sábado, 23 de febrero de 2008

13, RUE DEL PERCEBE: EL MOROSO DEL ÁTICO

La entrada de hoy pretende ser la primera de una serie en la que nos dedicaremos a visitar piso por piso la 13, Rue del Percebe, una de las mejores series de Francisco Ibáñez que, como ustedes sabrán, presenta a través de un corte transversal las intimidades de una comunidad de vecinos poblada por personajes estereotipados rebosantes de comicidad.

En esta primera aproximación subiremos hasta el ático, ocupado por Manolo, el moroso, uno de las criaturas más recordadas del vecindario. El personaje es una clara caricatura de Manuel Vázquez, el inolvidable autor de Anacleto o Las hermanas Gilda. Con respecto a la inclusión de este compañero de editorial en la serie de Ibáñez, existen varias hipótesis. En el blog de Lady Filstrup, los Burgomaestres, basándose en pruebas palpables, demuestran que fue Manuel Vázquez el que primero desarrolló este formato de manera humorística (hay conocidos antecedentes con otras características) y que, probablemente, Ibáñez le devolvió el “regalo” incluyéndolo como inquilino. No sabemos si esto ocurrió así o si tal vez Vázquez dibujó alguna página más en la que ya aparezcan los personajes que después daría a conocer Ibáñez, quien se limitaría a dar continuidad a la serie heredada de su compañero (que era muy dado a incluirse en sus historietas, alimentando así su imagen de moroso recalcitrante). A falta de pruebas que confirmen esto, mantendremos la hipótesis de los Burgomaestres.

Centrándonos en la vida del personaje elegido en esta ocasión, diremos que el tal Manolo ocupa una de las viviendas más peculiares del número 13 de la conocida Rue, pues no habita en un piso, sino en una especie de buhardilla que linda con el tejado sobre el que se erige el título de la serie. Esta localización le da un aire bohemio que se refuerza al no conocérsele oficio alguno. No obstante, partiendo de sus primeras apariciones, bien podríamos decir que se trata de un artista, ya que aparecen varios lienzos hacinados en su angosta vivienda. Comparte su cubículo con un gato que parece ser su alter-ego, llegando a reproducir en más de una ocasión los gestos de su amo y reforzando sus actitudes, actuando, incluso, como cómplice de sus mil y una tretas para evadirse de sus responsabilidades. Este gatito, única compañía del personaje más solitario de la comunidad, es uno de esas pequeñas joyas que nos dedica Ibáñez y una de las que han pasado más desapercibidas para el gran público.

En su primera aparición, parece como si Ibáñez no tuviera todavía muy bien definido al personaje, pues no muestra su esencia como moroso recalcitrante. Simplemente lo vemos aprovechando un desagüe para darse una ducha. No obstante, ya desde su segunda página, Ibáñez encuentra la característica que habría de definir a este extraño inquilino: su afición a las deudas impagadas (clara reminiscencia del Vázquez real).

Sin embargo, quien piense que Ibáñez le sacó poco partido a esta cualidad, está muy equivocado, pues, partiendo de ella, nuestro autor desarrolló chistes magistrales que se pueden catalogar en diferentes apartados, dependiendo de los mecanismos humorísticos que se utilizan. La clasificación que proponemos no es la única ni la mejor, pero sí está plenamente justificada, basándonos en las páginas de esta inmortal serie. Así, Ibáñez traza los chistes de este personaje partiendo de la repetición de los siguientes esquemas alternantes:


Tretas para no pagar a los acreedores. El repertorio del ladino Manolo va, en este sentido, desde fingir una enfermedad a sustituirse por un muñeco, pasando por las cajas de artículos de broma y los falsos muros que crean un doble fondo en la buhardilla. Mención especial merece la treta consistente en hacerse pasar por uno de sus acreedores.

Mecanismos para aprovecharse de los acreedores. Y es que nuestro deudor no sólo no se inquieta ante la presencia de sus cobradores sino que le saca partido, dándonos una curiosa lección de lo que es tener sentido práctico en la vida. Quedan para este apartado las páginas en las que son los acreedores los que, dándole a una manivela atada a un ventilador o echando petróleo por un tubito a la casa de Manolo, ayudan a este a pasar un buen verano o invierno, aclimatando así la modesta buhardilla. Estos chistes se usan, sobre todo, en los especiales de dichas estaciones.

