje de nuestros amigos se verá animado por los vanos intentos de sabotaje de un bandido que se inscribe en la lista de enemigos que salen escaldados en las historietas de Ibáñez sin que se percaten los protagonistas. Esto se aprecia principalmente en las historietas de Mortadelo y Filemón, tales como Magín el Mago (1971), Los invasores (1974), Los guardaespaldas(1977), Los gamberros (1978), Los bomberos (1978), El balón catastrófico (1982),Las tacillas volantes (1988), El señor Todoquisque (1992), 100 años de cómic (1996), El espeluznante doctor Bíchez (1996) y Venganza cincuentona (2007),entre otras. Este episodio presenta como peculiaridad algún que otro gag surrealista, como los siete dedos de Clodoveo y la viñeta final, dedicada a felicitar la Navidad a los lectores, lo cual pudo quedar bien en la revista semanal, pero no en un álbum.


El último episodio, de cuatro páginas, hasta completar las 46, narra el transporte de un explosivo hasta un laboratorio nuclear. Ibáñez se quita de en medio a Tato y Chicha y convierte la historieta en una sucesión de anécdotas duales protagonizadas por Clodoveo y su jefe, que quiere probar el coche. Los gags basados en la cutrez del mismo empiezan a agotarse en un episodio que culmina con una explosión y un despido fulminante. De este capítulo está sacada la idea de la portada para la edición en tapa dura del álbum.

Como hemos dicho anteriormente, esta historieta supone un descenso de la calidad de los álbumes del trío de parados, que en lugar de afianzarse con características propias, pasan a desarrollar misiones propias de Mortadelo y Filemón en la TIA. Al mismo tiempo, pierde también las referencias de sus primeros álbumes, como la mala vista de Tato, el transformismo de Clodoveo o el hiperbólico contenido del bolso de Chicha. La presencia del gato Salmoneto es meramente testimonial. Aunque no encontramos situaciones tan calcadas de álbumes anteriores como ocurrió en El negociete, lo cierto es que todo en El cacharro fantástico suena a visto y, en ocasiones, a agotado.


16 comentarios:

El Viejo dijo...

Muchos paralelismos con la TIA, que además no benefician, son mejores cuando van de sus chapucillas o simplemente se nos narra su origen.

Por cierto,¿qué fue de ellos? En cuanto a lo de Navidad, creo que efectivamente se debió a la revista. Por ende, justificaría que Ibáñez la dejase.

Saludos

Felikis dijo...

Las historietas de Ibañez siempre han estado algo "casadas" entre sí. Además, parece que ha jugado bien con los chistes

Chespiro dijo...

Discrepo de eso, amigo Felikis. Los chistes de este álbum rezuman desgana.
Amigo Viejo, nuestro trío de peludos cayó en el olvido cuando Ibáñez tuvo que hacerse cargo de nuevo de su pareja estrella y los ayudantes ya no daban más de sí.

Iznogud dijo...

La verdad que las historietas de Chicha, Tato y Clodoveo (al menos en sus inicios) vinieron a llenar el hueco dejado por el litigio de Ibáñez con Bruguera/Ediciones B. Muchos lectores no tenían que llevarse a la vista en aquellos años más que la revista Guai, si querían seguir disfrutando de Ibáñez ( o historietas apócrifas de su estilo.)
Por ello los manidos recursos y gags ya vistos en otras historietas fueron lo más previsible, ante un público que pedía más de lo mismo, pues es lo que gustaba y sigue gustando.
Es una lastima que no se desarrollasen los personajes de otra forma más singular, para no parecerse a un "popurrí" de todas las series de Ibáñez pero al final no eran más que el "último" reducto al que acudir los fans de Ibáñez (además del 7 Rebolling Street, por supuesto.)

Chespiro dijo...

Una visión muy lícita, Iznogud. Pero, ¿hubiera dado Ibáñez para más?

Felikis dijo...

Si no es mucha molestia, ¿alguien podría contarme MUY por encima lo que paso con Brugera y Ediciones B? Lei al respecto en el libro de Miguel Fernandez Soto "El mundo de Mortadelo y Filemón" pero no me quedó del todo claro.

Chespiro dijo...

Bueno, Ibáñez se fue de Bruguera en el 85, quedando todos sus personajes en posesión de la editorial, por lo que Ibáñez tuvo que crear unos nuevos, como este trío y 7, Rebolling Street, para Grijalbo.
En el ínterin, Ediciones B compra todo el material brugueriano, incluyendo los derechos de los personajes, que pasan a la nueva editorial, que pone en marcha un equipo apócrifo de dibujantes y guionistas. En 1988, Ibáñez llega a un acuerdo con Ed. B,retomando al menos nominalmente a sus personajes, si bien no se hizo pleno cargo de su serie estrella hasta 1990.

Felikis dijo...

Resumiendo, perdió los derechos de sus personajes de los 85 hasta casi los 90.

Gracias. Lelvaba tiempo con esa duda.

Chespiro dijo...

Bueno, no hasta los 90, sino hasta el 88.

Felikis dijo...

Amigo Chéspiro, me gustaría que me dieras alguna sugerencia para mi blog de Mortadelo (deje la direccion en otro comentario, si no la recuerdas, te la digo), porque le veo de tapa caída.

Chespiro dijo...

La verdad, Felikis, no sé qué decir. Solo puedo recomendar tu blog a nuestros visitantes, porque es bastante interesante.
Sé constante y ten en cuenta que el número de lectores siempre es mayor que el de comentarios.

Felikis dijo...

se agradece

Anónimo dijo...

Discrepo totalmente de tu comentario sobre el bajón de calidad de la media plancha superior de la página cuatro. Es más bien al contrario ya que esa media plancha está entintada por el propio Ibáñez (cosa que hacía muchas veces en Mortadelo) de ahí el cambio en la rotulación: es la letra del maestro "in person"

Kalitos

Anónimo dijo...

Como curiosidad, decir que, al contrario que en el álbum de tapa dura, la portada del de tapa blanda (colección Tope Guai!) no está hecha por Ibáñez pero sí aparece su firma, aunque se nota que está recortada y pegada pues, a su alrededor, las rayas de dibujo se cortan.

Kalitos

Raúl dijo...

Una historieta con un guión MUY parecido a Mortadelo y Filemón. Existe un Súper y un invento que podríamos catalogar como producto de una mente como la de Bacterio. Quién sabe si en realidad estaba preparado para nuestros agentes y lo tuvo que adaptar.

Una vez más, una estupenda entrada con múltiples referencias.

Bigotito dijo...

Pues a mi me perece simpatico , el hecho de que el trio de jovenes ingresen en una organización parecida a la T.I.A...XD . SAludos.