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domingo, 18 de diciembre de 2011

LA FAMILIA REPOLLINO...Y EL HOLGAZÁN DE PEPÓN

Como bien sabe el amable lector de estas líneas, el mundo del arte es una concatenación de influencias mutuas que, unidas al trabajo personal de cada autor, configuran el "estilo" del artista. En este blog, de hecho, hemos señalado en más de una ocasión las influencias de otros autores, como Franquin y Vázquez, en la obra de Francisco Ibáñez, un fenómeno natural consustancial, como decimos, a la creación artística.

Del mismo modo que es consustancial a ella que el discípulo se convierta en muchos casos en maestro y que su obra, inspirada en manos ajenas, sea, a su vez, espejo donde se miren otros creadores. Un ejemplo paradigmático de ello lo tenemos en la serie de Ibáñez La familia Repollino, creada en 1957 para La Risa (antes de Bruguera).

En esta serie, el futuro padre de Mortadelo bebe del esquema desarrollado por Vázquez en La familia Cebolleta,  (El DDT,  año 1951), reproduciendo de manera casi mimética los personajes de esta serie. El más característico, precisamente por su condición de emblema, será obviado en la réplica de Ibáñez. Nos referimos al famoso abuelo Cebolleta, rapsoda de miles de batallas que probablemente nunca ocurrieron. 


En la familia de Ibáñez, aparece, en su lugar, un cuñado. El cuñado del protagonista, hermano de su esposa, un tiparraco ocioso que tiene como única meta vital permanecer tumbado y evitar, a toda costa, el trabajo. Constantemente desempleado, es mantenido por la familia Repollino gracias a la caridad de su hermana, generando conflictos de forma recurrente con el patriarca de la familia.¿Les suena?


Efectivamente, este esquema será el que definirá otra de las series más populares de Bruguera. Se trata de Los señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón, (Ven y Ven, 1959), creada dos años después por Roberto Segura. En la serie de Ibáñez ya encontramos algunos de los rasgos que definirán la de su compañero, como son las escenas iniciales en las que el padre de familia critica al vago sin oficio ni beneficio por pasarse el día sentado o tumbado,  los chascos que el protagonista se lleva al ser superado en suerte por su cuñado, la constante protección de la madre de familia hacia su hermano, la condición de trápala del parásito, siempre dispuesto a poner en solfa la figura del pater familias.

No tenemos pruebas fehacientes de que Segura se inspirara en esta serie de Ibáñez, pero la proximidad en el tiempo entre ambas, así como los numerosos rasgos comunes que las unen, nos parecen indicar que los señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón dormitaban ya en estas páginas de Ibáñez, esperando la figura de Roberto Segura para ser desarrollados con plenitud, hasta el punto de convertirse en una de sus series m´s recordadas.

No pretendemos aquí cuestionar la creatividad de Segura, sino simplemente mostrar cómo Ibáñez ha sido un eslabón más en una cadena de influencias que es, como dijimos al principio, consustancial al mismo arte.

domingo, 14 de diciembre de 2008

ROBERTO SEGURA HA MUERTO

Diez días hace ya que nos dejó Roberto Segura, uno de los autores más característicos de la Escuela Bruguera. Nació en Badalona en 1927 y murió el 4 de diciembre de 2008, en Premia de Mar, a los 81 años de edad.


Si en lugar de hablar de cómics nos estuviéramos refiriendo al mundillo cinematográfico, diríamos que Roberto Segura fue lo que se suele llamar un "secundario de lujo". Entró en la editorial en la misma hornada que Ibáñez, Raf o Gin, para cubrir el hueco dejado por "los cinco grandes" (Escobar, Cifré, Peñarroya, Conti y Giner) tras ese intento de emancipación llamado Tio vivo.



Una vez dentro, Segura se convirtió en "uno de los indispensables". Creaciones como Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte ( 1957), Los señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón (1959), El capitán Serafín y el grumete Diabolín (1963), La alegre Pandilla (1963), La Panda (1969) o Pepe Barrena (1970) son tan solo algunas de las series más populares que este autor incorporó a la vida cotidiana de millones de españoles durante varias décadas.



Dentro de la editorial se especializó en series de temática juvenil, protagonizadas por jóvenes pecosos y con granos y por muchachas estilizadas y, por qué no decirlo, bastante monas. Y es que ese era otro de los campos donde nuestro autor destacaba, de ahí que se hicieran conocidas las "chicas de Segura", quien dibujó como nadie a la mujer joven de los sesenta y setenta en nuestro país: pizpireta, soñadora, no totalmente rompedora pero sí con un peso específico dentro de una sociedad que ya iba tomando nota de aquello de que "las chicas son guerreras". Esta identificación con el público femenio permitió a Roberto Segura ser una de las bazas de las portadas de revistas tan populares en el momento como Lyly.


Aunque populares, sus personajes nunca llegaron a tener el tirón de los de Ibáñez, Escobar o Vázquez, quizá porque tal vez los guiones no fueron el punto fuerte de nuestro autor, quizás porque su trazo no era el más comercial del momento. No obstante, existieron álbumes monográficos dedicados a algunas de sus series más populares, como Rigoberto Picaporte, Los señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón o La panda. A pesar de la discreta acogida que estos tuvieron, su firma era una de las que uno siempre esperaba encontrar en las revistas de tebeos de los años sesenta, setenta y ochenta.




Tras el cierre de Bruguera, fue repescado por Grijalbo, formando parte de un elenco de lujo, capitaneado por Ibáñez,que forjó la revista Guai! (junto con Raf, Martz-Schmidtz, etc.).Allí, como hicieron algunos de sus compañeros, y se plagió a sí mismo con Los Muchamarcha´s, que combinaba los logros conseguidos en sus series juveniles con la personalidad del holgazán de Pepón, reconvertido en Keke.



La aventura de Grijalbo, como sabemos, duró relativamente poco, por lo que Segura llegó, como el resto de sus compañeros en Ediciones B, heredera del patrimonio Bruguera. Allí continuó con algunas de sus series clásicas y sacó su lado más desenfadado y atrevido colaborando en el mítico TBO, donde endureció ocasionalmente el suave erotismo que siempre habían destilado sus delicadas figuras femeninas.



En los últimos años, Segura apenas publicó historietas con una auténtica repercusión popular. Recientemente, pocos años de su muerte, pudo disfrutar de una reedición de algunas de sus páginas antiguas en el número 4 de la colección Super Humor Clásicos, de Ediciones B, donde escribió un epílogo que, visto hoy, resultó ser una despedida pública a sus seguidores desde hacía cincuenta años.

En relación con el Universo Ibáñez, no fue Segura el autor que más interconexiones estableció con el mismo. Tampoco fue del que Ibáñez hablaba más en sus entrevistas, pues siempre se refirió con más frecuencia al éxito de Escobar, la maestría de Raf o a su admiración por Vázquez.

Sería en 1983 cuando los personajes de ambos se cruzaran en las historietas que realizaron los autores de Bruguera para celebrar el 25º aniversario de Mortadelo y Filemón; como muestra de la cual aportamos esta curiosa viñeta, en la que los agentes de la TIA aparecen junto a algunos de los chicos de La panda.



Segura se ha ido sin que nos diéramos cuenta, sin que los medios se hayan hecho apenas eco de su desaparición, como ese actor de reparto sin el cual la función nunca sería la misma...


Con la misma discreción de aquel que ha alegrado la vida de tantos sin que nos percatáramos.

Con la discreción de todo lo indispensable.


Descanse en paz, Roberto Segura.