Camuflaje. En ocasiones, el gag deriva del camuflaje del personaje, al que, cual Mortadelo, vemos caracterizado como señora, estatua, chimenea e incluso lombriz.

El recado. En más de una ocasión hemos visto el departamento de nuestro protagonista vacío y, en su lugar, una nota dedicada a los acreedores en la cual estriba la gracia del gag en cuestión.

Dispositivos de defensa. No pocas veces hemos visto al “bueno” de Manolo defenderse de sus acosadores mediante animales como perros feroces, tigres, leones o bien formando literalmente una trinchera desde la que defiende su bastión de morosidad.

Huida. Hay páginas en las que el gag del ático se basa en la huida del protagonista a través de los más diversos dispositivos. Destacamos cómo se aprovecha de las humaredas para escapar, así como su huida a bordo de un cohete espacial, repetidas ambas en más de una ocasión.

La factura como elemento cómico. También encontramos viñetas en las que el uso que el personaje hace de las facturas es el desencadenante de la risa. Como ejemplo, recordamos las ocasiones en las que las ha quemado para calentarse en invierno.

Gags basados en el número de acreedores. En no pocas ocasiones, es el número y la insistencia de los cobradores el que desencadena el chiste. Así, recordamos aquellas páginas en que se hunde literalmente el piso del ático, así como aquellas en las que los porfiados aparecen incluso debajo de su cama.




Gags basados en las características de los acreedores. Efectivamente, también la procedencia (china, africana…) o las cualidades físicas (el típico hombre bajito con improbables ansias de triunfo) de los cobradores constituyen el eje del gag. En no pocas ocasiones, los objetos contundentes que portan estos personajes secundarios, así como sus hilarantes diálogos, son una notable fuente de comicidad.



Chistes basados en la persistencia de la deuda. La morosidad de Manolo es tal que rompe con las barreras de la cronología y encontramos perseguidores de la época de las cavernas o de la edad media, deseosos de recuperar sus desfasadas unidades monetarias.

El cinismo de Manolo: fuente de risas. Algunos de los mejores chistes de este personaje están relacionados con su propio cinismo. Lejos de abochornarse por su modo de vida, el moroso hace gala de una desfachatez moralmente intolerable pero humorísticamente eficaz. Así, llega a colgar letreros en los que se autocalifica como “Licenciado en Deudas exactas”, insulta a los acreedores, les entrega placas honoríficas por su constancia, los hace bailar en torno a un billete e incluso los clasifica por grupos, dependiendo de si deben más o menos de mil pesetas e incluso les hace fotos de grupo. Definitivamente, Manolo se siente cómodo con su imagen de rey del sablazo.




El acreedor también vence. Como no hay nadie infalible, hay ocasiones en las que son los cobradores los que ganan la partida, como aquellas páginas en que le inundan la casa al moroso, lo hipnotizan o le obligan a ver primeros planos del actor Rock Jonson. También puede que sea el imponente físico del reclamante el que le haga salir victorioso.

Estafas a granel. Pero no solo de deudas vive el hombre. Y Manolo, como buen buscavidas, no duda en estafar a las personas que lo rodean. Véase, a modo de ejemplo, cuando vendió billetes de lotería que no poseía y que, por supuesto, resultaron premiados.

La casa de empeños: un segundo hogar. Al igual que el Vázquez original, nuestro moroso es asiduo a este local, por lo que es capaz de empeñar cualquier objeto que llegue a sus manos. Como colmo de los colmos, llegó a empeñar el mismo ático en que vive.

Sin ser los únicos, estos son algunos de los recursos humorísticos que Ibáñez desarrolló para este genial personaje durante muchos años. Tras el cierre de la inmortal calle por exceso de trabajo, tuvimos que esperar hasta 1992 para ver de nuevo a Manolo en el álbum de Mortadelo y Filemón El 35 aniversario, reseñado en este blog en diciembre de 2007. En esta ocasión, se las apañó para sacarles a los agentes de la TIA dinero para fines benéficos que acabó gastándose en bebida. Menos suerte tuvo en esa misma historieta con la cigüeña a la que pidió un pitillo y le obsequió con un picotazo.

En 2002 Ibáñez hace una página de la 13, Rue del Percebe actualizada y ahí vemos que nuestro estafador ahora se dedica, como tantos otros, a deber a través de la Red. Todo un invento si sabe cómo usarse. Del mismo modo, hay una referencia a su persona en el álbum de 2002 El estrellato.

