domingo, 24 de junio de 2007

LA FÁBRICA DE MARGARITOS DE BILL CLINTON




Según se ha descubierto recientemente, en 1994 el gobierno de Bill Clinton planeó la creación de una “bomba gay”, cuya principal función sería despertar en los ejércitos enemigos instintos que llevaran a “comportamientos homosexuales”, con el objeto de que los soldados se dedicaran arrumacos en lugar de cumplir con sus obligaciones castrenses. Por lo visto, además de lo ya gastado para conseguir tan noble meta, el proyecto requería de una dotación de 7,5 millones de dólares para llegar buen puerto.

Dinero tontamente gastado, pues el bueno de Clinton y sus sesudos investigadores podrían haber contratado los servicios del profesor Bacterio, que ya para la Olimpiada de Seúl creó al super-hombre Margarito Mariposillo, claramente afeminado. Claro está que si se le pidiese expresamente al barbudo científico que repitiera el invento la cosa saldría mal, pero sí se le podría sugerir que intentara crear otro super-machote para conseguir los efectos deseados.



Si la cosa no fuera bien (nada raro tratándose del profesor Bacterio), siempre podríamos recurrir a Fulgencia Voleibola, cuyo preparado anti-veneno a base de rosa, jazmín y margaritas amaneró considerablemente a Filemón en la Olimpiada de Sydney.

Las coincidencias de los planes del Pentágono con los tebeos de Mortadelo y Filemón no dejan de ser alarmantes. En Seúl 88, Ibáñez incurre en lo políticamente incorrecto cuando todavía no lo era, es decir, en unos años en los que todavía no se veía mal (de forma general) los llamados “chistes de mariquitas”. Más desfasado se muestra nuestro autor en Sydney 2000, pues en el nuevo siglo ya no son tan frecuentes las alusiones burlescas a las tendencias sexuales de las personas.



Sin embargo, no hay que darle más importancia de la que tiene, pues, al fin y al cabo, sólo son historietas hechas para hacer reír y con un componente paródico que ha abarcado tradicionalmente a todas las edades, estatus profesionales, credos, culturas…y tendencias. Lo alarmante no es que, según el tebeo de Ibáñez, los gustos sexuales de Margarito Mariposillo lo invaliden para ser un atleta de élite, sino que el Pentágono afirmara que la llamada “bomba gay” minaría “el espíritu de disciplina de las unidades enemigas”, dando a entender que determinadas tareas, como la defensa de la patria ésa, sólo pueden ser desempeñadas por heterosexuales de pelo en pecho.



Lo alarmante, insistiendo, es que la política de la nación más potente del globo defienda planteamientos que bien podrían servir de argumento a un tebeo de humor absurdo (¿o es que el virus que afemina a los más aguerridos luchadores no podría ser un recurso del Ibáñez de los últimos tiempos?). Por si no fuera bastante, a esto hay que sumarle los millones de dólares invertidos en este juego de ser creadores, en un mundo en el que más de la mitad de la población carece de comida, agua potable y una vivienda digna.

Decididamente, hay cosas que pueden ser admisibles (corrección política aparte) en el surrealista, macabro, a veces cruel y siempre divertido, universo de Ibáñez; pero nunca en el pensamiento y las acciones de los líderes mundiales. Echando un vistazo a nuestros gobernantes políticos, bien podríamos concluir sumándonos, no sin cierta cómica congoja, a una de las apreciaciones de la deliciosa Mafalda:

A veces me pregunto si no estaré en manos de un par de irresponsables”.

6 comentarios:

Kaximpo dijo...

Sobre todo cuando se tiende a que la guerra se haga a distancia con medidas, contramedidas, detección, etc. y el "cuerpo a cuerpo" pierde importancia, no sé yo si la "bomba gay" iba a tener mucha efectividad...

Chespiro dijo...

Bueno, a lo mejor los grandes cerebros del pentágono no han caído en esa sutileza.

Gordito Relleno dijo...

Pues sí, si no fuera porque es cierto casi podría uno sonreirse imaginando que es un chiste de Gila...

Chespiro dijo...

Uno se intranquiliza cuando política y humor se parecen tanto, ¿verdad?

adryan dijo...

margarito mariposillo,que grande era ajaja!

Chespiro dijo...

Y desfasado, oiga.