Como no podía ser de otra forma, nuestro personaje se ha visto más o menos presente en las adaptaciones (confesas o no) de 13, Rue del Percebe. Así, en la película de Álex de la Iglesia La comunidad (2000) el inquilino muerto cuya fortuna desencadena la trama parece llevar una vida tan aislada del resto del mundo como la de nuestro Manolo. No obstante, estamos seguros de que si alguien entrara en el departamento del personaje de Ibáñez, lejos de encontrar un maletín con dinero únicamente hallaría facturas y más facturas impagadas.

Con respecto a la conocida serie de televisión Aquí no hay quien viva, de los hermanos Laura y Alberto Caballero, cuyas semejanzas con 13, Rue del Percebe han sido objeto de muchas polémicas, encontramos en ella al personaje de Andrés Guerra, interpretado por el siempre eficaz Santiago Ramos, que no solamente hereda de la criatura de Ibáñez su carácter tramposo, moroso y vividor, sino que acaba viviendo en el ático del número 21 de la calle Desengaño. También en la primera temporada de esta serie, La que se avecina, encontramos la figura de un moroso que vive aislado de los demás vecinos y cuya identidad es, hasta el estreno de la siguiente tanda de capítulos, un misterio.

Estas reminiscencias no son de extrañar si tenemos en cuenta que la caracterización del moroso de 13, Rue del Percebe (el personaje que más le debe a Manuel Vázquez, en muchos sentidos) ha dado pie a gags magistrales que han sido tipológicamente clasificados en esta entrada.

Les esperamos, queridos amigos, para próximas visitas por este singular edificio.




9 comentarios:

Comiquero91 dijo...

Grandes los gagas de Manuel Vazquez en la 13 Rue, bueno, fue idea suya se merecía estar allí, la verdad es que los gags del ático muchas veces salvaban la historieta

Chespiro dijo...

Sin duda, el moroso era uno de los mejores personajes, pero lo cierto es que el nivel del resto de los inquilinos tampoco era manco.

Kaximpo dijo...

Enhorabuena, porque tenía la impresión equivocada de que el chiste con el moroso era siempre el mismo pero veo que hay múltiples variantes.

Veo que has puesto una viñeta que no es de Ibáñez y eso me hace relacionarlo con el hecho de que no recuerdo haber visto nunca la autoría del guión en las 13 Rue no ibañezcas a diferencia de los J.Cos, Fco.Serrano, etc. que sí aparecían en MyF y otros.

¿Es debido a que 13 Rue es una página de chistes y no una historieta? Me temo que depende de cada página en cuestión. Al final llegamos a si un chiste es una historieta de una viñeta.

Chespiro dijo...

Con respecto a lo que dices, Kaximpo, se ha comentado que una de las características definitorias de 13, Rue del Percebe es que aúna el concepto de historieta (por mantener personajes fijos con continuidad en el tiempo) con el de chiste.
No conozco páginas de 13, Rue no guionizadas por Ibáñez, pero casi seguro que las hay y que, en alguna ocasión, fueron Torá y compañía quienes hicieron el guion.

Peúbe dijo...

Magnífico. No había caído en el parecido de Andrés Guerra con el Manolo de la Rue.

Mi recomendación: si vas a analizar a todos los personajes de la 13 Rue, ahora es el turno de bajar por el ascensor (y comentarlo), aprovechar el paseo para visitar a la araña de los disfraces (y comentarla, ¿por qué no?), y visitar al inquilino de la alcantarilla, uno de mis favoritos.

Chespiro dijo...

Jeje, Gracias por las aportaciones, peubé. Está todo pensado...Le daremos un buen repaso al edificio.

Don Guri dijo...

Si es que en 13 Rue del Percebe son geniales hasta las arañas.

Siempre me ha asombrado la extraordinaria capacidad de Ibáñez para idear chiste tras chiste de unos personajes fijos y con, a priori, un entorno limitado.

Gordito Relleno dijo...

Muy bueno el análisis, esta serie promete...

Lo que más me gustaba era cuando los personajes se repartían por el resto de las viviendas, apareciendo en casa de otros vecinos. Ibáñez supo sacar partido de este recurso muchas veces.

Chespiro dijo...

Hay ocasiones en que un tema común (niebla, el calor, un robo colectivo, etc.) permitía superar la limitación inicial y daba juego a todos los personajes.
Curiosamente, el lector agradecía tremendamente estas páginas.